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lunes, 26 de septiembre de 2022

septiembre 26, 2022

Cómo Domar A Mi Marido Bestial - Capítulo 24

Capítulo 24. Te Odio


"Vamos arriba, Raphael. Dame la mano."

Annette estaba nerviosa, pero no lo demostró, tomando cuidadosamente su gran mano. Al principio, él intentó zafarse de ella, pero estaba tan mareado que pronto cedió. Annette lo ayudó a subir las escaleras hasta su dormitorio.

Tambaleándose, se sentó en el borde de la cama. Estaba tan borracho que no podía sostenerse. No tenía sentido intentar preguntarle nada.

Quitándole la ropa, Annette lo tumbó suavemente en la cama. Por una vez, él aceptó en silencio su ayuda. Tenía los ojos semicerrados y la cara enrojecida por la bebida. Pero incluso con eso, era tan guapo que sólo parecía erótico.

"Duérmete pronto esta noche", susurró Annette, apartando el cabello negro que había caído sobre su suave frente. "Le diré al chef que te prepare una sopa para la resaca mañana."

Parecía muy cansado. Parecía alguien que hubiera estado luchando con algo durante mucho tiempo. Mientras ella lo miraba con tristeza, él de repente la haló por su mano que lo acariciaba. Annette se precipitó hacia delante.

Su cara estaba a centímetros de la de ella. Sus ojos eran tan azules como el Mar del Norte. Parpadeó.

"Te... odio", murmuró.

Su corazón se desplomó. Ella lo sabía. Pero aún así le dolía mucho cada vez que lo decía, sobre todo cuando pensaba que esta vez se estaba llevando mejor con él. Pero eso era sólo en su mente.

Mordiéndose el labio, Annette apartó la mano para intentar levantarse. Pero él la atrajo con más fuerza por la mano contra su cuerpo hasta casi abrazarla. Levantó la otra mano para acariciar su mejilla.

"Tú también me odias", dijo.

Ella no podía entender lo que pasaba por su cabeza. Pero no tenía sentido enfadarse con una persona borracha. Annette bajó los ojos.

"No, Raphael."

Hubo momentos en su última vida en los que lo había odiado. Era un hombre temperamental con poco autocontrol, además Annette estaba emocionalmente frágil por la conmoción del abandono de su padre. Las falsas acusaciones, su repentino matrimonio con Raphael, todo había sido demasiado. El estrés la había hecho enfermar hasta que finalmente murió joven.

Pero aunque su anterior matrimonio había sido terrible, había una razón por la que ella había podido soportar sus peleas durante tanto tiempo.

Porque era la única persona que había permanecido junto a ella hasta el final.

Cuando ella estaba sana, él había sido un esposo terrible, pero irónicamente había mejorado drásticamente una vez que ella enfermó. Durante los dos años que estuvo postrada en la cama, la había cuidado fielmente. Por supuesto, su temperamento no había cambiado, a veces tiraba la sopa por la habitación, o le gritaba. Pero siempre volvía a la cama junto a ella, con el arrepentimiento en la cara, para comprobar su temperatura o ayudarla a vestirse.

Cuando recordaba eso, no podía odiarlo tanto como antes. Aunque no tuviera más remedio que casarse de nuevo con él, seguía soñando con un futuro feliz. Si era posible, con él.

"No te odio. Eres mi familia", dijo ella, acariciando su cara con una sonrisa amarga. Pero sus afiladas cejas se fruncieron. Apartó su mano, rechazando fríamente su contacto.

"No, no soy tu familia. Eres de la gran Bavaria. ¿No?" Preguntó con dureza, con la lengua aguda incluso cuando estaba borracho.

"¡Raphael!"

Sus crueles palabras le dieron ganas de llorar. Sentía un malestar indescriptible. No tenía a nadie. Su padre la había abandonado, su hermano estaba en un Imperio lejano, y su cuñada acababa de partir para reunirse con él. Raphael era todo lo que tenía, pero la odiaba.

Raphael extendió la mano para cubrir sus ojos cuando vio su aflicción.

"No me mires así, maldita sea", murmuró. "Cada vez que me miras así..."

Cerró la boca en lugar de terminar la frase por su terquedad. No quería mirar a esos ojos. Pero la palma de su mano se estaba llenando de lágrimas, así que la retiró como si le hubieran quemado.

"¿Estás llorando?" Sus ojos ebrios se dirigieron a su cara. Annette se secó tranquilamente las lágrimas, tragándose su miseria. Estaba acostumbrada a ocultar sus sentimientos como Bavaria.

"Sé por qué dices eso, Raphael", dijo. "Lo entiendo. Pero eres mi único esposo, y te considero mi preciosa familia. Lo digo en serio."

Ella sonrió con los ojos enrojecidos. Raphael la miró con desaprobación.

"Pero te odio", repitió.

Annette se sintió asfixiada. Antes de desmoronarse, salió rápidamente de la cama y volvió a su habitación. Quizás era la única que pensaba que este matrimonio estaba mejorando.

Esa noche no pudo dormir. Había estado decidida a proteger a Raphael de las maquinaciones de su padre, pero después de lo que él había dicho, se preguntó si era posible protegerlo. La única razón por la que él estaba sufriendo era por ella.

De hecho, había una respuesta obvia. Sólo que ella no había querido admitirla.

Su vida sería cómoda si ella lo dejaba. Su padre no podría usarla como excusa para exigirle cosas, y Raphael no tendría que lidiar con alguien que odiaba tanto. Sería mucho más feliz así.

Se rió con amargura. Había vivido dos vidas, pero ninguna de ellas fue pacífica. Se esforzó al máximo, pero aun así todo el mundo la trataba como un estorbo. Pensar en el rostro frío de su padre, que no había visto en tanto tiempo, sólo la hacía más infeliz.

Sí. Busquemos un destino mañana.

Ella no podía tener una nueva vida sin planificación. Aunque hubiera mejorado un poco las cosas, seguía siendo una flor de invernadero. Esta vez, antes de intentar salir del invernadero, iba a estar preparada. No se marchitaría como en su última vida.

Annette cerró los ojos húmedos, tratando de conciliar el sueño. Con suerte, mañana sería un día mejor.

***

Raphael se despertó al día siguiente agarrándose la cabeza.

Entre el sonambulismo y la resaca, no se encontraba en buena forma. Pero no podía perderse un día de entrenamiento. Todo lo que tenía, se lo había ganado a punta de espada.

Seguramente no tardaría en convertirse en Maestro de Espada.

Raphael se lavó la cara y se puso la ropa de entrenamiento, con los ojos ardiendo de cansancio. No podía permitirse el lujo de flaquear ahora, cuando estaba tan cerca de su objetivo. Conocía a varios otros espadachines que habían fracasado en esta etapa final, por eso estaba más ansioso que nunca.

Su rostro en el espejo tenía un aspecto terrible. Sus ojos azules se sentían irritados, su piel parecía sin brillo. ¿Cómo podía mirarlo una mujer como Annette Bavaria, si parecía un cadáver?

Ella también debía odiarlo.

Tuvo la extraña sensación de haberla visto antes de acostarse anoche. No recordaba nada de lo que habían dicho, pero sí que había visto caer lágrimas de sus ojos de pétalos rosados. Por reflejo, miró la palma de su mano. Su temor se agravó.

"Joder."

La verdad era que ella se comportaba mucho mejor de lo que esperaba. A pesar de provenir de la orgullosa familia Bavaria, no era para nada arrogante, y mostraba respeto a pesar del linaje de su esposo. Nunca se enfadaba, por muy malo que fuera él. Raphael realmente apreciaba su increíble paciencia. Traducción ReinoWuxia

Pero la había hecho llorar. Debió decir algo terrible cuando estaba borracho. Sonrió con amargura. A estas alturas, no tenía derecho a protestar si ella quería el divorcio.

Pensar en el divorcio le hizo sentir que su corazón se hundía.

Tal vez se sentía así porque estaba de mal humor. Pero al bajar las escaleras, sus pasos se detuvieron al ver a Annette junto a la ventana del salón, tarareando suavemente. En el momento en que ella se dio cuenta de su presencia, dejó de tararear.

¿Está enfadada?

Raphael la miró impasible. Sería natural que odiara a su esposo borracho que llegaba tarde a casa escupiendo insultos. Mientras esperaba que ella le diera la espalda, no se dio cuenta de que su puño se cerraba nerviosamente.

Pero ella se limitó a sonreír, como si no hubiera pasado nada. Cuando se levantó de su asiento y se acercó a él, no había resentimiento en sus ojos.

"Buenos días, Raphael", dijo ella amablemente. "¿Has dormido bien? ¿Cómo te sientes?"

Sus puños se cerraron con más fuerza.

¿Cómo podía esta mujer actuar como si nada?

sábado, 24 de septiembre de 2022

septiembre 24, 2022

Cómo Domar A Mi Marido Bestial - Capítulo 23

Capítulo 23. Los Regalos son para el Destinatario


Aunque había logrado atraparlo para que tomara el té, Annette no podía obligar a Gerard a hablar. Como mayordomo experimentado de la familia Bavaria, no era un rival fácil. Evadió todas sus preguntas. Al final, su taza estaba casi vacía.

¿Qué hago?

Annette frunció el ceño avergonzada. Gerard no cedía ni a la persuasión, ni a la conciliación. Lo que sea que Allamand había planeado, Gerard no pensaba hacer nada si no estaba Raphael, y ella no podía obligarlo a hablar cuando él estaba actuando bajo las órdenes del Duque Bavaria. Ella era Carnesis ahora. No tenía autoridad para castigarlo por dar prioridad a la orden de su padre.

Por debajo de la mesa, sus dedos apretaron su falda con ansiedad.

Gerard no le dio tiempo a ella de pensar como resolver la situación. Tragándose el último sorbo de té, la miró con alivio. Bajo su cabello rubio pulcramente peinado, aquel rostro era tan sagaz como el de ella.

"Muchas gracias por el té", dijo Gerard, lo suficientemente seguro de su victoria como para despedirse. "Debo irme. Gracias por su amabilidad."

Annette se mordió los labios al verlo levantarse de su asiento. Pero en ese momento, una idea le vino a la mente.

"Tengo que pedirte un favor antes de que te vayas", dijo ella con calma, y Gerard se puso en alerta al instante. Sólo quería retrasarlo, para ver si ella podía sacarle algo. Ella no se rendiría tan fácilmente. "Sólo un pequeño favor personal. He estado aprendiendo a cantar como pasatiempo, pero no sé si soy buena, así que me daría vergüenza hacerlo delante de los demás. Pero tú me conoces desde pequeña, así que estaría bien, si fueras tú. ¿Quieres escuchar mi canción? Sólo será un minuto."

Descaradamente, utilizó la misma petición del Príncipe Ludwig en Gerard. Éste dudó ante el inesperado favor, pero no pudo negarse. Aunque seguía las órdenes de su señor, le agradaba Annette.

"...Supongo que estará bien, por un momento", dijo.

Ella sonrió con gusto. Fue la misma sonrisa de sus días de soltera, y Gerard la miró con indulgencia sin darse cuenta. Al observar esto, Annette comenzó a cantar con los ojos cerrados.

Los pétalos de la flor caen como corrientes fugaces de tiempo. Si la tragedia de su caída pudiera atrapar por un momento tus bellos ojos, con gusto caeré ante ti en innumerables ocasiones...

Era una ópera que había escuchado recientemente en la corte, aunque la canción en sí no era importante. La cantó hasta donde pudo recordar, unos treinta segundos de música, luego abrió los ojos en silencio. Efectivamente, en menos de medio minuto, Gerard se había quedado dormido en el sofá. Annette parpadeó.

Supongo que esta es realmente mi habilidad.

Pero ahora no era el momento de maravillarse. No sabía cuánto tiempo su poder podía mantener a alguien dormido. Antes de que se despertara, quería registrar rápidamente su cuerpo. Si tenía suerte, podría encontrar alguna pista sobre sus intenciones.

"Lo siento, Gerard", susurró antes comenzar a registrarlo. No había nada en el bolsillo de su chaqueta, pero afortunadamente había una carta dentro de su chaleco.

Lo abrió con cuidado. El nombre del remitente no estaba especificado, pudo reconocer la refinada letra de su padre. Era una sola frase corta.

Los regalos son para el destinatario, no para el que los da.

¿Qué significaba eso? Annette lo meditó. Allamand, que valoraba su linaje aristocrático más que cualquier otra cosa, aprovechaba todas las oportunidades posibles para expresarlo. Por lo tanto, le parecía vulgar declarar lo que quería sin rodeos. Pero Annette sabía muy bien cómo pensaba su padre.

Seguro que no le gustaban los regalos que envió Raphael...

Los había devuelto, pero basándose en esta nota, parecía que su padre quería otro regalo de Raphael.

Por eso seguía enviando a Gerard. Al principio, ella pensó que era sólo para insultar, enviar a Raphael un sirviente porque un bastardo no merecía nada mejor. Pero si eso era todo lo que quería, ya lo había logrado. Su padre quería algo más.

¿Pero qué demonios podía ser?

Annette frunció el ceño. El Duque Bavaria era el hombre más rico y poderoso de Deltium. A la familia Bavaria no le faltaba nada. Pero Raphael era un aristócrata emergente que acababa de fundar su familia. Tenía algunas propiedades otorgados como recompensa por sus logros, pero nada al nivel que su padre codiciaría. Buscando en sus recuerdos de su última vida, Annette reflexionó.

"Um..."

Las delicadas cejas de Gerard se fruncieron, señal de que estaba despertando. Sólo había estado dormido cinco minutos, pero parecía que el poder de Annette no era lo suficientemente fuerte como para mantener a la gente inconsciente durante mucho tiempo. Antes de que él se despertara del todo, ella se apresuró a recolocar la carta, luego le sacudió ligeramente el hombro.

"Gerard. ¿Gerard? Despierta, ¿no dijiste que tenías que irte?"

Al escuchar su voz, Gerard abrió los ojos, desorientado. Sus suaves párpados estaban plegados en múltiples capas, por lo que sus ojos verde oscuro estaban caídos bajo las pestañas doradas. Parpadeó.

"Señorita Annette..." Sonrió somnoliento. Agarró su mano para darle un beso en el dorso. Su jovencita era tan preciosa que no podía hacer otra cosa.

Annette sonrió con amargura. Medio dormido, volvía a dirigirse a ella como a una doncella. Ignorando el error, retiró su mano y le dio una palmada para terminar de despertarlo.

"Bueno, ¿Tan aburrida fue mi canción, Gerard? Te has dormido incluso antes de que llegara al final, estoy un poco dolida", se quejó ella, haciendo un puchero. Sólo entonces se le aclararon los ojos al recordar lo que había pasado.

"Lo siento mucho, señorita..." Dijo avergonzado por haber sido tan negligente como para quedarse dormido. "...Quiero decir, Marquesa. Eso fue imperdonablemente grosero."

"No", dijo Annette con tristeza, con un rostro solitario. "Cómo puedo culpar a los demás, cuando soy yo la que no tiene talento. Gracias por escuchar, a pesar de estar ocupado. Date prisa, llegarás tarde."

"Está bien. Ya me voy."

Seguía tan somnoliento que ni siquiera intentó ofrecer una excusa. Gerard se sentía como si hubiera sido poseído por un fantasma.

No estoy tan cansado, ¿por qué me he quedado dormido? No tenía ni idea de qué hacer, y dudó un momento antes de bajar la cabeza y salir de la mansión Carnesis.

***

Esa noche, Annette esperó ansiosamente el regreso de Raphael. Había intentado recordar cada uno de los recuerdos de su vida anterior, pero la relación con su padre había sido constantemente mala. Ella no podía imaginar que Raphael le diera algo a su familia.

Lo único que podía hacer era preguntarle directamente a él. Probablemente él sabía lo que su padre quería. Se sentía avergonzada y molesta de que su familia siguiera haciéndole esto.

¿Me casaste con Raphael porque querías algo? ¿Se trata de eso?

Ella también investigaría esa posibilidad. Al principio, pensó que su matrimonio era sólo un acuerdo por las acusaciones contra ella, por lo que su padre se había visto obligado a aceptarlo. De todos modos, ella no tenía ningún valor para él si no podía convertirse en la Princesa Heredera, y si él hubiera rechazado al Rey, toda la historia del secuestro se habría extendido por todo el reino, deshonrando tanto a ella como a la familia Bavaria. Eso habría sido un desastre tan grande que ni siquiera los Bavaria podrían salvarla.

Pero, ¿Y si su padre hubiera tenido sus propios planes con su matrimonio? ¿Y si hubiera pretendido utilizarla para quitarle algo a Raphael, o utilizarla como moneda de cambio?

Annette cerró los ojos, recordando el rostro frío de su padre en su boda. Su cabeza le daba vueltas a todas las posibilidades.

¿Cuánto tiempo había estado esperando?

Un poco después de la medianoche, por fin escuchó el sonido de Raphael entrando. Rápidamente, bajó a recibirlo.

"¿Raphael? ¿Estás aquí? ¿Cómo fue tu reunión en el palacio?"

Él sólo la miró con ojos borrosos, y ella pudo oler un fuerte aroma a alcohol en su aliento. Mirándolo a los ojos, Annette se sintió repentinamente nerviosa.

viernes, 23 de septiembre de 2022

septiembre 23, 2022

Cómo Domar A Mi Marido Bestial - Capítulo 22

Capítulo 22. Es Tan Malvado


Raphael dejó su vaso de licor.

Esta noche no podía beber como lo hacía habitualmente. Se había convertido en un hábito beber un vaso antes de ir a la cama, pero esta noche se sentía extrañamente reacio. Pensó que sería mejor beberlo lentamente.

El espumoso licor dorado fluyó por sus rojos labios. Mientras saboreaba el sabor y el aroma, su mirada se dirigió a Annette, que dormía profundamente a su lado.

Sus pálidos párpados estaban cerrados. Tenía la boca ligeramente abierta mientras dormía, con respiraciones superficiales que escapaban de sus labios separados, por lo que él pudo apreciar el rosa pálido de su interior. Parecía tan inocente que nadie sospecharía que acababa de ser c0j!da salvajemente.

En sus sueños, se aferraba a su lado, como un cachorro que busca a su madre. Sus pequeñas manos eran tan ligeras que él apenas podía sentir su peso, pero su tacto cosquilleante se extendía por todo su cuerpo. Raphael apartó su mano.

Extraña mujer.

Su rostro era increíblemente hermoso. Podía entender por qué los Bavaria eran tan orgullosos de sí mismos, como si fueran una raza aparte. El maldito Duque Baviera era de mediana edad, pero seguía siendo un hombre elegante con el cabello color platino. Su rostro por sí solo habría sido prueba de su poderoso linaje.

Sin motivo alguno, Raphael estiró la mano para tocar las redondas mejillas de Annette, donde persistía el débil enrojecimiento de su encuentro. Mirando su rostro sonrojado, pudo sentir la sangre bombeando hacia la parte baja de su cuerpo. Pero si cedía a su lujuria, realmente la lastimaría.

Tan débil. Inútil.

Raphael chasqueó la lengua. Nunca había imaginado una relación así con esta mujer. Su odio por el padre de ella era demasiado grande.

El Duque Allamand Baviera se había opuesto al nombramiento de Raphael hasta el último momento. Raphael aún podía recordar los ojos despectivos del viejo. El Duque Bavaria se consideraba superior, por lo que dejaba claro que despreciaba incluso respirar el mismo aire que un bastardo como Raphael.

Por eso Raphael no había luchado por evitar esta boda. Incluso si Annette era una mujer despiadada y tuvo una dudosa relación con el Príncipe Heredero, no le importaba. Su linaje compensaría su sangre mixta. Incluso sería divertido ver la furia del Duque Baviera al convertirse en suegro de Raphael. También ese fue el único valor de Annette para él, de todos modos, ¿Cuántas parejas en el mundo se casan por amor?

Raphael no creía en el amor. Sólo podía creer en sí mismo. Quería ascender al nivel de los nobles que lo despreciaban, y para eso necesitaba a Annette. Además de eso, no le importaba lo que ella hiciera a sus espaldas.

De todos modos, era una noble Bavaria. Se hartaría rápidamente de su repugnante esposo de bajo linaje.

Pero Annette había resultado ser diferente a lo que esperaba. Actuaba como si realmente lo respetara, y cada vez que discutían, trataba de explicar con sinceridad. Por supuesto, todavía no podía saber si ella hablaba en serio o sólo fingía.

De todos modos, no importaba.

No había nada malo en que ella fingiera que lo respetaba; era mejor para ambos. Lánguidamente, Raphael tragó más alcohol. La gargantilla seguía enrollada en su elegante cuello. Se la había dejado puesta porque estaba molesto, pero ahora no le importaba. Parecía marcarla como suya.

Raphael sonrió al pensar en su cuerpo blanco. Parecía ser cierto que ella no se había entregado a Ludwig, pero seguía siendo extrañamente molesto imaginarlos llorando mientras se despedían afectuosamente.

No podía soportar la idea de que ella estuviera con otro hombre. Había pensado que no le importaba lo que ella hiciera, pero al parecer eso no era cierto...

No importaba lo que sintiera, siempre sería el bastardo que se había arrastrado desde el fondo, y Annette era sólo la penosa prisionera en su mano.

"Ummmm..."

Tal vez sintiendo algo de su malestar, Annette gimió en su sueño. Mirando a la mujer que dormía profundamente a su lado, rozó lentamente su labio inferior con el dedo. Apretó la suave carne con la punta de sus dedos.

Murmurando en sueños, los labios de Annette se apretaron, como si estuviera besando la punta de su dedo. Se veía tan linda. Raphael sonrió. Inclinándose, le susurró al oído.

"Es mejor que te olvides de todo lo relacionado con el Príncipe Heredero, Annette. Ya no hay ningún lugar al que puedas huir."

Entonces le mordió la oreja. Esa pequeñas oreja blanca era agradables de mirar, con las marcas de sus dientes en ella. Al igual que la gargantilla envuelta alrededor de su delgado cuello.

***

Annette se sintió desolada cuando se despertó y vio que el sol de la tarde entraba por la ventana. La estricta educación de su familia hacía que siempre se despertara temprano. Dormir hasta tan tarde le recordaba lo que había hecho la noche anterior con Raphael.

Suspirando, se levantó de la cama, y de repente encontró más pruebas. La gargantilla todavía estaba alrededor de su cuello, por lo que Annette se sonrojó furiosamente al recordarlo.

Es tan malvado.

Había un cuchillo para abrir cartas sobre la mesa, así que Annette lo utilizó para cortar la gargantilla. Lamentó haber dañado el regalo de Claire, pero sabía que ésta se habría sentido satisfecha, sabiendo que el regalo había cumplido tan bien su propósito. Al pensar en Raphael, volvió a suspirar. Aunque parecía un poco menos enfadado después, le había disgustado mucho que ella se hubiera encontrado con Ludwig.

Debía hacer algo para que se sintiera mejor.

Por poco que a él le gustara, seguiría siendo desagradable que la pillara escabulléndose para tener una conversación privada con su ex prometido. Sintiéndose culpable, se vistió y bajó a buscarlo.

"¿Sabes por casualidad dónde está?" Preguntó a una sirvienta que pasaba por allí.

"El señor ha salido, dama. Dijo que iba a palacio", respondió la sirvienta, inclinando cortésmente la cabeza.

Annette asintió, pasando junto a ella con el rostro sereno. Resultaba un poco decepcionante que se hubiera ido sin siquiera dejar una nota, pero nunca le gustaba revelar su destino cuando salía. Y estaba enfadado con ella, así que probablemente había salido para descargar esa ira.

Suspirando por dentro, decidió ir al estudio y tratar de encontrar más información sobre los regresores. Pero su plan se frustró cuando vio a alguien que no esperaba, saliendo de la sala de recepción.

¿Gerard?

El hombre rubio, alto y elegante, era Gerard, el mayordomo de su familia. Había sido reprendido tan severamente en su última visita, cuando había venido a devolver los regalos de Raphael, que Annette había estado segura de que no volvería a visitar la mansión Carnesis.

Todavía no había visto a Annette. Mientras se dirigía a la puerta principal con expresión indiferente, le dijo a una sirvienta cercana, "Volveré a visitarla cuando el marqués esté presente."

Los ojos de Annette se entrecerraron. Aunque Raphael estaba ausente, la dama de la casa estaba definitivamente presente. Sin embargo, aquí estaba él, prometiendo regresar cuando Raphael estuviera disponible. Esto parecía muy sospechoso.

No intentará insultar a Raphael de nuevo, ¿verdad?

Annette tuvo un siniestro presentimiento. Si ese era su plan, ella no podía dejar que se fuera sin más. Si volvía a venir cuando ella estaba fuera y provocaba de nuevo a Raphael, sería ella la que pagaría por ello.

"¡Gerard!" Llamó, justo cuando él estaba a punto de irse. Su voz sonaba falsa incluso para sus propios oídos. "¿Qué estás haciendo aquí? Es bueno verte de nuevo."

"Saludos, Marquesa. ¿Has estado bien?"

Gerard pareció tomar una rápida decisión, y se inclinó cortésmente como si hubiera querido verla. Con ese saludo serio, ¿Quién habría imaginado que le había servido durante casi diez años?

Annette asintió con elegancia. Ella también lo conocía muy bien, y pudo ver un poco de consternación en su suave rostro.

"Fui demasiado severa el otro día, ¿no?" Preguntó, fingiendo que no se había dado cuenta. "Pero no me disculparé. No sería una buena esposa si me quedara de brazos cruzados mientras permito que alguien insulte a mi esposo. Déjame ofrecerte una taza de té, por los viejos tiempos. Ven conmigo."

Annette se giró, suponiendo que la seguiría, pero la sonrisa de Gerard se volvió rígida. Por alguna razón, no le apetecía reunirse a solas con ella.

"Ojalá pudiera, pero debo seguir las órdenes del Duque. Creo que debo irme ahora, le ruego que me disculpe."

Y efectivamente, rechazó su petición. Los ojos de Annette se agrandaron y se tapó la boca con los dedos, asombrada. Miró a Gerard afligida.

"¡Dios mío! ¿Te ha dicho mi padre que ni siquiera tomes una taza de té conmigo? ¿Te tiene tan ocupado que mi antiguo mayordomo no tiene tiempo ni de saludarme? Le escribiré ahora mismo..."

A Gerard le daba mucha vergüenza que ella apelara directamente a su padre. Ya era un desastre haberse encontrado con Annette en lugar de Raphael en primer lugar, por lo que si lo constataba por escrito, sería imposible evitar el castigo. Allamand estaba decepcionado con él por lo sucedido en la anterior ocasión. No lo perdonaría dos veces.

"Una taza de té, entonces", dijo Gerard, aceptando impotente su petición. "Gracias por su amabilidad."

Con una sonrisa victoriosa, Annette le condujo al salón. Ahora, a través de Gerard, podría averiguar qué estaba tramando su padre.

jueves, 22 de septiembre de 2022

septiembre 22, 2022

Cómo Domar A Mi Marido Bestial - Capítulo 21

Capítulo 21. Látigo y Gargantilla


El cuerpo de Annette estaba d3snudo. Cruzando los brazos, trató de cubrir sus pechos expuestos, pero en ese momento, algo golpeó su trasero.

"¡Ah!"

Annette se sacudió sorprendida. El látigo que Claire le había regalado estaba hecho con el cuero más suave, así que en realidad no le dolió mucho. Pero no pudo evitar sobresaltarse cuando golpeó su piel. Miró a Raphael con ojos lastimeros, pero él los ignoró.

"No te cubras", le ordenó fríamente. "Baja las manos."

Sus ojos rosados temblaron al escuchar estas palabras. Al observar su expresión de dolor, le levantó la barbilla con el mango del látigo.

"¿Aún quieres hacerte la inocente?"

Sus pen3trantes ojos le recordaron a una bestia de caza. Impotente, Annette bajó los brazos, sintiéndose como un conejo capturado. Raphael se movió lentamente a su alrededor, estudiando su cuerpo d3snudo con ojos feroces. Mientras su mirada recorría ferozmente su cuerpo, sentía como si el fuego le lamiera la piel.

Mientras inspeccionaba su delicioso cuerpo, la rodeó por la cintura con sus brazos desde atrás. Ella sintió su gran mano acariciando su s3nos. Sus manos eran tan grandes que ambas habrían abarcado fácilmente sus costillas. Inclinando la cabeza, le mordió el lóbulo de la oreja por detrás.

"Dime", susurró. "¿Alguna vez dejaste que el Príncipe Heredero chupara estos bonitos pechos?"

"¿Qué? ¿Qué demonios estás...? ¡Ahhh!"

Justo cuando estaba a punto de negarlo, gritó de sorpresa. Sus cálidas manos le agarraron con fuerza los s3nos. Sintió una sensación emocionante mientras fr0t4ba sus p3z0nes.

"Oh, Raphael..."

De repente, una de las manos de él se sumergió en sus br@g4s, rápida como una serpiente que ataca, mientras se apretaba entre sus muslos y se frotaba contra su núcleo. Instintivamente, ella intentó cruzar las piernas, pero no pudo escapar de la decidida caricia.

Lentamente, los dedos de él se deslizaron desde el perineo hasta su abertura y luego hasta su cl!t0ris, que estaba hinchando. Sus labios rojos se curvaron en una fría mueca.

"Ya estás mojada."

Annette sollozó de vergüenza. El hecho de verla así le excitó, por lo que Raphael acercó su cuerpo, acariciando con más fuerza entre sus piernas. Cada vez que sus dedos tocaban su entrada, la fuerza de sus piernas se disolvía, como si se hubiera derretido. Se retorció hacia delante y hacia atrás, pero no pudo escapar de su agarre.

De repente, sintió algo duro entre sus muslos. La parte inferior del cuerpo de Raphael estaba presionada contra ella, rozando su furiosa longitud contra ella. Annette se mordió los labios sin poder evitarlo. No sabía qué hacer con tanta estimulación por todos lados, pero cada vez estaba más mojada.

"Oh, Raphael, uh, uh..."

Cada vez que sus dedos se movían, ella podía escuchar los sonidos húmedos. Sus callosos dedos entrenados en el uso de la espada, enviaban increíbles sensaciones a través de ella cuando frotaban su cl!t0ris. Cuando él separaba sus pétalos para frotar su pequeño agujero, Annette apretaba instintivamente su interior. Su cuerpo había aprendido el pl@cer que podía ofrecer un hombre. Ahora se sentía inquieta.

Se estaba tambaleando, apenas podía mantenerse en pie. Tuvo que sostenerse en sus manos, pero aquellos dedos tenaces sólo la frotaban cada vez más rápido. El líquido resbaladizo que fluía de ella sólo facilitaba la caricia lasciva. Cuando él empezó a acariciar en circulo furiosamente su cl!t0ris, ella no pudo aguantar más. Se corrió.

"¡Ha...huh...!"

Sus piernas se desplomaron. Raphael abrazó a la esbelta mujer por detrás mientras ella se colgaba lentamente en su brazo.

En ese momento, algo se enroscó alrededor de su esbelto cuello con un chasquido. Annette tocó rápidamente el objeto que rodeaba su cuello, sintiendo el suave cuero y el metal con sus dedos. Era la gargantilla que le había regalado Claire.

Las mejillas de Annette ardían como si estuvieran en llamas. Automáticamente, le pidió ayuda.

"Ra, Raphael... quítame esto."

Él la miró sin decir su palabra. Sus ojos estaban llenos de vívida lujuria, admirando su piel blanca, sus p3z0nes duros, y la gargantilla negra alrededor de su esbelto cuello. Era una visión increíblemente exc!tante.

Raphael apretó la mandíbula y la empujó contra la pared, colocándola con los brazos contra la pared. Annette no tenía ni idea de lo que él quería, así que obedeció, mirándolo con ojos ansiosos.

"¿Raphael? ¡OHHH!"

El látigo azotó de nuevo su tr@sero. No le dolió, pero todo el cuerpo de Annette se estremeció de vergüenza. Este era el tipo de cosas que se hacen para castigar a los niños pequeños. Era humillante que ella, una mujer adulta, fuera azotada en su tr@sero mientras estaba completamente d3snuda.

Annette miró a Raphael con desesperación. Entendía que estaba enfadado, pero quería que parara este vergonzoso castigo. Pero en el momento en que él vio sus grandes ojos, brillando con lágrimas, la agarró con fuerza de las caderas.

"Joder, no me mires así. Sabes cómo provocar a un hombre, ¿no?" Le increpó molesto. Como si quisiera castigarla, le separó los muslos y la pen3tró por detrás. La abertura de ella ya estaba húmeda, por lo que lo recibió sin vacilar. Sus gl@nde hinchado rozó su interior húmedo hasta adentrarse en lo más profundo.

Estaba tan excitado que enseguida agitó su cintura, acariciando sus sensibles paredes interiores con su cálida virilidad. Annette aceptó el ataque jadeando, apoyándose en la pared. Cada vez que la pen3traba por detrás, la ponía de puntillas debido a la diferencia de altura.

"¡Huh, Raphael, ah, huhhh!"

La pen3traba con tanta fuerza que parecía que su cuerpo se iba a romper, y aun así, se sentía tan bien. Le gustaba tanto que sus piernas seguían cediendo. Cada vez que sucedía, la hacía sentir que estaba en peligro de caerse, y automáticamente se aferraba a él. Detrás de ella, Raphael gimió.

"Annette, ¿te gusta tanto que te castiguen?". Reprendiéndola, le azotó el tr@sero con la palma de la mano. Hacía tiempo que había tirado el látigo. Al principio, sólo lo había hecho para avergonzarla, pero la sensación de su suave tr@sero contra su palma era increíble. Deliberadamente, la azotó unas cuantas veces más, controlando su fuerza para no lastimarla.

"Cada vez que te azoto, me aprietas. ¿Lo estás disfrutando?"

Las orejas de Annette se pusieron rojas ante su sarcasmo. Cada vez que él la azotaba, ella podía sentir cómo su virilidad se endurecía adentro, haciendo que la fricción de sus caricias fuera aún más intensa. Sus piernas se tambaleaban cuando él empujaba con fuerza contra sus puntos débiles.

"Huh, ah, Raphael, ah...!!"

Ella no podía soportarlo. La forma bestial en que él la había montado la avergonzaba mucho. Echó la cabeza hacia atrás mientras sus paredes inter!ores sufrían un violento org@smo, pero su virilidad seguía empujando dentro de ella sin pausa, provocando su pl@cer. Su rudo cl!max fue tan abrumador que las lágrimas corrieron por sus mejillas.

"¡Raphael, basta, ahh, hhhh, ahhh! Para, para, por favor."

"¿Parar? ¿Dices eso cuando me estás apretando tan fuerte allá abajo? Me parece que quieres más". Su gran mano frotó vigorosamente contra su cl!t0ris, causando un ruido húmedo entre sus piernas. Annette se mordió los labios, sintiendo su propia humedad mojando sus muslos. No pudo soportarlo. Se avergonzaba de ser tan lasciva, pero su cuerpo había aprendido el pl@cer de estas actividades carnales y sólo se calentaba, queriendo más.

Sus dedos estaban mojados mientras estimulaba su cl!toris resbaladizo. Seguía metiéndole la virilidad salvajemente. Cada vez que sacudía la cintura, su virilidad hacía que sus paredes interiores se derritieran de pl@cer.

Esa rígida virilidad nunca estaba satisfecha. Se introdujo en Annette hasta dejarla exhausta.

"¿Lo sientes, Annette? ¿Tu pequeño agujero apretando tan fuerte?"

Annette ya no podía ni siquiera gemir correctamente. No sabía si él tenía razón. Lloró ante el intenso pl@cer, mientras él pellizcaba su cl!t0ris con los dedos. Sus húmedas paredes temblaron de pl@cer y se apretaron alrededor de él.

Annette, que volvió a correrse, se desplomó exhausta.

martes, 20 de septiembre de 2022

septiembre 20, 2022

Cómo Domar A Mi Marido Bestial - Capítulo 20

Capítulo 20. Habilidad Especial


Los asistentes que trabajaban en el palacio real estaban rigurosamente entrenados. Siempre se mantenían precavidos en todo lo que hacían. Sin embargo, no sólo uno, sino cuatro de ellos se habían quedado dormidos al mismo tiempo estando de servicio. Era inconcebible.

Annette sacudió a uno de ellos para que se despertara y, al igual que Ludwig, el hombre comenzó a despertarse desconcertado. ¡No podía creer que se hubiera quedado dormido mientras servía a un distinguido invitado del Príncipe Heredero! No podía ofrecer ninguna excusa aunque lo fuesen a golpear por su falta de disciplina.

"¡No! ¡Qué falta de respeto! Lo siento mucho, Marquesa Carnesis, ¡le ofrezco mis más sinceras disculpas por mi comportamiento!"

El asistente se disculpó con Annette, mientras daba fuertes patadas a sus compañeros para despertarlos. Pronto, todos se pusieron en pie e inclinaron la cabeza en señal de disculpa. Observando que se tambaleaban por el sueño, Annette agitó la mano en señal de aceptación.

Los ojos de los asistentes se convirtieron en estrellas mientras la miraban. La Dama Annette, que no se enfadó con ellos, que mostró piedad tan amablemente, debía ser un ángel bajado del cielo. Era una pena que esta amable mujer no fuera la Princesa Heredera.

Los pensamientos de Annette eran un poco diferentes. En cuanto se dio la vuelta, su sonrisa desapareció, sustituida por una expresión grave. Sólo había un pensamiento en su mente.

Ese libro. Decía claramente que los regresores tenían una habilidad especial que no tenían antes. ¿La mía es dormir a la gente cantando?

Una extraña emoción la recorrió al darse cuenta. Ya una vez había dormido a Raphael cuando andaba sonámbulo por sus pesadillas. En ese momento, sólo pensó que se trataba del efecto de una buena canción de cuna, pero ¿había utilizado su habilidad para dormirlo?

Todavía no estaba segura de nada. Se marchó decidida a probar primero la teoría.

Aunque no era una habilidad espectacular como la de los espíritus, podría ser útil.

Ella sintió que se le ponía la piel de gallina. Finalmente se sintió segura de que realmente había regresado al pasado. Estaba viviendo una nueva vida. Finalmente estaba segura de que realmente había regresado al pasado.

***

El día había pasado rápidamente, el sol ya se había puesto. Había oscurecido antes de que Annette se diera cuenta, por lo que el carruaje iba más lento que de costumbre de regreso a casa. Pero en sus pensamientos, Annette no se dio cuenta de nada de esto. Ya se estaba preguntando cómo poner a prueba su nueva habilidad. Ni siquiera se dio cuenta cuando llegaron a casa.

"Ya hemos llegado", afirmó el cochero. Annette se bajó del carruaje distraída. Antes de que sus pies tocaran el suelo, de repente su cuerpo fue arrastrado por el aire.

"¡Ahhh!"

La sensación de flotar de repente la sobresaltó, sobre todo cuando había estado tan profundamente perdida en su propio mundo. Instintivamente, tiró de cualquier cosa que pudiera alcanzar para sujetarse. Desgraciadamente eso fue el cabello negro como el carbón de Raphael.

Raphael no parecía satisfecho. Un gruñido se escapó entre sus labios. Annette se quedó quieta.

"¡Oh, Dios! Lo siento, estaba tan sorprendida, que..."

Rápidamente, le soltó el cabello mientras se disculpaba. 

Se había sobresaltado tanto que su corazón estaba acelerado. Todavía respiraba entre pequeños jadeos. Aunque había estado a punto de lanzar un insulto, Raphael apretó los dientes, respirando profundamente. Tenía un aspecto feroz, como si se estuviera conteniendo mucho.

¿Por qué está tan enfadado?

La visión hizo que la ansiedad la invadiera. No estaba enfadado porque ella le hubiera tirado del cabello. Llevaba tiempo esperándola de mal humor, ella podía sentirlo por el frío del cuello que sentía a través de sus dedos, helados por el aire nocturno. Annette se mordió el labio. No tenía ni idea de por qué lo hacía, pero su temperamento caprichoso siempre había sido un misterio difícil para ella.

"¿Con quién te has encontrado hoy en el palacio real?" Preguntó Raphael con el rostro rígido.

"¿Qué? Fui a ver a mi cuñada. ¿No has visto la carta que te he dejado?"

Annette respondió automáticamente, pero luego cuando se dio cuenta de lo que estaba mal, se lamentó de su estupidez. No podía imaginar cómo, pero parecía que Raphael sabía que ella había visto al Príncipe Ludwig. Eso explicaba por qué estaba furioso, y ella no podía culparlo. Su esposa había fingido encontrarse con alguien, sólo para encontrarse a escondidas con su antiguo prometido.

Mirando la cara avergonzada de Annette, Raphael sólo se volvió más frío. 

"Tu carta decía que volverías pronto. ¿Estabas disfrutando tanto que no te diste cuenta del tiempo que había pasado? ¿Él te trató bien?"

Esos profundos ojos azules eran más fríos que el hielo del Mar del Norte. Incluso después de volver de la muerte, le seguía doliendo recibir ese odio. Ella bajó su mirada dócilmente.

"No es así, Raphael. Me lo encontré cuando volvía de reunirme con Claire. Nuestro compromiso se rompió tan repentinamente que nunca nos despedimos como es debido. Sólo quería terminar bien la relación. Ahora no tengo que volver a encarar a Su Alteza, lo prometo."

Levantando la cabeza, ella lo miró con ojos serios. Raphael no dijo nada, mantuvo una expresión vacía. El rostro de Annette era tan inocente que cualquiera caería en sus mentiras.

Pero Raphael no se dejó engañar. Estaba de mal humor. Había ido al palacio real después de leer su carta, aunque había sido por asuntos propios, más que para recogerla. Tenía la intención de reunirse con su padre para hacerle algunas preguntas sobre Annette, porque los rumores que el Rey le había contado antes de su boda no eran del todo ciertos. Raphael había querido averiguar de dónde demonios habían salido todos esos rumores.

Pero Selgratis se había negado a reunirse con él. En público, el Rey actuaba como si se preocupara por Raphael, pero en privado no le daba ni la hora. Todo era una actuación.

Así que había regresado con las manos vacías del palacio real. Se sintió lo suficientemente mal por ello. Quiso buscar a Annette, para llevarla a casa.

Aparentemente eso había sido un error de su parte.

"¿Qué demonios estabas haciendo en el palacio del Príncipe Heredero?", exigió.

Estaba furioso cuando descubrió dónde estaba ella. Había querido constatar con sus propios ojos lo que hacían los dos amantes, pero nadie podía entrar en ese palacio sin el permiso del Príncipe Heredero. Ni siquiera Raphael.

Al salir del palacio, se había sentido peor que antes de llegar. Una vez en casa, Raphael apretó los dientes esperando a que regresara. Antes, no le había importado dónde estaba ella o qué hacía, pero Raphael ni siquiera se dio cuenta de la contradicción. Traducción ReinoWuxia

Y ahora que la miraba inmovilizada en sus brazos, sintió una rabia que no podía entender.

"Raphael, te digo que no ha pasado nada con Su Alteza, lo único que hicimos fue despedirnos. Puedes preguntar a los asistentes de su palacio, ellos te dirán la verdad", suplicó Annette, con los ojos abatidos.

Pero la suerte no estaba hoy de su lado. El cochero había estado revisando el carruaje, y volvió hacia ella con algo en la mano.

"Dama, ha dejado esto."

Cuando Annette vio la caja que tenía en la mano, se rindió. Se le escapó una risa desesperada. Dios había decidido abandonarla este día.

Dejándola en el suelo, Raphael le quitó la caja y la abrió. Él también se rió cuando vio su contenido. La gargantilla de cuero se balanceaba en el aire entre sus dedos mientras la mostraba frente a ella.

"Sí, estoy seguro de que obtendría una respuesta muy interesante, si le preguntara a los asistentes del palacio real", soltó con frialdad.

"¡No! Raphael, Claire... espera un momento..."

Sintiéndose humillada por el malentendido, Annette se apresuró a agarrar la caja de regalo, buscando en su interior. Claire era de las que suelen adjuntar cartas a sus regalos, por lo que Annette sólo podía esperar que hubiera una nota dentro para explicar este malentendido.

Afortunadamente, encontró un sobre dentro de la caja. Rápidamente, se lo dio a Raphael sin siquiera leerlo.

"Mira, es un regalo de mi cuñada. Realmente no tengo nada que ver con el Príncipe Heredero."

Frunciendo el ceño, Raphael leyó la nota. Sus profundos ojos azules la recorrieron lentamente de un lado a otro. Sólo tardó unos segundos, pero a Annette le pareció una eternidad. Y con una sonrisa maliciosa, giró la nota frente a ella. Allí con la nítida letra de Claire, estaba escrito.

[Espero que pases una noche excitante con él. Átalo bien y haz que te llame por tu nombre.

Con mucho cariño, Claire]

Oh, Claire.

En silencio, Annette se cubrió la cara con ambas manos, derrotada. La carta dejaba claro que era un regalo de Claire, pero su contenido era desastrosamente confuso.

Entre la nota de Claire y la gargantilla de cuero que colgaba entre los varoniles dedos de Raphael, Annette estaba más que avergonzada. Rezó para desaparecer del mundo para siempre. Ahora. Por favor.

De nuevo, su deseo no se hizo realidad.

"Muy bien. Debe haber sido una visita estimulante el palacio del Príncipe Heredero", dijo Raphael, con una sonrisa cruel que mostraba todos sus dientes. "Veamos lo emocionante que fue para ti."

La agarró del brazo.

domingo, 18 de septiembre de 2022

septiembre 18, 2022

Cómo Domar A Mi Marido Bestial - Capítulo 19

Capítulo 19. Cantando Juntos


Ante el repentino silencio de Annette, los ojos de Ludwig siguieron los suyos hacia la caja vacía.

"¿No es tu regalo? ¿Se ha roto la tapa? No te preocupes... mis asistentes..."

El rostro de Ludwig se endureció cuando vio tardíamente lo que contenía la caja. El ambiente antes tierno se evaporó en un silencio muy pesado.

Annette cerró los ojos. Hubiera sido mejor si fuera un afrodisíaco ilegal. Al menos entonces, podría haber inventado alguna excusa, alegando que era un perfume o una loción. No podía explicar una gargantilla y un látigo.

Uno de los asistentes de Ludwig se acercó en silencio con gran profesionalidad, recogió la caja y su contenido, lo volvió a armar para colocarlo de nuevo en el banco. Regresó a su posición original como si no hubiera pasado absolutamente nada.

Annette sólo pudo cerrar los ojos y rezar para que el mundo explotara de alguna manera inmediatamente. Pero, por supuesto, no lo hizo. Antes de que pudiera ofrecer una explicación, Ludwig se levantó del suelo y la miró con ojos temblorosos.

"Tú... tu... de ninguna manera", tartamudeó. "¿Raphael... te hace ese tipo de cosas?"

"No. ¡No, absolutamente no!" La voz de Annette chirrió de miedo. La sensación de crisis inminente le hizo escupir cualquier excusa que se le ocurrió, la primera vez en su prudente vida que sus palabras se imponían a su mente. "¡Te-tenemos un perro muy grande! Es casi del tamaño de una casa, estoy segura de que ni siquiera Su Alteza ha visto nunca un perro tan grande, y quería métodos para entrenar a un perro tan feroz, así que hice un pedido especial... es un perro muy, muy grande."

Cuanto más hablaba, más incómoda se sentía. Obviamente se trataba de una excusa inventada, pero de alguna manera sentía que estaba insultando a Raphael. Annette cerró los ojos sintiéndose culpable. Al final de esta larga y excelente excusa, Ludwig la aceptó con una mirada dudosa, como si se viera obligado a llegar a esa conclusión.

"Ya veo."

"...Sí". Annette respondió débilmente. Seguía esperando que el mundo explotara, pero desgraciadamente no tenía poder para hacer que eso ocurriera. De hecho, se preguntaba si tenía alguna habilidad para algo.

Se produjo otro silencio incómodo. Ludwig, de pie e inseguro, no tardó en devolverla a su asiento.

"Sentémonos, por ahora... hablemos". Tartamudeó sus palabras. Annette se sentó en el banco en silencio, deseando morir. Quería salir corriendo con la caja, pero marcharse sin permiso en presencia de la realeza suponía un insulto y se castigaba como uno.

Afortunadamente, Ludwig tampoco tenía ganas de hablar del tema. Parecía desesperadamente preocupado por otra cosa.

"Estaba componiendo una nueva canción para mi laúd cuando hablamos por última vez, ¿recuerdas? La terminé hace unos días. ¿Le gustaría escucharla?"

"Sí, Su Alteza."

Fuera lo que fuera, estaba bien. Si tan sólo pudiera escapar de este mortificante lugar. Annette asintió desalmadamente.

Ludwig hizo una seña y uno de sus asistentes se apresuró a traer su laúd. Ludwig a menudo intentaba calmar su mente tocando el laúd, e incluso en esta situación, su desempeño era notablemente bueno. Annette cerró los ojos para escuchar, tratando de tranquilizarse.

De sus delicados dedos, una hermosa melodía llenó el lugar, como una canción celestial. Una vez terminada, habló con una expresión mucho más relajada.

"Me recuerda a los viejos tiempos, cuando yo tocaba y tú venías a sentarte a mi lado para escuchar. ¿Te acuerdas?"

"Por supuesto, me acuerdo."

La música tenía un efecto milagroso para cambiar el estado de ánimo. Annette se sintió un poco nostálgica. Al rememorar aquellos recuerdos, sus pestañas bajaron y su bello rostro se mostró conmovido por la contemplación. Ludwig la miró con admiración.

"Annette, tengo una petición. ¿Me la concedes?"

Al levantar la vista hacia él, ella no aceptó inmediatamente. Oh, por favor, no me digas que va a decir algo más terrible, como que soy su única reina. Annette estaba nerviosa por lo que pudiera salir de su boca, pero afortunadamente Ludwig no fue tan atrevido.

"Si no te importa, ¿Podrías cantar como solías hacerlo?" Sus ojos azules, tan parecidos a los de Raphael, brillaban con fuerza. Era una petición inesperada, pero no difícil. Annette aceptó rápidamente.

Ludwig tenía mucho miedo de su padre. El Rey Selgratis odiaba ver a Ludwig tocando el laúd. Ludwig solía utilizar a Annette como excusa, para poder pasar el tiempo tocando su laúd favorito. Con la puerta y las ventanas bien cerradas bajo el pretexto de una conversación privada, podía tocar música sin que su padre lo supiera.

Probablemente así fue como comenzaron los rumores de que Annette se había acostado con él para convertirse en Princesa Heredera. Era un malentendido evidente, si un hombre y una mujer adultos se encerraban en una habitación durante horas. La mayoría de la gente asumiría que tenían ese tipo de relación.

Annette chasqueó la lengua y añadió una condición a su petición.

"Por supuesto. Como sólo será una canción, la tocaremos aquí. Pero luego debo irme, ya es muy tarde."

"Entiendo", dijo Ludwig, mirándola con ojos apenados. "Gracias por acceder a mi petición."

Cuando esta canción terminara, ella volvería a casa, donde estaba su esposo Raphael. Después de esto, Ludwig y Annette serían extraños para siempre.

Ludwig se mordió los labios. Había estado seguro de que sería el esposo de Annette, y todavía quería serlo. Ludwig debería haber sido su esposo, pero parecía que Annette ya había aceptado a Raphael.

Se sintió indescriptiblemente amargado.

Ese hombre no sólo ha robado el afecto de papá, sino también el de Annette. Me ha quitado todo.

Una sombra pasó por sus ojos azules. Pero ahora tenía que centrarse en ella. Recuperando la serenidad, comenzó a tocar como en los tiempos cuando soñaba con colocar con sus propias manos la corona de la Princesa Heredera sobre el cabello rubio de Annette.

Annette cerró los ojos, tarareando suavemente la melodía que había cantado antes muchas veces. Al principio no era más que una tenue melodía, pero luego se convirtió en una canción.

La punta de tu espada es del color del frío invierno
El rugido del campo de batalla es del color de la lava roja
Como las hojas de los árboles perenne es la lealtad a la realeza,
Cuando el mundo gire y gire y todos estos colores sean uno
Estamparé mis pies para marchar libremente...

A Annette le gustaba cantar. Era sólo un pasatiempo, pero su voz era agradable de escuchar. 

Cuando solía visitar el palacio real, a menudo se unía a Ludwig de esta manera. Y aunque su canto no era tan bueno como antes, era divertido hacerlo, después de tanto tiempo. Así que Annette no se dio cuenta al principio, cuando Ludwig dejó de tocar.

En la última estrofa de la canción, abrió los ojos y se sobresaltó cuando vio a Ludwig tumbado en su banco con los ojos cerrados.

Espera, ¿Se ha desmayado de verdad? ¿Tan terrible fue mi canto?

Asustada, se levantó apresuradamente y fue a sacudirlo. Le preocupaba que se hubiera desmayado de nuevo en otro episodio, o que se hubiera golpeado de alguna manera en la cabeza con su propio laúd. Era posible. Ludwig era así de torpe.

"¡Alteza! ¡Alteza! ¿Se ha hecho daño? ¿Está usted enfermo?"

"Hmm... ¿Annette?"

Afortunadamente, abrió los ojos rápidamente. Ella no tenía ni idea de si se había desmayado o simplemente se había quedado dormido, pero no parecía haber nada malo en su cuerpo. Ludwig parpadeó un par de veces y bostezó somnoliento.

"Supongo que estaba tan cansado que me he quedado dormido. Lo siento, Annette. ¿Por qué tengo tanto sueño? Es extraño... supongo que no me siento bien. Me da vergüenza quedarme dormido después de haberte retenido para hablar contigo. Vete a casa. Por favor, ten cuidado en tu camino..."

Se despidió con los ojos semicerrados mientras murmuraba. Sus delicados párpados estaban arrugados como si estuviera en un sueño profundo. Annette estaba desconcertada, pero no iba a cuestionarlo. Rápidamente, se despidió. Fue extraño.

Annette ladeó la cabeza, observando cómo él se marchaba. Con su temperamento sensible, Ludwig no dormía mucho, pero aún así había conseguido dormirse mientras tocaba su laúd, que era lo que más le gustaba hacer. No era propio de él.

Más sorprendente aún, Annette se dio la vuelta y encontró a los cuatro asistentes que ella había solicitado a poca distancia. Hacía unos instantes, habían estado erguidos, pero ahora estaban desplomados el uno contra el otro, durmiendo igual que Ludwig.

¿Qué diablos está pasando?

Annette se quedó helada, con la boca abierta por la sorpresa.

viernes, 16 de septiembre de 2022

septiembre 16, 2022

Cómo Domar A Mi Marido Bestial - Capítulo 18

Capítulo 18. Mi Princesa Sólo Eres Tú


Por un momento, ella se preguntó por qué se disculpaba. Para Ludwig, todas estas cosas habían ocurrido sólo unas semanas atrás, pero para ella habían pasado años. Tal vez por eso ahora podía mirarlo con dulzura, como si todo aquello le hubiera ocurrido a otra persona.

"Annette... lo siento tanto. No pude enviarte... un regalo de bodas."

"Está bien, Su Alteza."

Realmente estaba bien. Si Ludwig, su ex prometido, le hubiera enviado un regalo de bodas, habría sido desastroso. Pero incluso teniendo en cuenta esa situación, lo mejor que pudo decir fue: Siento no haber podido hacerte un regalo de boda.

A diferencia del pasado, Annette pensó que su debilidad resultaba patética.

Se mordió los labios cuando vio la evidente reprobación en sus ojos rosados. Dudó un largo rato, buscando algo que decir antes de finalmente enterrar su cara entre las manos. Lo confesó todo, dejando que todo brotara de su corazón.

"No, en realidad no lo siento. No quise enviar un regalo para felicitarte por tu boda. No envié uno a propósito. Sé que debería disculparme, pero sinceramente, no me arrepiento. Tenía muchas ganas de verte. Yo... siempre me he arrepentido de todo, Annette."

No sonaba arrepentido mientras enterraba su cara más profundamente en sus manos.  Y en este punto, era difícil saber de qué se arrepentía. Todo lo que ella podía apreciar eran las puntas enrojecidas de sus orejas asomando a través de su largo cabello plateado.

"¿Qué demonios debo hacer?" Susurró amargamente. "Para mí, mi única princesa eres tú, Annette."

"Su Alteza..." Annette bajó los ojos en silencio ante esta confesión. Sentía como si algo caliente hirviera en su garganta, pero no era porque estuviera conmovida. Estaba luchando por contener su furia.

No hizo nada cuando me acusaron.

Por ello, había sido apartada de la contienda por la Princesa de la Corona, y Celestine se convirtió en su nueva prometida. Por supuesto, Ludwig se había mostrado incómodo durante todo el proceso, e incluso había apelado diciendo que Annette era la persona a la que amaba, pero ese fue todo su esfuerzo. Nunca había sido capaz de enfrentarse al Rey Selgratis, y bajo la presión de su padre, Ludwig solo observó cómo la casaban con Raphael.

Ahora fingía arrepentirse, afirmando que su única princesa era ella.

Annette se quedó sin palabras. Si no hubieran pasado cinco años, podría haberlo sacudido por el cuello de la camisa, cegada por la rabia. Aunque, por supuesto, si hubiera hecho eso, la habrían llevado a la celda 503 del calabozo de Palacio, por el delito de agredir el cuerpo de un miembro de la realeza.

Annette se tragó la rabia que llevaba tiempo sintiendo. Con una dulce sonrisa, mencionó un punto doloroso.

"Oh, Alteza, no diga eso. Ahora tiene a la Dama Keers, ¿No? Ella se pondría muy triste si escuchara eso cuando le gustas tanto."

A Celestine sí le gustaba Ludwig, hasta el punto de que había hundido alegremente a Annette en el barro para convertirse en Princesa Heredera. Y la falsa alegría de Annette hizo que sus orejas se volvieran rojas. Ni siquiera pudo levantar la cabeza, que tenía su cara enterrada en sus manos.

"Lo siento..." Dijo, entre dolorosos sollozos. "Lo siento mucho, Annette. Pero no puedo amar realmente a la Dama Keers."

"Pero ahora es tu prometida. Tienes que aprender a llevarte bien con ella."

"Pero la Dama Keers... es muy diferente a ti. Es tan nerviosa y sensible que no puedo imaginar un futuro con ella. Sólo estar con ella me cansa."

Sus palabras fueron desconcertantes. ¿La Dama Keers era tan sensible? Annette se había encontrado con ella a menudo como las dos candidatas, ella había parecido relativamente tranquila, y siempre se había mostrado bastante cariñosa con Ludwig. No podía creer que se pusiera nerviosa con él.

Pero entonces, tal vez Annette no conocía tan bien a la Dama Keers. Si Celestine fue la que incriminó a Annette con sus propias artimañas, no sería extraño que su verdadero carácter empezara a emerger tras su victoria. Si era capaz de conspirar así contra Annette, podría ser realmente una mujer malvada.

"Lo siento. Lo siento, por ser... este tipo de hombre, lo siento mucho por ti."

Con la cara escondida entre las manos, ella podía escuchar su respiración áspera, más dura y más rápida. Estaba jadeando entre sollozos, demasiado débil para tanto estrés.

Annette estaba acostumbrada a estos episodios. Cuando tenía un episodio, sólo echaba leña al fuego si las personas cercanas reaccionaban con molestia.

"Alteza, no pasa nada", respondió ella, con una voz suave. "Todo está en el pasado. Nunca le he guardado rencor. Ambos hemos hecho todo lo que podíamos, así que lo único que queda es aceptar las cosas y sacar lo mejor de ellas. Así que, por favor, no te preocupes."

Esta respuesta podía parecer sencilla, pero este tipo de tranquilidad era una de las mejores maneras de convencerlo. Su respiración se calmó lentamente mientras la escuchaba hablar, y cuando ella vio que funcionaba, Annette cambió de tema con mucho tacto.

"¿Hablamos de algo más agradable? He escuchado que en el Imperio Chapelle hay enormes extensiones de campos de trigo, sin fin a la vista. Si hace viento en verano, dicen que los campos parecen ondas. Cuando los granos se frotan unos contra otros, hay un olor fresco como a hierba que llena el aire. Un día me gustaría ir allí a tomar una siesta y escuchar el canto de las alondras. ¿Crees que su música es tan hermosa como las canciones que toca Su Alteza con el laúd?"

Su voz fue dulce, un tono tranquilo que resultaba muy agradable. El ruido de sus jadeos disminuyó mientras escuchaba.

Pacientemente, Annette esperó a que se calmara. Aunque Ludwig era el Príncipe Heredero de Deltium, su naturaleza se inclinaba más hacia un artista que hacia un autócrata. Su camino estaba decidido desde su nacimiento, pero era un destino doloroso, completamente inadecuado para sus aptitudes. Eso más que nada era la razón de sus episodios ocasionales.

Pobre hombre.

A Ludwig le gustaba especialmente tocar el laúd. Podía tocar muy bien, pero rara vez se le permitía hacerlo. El Rey Selgratis desaprobaba este pasatiempo. El Rey esperaba que su único hijo legítimo fuera más ambicioso, más como... Raphael. El Rey Selgratis era un padre severo que a menudo presionaba a Ludwig hasta sus límites. No dudaba en comparar abiertamente a Ludwig con Raphael.

Raphael inquietaba mucho a Ludwig.

Sabiendo todo esto, Annette miró a Ludwig con lástima cuando éste levantó la cabeza, mostrando los ojos enrojecidos.

"Aparte de ti, ¿Quién más me entiende? Y ahora debo casarme con otra mujer, que no eres tú... yo no quiero. No creo que pueda soportarlo."

Sus ojos miraron fijamente a Annette.

"Siempre pensé que la tiara de la Princesa Heredera le quedaría bien a tu cabello rubio. Hay un rubí rojo muy bonito en la parte delantera, habría brillado tanto con tu cabello. Ese rubí habría acentuado tus ojos... Había esperado tanto el día en que yo mismo pudiera ponerte esa corona en la cabeza."

Sonrió con nostalgia. Las puntas de sus dedos flotaron en el aire, como si hubiera estado a punto de tocar su cabello. Pero no tenía derecho a tocarla ahora. Ella era la esposa de otro hombre, y ese hombre era su hermanastro, Raphael.

Annette lo miró en silencio. Se compadecía de él. Estaba seguro  porque era Príncipe Heredero, pero era infeliz por ello. Era un hombre que debería haber sido un cuarto o quinto príncipe, con una vida relajada lejos de los problemas del trono.

"Annette". Ludwig se levantó de su asiento para arrodillarse ante ella, inclinando la cabeza mientras levantaba el dobladillo de su falda y lo apretaba contra sus labios. Sus pestañas plateadas estaban mojadas por las lágrimas. "Lo siento. Aunque creía en tu inocencia, no podía ir contra la voluntad de mi padre. Sé que fui un cobarde, pero... no puedo vivir sin ti. Sólo tú, Annette Bavaria. Sólo tú."

"Annette". Ludwig se levantó de su asiento para arrodillarse ante ella. Sus pestañas plateadas estaban mojadas por las lágrimas. "Lo siento. Aunque creía en tu inocencia, no podía ir contra la voluntad de mi padre. Sé que fui un cobarde, pero... no puedo vivir sin ti. Sólo tú, Annette Bavaria. Sólo tú."

Susurró las palabras, mirándola de forma suplicante. Ella se quedó tan sorprendida que se levantó de su asiento. La única razón por la que había aceptado su petición de hablar era para tener una última despedida, pero esto sólo estaba empeorando las cosas.

"Su Alteza, por favor, no haga esto. Soy la esposa de Raphael", luego se quedó rígida. Sus ojos se posaron en la caja de regalo que había caído al suelo junto a Ludwig. Debió de caerse cuando ella se levantó.

El contenido se salió como si fuera una manifestación. El horrible regalo que podía hacer que incluso un hombre homosexual deseara a su esposa era...

Una gargantilla de cuero y un látigo.

miércoles, 14 de septiembre de 2022

septiembre 14, 2022

Cómo Domar A Mi Marido Bestial - Capítulo 17

Capítulo 17Ludwig

Los ojos de Annette se agrandaron ante esa insinuación. Claire soltó una carcajada ante la ingenua reacción. Annette realmente era muy adorable. Entonces le tocó la cabeza con cariño, pero Annette se echó hacia atrás con un grito.

"¡Ahhh!"

"Oh, ¿te he hecho daño? Lo siento". La sorprendida Claire levantó rápidamente la mano de la cabeza de Annette. Sus agudos ojos encontraron rápidamente el corte que estaba cicatrizando en su frente. El rostro de Claire se volvió frío.

"¿Quién ha hecho esto, Annette?"

Su expresión juguetona desapareció en un instante. Aunque había preguntado quién lo había hecho, Claire estaba bastante convencida del culpable. Sólo unas pocas personas se atreverían a hacerle daño a Annette. Y sólo podían ser enemigos del Duque Bavaria.

"No, Claire", dijo Annette, negando rápidamente al ver el malentendido de Claire. "Es que... por error choqué con un pilar en el jardín."

Annette se sintió incómoda. Obviamente, estaba diciendo la verdad, pero sonaba como la excusa de una esposa maltratada. Los ojos verdes de Claire se mostraron escépticos.

"¿Cómo que no? Ese maldito bastardo de Raphael se atreve a tocar a mi hermana..."

Totalmente enfurecida, Claire se levantó tan abruptamente que volcó la mesa, tirando el regalo al suelo. Annette se alegró de que su cuñada se preocupara, pero ahora no era el momento adecuado para ello. Tenía que calmar a Claire antes de que alguien la escuchara e iniciara el rumor de que Raphael Carnesis golpeaba a su esposa.

"¡De verdad, no! Me golpeé la frente contra el borde de un pilar cuando estaba recogiendo un libro. Fíjate bien, puedes ver que no es el tipo de corte que se produce al ser golpeado, ¿verdad? Puedes comprobar que es una especie de desgarro."

Annette se echó el cabello rubio hacia atrás para que Claire pudiera observar la evidencia. La herida en realidad era bastante pequeña, teniendo en cuenta lo mucho que había sangrado. Realmente, Annette estaba impresionada con la aguda mirada de Claire. A Annette le resultaba difícil detectar la herida cuando estaba cubierta por su cabello, pero Claire la había descubierto de inmediato. Fue increíble.

Los ojos de Claire se entrecerraron mientras examinaba la herida. Entrenada como caballero desde la infancia, Claire estaba familiarizada con este tipo de heridas. Y ciertamente, parecía accidental.

"Está bien. Pero estaré vigilando, Annette. Si alguna vez te levanta la mano, puedes decírmelo cuando quieras. Lo aplastaré."

¿Cómo diablos podría ella aplastarlo? Annette se rió ante la amenaza, sus pestañas se agitaron alegremente. Aunque Claire no podía vencer a Raphael, era tranquilizador saber que alguien estaba de su lado. Podía entender por qué Arjen quería tanto a Claire.

Annette estaba acostumbrada a la fría intimidación de la familia Bavaria. Era tan normal para ella, que nunca se había dado cuenta de lo mucho que ansiaba algún tipo de amor familiar. Arjen era amable, pero siempre había estado ocupado, cultivando su extraordinaria mente. Un genio no tenía tiempo para prestar atención a su hermana pequeña, seis años menor.

Ella había querido que su familia la quisiera, así que había sido una niña muy buena. Se había hecho la ilusión de que si cumplía las expectativas de su padre, éste la querría. ¡Qué ingenua había sido! No se había dado cuenta de lo equivocada que estaba hasta que su padre la abandonó por completo porque perdió su oportunidad de ser Princesa Heredera. 

Las únicas personas a las que podía llamar familia ahora eran Arjen, Claire y Raphael. Aunque Raphael la odiaba, tal vez podría encontrar alguna manera de hacer que funcione. Ella quería llevarse bien con él. Era un mejor esposo de lo que ella había pensado, a pesar de su comportamiento intimidante.

"¡Oh!"

Tardíamente, Claire se agachó para recoger el regalo de Annette del suelo. Se lo devolvió con una sonrisa incómoda, estaba un poco avergonzada por su comportamiento impulsivo.

"Me alegro de que Raphael Carnesis no sea el tipo de hijo de perra que golpea a su mujer. Aquí tienes un regalo que te costó ganar. Conseguí uno como este para ayudar a la relación con mi esposo. Me gustaría quedarme con este."

"¿Qué es realmente?"

"¿No tienes curiosidad?" preguntó Claire con una sonrisa traviesa. "Si quieres saberlo, ve a casa y ábrelo con tu esposo."

Claire se encogió de hombros, pero no le dijo cuál era el regalo ni siquiera cuando se despidieron. Annette jugueteó con el regalo mientras caminaba, distraída.

¿Qué podría ser? Debía ser algo escandaloso, para que incluso los hombres homosexuales desearan a una mujer. No puede ser un afrodisíaco, ¿verdad? Eso es ilegal.

Annette miró el paquete como si pudiera contener una bomba. Sus sospechas no le permitieron mirar a través del embalaje.

Decidió apresurarse a casa para inspeccionar este peligroso regalo en privado. El lugar donde se había encontrado con Claire estaba al oeste del palacio, por lo que había que dar una larga caminata para llegar a la puerta sur, donde la esperaba su carruaje. Los pasos de Annette se volvieron acelerados.

Fue entonces cuando una larga sombra se posó de repente sobre ella. Cuando levantó la vista, sus ojos se abrieron de par en par.

"...Saludos al Pequeño Sol de Deltium."

"Annette."

La persona que tenía delante no era otra que el Príncipe Ludwig. El hombre con el que una vez creyó que se casaría. El hombre que nunca había vuelto a ver, después de las falsas acusaciones contra ella.

Se sentía avergonzada ahora de verlo, después de todos estos años. Por supuesto, no hacía tanto tiempo en esta vida, pero para ella habían pasado cinco años. Aunque siempre fue educada, Annette temblaba por dentro. El momento de este encuentro no podía ser peor.

¿Y si realmente hay afrodisíacos ilegales en esta caja?

No podía creer que tuviera que preocuparse por esto delante de Ludwig, y después de no haberlo visto en tanto tiempo. Ese pensamiento la hizo sentirse desgraciada. Tras unos momentos de silencio, le tendió la mano a su antigua prometida.

"No tienes que arrodillarte ante mí, Annette. Levántate."

Afortunadamente, él no parecía interesado en la caja que tenía en sus manos. Sus ojos azules estaban fijos sólo en ella. Pero Annette se levantó sola, rechazando educadamente su mano. Estaba casada con otro hombre, eso no era correcto. Ludwig frunció el ceño y retiró la mano ante el rechazo indirecto.

"Si no te importa, me gustaría pasear un rato contigo", dijo con seriedad. "Me gustaría contarte algo."

Annette cerró los ojos ante la inesperada petición, pero no dijo nada. Sinceramente, no quería hacerlo. Caminar con Ludwig le haría más mal que bien ahora. Y si alguien los veía, todos esos rumores comenzarían de nuevo, sobre que ella todavía no había renunciado al trono. Si alguno de esos rumores llegaba a oídos de Raphael... sólo considerar eso se sintió terrible.

Al verla dudar, Ludwig la agarró con sus elegantes dedos, que temblaban ligeramente al agarrar el borde de encaje de su manga.

"Por favor, Annette", susurró con dolor. "Por favor."

Su rostro seguía siendo tan hermoso como lo recordaba, aunque pálido por la ansiedad. Annette dejó escapar un suspiro. No era como si Ludwig no entendiera la situación, o lo que estaba haciendo. Ella miró a su alrededor y aceptó de mala gana.

"Pero trae al menos cuatro sirvientes con nosotros. Tengo que ir a casa antes de que sea demasiado tarde, así que sólo puedo quedarme media hora. ¿Te parece bien?"

"Por supuesto, Annette."

Sólo entonces floreció una sonrisa en su triste rostro. Rápidamente comprendió su petición. Rápidamente, hizo una seña a cuatro sirvientes que estaban a cierta distancia, y cuando se acercaron, Annette se sintió aliviada. Al menos era una mejora respecto a estar a solas con él, y afortunadamente, la llevó al palacio del Príncipe Heredero, donde nadie podía entrar sin su permiso. Eso reducía mucho las posibilidades de chismes. Un lugar excelente.

"Pero trae al menos cuatro sirvientes con nosotros. Tengo que ir a casa antes de que sea demasiado tarde, así que sólo puedo quedarme media hora. ¿Te parece bien?"

"Por supuesto, Annette."

Sólo entonces floreció una sonrisa en su triste rostro. Rápidamente comprendió su petición. Rápidamente, hizo una seña a cuatro sirvientes que estaban a cierta distancia, y cuando se acercaron, Annette se sintió aliviada. Al menos era una mejora respecto a estar a solas con él, y afortunadamente, la llevó al palacio del Príncipe Heredero, donde nadie podía entrar sin su permiso. Eso reducía mucho las posibilidades de chismes. Un lugar excelente. Traducción ReinoWuxia

Ludwig, que se sentó en un banco, permaneció en silencio durante algún tiempo, claramente agonizando sobre qué decir. Annette apartó ligeramente la vista de él, esperando pacientemente. Parecía más delgado de lo que ella recordaba. Sus ojos se llenaron de lástima.

Pobrecito.

Por fuera, Ludwig parecía un hombre perfecto. Alto, delgado, con una piel impecable y unos rasgos tan delicados como los de una mujer. Su largo cabello plateado caía en cascada hasta su cintura, brillando como la luz de la luna. Este era el hombre que pronto sería coronado Rey.

Por desgracia, Ludwig tenía un defecto fatal.

"Annette... ¡oh!"

Ludwig se había levantado de su asiento como si hubiera tomado una decisión, pero inmediatamente tropezó con sus propios pies. Annette lo agarró del brazo con la facilidad porque tenía bastante experiencia previa. Ludwig era un hombre que prefería florecer donde estaba plantado. En su vida. En el futuro de Deltium. En su silla.

"¿Se encuentra bien, Alteza?"

"Oh, gracias, Annette. Qué vergüenza", dijo él mientras ella le enderezaba. Ludwig tenía una apariencia perfecta, por lo que parecía que debía ser bueno en todo, pero eso estaba muy lejos de la realidad. Era increíblemente torpe. Todo lo que requería su coordinación acababa en desastre. Nunca pudo soñar con actividades intensas como montar a caballo o luchar con la espada. Incluso en una superficie completamente plana, se caía de bruces al suelo.

Ludwig, que casi se cae delante de Annette, se sonrojó. Respiró profundamente. Annette parpadeó, deseando que acomodara su postura de inmediato. En el momento en que sus ojos se encontraron, dolor apareció en su hermoso rostro. Sus labios carmesí se movieron.

"Lo siento, Annette", susurró.

sábado, 10 de septiembre de 2022

septiembre 10, 2022

Cómo Domar A Mi Marido Bestial - Capítulo 16

Capítulo 16. Regalo de Boda


Annette se esforzó por ocultar su vergüenza. Ella sabía mejor que nadie que Raphael no era homosexual. Era ridículo. Cada vez que Raphael se apoderaba de ella, sólo la soltaba después de haberla embestido hasta la saciedad.

"No, Claire", contestó rápidamente Annette, recordando vívidamente. "A mi esposo... le gustan las mujeres."

"¿Estás segura? ¿Cómo sabes que...?"

Claire se detuvo en medio de la pregunta imprudente. Era una tontería preguntarlo. Por supuesto que se habían acostado después de casarse.

He pasado tanto tiempo blandiendo una espada que mi cerebro se ha oxidado.

Claire no tenía intención de preguntar sobre la vida s3xual de su cuñada, así que se sintió muy avergonzada. Tocó torpemente su corto cabello. Pero entonces recordó otra cosa que había querido preguntar.

"Entonces, ¿Lo sabe? ¿Que no pasó nada entre tú y el Príncipe Heredero?"

"Así es."

Las mejillas de Annette se tornaron rosadas al recordar su primera noche, además de la conmoción en el rostro de Raphael cuando se dio cuenta de la verdad. Eso la hizo reír un poco, mientras que Claire respiró aliviada.

"¡Claro que debería haberlo asumido! ¿Hay alguna chica tan leal como tú? Si tu esposo fuera tan tonto como para castigarte por esos viles rumores, tendría que retarlo a un duelo."

Los ojos de Claire eran sinceros. Annette la disuadió rápidamente de semejante acción. Aunque Raphael tenía un carácter temperamental, era un hombre con talento, capaz de conseguir el título de Marqués con el dominio de su espada. Y aunque Annette amaba a Claire, estaba segura de que si los dos luchaban, sin duda ganaría Raphael.

Un poco más calmada, Claire bajó sus pestañas de color azul intenso. Sus labios, que estaban rosados incluso sin usar cosméticos, se movieron para hacer una pregunta más aguda.

"¿El cochero que te incriminó, fue Iván? ¿Alguien ha averiguado quién estaba detrás?"

"Bueno, probablemente no sea tan fácil..."

Iván era un nombre que hacía que el corazón de Annette se acelerara cada vez que lo escuchaba. Por culpa de su falsa acusación, Annette no se había convertido en la Princesa Heredera. Claire se mordió los labios.

"Sinceramente, todo esto ha sido culpa suya", dijo enfadada. "¿Cómo se atreve a acusarte de algo tan terrible?"

"No lo sé", dijo Annette con calma. En su última vida, cualquier mención de esto la había hecho sentir amargura, como si su corazón se desmoronara. Pero quizás gracias a su regresión, era capaz de mantenerse un poco más objetiva.

La acusación de haberme entregado al príncipe parece una tontería en comparación.

En el reino existía la anacrónica costumbre de tener siempre más de una candidata a Princesa Heredera. Se trataba de una formalidad. La contendiente de Annette en ese momento había sido la Dama Celestine Keers, hija del Marqués Keers. Su familia era demasiado débil para competir contra Anne, y lo que es más importante, a Ludwig le gustaba más Anne. Para todos era obvio que ella sería la Princesa de la Corona, del mismo modo que un día en el futuro sería la Reina.

Pero el mundo era un lugar extraño.

Un día, cuando Celestine volvía de reunirse con el Príncipe, desapareció de repente. Todo se puso patas arriba. Había sido secuestrada de camino a casa.

Afortunadamente, regresó sana en un día, pero el problema era la persona que la había secuestrado. Fue el cochero de Annette, Iván. Cuando le interrogaron, fingió resistirse durante un tiempo, pero pronto acusó a Annette de haberlo planeado todo.

¡No es justo! ¡Sólo estaba siguiendo las órdenes de la Dama Annette! ¿Cómo puede un hombre como yo atreverse a desobedecer las órdenes de una noble? Sólo hice lo que se me dijo que hiciera, ¡por favor, tened piedad de un miserable!

Sus habilidades de actuación eran realmente sorprendentes. Había llorado tan desesperadamente que incluso Annette se preguntó si de alguna manera lo habría hecho realmente. Fue lo suficientemente convincente como para persuadir a los demás.

Su coartada fue aún más completa. Para su sorpresa, Iván había hecho cómplices a varios sirvientes reales. Annette los conocía, los había visto muchas veces en el palacio. Todos habían testificado contra ella, afirmando con seguridad que la Dama Bavaria había hecho esto.

Por ello, Annette fue considerada una mujer malvada, que había intentado matar a su rival cegada por los celos. El Marqués de Keers estaba furioso y había insistido en que fuera castigada. Pero el poder del Duque Baviera era tan grande que consiguió que todo se resolviera en silencio. Incluso el propio Rey se había puesto del lado de Baviera, ordenando que se suprimiera el escándalo.

Y luego la había casado con Raphael.

Annette suspiró. Hacía tiempo que no pensaba en esos dolorosos recuerdos. Iván era su cochero personal, que había conducido para ella durante casi diez años. Quería preguntarle por qué lo había hecho, pero resultaba imposible.

"No sé quién está detrás de esto", dijo lentamente a Claire. "No hay forma de saber si Iván está vivo o muerto. Alguien lo sacó a escondidas de la prisión real. Tal vez ya lo hayan matado, para mantenerlo callado."

Claire también había adivinado que podría estar muerto. Incluso si lo hubiera planeado por su cuenta, probablemente no le habrían dejado vivir. Fue una suerte. La acusación contra ella no la conocía nadie más. Sólo las personas directamente implicadas en el incidente lo sabían.

También había resultado bien para Celestine. Como sólo había estado desaparecida un día, nadie había notado su ausencia. Pero si se enteraban, ¿Qué dirían los chismosos? Seguramente se especularía maliciosamente sobre ella. Incluso si se convertía en reina, estaría recorriendo un camino espinoso, después de eso.

"Lo he pensado, Annette", dijo Claire, bajando la voz mientras dejaba su taza de té. Sus inteligentes ojos se estrecharon con sospecha. "¿No podría haber organizado todo esto la propia Celestine Keers?"

Annette casi se rió en voz alta. Sí, ella también sospechaba de Celestine. Celestine no había perdido nada en este caso. Los secuestradores no le dañaron ni un pelo, y como el escándalo se había silenciado por completo, su honor tampoco se vio perjudicado. Al final, se convirtió en la prometida del Príncipe, lo que nunca habría sido posible antes, dada la baja condición de su familia.

Pero Annette lo perdió todo. Después de haber pasado su vida siendo rigurosamente preparada para convertirse en Reina, fue arrojada a un pozo. Y entonces los rumores sobre Ludwig habían circulado, y personas como Raphael los creyeron, y la criticaron duramente.

Es tan injusto. Eso sólo reforzó su determinación de demostrar su inocencia esta vez, a toda costa. Claire se acercó a ella para abrazarla.

"No te preocupes, Annette. No importa quién esté detrás, descubriré quién te ha acusado de todas esas cosas. Si intentaron destrozar tu futuro, ¿No es justo destrozar sus extremidades?"

Claire sonrió ferozmente, enseñando los dientes. Y aunque Annette pensaba atrapar ella misma a los conspiradores, asintió en silencio. Claire siempre la había tratado como a su propia hermana. Era un alivio tener a alguien que creyera en su inocencia.

Me gustaría que algún día Raphael también me creyera.

En su última vida, nunca se había llevado bien con él, así que no tenía ni idea de lo que realmente pensaba. Cuando hablaban solo era para pelearse o criticarse. No fue hasta que ella se estaba muriendo debido a su enfermedad que Raphael se ablandó. Para entonces fue demasiado tarde.

Pero sigue siendo mejor que Ludwig.

Las mejillas de Annette enrojecieron.

Se sorprendió al pensar tal cosa. Tal vez ella había estado casada demasiado tiempo con Raphael. Empezaba a tener pensamientos que nunca habría tenido en su última vida.

El Príncipe Heredero Ludwig también era un hombre guapo, aunque un poco delicado. Por otra parte, Raphael era tan sensual y masculino que cualquier mujer lo miraría dos veces. Incluso Annette, que conocía muy bien su mal carácter, se ponía a veces nerviosa a su alrededor, su corazón se agitaba al verle sonreír.

Al principio, pensó que sería un matrimonio lleno de problemas, pero no siempre fue malo. Y Raphael no la abandonó, ni siquiera cuando estaba postrada en la cama. Había sido un esposo muy responsable, muy superior a Ludwig, que le había dado la espalda de inmediato por no oponerse a su padre el Rey.

"¿Cómo está mi hermano mayor Arjen? ¿Sigue siendo adicto a su trabajo?" preguntó Annette. Necesitaba dejar de pensar en su esposo, así que preguntó por otra persona.

Claire frunció el ceño ante la mención de su esposo.

"No digas su nombre", se quejó, levantando sus hermosas cejas. "Hace tres semanas que no viene a casa. He escuchado que se lava y duerme en la oficina del palacio real, la gente cree que es un vagabundo."

Annette se rió al pensar en su hermano mayor. Había sido reconocido tempranamente por su extraordinario intelecto, y se fue a estudiar a la Academia del Imperio Chapelle. Tras completar sus estudios, había accedido a un puesto de alto rango como funcionario del Imperio. Su talento era demasiado excepcional para limitarse a Deltium.

Por supuesto, a su padre Allamand no le había hecho mucha gracia. Una vez terminados sus estudios, Arjen debía regresar para ser educado como sucesor de la familia Bavaria, pero ni siquiera Allamand podía imponerse si su oponente era el Imperio Chapelle. No le había gustado, pero no tuvo más remedio que dejar marchar a Arjen.

Eso fue probablemente lo primero que no salió según la voluntad de mi padre.

Annette estaba muy celosa de su hermano mayor. El Imperio era mucho más grande que Deltium, lo cual mantenía a Arjen muy ocupado. La boda de Annette había sido tan repentina que él no pudo venir a tiempo. A diferencia de Claire, Arjen era un tipo débil. Los dos se equilibraban perfectamente, compensando los defectos del otro.

O eso pensaba Annette. ¿Podrían ella llegar a ser ese tipo de pareja con Raphael?

Si hubiera sido su anterior vida, habría sacudido la cabeza y dicho que en absoluto. Pero ahora no estaba tan segura. Raphael había cambiado casi tanto como ella. Era realmente sorprendente.

Envuelta en sus pensamientos, Annette no se dio cuenta de que Claire la miraba antes de sacar una pequeña caja envuelta en un papel dorado. Annette parpadeó. Claire sonrió expectante.

"¡Ta-da! Es un regalo de boda tardío, Annette. Sé que no es el matrimonio que querías, pero espero que seas feliz. Ese es mi sincero deseo para ti."

Tomando su mano, Claire sonrió como si fuera su hermana. En la familia de Claire abundaban los hombres rudos, así que ella pensaba que Annette era la criatura más adorable del mundo. Annette sonrió felizmente mientras recibía el regalo.

"¡Gracias, Claire! ¿Pero qué hay aquí? Es muy ligero."

"¿Ah, eso?"

Claire sonrió de repente con malicia. Bajando la voz, susurró como si estuviera confiando un secreto mortal.

"No te sorprendas. Ese es un... artículo útil que hará que incluso un hombre homosexual desee a su esposa."

Fue absolutamente imposible no sorprenderse.

jueves, 8 de septiembre de 2022

septiembre 08, 2022

Cómo Domar A Mi Marido Bestial - Capítulo 15

Capítulo 15. Claire

Unos días más tarde, después de haber terminado su entrenamiento de la tarde, Raphael regresó a la mansión mientras se secaba el sudor. Su rostro estaba retorcido por la furia. Hacía días que no dormía tan bien, así que estaba teniendo un profundo efecto en sus habilidades con la espada.

Estoy en mucha mejor forma después de dormir.

Chasqueó la lengua al recordar que había dormido en el regazo de Annette unas noches antes. Aquel día se había sentido tan bien que estaba seguro de que podría abrirse paso hasta convertirse por fin en un Maestro de Espada. Estaba seguro que pronto lo lograría si volvía a suceder.

Pero todo fue una ilusión. Su insomnio había vuelto a aparecer, por lo que su desempeño con la espada disminuyó. En ese caso, preferiría volver a dormirme con ella, pensó, con los ojos llenos de irritación.

Aunque ella me miraría como si hubiera perdido la cabeza.

Después de todo, era él quien le había dicho que nunca fuera a su habitación, pero ahora estaba desesperado por acostarse con ella. Podía imaginar lo que Annette, hija de la orgullosa familia Baviera, pensaría si se lo pidiera. Aunque ella fuera su esposa, y tenía el deber de dormir con él. Ahora que el corte en su frente se había curado, no tenía que preocuparse de lastimarla.

Raphael decidió dejar de lado sus sentimientos por ella. No podía determinar si fue sólo una desafortunada coincidencia que el calor de Annette le hubiera ayudado a dormir bien, pero realmente quería averiguarlo. Sus ojos azules estaban enrojecidos por la falta de sueño.

Miró a su alrededor cuando entró en mansión, luego llamó a una sirvienta que pasaba por allí.

"¿Dónde está Annette?"

Las pupilas de la sirvienta temblaron. Llevaba varios años trabajando en la mansión Carnesis, pero era la primera vez que hablaba con el joven feroz dueño de la propiedad. Rápidamente, inclinó la cabeza.

"La dama ha salido hoy", respondió. "Ha dejado una nota para usted, ¿quiere que se la traiga?"

¿Ha salido? El atractivo ceño de Raphael se arrugó. Supuso que ella estaba en casa, por lo que se sintió extrañamente traicionado. Todavía no había olvidado la insultante devolución de los regalos de boda, ni el irrespetuoso comportamiento del mayordomo.

Pero delante de mí, fingió estar de mi lado.

Apretando la mandíbula, ordenó a la sirvienta que trajera la nota y se la arrebató, hojeándola.

[Querido Raphael,

Voy a visitar el palacio hoy. Mi nueva cuñada, Claire Lucid Bavaria, del Imperio Chapelle, se hospeda por primera vez en el palacio, así que he ido a verla a la Embajada Imperial, al este del palacio. Regresaré pronto.]

La expresión de Raphael al leer el papel de la nota, rosa claro y perfumado, era indescriptible.

Parecía que Annette no había ido a donde ese maldito Duque Baviera. Su ira se enfrió rápidamente, pero descubrir que sus suposiciones sobre Annette eran erróneas no era la única razón de sus sentimientos ambivalentes.

La letra de Annette era terrible.

La agraciada Annette Bavaria, tan cuidadosamente educada como la joven dama de la más poderosa casa ducal, había hecho un desastre con la tinta. Era asombroso que utilizando una pluma de la más alta calidad y una lujosa papelería, hubiera hecho algo así.

"El palacio..."

Raphael se quedó mientras sujetaba en la carta. Podía imaginar a Annette sentada con su nueva cuñada Claire, tomando un té amistoso juntas. Su imaginación produjo dos mujeres con grandes vestidos comiendo finos postres. Traducción ReinoWuxia

Tal vez lo maldijeran juntas mientras comían.

Frunció el ceño. Odiaba a las arrogantes Bavaria, especialmente al Duque Baviera, que no perdía la oportunidad de insultarlo cada vez que se cruzaban en el palacio.

La mayor ironía era que ese hombre era ahora el suegro de Raphael. A veces el mundo era más ridículo que cualquier comedia.

Pero Annette Bavaria no es... tan mala.

Raphael chasqueó la lengua, se le escapó un generoso pensamiento. Tal vez todo esto era un plan de Annette. Podía estar engañándolo con esa cara amable, mientras se reía de su ingenuidad a sus espaldas.

La idea le hizo sentirse miserable. No podía dejar que ella estuviera insultándolo con su cuñada, venida desde el Imperio de Chapelle. Sintió una repentina necesidad de ir personalmente al palacio. Tenía tantas preguntas que hacerle a su padre, el Rey de Deltium, Selgratis.

Especialmente sobre Annette Bavaria.

Pensar en su padre le hizo fruncir el ceño. El Rey Selgratis siempre le sonreía con suspicacia. Raphael odiaba ir a palacio. Pero como un patético mendigo, a veces tenía que hacer cosas que odiaba.

Raphael tenía el presentimiento de que hoy iba a ser un día muy desagradable.

***

Al contrario de lo que Raphael imaginaba, la hora del té de Annette no fue ni rosa ni dulce. La muñeca de su cuñada, inclinada para levantar su taza de té, era muy robusta. Aquella mano estaba más acostumbrada a llevar una espada que una delicada taza de té, y bajo la mesa no estaban la amplia falda de un vestido, sino los pantalones de un caballero.

Claire era una belleza andrógina con el cabello azul cortado a la altura de la barbilla, una destacada caballero que lideraba la tercera división de caballeros del Imperio Chapelle. Al sentir la mirada de Annette, dejó inmediatamente su taza y comenzó a disculparse.

"Siento mucho no haber podido venir a la boda, Annette. Estaba fuera en una misión muy importante."

Su acento del Imperio Chapelle, sonaba bastante duro, pero bajo su intimidante exterior, era en realidad una persona muy amable. Todavía lamentaba haberse perdido la boda de Annette.

"Lo entiendo", respondió Annette. "El Imperio fue todo un desastre, ¿no? Con el intento de asesinato de ese comandante. Dios mío, me alegro de que todo haya salido bien."

Annette aceptó la disculpa con una sonrisa. Por supuesto, un caballero no podía dejar a su comandante por una boda cuando alguien intentaba matarlo. Annette podía entenderlo perfectamente. Y su hermano Arjen debía estar tan ocupado como Claire.

Parpadeando ante la amable respuesta de Annette, Claire se deslizó de su silla para abrazarla. A pesar de su aspecto imponente, derramó una lluvia de besos sobre Annette.

"¡Eres tan dulce! ¡Cómo puede una chica ser tan bonita! Si fuera un hombre, me habría casado contigo de cualquier manera, Annette Bavaria."

"Ahora soy Annette Bavaria Carnesis", dijo Annette, inclinándose hacia el abrazo de Claire. "No olvides que estoy casada."

Claire la soltó. Su expresión se volvió repentinamente sombría.

"¿De verdad estás bien, Annette? Tu esposo es... ¡Raphael Carnesis!"

La sonrisa de Annette desapareció. Estaba preparada para escuchar a Claire cuestionar su linaje, al igual que los demás nobles, y no le resultaba agradable a Annette escuchar los chismes sobre su nacimiento ilegítimo. Pero lo que salió de la boca de Claire fue algo totalmente diferente.

"¿Raphael Carnesis, el demonio del campo de batalla? Pero había escuchado que prefería a los hombres, hay rumores de que tenía una relación con su ayudante de campo. ¿Realmente es gay?"

La sonrisa de Annette se congeló ante esas palabras.

¿De qué demonios estás hablando? ¿Mi esposo es gay y tenía un amante?