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viernes, 3 de junio de 2022

junio 03, 2022

Bajo el roble- Capítulo 127



Capítulo 127. La envidia de Riftan (2)

A pesar de que dijo eso, estaba tentada por dentro. ¿De verdad no pensaba mal de ella? De repente, mientras estaba en medio de sus cavilaciones, escuchó el sonido de la puerta abriéndose. Cuando se dió la vuelta , vio a Riftan entrando en la biblioteca.

“¿Qué has estado haciendo hasta esta hora?”

Max se sorprendió por su pregunta.

Ruth respondió sin rodeos mientras revisaba si estaba enojado. "¿Qué estás haciendo en la biblioteca?"

Riftan frunció el ceño y miró alrededor del escritorio. Junto a la desordenada pila de libros estaban los platos y las bandejas que habían usado durante el almuerzo. Se agarró la frente y sacudió la cabeza como si estuviera estupefacto.

"Escuché de las criadas que ustedes han estado atrapados aquí hoy. ¿Has estado leyendo todo el día?"

“Así como el Señor Calipse empuña una espada todo el día, hay un hombre que lee todo el día”.

Hubo un ligero disgusto en el rostro de Riftan ante el tono pomposo de Ruth.

Max empacó rápidamente sus libros, con los nervios de punta por el ambiente extraño. Ella dijo: “Y-yo y-yo estaba a punto de irme”.

Riftan tomó rápidamente el libro en su brazo. "Vamos. Les dije que pusieran la mesa en la habitación”.

"¿No comerás en el comedor?"

Riftan lanzó una mirada torcida por encima del hombro debido a la pregunta de Ruth.

"Todo el mundo va a comer en sus aposentos. Por eso les dije a los criados que me llevarán la comida porque estoy demasiado ocupado”.

"¿Qué diablos has hecho para evitar que la gente venga al comedor?" Preguntó Ruth, temblando.

"¿No estás siendo mezquino acerca de que mi esposa estuvo borracha?"

Max miró a Riftan con cara de sorpresa. ¿Era posible que regañara duramente a los caballeros por lo que vio?

Max negó con la cabeza sintiendo pena por los caballeros que habían sido regañados por su culpa, pero Riftan solo resopló.

“Cuando vi subir la jarra llena de alcohol, una y otra vez, sentí que habían sido indisciplinados, así que les impuse un duro entrenamiento”.

"¿Lo hiciste?" Ruth dijo sarcásticamente y suspiró.

Riftan acaba de salir de la biblioteca, sosteniendo la mano de Max mientras fingió que no había escuchado su comentario.

Max le dió un pequeño saludo de despedida a Ruth y se apresuró por el frío pasillo con su hombre.

"T-todavía…"

Max casi estaba corriendo para alcanzarlo mientras daba largas zancadas. Pero después de un rato se detuvo y volteó a mirarla.

Max aprovechó la oportunidad y habló con cuidado.

"¿S-sigues enojado?"

“…”

"A-a... Yo n-no bebo alcohol así. No beberé d-demasiado de ahora en adelante. No puedo creer que estaba tan borrach. N-no lo sabía".

"No estoy enojado... todavía".

Riftan escupió sin rodeos y reanudó sus pasos. Caminó en silencio con él, mirándolo a escondidas a la cara de vez en cuando. Contrariamente a sus palabras, sus labios estaban severamente fruncidos. Caminaba por el pasillo en silencio, pero cuando subió en la escalera, escupió.


"¿Estás con él cada vez que te quedas en la biblioteca?"


"¿Q-qué?" Max lo miró con toda curiosidad por la repentina pregunta, pero pronto ella asintió lentamente.


“R-Ruth… La mayor parte de su ti-tiempo parece estar en la b-biblioteca. C-casi siempre nos encontramos”.


Max decidió no mencionar que había dejado la torre y ahora está tomando la biblioteca como su lugar de residencia.


Pensó que al menos debería mantener ese nivel de lealtad.


Riftan frunció el ceño levemente y preguntó: “Se comporta como un santo, ¿no?. Es un chico travieso, y a menudo trata de meter a otros en problemas y también está involucrado en experimentos extraños…”


“Soy y-yo quien siempre está molestándolo. P-parece un poco extraño... R-realmente no sé... S-siempre me está enseñando cosas. I-incluso si no ha pasado mucho tiempo desde que llegó e-él ha sido de gran ayuda para mí.”


De alguna manera, el estado de ánimo de Riftan pareció empeorar ante su respuesta. Max estaba ansioso por la extraña tensión que lo rodeaba.


'¿Riftan odia a Ruth?'


Le parecía que había mucha confianza entre ellos, aunque a veces no lo parecía. Max puso los ojos en blanco preguntándose qué hacer con su mirada de disgusto. No fue hasta que estuvieron cerca de la puerta de su habitación que Riftan preguntó.


“¿Te gustan los hombres inteligentes?”


En ese momento se dio cuenta de que Riftan estaba realmente ofendido por la relación de su esposa con otro hombre. Nunca había sido consciente de Ruth de esa manera, de la forma en que nunca pensó que sería agradable para un marido que su esposa pasará mucho tiempo con otro hombre. Max saltó de miedo, preocupada de que pudiera ser sospechosa de infidelidad.


“¡N-no me gusta! Por supuesto que lo r-respeto, pero... ¡no es así! Ruth es mi a-amigo! S-siempre es b-bueno y por supuesto que a-agradezco su ayuda. N-No hay nada... N-no sé. Puedo contar con él cuando estás en problemas, pero yo quiero decir, me regaña mucho… Es como un... Bastante entrometido... No creo que eso sea... ¡No creo que debas...!”


Max, que clamaba desesperadamente por declararse inocente, cerró la boca. Riftan la miraba fijamente. Abría y cerraba la boca como un pescado falto de aire. Sin mirarse en el espejo, podía decir que su rostro estaba sonrojado. Le ardían los oídos y no podía soportar más el silencio, por lo que hizo un comentario incoherente.


“Quiero decir… E-él es confiable… y es un buen j-jinete… E-el tipo de persona q-que siempre es amable… Me refiero a…"


Sorprendida por el ruido sordo, Max levantó la cabeza. Riftan estaba golpeando su cabeza contra la puerta cuando dejó escapar un profundo suspiro, apoyándose en su frente.


"¿Cuánto más raro deberías hacerme sentir?"


“¿Q-qué?…”


Riftan la miró con los ojos entrecerrados, tomó su mano y abrió la puerta. Max fue metida a la habitación y cerró la puerta detrás de él. Luego la levantó y la empujó contra la pared.

martes, 24 de mayo de 2022

mayo 24, 2022

Bajo El Roble - Capítulo 126

Capítulo 126. La envidia de Riftan (1)


Max le dirigió una mirada de desconcierto.

"Crees que salí porque odiaba la Torre del Mundo, ¿no?" Él fue capaz de discernir sus pensamientos.

"No me gustaba la disciplina que tenían, pero no la odiaba. De hecho, no hay otro lugar en el mundo donde cientos de grandes magos puedan reunirse para perfeccionar sus habilidades como en ese lugar", dijo con una débil voz de añoranza.

La curiosidad de Max se había despertado. Nornui era una isla desconocida con acceso muy limitado a los forasteros. Solo los magos podían entrar y salir de la torre, mientras que los mercaderes del sur y del oeste estaban ocupados en el puerto. Para entrar y salir había que pasar por los canales adecuados.

Sin duda, este lugar prohibido desprendía un aura misteriosa. Innumerables juglares habían difundido canciones sobre el misterioso Nornui por todo el continente, fascinados y encantados por su secreto.

No es de extrañar que la Señora Calipse se sintiera cautivada por el cuento del mago fugitivo. Desde que escuchó los cuentos hábilmente cantados por los juglares, se había perdido en extraños sueños sobre la Torre del Mundo durante mucho tiempo. Y ahora que estaba en compañía de alguien que mejor la conocía decidió aprender todo lo que pudiera.

"¿T-todos los magos e-estudian en la-la Torre del Mundo?" Sus ojos brillaron de curiosidad cuando preguntó.

"¿Qué quieres decir? ¿Quieres estudiar magia ahí?" Ruth sacudió la cabeza como si le dijera que no hiciera preguntas estúpidas.

"Para dominar las propiedades de la magia, debes ir a la Torre del Mundo y entrenar. Sin embargo, no tienes que ir muy lejos para aprender la magia universal que quieres aprender. La mayoría de los magos errantes del Cuerpo de Mercenarios son magos no afiliados".

Ruth se rascó la nuca mientras ladeaba la cabeza ante las palabras desconocidas, preguntándose si ya lo había explicado.

"Como se mencionó en la introducción a la hechicería, el maná es viento, agua, tierra, fuego, luz y oscuridad. Hay un total de 6 atributos. El maná tiene estos seis tipos de energía en perfecto equilibrio. El maná puro se acumula en el cuerpo extrayendo así un atributo que se llama maná de velocidad, y la ventaja de este maná puro es el "atributo mágico". En cambio, la "magia universal" que queremos aprender ahora no es un atributo del maná, sino un atributo de varios atributos que acumulamos y utilizamos en nuestro cuerpo."

"¿N-no sería mej-jor los dive-versos elementos? Cr-creo que es mejor acumular t-todos los element-tos en la misma cantid-dad", continuó.

"No, cuanto más inestable es tu maná, más poderoso se vuelve. El maná que se concentra en un solo atributo tiene 10 veces más poder que el maná normal. Digamos que tienes 6 ladrillos aquí. ¿No es difícil repartirlos uniformemente en el suelo? Eso es seguro. Sin embargo, puedes simplemente derribarlos apilando ladrillos. Como dije antes, la magia crea estas disonancias en la naturaleza. Es la magia la que rompe el equilibrio y afecta a un desorden bien calculado".

Max asintió y recordó la explicación de la diferencia entre "hechizo" y "maná" que había escuchado la última vez. Los hechizos iban en contra de las leyes de la naturaleza, pero el maná las seguía.

"En el pasado, se pensaba que si el maná acumulado en el cuerpo se inclinaba hacia un determinado rasgo, el poder mágico también sería mayor". Ruth reveló el interior de su muñeca remangándose.

Sonrió ampliamente como si se sintiera feliz de entender. En la piel blanca con venas, estaba inscrito un pequeño encantamiento, dibujado con tinta roja.

"Para dominar los atributos de la magia, es necesario que la Torre del Mundo te conceda esto. Yo... A través de esta magia, estoy acumulando maná de viento puro en mi cuerpo".

"Bueno, y-yo no creo que sea a-así..." Dijo Max, mirando su muñeca con un toque de anticipación. "¿No s-sería más fácil aprender ma-magia si la g-grabaras en tu c-cuerpo?"

"Los únicos que pueden grabar esta magia son los magos mayores que viven en lo alto de la Torre del Mundo, y para que se les conceda el atributo mágico, tienen que vivir y ser educados en la Torre del Mundo durante al menos cuatro años. No pueden salir de Nornui durante ese tiempo".

Max bajó los hombros con una mirada de decepción. Ruth chasqueó la lengua como si quisiera reírse mientras la miraba.

"¿Qué significan estos atributos para una chica nueva que acaba de empezar a estudiar la teoría de la magia? Te preocupa aprender lo básico, ¿no?"

"B-bueno, es que... ¡ah! Solam-mente he hecho una pregunt-ta". Max refunfuñó ocultando su cara de vergüenza en el libro.

Ruth sonrió y movió unos cuantos libros al lado de Max antes de levantarse de su asiento para encender el fuego. El cielo estaba nublado y una tenue sombra se cernía sobre la biblioteca, a pesar de que aún era temprano.

Con unas pinzas, sacó pequeñas brasas del horno y las encendió en un candelabro y una lámpara. Max se frotó los ojos cansados y siguió leyendo antes de levantarse justo a tiempo; ya era de noche.

"¿Vas a ir al comedor a cenar?" Al ver sus libros y pergaminos empaquetados, Ruth preguntó con picardía.

Max negó con la cabeza. No podía enfrentarse a los caballeros porque estaba demasiado humillada por su comportamiento anterior.

"Y-yo voy a c-comer en mi habitación. Q-quiero quedarme a-allí releyendo todos estos libros".

"Tranquila, Max. No has hecho nada malo. Creo que nunca has visto a un borracho de verdad, y mucho menos has oído las tonterías que dicen". Ruth, que enseguida vio a través de su excusa, dijo. Luego pasó a sugerir.

"¿Por qué no aprovechas esta oportunidad para entablar amistad con los caballeros? Parece que a todos les pareció gracioso…"

"B-bueno... Y-yo no quiero ser g-graciosa".

martes, 31 de agosto de 2021

agosto 31, 2021

Bajo El Roble- Capítulo 125

Capítulo 125. Elogios raros (2)



"Voy a tener que enseñarles a todos a cazar ratones. Parece que a todos les gusta su nueva familia. Para ellos, el nivel del chef es excepcionalmente fuerte. Esta mañana, me he levantado un poco temprano y lo he atrapado cocinando una comida especial para estos futuros cazadores de ratas" dijo Rudis, señalando un cuenco plano colocado en el suelo. Dentro del cuenco redondo de madera, había pescado blanco y leche finamente picados y mezclados como si fueran gachas.

Max observó alegremente a los gatos comiendo en un plato mientras cenaban valientemente, y luego se concentró en la lectura de nuevo.

‘Ahora, una vez que haya terminado con este libro, habré leído todos los libros que Ruth me ha dado. El entrenamiento para sentir el maná es un tema en el que no he avanzado mucho, pero gracias a la guía paso a paso, he podido entender un poco el concepto y el principio de la magia’ se dijo Max.

Sacó un nuevo trozo de pergamino de su bolsillo de cuero, lo extendió y abrió la última página del libro mientras Rola, la gata blanca que se acurrucaba contra su estómago se arrastraba y empezaba a hacer travesuras contra su falda.

Durante un rato, rascó el lomo de la gata mientras observaba la simpática escena y, cuando la gata empezó a moverse violentamente, las letras que estaba leyendo empezaron a bailar en su cabeza y ya no pudo comprender lo que estaba leyendo.

Max miró a la gata con cara de vergüenza. Rudis la tomó rápidamente y la puso en su camita, pero la gata, no dejó de llorar desconsolada.

"Puedo sacar a los gatos si quiere, Señora" sugirió Rudis.

"Oh, no. Estaba a punto de ir a la biblioteca. Lo siento, pero ¿podrías cuidarlos un poco?"

"No se preocupe. Se calmarán pronto después de que les dé un poco de leche" Rudis acarició cariñosamente al gato, sacó la olla y calentó la leche en la chimenea. Max le dedicó una sonrisa de agradecimiento antes de que se pusiera una capa, cogiera el libro y saliera.

Finalmente, Max encontró la paz en la biblioteca al entrar en ella después de atravesar el frío pasillo, tan pronto como se acomodó en su asiento y comenzó a leer, escuchó una voz familiar que la saludaba.

"Hola, Señora Calipse. ¿Ha dormido toda la noche?"

Max, que tenía una expresión de perplejidad en su rostro, se sonrojó al pensar en la borrachera de anoche.

"Mencionar el error de una d-da es tan vergonzoso... No es a-apropiado" Max le espetó a Ruth.

"¿Qué dama en el mundo se bebe medio barril sola?"

Max le dirigió una mirada de desconfianza.

"No me mientas. No podría haber bebido tanto".

"Solo has bebido medio barril de cerveza. Si añadimos el vino, es mucho más. Debes ser una bebedor natural, viendo que estás bien después de beber así. Incluso Nirta te alabó".

"No, no puede ser. Me ha d-dolido la cabeza esta m-mañana..."

"Te ves bien".

"¡Porque bebí té de hierbas! Yo... ¡no soy una b-borracha!"

Max incluso levantó la voz y lo negó rotundamente.

Para una mujer, no podía haber título más vergonzoso que el de ser una bebedora, supuso. Afortunadamente, como si no tuviera intención de burlarse más de ella, Ruth le sacudió los hombros y se sentó en su escritorio.

"Bueno, tal vez haya una segunda oportunidad para que pongas a prueba tu capacidad de beber".

"¡Esa o-oportunidad no e-existe! No volveré a b-beber así" declaró Max.

"Sí, sí, lo entiendo, estás aquí para estudiar, ¿verdad? Por favor, siéntate. Ahora me detendré. ¿Hasta dónde has leído el libro?"

Por un momento, Max lo miró con ojos descontentos, antes de sentarse débilmente en su escritorio.

"Ahora sólo me queda un l-libro por leer. No lo entiendo todo, pero..."

"Has leído bastante. Dime lo que no sabes y te lo describiré lo más fácilmente posible".

Max sacó de su bolsillo un fajo de pergaminos ya preparado. Ruth los tomó y los miró por encima. Max se dio cuenta de que mientras leía las páginas de sus apuntes, tenía una expresión de satisfacción en su rostro.

"Llevas días estudiando mucho. Es genial que estés tan motivada".

"Yo... yo solo anoté lo que no e-entendí mientras leía".

Mientras ella murmuraba tímidamente ante sus raros elogios, Ruth tosió en vano y volvió con una mirada severa de nuevo.

"Bien, entonces te lo explicaré. Escucha con atención".

Max sacó rápidamente su pila de pergaminos limpios, la pluma y el frasco de tinta. Mirándola, Ruth sonrió y comenzó a explicar, y cada palabra que decía era anotada por Max.

Con la voz monótona de Ruth y el sonido de su pluma deslizándose contra el papel, pasaron un largo rato dentro de la biblioteca.

Max pidió a la criada que preparara una comida sencilla y la llevara a la biblioteca para ellos, ya que sus horas de estudio se alargaban.

Se sentaron frente a frente en el escritorio cuando llegó la cena, comiendo pan y sopa, e intercambiando preguntas y respuestas.

Max sostenía el pan en una mano y lo comía poco a poco, mientras asimilaba afanosamente la explicación de Ruth mientras ésta hablaba.

Con cada nuevo aprendizaje, Ruth se emocionaba de vez en cuando, y cuando le pedía que le repitiera las explicaciones, él se las volvía a explicar paso a paso con paciencia. De forma inesperada, él era amable con ella, por lo que no se preocupaba y se esforzaba por ganarse su reproche, aunque no entendía el tema de golpe, Ruth tenía una actitud generosa, por lo que se sentía relajada y capaz de preguntar sobre cualquier cosa sin preocuparse de equivocarse.

"Me recuerda a cuando estaba en la torre del mundo" murmuró Ruth de repente con una mirada de nostalgia en su rostro. Su expresión hizo que Max se preguntara en qué estaría pensando.



Un dibujo de nuestra preciosa Maxi y el gruñón del mago<3
Créditos del dibujo a @spoon_1122
agosto 31, 2021

Bajo El Roble - Capítulo 124

Capítulo 124. Elogios raros (1)


Max se despertó con los maullidos de un gato. Abrió de mala gana sus pesados párpados y se estremeció al ver la brillante luz que entraba por la ventana y que le provocaba un dolor de cabeza intenso. Gimió dolorosamente mientras se sentaba, sosteniendo su cabeza palpitante entre las manos.

El estómago le pesaba como si estuviera lleno de arena y la cabeza le dolía como si alguien le hubiera estado golpeando el cráneo toda la noche. Frunció el ceño ante el inusual malestar y de repente vio aparecer ante sus ojos un vaso lleno de agua.

Max levantó lentamente la cabeza.

Con un rostro sombrío, Riftan la miró y se dio cuenta por primera vez de que había tres gatitos posados en sus piernas que parecían haber recuperado totalmente sus poderes.

"Despierta, borracha" le dijo Riftan.

Max se puso rígida cuando los recuerdos de la noche anterior inundaron sus pensamientos. Riftan le entregó el vaso de agua que ella recibió avergonzada.

"Lo de ayer fue muy digno de ver. No sabía que mi mujer fuera tan bebedora" Riftan le habló en voz baja.

"¡Oh, no! A-ayer fue la primera vez que b-bebí así" Max respondió con voz débil.

Riftan le dirigió a Max una mirada dubitativa antes de sentarse en la cama junto a ella. Lo sintió respirar profundamente, como si quisiera calmar su ira.

Max se sintió aún más ansiosa por sus acciones. Enterró su rostro hinchado en las sábanas, pero de alguna manera la suave voz de Riftan llegó directamente a sus oídos, con más claridad.

"Te diré algo, Maxi, si te veo borracha entre los caballeros una vez más, haré que no puedas caminar durante un tiempo".

Max lo miró con asombro.

Se dio cuenta de que estaba más sorprendida por el hecho de que sus palabras no parecían asustarla en absoluto que por la amenaza en sí. Ella creía que él no podía hacerle nada y que no iba a hacerle daño.

"¿Entiendes lo que intento decirte?"

Le preguntó, pero refunfuñó suavemente en cuanto vio que ella no mostraba miedo. Solo parecía molesto porque ella no se tomaba en serio sus palabras.

"No v-volveré a hacer eso" prometió Max.

"Parece que lo dices por decir".

Con ojos insatisfechos, miró su miserable cuerpo, y pronto dio un profundo suspiro de cansancio.

"Voy a pedirle a las sirvientas que te traigan un té de hierbas que es bueno para aliviar la resaca, así que descansa. Terminemos de hablar por la noche".

"R-Riftan..." Max lo llamó débilmente.

"Ahora mismo, tengo un trabajo prioritario del que ocuparme" respondió Riftan, levantándose lentamente de su asiento.

Se quito al gato de las botas y lo puso en la cama junto a Max y salió de la habitación. Max se apresuró a sostener en sus brazos a los gatos que maullaban de desconsuelo. El maullido agudo se sentía como una aguja que atravesaba su cerebro.

Mientras calmaba a los gatos en sus brazos, Rudis entró en la habitación con una bandeja de té.

"¿Cómo se siente, Señora?" Rudis la saludó.

"E-estoy bien, no es n-nada" contestó Max.

De hecho, se sentía fatal, pero la escena de ayer le parecía mucho peor que la patética resaca que tenía. Max calmó su adolorido estómago sorbiendo té caliente mientras trataba de mantener su dignidad frente a Rudis.

"Traeré un poco de agua para que se dé un baño. Se sentirá mejor si se lavas con agua caliente y calma su estómago con la papilla de huevo especial del chef" le dijo Rudis con una sonrisa.

Max asintió a su consideración con agradecimiento, aliviada por las atentas palabras de la criada.

"Lo haré".

Rudis llamó a Max después de un rato, y fue recibida por una bañera llena de agua caliente. Max se quitó la ropa y se dirigió a la bañera. En el calor del agua caliente, se empapó y se lavó el pelo con una mezcla de hierbas.

Disfrutó del baño caliente hasta que sintió que el agua se volvía tibia. Más tarde, Max se puso un vestido nuevo y esponjoso.

Rudis le trajo una espesa papilla hervida con cebada, papas, cebollas y huevos para que la disfrutara mientras se peinaba.

Después de que Max desayunara, se sentó frente al fuego y abrió un libro para leer. El té de hierbas fue efectivo para alejar su resaca y su dolor de cabeza desapareció, así que pudo mirar su estantería y elegir un libro para leer.

"¿Debo sacar a los gatos?" preguntó Rudis a Max.

La sirvienta debió de verla pasar las páginas con concentración, y le preocupó que los gatos la interrumpieran.

Max negó con la cabeza, no quería echar a los animalitos de la habitación.

"Oh, no. E-ellos no me molestan. N-no me i-importa si se quedan" respondió Max.

Entonces, Rudis sonrió cuando uno de los gatos ronroneó y se frotó contra ella. Se inclinó para frotar la oreja del gato.

"El gato negro es muy tranquilo. El gato blanco y el rayado, en cambio, parecen muy juguetones. Empezará a moverse en cuanto encuentre su valor. Estoy segura de que, a medida que crezca, será un gran cazador de ratones"

le dijo Rudis, Max respiró secretamente aliviada ante su suave expresión. Le preocupaba que el trabajo de Rudis hubiera aumentado. Sin embargo, Rudis ya parecía estar obsesionada con los pequeños gatos también.

"Oh, les puse nombre a-ayer. El n-negro es Roy, el b-blanco es Rola, y el gato de rayas g-grises es Ron".

Se dio cuenta mientras hablaba de que Rudis cerraba los ojos como para memorizarlos, y susurraba los nombres de los gatos con una mirada feliz.


Un dibujo de nuestra pareja favorita y de Ron, Roy y Rola, sus nuevos hijos adoptivos.💕
Créditos del dibujo a @spoon_1122

viernes, 27 de agosto de 2021

agosto 27, 2021

Bajo El Roble - Capítulo 123

Capítulo 123. Una belleza borracha (2)


Al verlo, Nirta enarcó una ceja y volvió a llenar la copa de vino.

"Parece que te gusta beber. Toma otro trago".

Max se dio cuenta de repente de lo tonta que parecía, y le quería decir a Nirta que, en realidad, nunca disfrutaba bebiendo más de una o dos copas en una comida, pero cerró los ojos y bebió de golpe porque no quería recibir sus miradas de decepción como la de antes.

Cuando el calor de su interior comenzó a extenderse, Max se sintió cómoda. Max se relamió ante la agradable sensación de embriaguez creciente y siguió bebiendo el vino que Nirta le servía. Su forma de beber parecía de repente un espectáculo e invitaba a los curiosos a entrar uno por uno para ofrecerle comida y alcohol.

Aunque la forma en que parecían alimentarla como a una especie rara la molestó ligeramente, Max no pudo negarse y siguió bebiendo.

Se preguntó cuántas veces se llevó la copa a los labios, y poco a poco sus ojos empezaron a apagarse hasta el punto de sentirse extraña. Empezó a tener hipo mientras agarraba la copa con las manos con fuerza. Su cuerpo se sentía flácido y tembloroso, la habitación ante sus ojos bailaba.

No sabía por qué, pero de repente quiso despejar su cabeza y espabilarse. Tal vez su aspecto había parecido extraño para que un caballero interviniera e impidiera que la mano de Nirta vertiera más alcohol en su vaso.

"Sir Nirta, deje de llenar la copa. Creo que la dama ya está lo suficientemente borracha…"

"B-bueno, yo...e-estoy b-bieeen" respondió Max.

Su lengua se trababa y su pronunciación no era clara. Normalmente, habría cerrado la boca de inmediato por lo avergonzada que estaba de su forma de hablar, pero de alguna manera no se sentía tan avergonzada como para tartamudear. Atrapada en su estado de embriaguez, Max decidió terminar todo el licor restante en su copa de una vez y valientemente extendió su vaso hacia Nirta.

"U-un trago m-más, p-por favor..."

"Bebes muy bien. Muy bien. Vamos, toma otro trago" Nirta la felicitó.

El tono de Nirta se volvió más amistoso con ella. Era agradablemente satisfactoria su forma de hablar a un compañero de bebida, así que Max bebió más alegremente. Sonriendo sin parar y agitando su cuerpo a diestro y siniestro, gracias al alcohol que se derramó, sus mangas se humedecieron, pero todo en ella se sentía bien.

Entonces oyó que alguien estallaba en carcajadas al verla.

"Eso es bastante adorable. Pensaba que eras una mujer de carácter sombrío y recatado".

Max giró la cabeza hacia el lado de donde provenía el sonido y respondió con un grito.

"¡N-no soy recatada! P-puede que no sea capaz de n-negarlo, pero..."

Suspiró mientras engullía el vino que le dio Nirta. De repente, su agradable estado de ánimo desapareció rápidamente y fue sustituido por la melancolía en un instante.

Pero... es... es p-porque no estoy acostumbrado a t-tratar con la g-gente. No hablo m-muy bien y... no sé qué decir. A-además todos son muy g-grandes por lo que da un p-poco de m-miedo cuando los enfrento... Si los veo hacia a-arriba, parecen más i-intimidantes de lo que tienen que s-ser. Es todo más i-intimidante, no soy yo quien tiene la c-culpa, sino u-ustedes, ¡es por u-ustedes! T-todos, por favor, bajen un p-poco su altura".

Los caballeros miraron sin comprender su absurda petición y sus incoherentes palabras. El único que comenzó a reír fue Hebaron, Sir Nirta.

"¿Crees que la altura es inútil? Para el combate, un cuerpo grande es totalmente beneficioso. El tuyo es demasiado pequeño. ¿Qué hiciste de pequeña para no crecer?" Preguntó Nirta a Max.

"¿Está el Sir Nirta b-borracho?" Respondió Max.

Sin inmutarse por su repentina voz alta, su copa fue llenada de nuevo por el gran caballero.

"Ahora, no es demasiado tarde. Crecerás como un pino si bebes y comes tanto como yo" le dijo Nirta.

"B-bueno, ¿lo hare? Oh, ¿p-puedo ser un p-poco más grande, p-puedo?" Max respondió con una sonrisa.

"Si creces más, puedes ser más valiente y audaz".

Max lo miró con ojos esperanzados. Nirta presumió con una gran sonrisa.

"Llevo bebiendo desde los 13 años y he crecido tanto".

"¡No sabía que había tal secreto en la altura de Sir Nirta!"

Incluso Yurixion, que se sentó a su lado y se llevó la carne a la boca, vertió una gran cantidad de alcohol en la copa y comenzó a engullirlo.

Los caballeros de los alrededores que miraban la sesión de bebida empezaron a apartar la mirada, como si se avergonzaran de ellos.

Max no entendía por qué tenían esa cara de incomodidad. Ladeó la cabeza distraídamente, preguntándose qué iban a hacer a continuación, pero en lugar de eso se encontró llevando su boca de nuevo a la copa. En ese momento, una gran mano se extendió repentinamente sobre su hombro y se la arrebató.

Max miró hacia atrás con asombro.

Sus ojos se encontraron con Riftan, que estaba de pie con una expresión temible. Su cara se puso roja y sus ojos la miraban fijamente. A juzgar por su mirada medio ciega, y murmurando violentamente hacia ella, Max se dio cuenta de que estaba enfadado.

"Ahora... ¿qué demonios estás haciendo?" le preguntó Riftan.

"Tratando de c-crecer..." Max respondió con un poco de hipo.

Riftan miró una vez más la habitación antes de abrir la boca y sus ojos feroces volaron hacia los caballeros.

"¿Se puede saber quién emborrachó a mi mujer?"

"Ella es bastante buena bebiendo, así que yo solo..." contestó Nirta.

Nirta se rascó la nuca y puso excusas, y el rostro de Riftan se volvió aún más gélido.

"Mi mujer está harta de beber" anunció Riftan.

Apretó los dientes y dejó la copa. Luego miró amenazadoramente alrededor del lugar, donde se había hecho el silencio, y anunció con voz fría y suave

"Coman bien y sigan bebiendo. Porque van a gastar mucha energía en el entrenamiento de mañana".

Los caballeros gimieron por lo bajo al unísono.

Entonces Riftan salió del comedor, arrastrando a Max con él e ignorando los gruñidos de los otros caballeros.

De repente, las piernas de Max se sintieron débiles, y Riftan la levantó y la sostuvo, notando su malestar. Ella rodeó obedientemente su cuello con los brazos mientras Riftan la sostenía. Había pensado en irse a la cama porque se le cerraban los ojos.

Riftan intentó bajarla cuando llegaron a la habitación, pero Max enterró su cara en la nuca de él y pareció no oír su profundo suspiro mientras él se esforzaba por llevarla a la cama. Entonces sintió que el cuerpo de Riftan se estremecía y se ponía rígido.

A Max, que estaba felizmente embriagada, por la sensación de la bebida y la somnolencia, no le importó lo más mínimo. Inhalo su peculiar olor corporal y le besó el cuello impulsivamente en la parte palpitante de su pulso.

"Oye..." Riftan respiró sorprendido.

Como para calmar a un animal enfurruñado, Max sonrió y le alisó el pelo. Cerró suavemente los ojos mientras se contoneaba con las manos sobre su pecho.

"Maxy, no quieres dormir, ¿verdad?"

Max gimió y se enterró más en sus brazos. Riftan miró la figura y se preocupó.

"¿Cuánto has bebido?"

"..."

"Maldita sea, ¿por qué estás vestida así?"

Por fin consiguió depositar su cuerpo en la cama y le subió la falda que se había remangado.

Max se levantó para facilitarle que la desnudara. En cuanto le quitó el vestido, apoyó la cabeza en una almohada y empezó a dormir a pierna suelta. Mirando la figura, Riftan apretó los dientes una vez más.

"Cuando llegue la mañana... ya verás".

viernes, 20 de agosto de 2021

agosto 20, 2021

Bajo El Roble - Capítulo 122

Capítulo 122. Una belleza borracha (1)

CAPÍTULO 2 DE ?? PARA NUESTRO MARATÓN

Momentos antes, los caballeros, que llevaban sus copas y hacían ruidos, la miraban ahora como sorprendidos con los ojos muy abiertos.

Ante el peso de sus miradas, Max sintió que su autoestima disminuía y enseguida bajó la mirada.

Pienso que les pareció que ese tipo de traje tan elegante no le sentaba nada bien, tal y como ella esperaba, y por eso la miraban tan intensamente. Al sentirse curiosamente escudriñada por sus miradas, sintió que un sudor frío le recorría la nuca.

Max se detuvo en sus movimientos y esperó a que el joven la alcanzara. Yurixion la saludó con una amplia sonrisa antes de hablar.

"¡Oh, Dios mío! Su vestido, es realmente maravilloso". La felicitó y los ojos de Max se iluminaron ante su cumplido.

"¿R-realmente es a-así?"

Max miró al chico con una expresión insegura, pero esperanzada en su rostro. Al mirarlo a los ojos, Max concluyó que Yurixion no parecía estar mintiendo.

Yurixion asintió con fuerza, mientras sus grandes y brillantes ojos la miraban fijamente.

"¡Parece un hada antigua! El vestido blanco le sienta muy bien. Antes me deslumbraba su belleza, pero hoy estoy ciego" le dijo Yurixion emocionado y Max se sonrojó ante el exagerado elogio.

El chico procedió a llenarla de elogios con entusiasmo, ella iba a devolverle el cumplido diciéndole que a él también le quedaba bien la ropa que estaba usando.

"Es la esposa del Señor Calipse, el caballero número uno del mundo. Por un momento, ¡me quedé hipnotizado! Incluso el arrogante Nimfish se sonrojaría de celos ante tu belleza".

En un momento de alegría, Max pudo sentir cómo sus mejillas se enrojecían hasta más no poder. Le pareció gracioso porque no era posible que el joven viera una belleza que no existía en el mundo. Yurixion no dejó de hacerle cumplidos mientras caminaban hacia su mesa.

Max se sentó inmediatamente en la silla cuando llegaron, lucho contra el deseo de cerrarle la boca a Yurixion, pero el chico no lo noto y siguió hablando.

"Es un desperdicio. Si hubiera participado en el baile real de esta manera, ¡habría cautivado a todos los caballeros y sus esposas se reunirían furiosamente fuera del palacio!"

"G-gracias..." respondió Max tímidamente.

Miró el plato redondo que tenía delante, murmurando esas palabras con una voz que apenas podía sacar de su boca. A su alrededor, el silencio de los caballeros la hacía sentir muy incómoda y torpe.

Se reía de las exageraciones del chico sobre su aspecto ante los forasteros, pero en su interior, el sudor se derramaba secretamente bajo su vestido.

Yurixion comenzó a darle algo de comida a toda prisa.

"Mi Señora, estaré a su lado para asistirla. ¿Tiene alguna comida favorita? Todas son deliciosas, pero especialmente las asadas" Max se sintió aliviada de que el tema se hubiera normalizado, suspiró y miró alrededor de la habitación buscando la cara de su marido.

"Gracias. Por cierto, ¿dónde está el Señor C-Calipse?"

"El Señor Calipse sigue en la sala de conferencias. Todavía estamos planeando y estamos discutiendo movimientos de los monstruos con algunos caballeros".

"¿Los movimientos de los m-monstruos?" Esto despertó el interés de Max.

"Extrañamente los monstruos del noroeste comenzaron a moverse hacia el sur".

Ante el repentino sonido de una voz que provenía de su espalda, Max giró la cabeza. El Señor Nirta, que iba vestido de campesino, se encontró con su mirada. Estaba de pie justo detrás de ella y la miró de arriba abajo. Max se dio cuenta de que lo hacía con una expresión extraña en su rostro, y no tardó en tumbarse en una silla junto a ella después de haber hecho esto.

"Los trolls están mostrando signos de moverse hacia el Anatorium, así que el líder está discutiendo las contramedidas con el mago. En primer lugar, nos han dicho que comamos juntos porque luego va a ver una larga discusión" Nirta respondió en un tono anticipado e inmediatamente las cejas de Max se fruncieron.

La inesperada historia nubló el rostro de Max.

Nirta continuó su discurso mientras Max procesaba la nueva información, al tiempo que llenaba su copa de vino de una manera que descartaba la formalidad.

Max dejó caer su tenedor y decidió escuchar sus palabras.

"Por eso los duendes eran más grandes de lo esperado. Pasé mucho tiempo explorando las montañas del norte porque parecía que algo había pasado con el hábitat de los demonios". Nirta dijo a la multitud y cuando los caballeros comenzaron a susurrar entre ellos, los jadeos llenaron de repente la sala.

"¿Demonios en A-Anatol? ¿Quieres decir que e-ellos están v-viniendo?" preguntó Max de repente.

"Sería mejor decir que empezaron a moverse hacia el sur que decir que vienen hacia aquí. Es solo una suposición, pero según el testimonio de los cazadores de monstruos que se encontraron con la montaña..."

Max lanzó una mirada sombría a Nirta en ese momento. Cerró bruscamente la boca cuando vio el oscurecimiento de su rostro y decidió dar por terminada la conversación. Se rascó torpemente la nuca y añadió en tono definitivo.

"He dicho muchas cosas inútiles. No hay que preocuparse, Señora. Aunque vengan los demonios, Anatol está tan segura como una lata de hierro, mientras haya Caballeros no pasara nada".

Max apenas podía relajarse incluso con su comentario. Le vinieron a la mente las horrendas imágenes de los guardias y leñadores que resultaron gravemente heridos en el ataque de los hombres lobo. A medida que aumentara el número de demonios, estas cosas ocurrirán con mayor frecuencia.

Max introdujo una mano en el bolsillo de su capa para aferrarse al maná oculto en ella. La determinación que tenía de aprender magia se hizo más fuerte. Sería mejor que nada, aunque no fuera de gran ayuda.

‘Concentrémonos en estudiar para mañana’ se dijo Max con firmeza.

Yurixion comenzó a hablar alegremente de nuevo junto a Max, como si quisiera animar el ambiente apagado.

"Querida Señora, no tenga la cara tan oscura y pruebe estas deliciosas comidas. El jabalí asado del chef es realmente excelente. La piel es crujiente y la carne es jugosa y extremadamente suave y húmeda. Si corta la carne en trozos grandes y la moja en una espesa salsa de camaleón, se sentirá tan seducida que no podrá concentrarse en otras cosas. ¡Me atrevo a decir que ni siquiera notará si uno de nosotros cae muerto en este momento!"

"Gracias. Bueno, se ve r-realmente bien" respondió Max.

"¿Verdad que sí? La paloma con infusión de nuez moscada y las galletas de canela fritas también son increíbles. Pruébelas".

Yurixion llenó su plato de comida. Max se metió la comida en la boca poco a poco ante su sugerencia. Estaba realmente tan bueno como él decía. Max se olvidó de sus preocupaciones y comenzó a deleitarse con su deliciosa comida. Nirta, que la miraba mientras bebía, llenó su vaso de vino.

"Me voy a atragantar bebiendo todo este vino yo solo. Tomemos una copa juntos" le dijo Nirta mientras empujaba su copa hacia ella que ahora estaba llena de vino.

"Gracias". Sintiéndose conmovida por su raro acto de amabilidad, Max se tomó el vino de un solo trago.
agosto 20, 2021

Bajo El Roble - Capítulo 121

Capítulo 121. La chica del espejo (2)


CAPÍTULO 1 DE ?? PARA NUESTRO MARATÓN

Frente al espejo, Max se giró lentamente, mirándose a sí misma.

Linda la seguía atentamente, sin querer perderse ninguna reacción. Le dio otro vestido y una criada la ayudó a cambiarse.

Max emitió un agradable "oh" al sentir la textura de la tela. Las sirvientas hacían gestos cada vez que se ponía accesorios o nuevos tocados.

"Creo que este vestido es el que mejor le sienta. ¿Qué le parece, Señora?" preguntó Linda después de vestirla con un vestido blanco perla con un cinturón dorado.

Max se miró en el espejo. Una mujer alta, adornada con collares de diamantes en forma de red y anillos de topacio, ataviada con zapatos adornados de oro, se erguía con cierta modestia bajo un elegante traje brillante. Los ojos de Max brillaron de emoción ante su aspecto. Tenía un aspecto estupendo, como cualquier otro miembro de la familia real. Se veía gloriosa.

"M-Me gusta más este".

"Entonces empezaré a trabajar en su cabello. Creo que es mejor trenzarlo. ¿Le ponemos una red con perlas?" preguntó Rudis.

"No, sería mucho mejor hacer dos trenzas finas a cada lado y luego adornarlas con horquillas".

Rudis escuchó atentamente las palabras de Linda, comenzó a trenzar el pelo a ambos lados, y luego clavó una orquilla con una punta del tamaño de una nuez en la parte superior de la oreja. Dejó que sus largos y voluminosos mechones cayeran en cascada sobre su espalda.

Max miró con admiración su pelo rojo enroscado sobre el vestido blanco. ¿Qué clase de magia habían hecho? Su pelo rizado se veía muy elegante e impresionante.

"¡Señora, está usted muy hermosa! "

Las doncellas chillaron encantadas cuando la vieron arreglada.

"¡Es como la Ninfa de la Luz! Seguro que el Señor se sorprenderán al verla, ¿verdad? afirmó una de ellas.

"Estoy segura de que se alegrará. Está más hermosa que nunca" añadió otra.

Max se sonrojó hasta la raíz del pelo por el cumplido. Murmuró en voz baja con timidez.

"Gr-gracias".

"¿Hay algo que no le guste o con lo que no esté satisfecha?" Preguntó Linda, un poco ansiosa.

"¡Oh, no! Oh, es muy c-cómodo, me gusta".

Linda asintió satisfecha ante su respuesta y finalmente se echó una capa de terciopelo color vino oscuro sobre el hombro.

Max estaba disfrutando mucho de la graciosa aparición en este momento. Alegre, dio instrucciones a las criadas para que cuidaran bien del gato, y luego salió de la habitación.

El vestíbulo estaba decorado con las sombras de la oscura noche. Max caminó por el pasillo que los sirvientes habían iluminado brillantemente con Rudis cerca. El mero regreso de Riftan parecía haber dado vida al silencioso castillo.

El olor a comida frita y a dulce licor flotaba en el aire fresco, y bajo las escaleras, una voz fuerte resonaba suavemente.

Max bajó las escaleras pasando por delante de los atareados sirvientes. Vio a los caballeros y a los jóvenes soldados que se sentaban en la larga mesa del comedor, y a las criadas que les servían, mientras salía del amplio vestíbulo y entraba en el comedor.

Miró a los caballeros que estaban ocupados cenando, bebiendo y hablando, de pie en la puerta. En el público, un candelabro desprendía una luz cegadora, y la mesa estaba llena de comida tan amplia que se pensaba que la mesa se partiría.

Entre ellos había un muchacho que estaba cortando un jabalí y colocando las rebanadas en un plato. De repente la miró y levantó la mano. "¡Mi Señora!"

Yurixion, vestido maravillosamente con una túnica blanca, corrió hacia ella con una alegre sonrisa. Max sonrió torpemente. Cuando recordó lo que había hecho ayer con Riftan delante de él, no pudo levantar la cabeza. El chico siguió charlando con facilidad, como si no le importara en absoluto.

"¿Cómo ha estado? Como ya sabe, pasé la primera guerra civil de mi vida con el Señor Calipse. Pasé los 10 días más significativos de mi vida con el bando de mi respetado Señor".

Sonaba como si hubiera estado en un buen lugar para un picnic, no en la guarida de un demonio. Max estaba avergonzada sin saber qué decir.

"C-cuánto tiempo sin verte. ¿T-te has hecho daño? ¿Estás bien?" preguntó.

"Estoy bien, excepto por un ligero moretón". Yurixion sonrió torpemente, señalando sus rodillas.

"Me da vergüenza decir que estaba caminando por la ladera, mi pie se enganchó en las raíces de un árbol y me caí. Afortunadamente, el ungüento que me dio era tan bueno que no tuve que molestar a nadie, pero el señor Nirta se burló de mí".

"Lobar, hablamos luego. Toma asiento primero". Un caballero, que no podía ver a Max, gritó por encima de su hombro.

Yurixion se rascó el cuello con vergüenza y le tendió la mano. "Deja que le ayude. Bien, por favor, por aquí. Le mostraré la comida más deliciosa apilada en la bandeja".

Cuando Max colocó su mano en el brazo del caballero, el chico la condujo hábilmente fuera de la multitud y sacó una silla en un movimiento inesperadamente suave.

"Tomaré su capa".

Max dudó un momento, sujetando el cordón de la capa. Era vergonzoso mostrarse delante de los demás.

"¿Mi Señora?"

Ante la mirada confusa de Yurixion, cerró los ojos con fuerza, se quitó la gruesa capa y se la entregó. El ruidoso entorno se volvió repentinamente silencioso. Max solo pudo encogerse de hombros avergonzado ante sus bajos murmullos.









NOTA: perdón por la tardanza en cuanto a la actualización, por si no siguen nuestra página de facebook me contagie de covid y eso me mantenía dormida la gran parte del día, bueno ustedes comprenderán que no es fácil hacer algo si no te sientes bien. Afortunadamente ya me encuentro mejor y es por eso que decidí regalarles un pequeño maratón para recompensar todo este tiempo sin actualizaciones.
Pronto les traeré un calendario con las fechas de mis próximas actualizaciones y muy posiblemente comience a traducir otra novela, solo que aún no me decido por cual, igual les dejare una pequeña encuesta en facebook para que ustedes voten y en base a eso comenzaré a traducir la nueva novela. En cuanto a la otra novela que traducía "La emperatriz abandonada" la abandonaré por tiempo indefinido ya que es una novela bastante larga y ni que decir de sus capítulos y por lo mismo me cuesta mucho tiempo traducir y editar todo. Por ejemplo si con un capítulo de esta novela tardo una o dos horas para editar y traducir con un capítulo de la otra novela tardo el doble o más y la universidad no me da tiempo para mucho, y sí sé que estoy diciendo que traduciré otra, perooo en mi defensa los capítulos son más cortos.
Bueno, eso es todo, diariamente estaré subiendo capítulos para nuestro maratón los quiero.💛💛

jueves, 24 de junio de 2021

junio 24, 2021

Bajo El Roble - Capítulo 120

Capítulo 120. La chica del espejo (1)


Un dulce sentimiento de placer y un poco de remordimiento brotaron en su corazón cuando Max le rodeó la cintura con sus brazos. El Castillo Croix y el Castillo Calipse fueron comparados continuamente por Riftan, ansioso de que ella no se sintiera complacida. Riftan se habría relajado si ella hubiera dicho la verdad. Sin embargo, para salvar su orgullo, se quedó callada.

Max murmuró, apretando firmemente su cara contra su pecho, sintiéndose culpable.

"El Castillo de Calipse es un l-lugar maravilloso".

Una sonrisa preocupada apareció en el rostro de Riftan, pero la mujer siguió alabándolo aunque no le creyera.

"Bueno, los m-muros se ven m-magnos y poderosos, así que estoy a-aliviada. El castillo está en la ladera de una colina, con una bonita vista de Anatol mirando por la ventana. Hay muchas montañas, así que todo el paisaje es hermoso. Los sirvientes son a-amables y me t-tratan bien..."

Continuó apresuradamente, dándose cuenta de que las últimas palabras parecían que los sirvientes del Castillo Croix no la trataban amablemente.

"Por encima de todo, los cocineros del Castillo Calipse son excelentes. Es delicioso todo lo que preparan".

Max, que iba a decir que después de llegar aquí había engordado, se calló la boca. Tenía miedo de que cuando él se enterara, pensara que había engordado.

"Es tan delicioso... ¿eso?"

Por un momento, Max hizo una pausa antes de responder "La hora de la comida ¡es divertida! Ha-hay tantos platos diferentes, los postres son geniales también".

"Me alegro de que la comida sea de tu gusto" sonrió y le acarició el cuello, tranquilizadoramente.

Max, sintiéndose mucho más ligera, volvió a enterrar la cara en su hombro y se frotó la cabeza con él.

Riftan gimió. De repente, el ambiente se volvió romántico, sus espaldas se arqueaban cuando el sonido de un golpe en la puerta cortó el aire íntimo que flotaba entre ellos.

En voz baja, Riftan murmuró su disgusto, y luego preguntó en tono contundente "¿Quién es?"

"Es Gabel Raxion. Ahora estamos todos en la sala de conferencias".

Riftan dejó escapar un profundo suspiro. "Estaré allí pronto".

"Entonces, me pondré en camino".

Preocupado, hasta que el sonido de las voces se apagó, Riftan se quedó sentado. Max se sentó en el cojín y lo miró. Incluso los gatos, que dormían profundamente, se arrastraron fuera de la cesta para comprobar si había un poco de bullicio.

"Te veré más tarde en la noche. Cenaremos en el salón, estoy deseando hacerlo" Riftan le miró la cara, que brillaba roja bajo la luz, y le depositó un beso en la mejilla.

"A-adiós... adelante".

Se levantó del suelo, se puso la capa y se marchó. Max se levantó, sacó un poco de leche de cabra y le dio de comer a los gatos que ronroneaban a sus pies. Hasta que los gatos se callaron, enrolló el hilo, y luego abrió el libro que había estado leyendo durante todo el día.

El tiempo pasó mientras estaba sentada hojeando las páginas del libro frente a su escritorio. Contempló el paisaje cada vez más oscuro de la ventana y luego sacó la piedra mágica que había guardado en el bolsillo de su túnica. Siempre la llevaba consigo y la tocaba así, pero no podía sentir ningún cambio especial.

Max cerró los ojos suavemente, sujetando la piedra mágica con ambas manos. No tenía ni idea de qué era diferente entre estas piedras y las ordinarias. Se preguntaba si había que memorizar un hechizo plausible.

Un golpe resonó justo en ese momento; escuchó la voz de Rudis en la entrada.

"Señora, antes de la cena, me gustaría vestirla. ¿Está lista? "

"Está b-bien. Sí, pasa".

"Discúlpeme, entonces".

Tras su permiso, Linda, la esposa de un costurero, Seric, contratado por Rudis y Riftan, y dos jóvenes sirvientas que llegaron hace unas semanas entraron en la habitación en fila india.

Max vio un montón de vestidos en sus manos, sus ojos se abrieron de par en par. Rudis puso sobre la mesa una pequeña caja de adornos y colocó los gatos que rodaban por el suelo en la cesta para que no estorbaran, luego cambió el ángulo del espejo.

Mientras tanto, Linda y las criadas extendieron sus coloridos vestidos sobre la cama.

"He traído su vestido nuevo. Hace mucho tiempo que no tenemos una fiesta, ¡así que debería vestirse bien!" La esposa del costurero habló alegremente y desplegó un hermoso vestido azul marino.

Poniéndose de pie con una expresión de sorpresa, Max exclamó sin darse cuenta.

Un vestido azul marino oscuro, casi negro, parecía iluminarse, saliendo de él un brillo azul. Parecía bastante mágico mientras Linda mantenía la falda brillante abierta de par en par. Luego se desplegó un delicado vestido de color marfil acompañado de otro verde bordado con hilos dorados.

"¿Qué le parece? Hemos hecho estos vestidos con mucho cuidado" dijo una radiante Linda, aparentemente orgullosa de la creación de su marido.

Max murmuró con fascinación "E-es t-tan he-hermoso".

Ishinda, una alegre doncella, le dio un ligero empujón y dijo con mucha emoción

"Pruébeselo, Señora, estoy segura de que todos se quedarán asombrados en la cena. ¿Cuál le gustaría probarse primero? Pruebe primero este vestido verde. Estoy segura de que su color de pelo combinaría con él".

La criada vino con un vestido antes de que Max pudiera responder. No tardó en cambiarse de ropa y así se demostró que las palabras de la criada eran correctas: el vestido verde parecía encajar muy bien con su color de pelo. El largo dobladillo con volantes de la falda parecía elegante, y era indescriptiblemente maravilloso con el bordado con motivos de vid.



junio 24, 2021

Bajo El Roble - Capítulo 119

Capítulo 119. Lo que deseo (2)


En cuanto Rudis vio a los gatitos, dijo "¡Oh!" con asombro. Inmediatamente puso un paño en una cesta de cañas para hacerles un pequeño nido.

Max colocó suavemente a los gatitos en una pequeña cesta caliente, mientras Riftan calentaba ligeramente la leche de cabra. Vertió un poco en una cuchara y se la acercó suavemente a la boca y ellos se abalanzaron sobre ella.

Max tomó el cojín y lo puso en el suelo. Se sentó y observó cómo Riftan alimentaba a los gatitos con leche tibia. Bebieron hasta saciarse y, una vez satisfechos, ronronearon y acurrucaron sus cabezas bajo sus grandes manos.

"¿Qué nombre les pondrás?" preguntó Riftan a Max, acariciando delicadamente al suave y esponjoso gato con las yemas de los dedos. Ella observó a los gatitos mientras estiraban sus extremidades al contacto de su mano con un poco de envidia. Al poco tiempo se separó de él y lo miró asombrada.

"¿P-puedo n-nombrarlos?"

"Quédate más tiempo en la habitación. Sería mejor para ellos que fueras tú quien los nombrara, ¿no crees?" después de una larga vacilación y de esforzarse por hablar, finalmente abrió la boca.

"E-el gato con r-rayas lo ll-llamaré Ron, el gato b-blanco Rola y el gato n-negro Roy".

"¿Ron, Rola, Roy?"

"S-son los n-nombres de tres hermanos hadas en un c-cuento. L-la historia que me c-contaron cuando era n-niña hace m-mucho tiempo me vino a la m-mente..."

Riftan sonrió débilmente ante su pequeña explicación, y las yemas de sus dedos recogieron el esponjoso gato negro.

"Parece demasiado vulgar para ser un hada, ¿no?"

El gato levantó de repente sus garras y, en señal de rebeldía, blandió sus zarpas. Ante el mínimo ataque, Riftan estalló en carcajadas.

"Parece que este pequeñín sabe ser peleonero".

"No p-puedes m-molestar a los a-animales débiles"

"¿Quién ha dicho que los moleste?"

Riftan se quejó y volvió a dejar al gato en el suelo. Max trasladó la cesta a un lugar que no fuera ni demasiado caliente ni demasiado frío, y luego colocó un pequeño ovillo de hilo junto a ellos. Los gatos empezaron a jugar con el ovillo de hilo, mordiéndolo y arañándolo, hasta que pronto se quedaron profundamente dormidos de tanto gastar energía.

Max miró su pequeña barriga mientras inhalaban y exhalaban con breves respiraciones. Se agachó y frotó con cuidado la parte inferior de la barbilla de uno de ellos. Dio un largo y satisfactorio respiro de felicidad.

Mientras Max miraba con cariño a los gatos, Riftan la agarró de repente de los brazos y tiró de ella hacia él. Max se dio la vuelta y lo miró, preguntándose qué acababa de pasar. Colocó un cojín entre el pilar y él, se inclinó para sentarse y luego le dio un golpecito en el muslo.

"Ven y siéntate aquí".

La cara de Max se puso muy roja. Ella sabía muy bien lo que significaba ese tono de voz bajo y reservado. Los placeres de compartir la intimidad con él se sentían bien, pero ella dudaba porque pensaba que podría ser demasiado en esta situación. Riftan levantó una ceja y sonrió ante su vacilación.

"Solo quiero tenerte en mis brazos. No te pongas nerviosa y ven aquí".

Ella dudó un poco más y luego se acercó lentamente a él. Riftan la levantó, la sentó en sus firmes muslos y apoyó su cabeza en la parte cóncava de su cuello y hombro.

En perfecta armonía, apoyada cómodamente contra él, Max enroscó suavemente los dedos de los pies con satisfacción.

Riftan le rodeó suavemente las rodillas con un brazo y la acercó más. Su otra mano recorrió lentamente la parte posterior de su columna vertebral.

Max, que se sentía como un pollito acurrucado en el abrazo de su madre, soltó una pequeña risa.

"Tu risa es adorable".

Había un inevitable tono de satisfacción en su voz al hablar. Al igual que había acariciado a los pequeños gatitos, rozó ligeramente las yemas de sus dedos por la espalda de ella antes de masajearle suavemente la nuca.

Max apenas se tragó sus suaves gemidos y un fuerte y extático estremecimiento recorrió su cuerpo. Riftan apretó suavemente sus mejillas entre la palma de sus manos y las acarició con delicadeza antes de presionar sus labios contra la frente de ella en un suave beso. Una atmósfera sorprendentemente pacífica y relajada rodeaba a los dos. Ella se sentía completamente cómoda y a gusto. Estaba tan relajada que lo único que oía era el sonido de los latidos del corazón de él, el traqueteo del viento y las llamas lamiendo la leña en silencio.

Después de un rato de mirar fijamente las crepitantes llamas de la chimenea, Riftan abrió la boca y habló.

"¿Te gustó vivir en Anatol?"

Max estaba aturdida por el aire cálido, como si estuviera borracha, y se extrañó de la pregunta, levantando suavemente la cabeza para mirar a Riftan. Riftan la miró sin ninguna expresión en particular, pero en sus ojos pudo ver una pizca de ansiedad escondida.

"¿Realmente no hay nada que te incomode? ¿Algo que te falte?"

"N-no hay nada que me f-falte. Y no hay n-nada que me ha-haga sentir incómoda".

Max movió la cabeza rápidamente de un lado a otro. La vida en Anatol era perfecta. Por primera vez en su vida, parecía haber encontrado por fin el lugar al que realmente pertenecía. Siempre hay alguien que la necesita, está rodeada de amabilidad por todas partes y todos están dispuestos a escuchar su historia. Y, sobre todo, junto a ella estaba esa persona que la abrazaba y la besaba. No puede haber nada más satisfactorio que eso. Como un bebé recién nacido, se apoyó en su pecho y se acurrucó con fuerza en sus brazos.

"Me... me gusta estar aquí".

Dejó de respirar un segundo y luego la abrazó aún más fuerte contra él, lo suficiente como para que le resultara incluso doloroso. Sus costillas se apretaron con fuerza y respirar se hizo un poco difícil, pero no dejó escapar ni una sola queja. Si se trataba de Riftan, no le importaba lo fuerte que la abrazara, aunque sintiera que se le iban a romper los huesos. Sus ligeros toques y caricias a lo largo de su espalda, los sonidos de su corazón rápido y fuerte, y su olor corporal masculino, todo era adorable para ella.
junio 24, 2021

Bajo El Roble - Capítulo 118

Capítulo 118. Lo que deseo (1)


Siguió caminando entre los caballos que gruñían hacia el interior con una mirada curiosa antes de llegar al caballo de guerra de Riftan, Talon.

Max tenía un poco más de miedo a estos caballos de mayor tamaño que a otros, por lo que siguió de cerca a Riftan, dejando apenas un espacio entre ambos. Para calmarla, Riftan le dio unas palmaditas en la espalda para tranquilizarla y empezó a caminar hacia donde estaba atado Talon.

Max, que había estado trotando nerviosamente, ahora marchaba con confianza, con los ojos bien abiertos y concentrados. Algo había gemido encima del montón de pajas junto al caballo de guerra.

"Lo encontré esta mañana mientras visitaba a Talon".

Riftan se acercó a sus oídos y murmuró. Max miró de cerca a las pequeñas criaturas que yacían encima del montón de pajas. Tres gatitos del tamaño de la palma de la mano yacían acurrucados encima de las pajas secas que había allí. Riftan se arrodilló suavemente.

"No sabemos dónde está la madre. Cuando Talon se apresuró, encontró a estos chicos acurrucados en este montón".

"¡Oh, no! ¿Crees que la m-madre a-abandonó a sus propios hijos?"

"Parece que sí. He preguntado en todos los establos y no hay señales de que los gatos entren o salgan. Parece que una gata callejera dio a luz en secreto y simplemente los dejó. Parece que a Talon le han robado la habitación".

Riftan acarició suavemente el lomo del caballo negro que pateaba el suelo con impaciencia. A Max le sorprendió que Talon no hubiera pisoteado a los gatitos al verlos. El caballo de guerra de Riftan parecía muy enfadado. Max miró a Talon con desconfianza, preguntándose si cambiaría de opinión, y como la curiosidad la invadió, se acercó al montón de pajas para ver más de cerca a los tres gatitos.

Los tres tenían colores diferentes. Uno era blanco con rayas grises por todo su pelaje, y el otro era negro, como si alguien hubiera derramado tinta sobre él. El último gatito era tan blanco que parecía estar cubierto de harina. Max reprimió su deseo de abrazarlos con fuerza y miró a Riftan.

"¿P-puedo... puedo tocarlos?"

"Hazlo si quieres".

Riftan se apoyó suavemente en el pilar y sonrió cálidamente. Una vez que Max recibió el permiso, comenzó a acariciar con cuidado a los pequeños gatitos. Bajo el suave y esponjoso pelaje pudo sentir sus pequeños y frágiles huesos. Max frunció el ceño. Al ver lo delgados que estaban los tres, sintió pena por ellos.

"N-no p-parece que hayan podido c-comer mucho..."

"¿Los llevamos a una habitación y les damos un poco de leche?"

"¿Realmente p-podemos hacer eso?"

Max miró a Riftan con una expresión inocente de esperanza. Él se limitó a sonreír, inclinándose para rozar ligeramente sus labios por las mejillas de ella.

"Puedes hacer lo que quieras. No tienes que pedirme permiso".

"E-entonces... q-quiero llevarlos a mi habitación".

Murmuró con voz tranquila y temblorosa mientras sostenía suavemente a uno de los gatitos en sus brazos. Mientras Max lo llevaba a su habitación, el gatito se retorcía suavemente ante las leves turbulencias. Era tan delicado que parecía que la diminuta criatura podría morir por una ligera presión. Envolvió al gatito en un manto y lo abrazó suavemente. Los otros dos fueron tomados por Riftan y abrazados en sus propios brazos.

"Deberíamos buscar una pequeña cesta para que estos pequeños duerman".

"R-Rudis. Si hablamos con Rudis, seguro que p-podremos encontrar una".

Max temía que los duros vientos del invierno hicieran enfermar al gatito, así que mientras continuaban hacia el establo, abrazó al gatito de forma protectora y muy cerca de su pecho. Mientras escuchaba al gatito inhalar y exhalar suavemente, una súbita tristeza invadió su corazón.

"E-es la p-primera vez que c-cuido de un gato en mi habitación".

"¿De verdad?"

"A mi p-padre no le g-gustaban m-mucho los animales... Ni s-siquiera dejaba que un p-perro guardián entrara en el c-castillo, a-así que s-siempre solía meterlos a escondidas para j-jugar con e-ellos".

Riftan la miró suavemente. Max estaba tan emocionada que no se dio cuenta de la extraña forma en que la miraba. Dijo con una voz suave y gentil.

"¿También te traigo un perro guardián?"

Los ojos de Max se abrieron de par en par y sacudió la cabeza de un lado a otro.

"E-está bien. Con t-tenerlos es suficiente para m-mí".

"Si hay algún perro que quieras, no hay razón para contenerte".

Su voz se volvió repentinamente poderosa. Max notó su repentina apariencia de descontento. Se preguntó qué podría haber causado que su humor cambiara así de repente. Riftan, que miraba al frente, habló con un tono de voz nervioso y tenso.

"Cuando estábamos en el Castillo de la Croix. No, incluso después del día en que viniste por primera vez, dije que te haría vivir más lujosamente. Mientras vivías conmigo, me dijiste que te enfurecías al pensar en todas las cosas que querías, pero que no podías tener".

Max soltó una pequeña risa avergonzada. Parece que su oposición al Duque Croix era mayor de lo que ella pensaba. En un ligero murmullo, respondió, como si se hubiera clavado una gran espina en la garganta.

"D-de verdad estoy b-bien. Si hay a-algo que realmente quiera, te lo haré s-saber e-enseguida".

Insatisfecho, Riftan alzó un poco las cejas antes de suspirar profundamente y seguir caminando con ella. Max siguió detrás de Riftan lentamente mientras ella acariciaba suavemente al pequeño gatito que estiraba sus garras en su cálido y cariñoso abrazo.