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lunes, 26 de septiembre de 2022

septiembre 26, 2022

Cómo Domar A Mi Marido Bestial - Capítulo 24

Capítulo 24. Te Odio


"Vamos arriba, Raphael. Dame la mano."

Annette estaba nerviosa, pero no lo demostró, tomando cuidadosamente su gran mano. Al principio, él intentó zafarse de ella, pero estaba tan mareado que pronto cedió. Annette lo ayudó a subir las escaleras hasta su dormitorio.

Tambaleándose, se sentó en el borde de la cama. Estaba tan borracho que no podía sostenerse. No tenía sentido intentar preguntarle nada.

Quitándole la ropa, Annette lo tumbó suavemente en la cama. Por una vez, él aceptó en silencio su ayuda. Tenía los ojos semicerrados y la cara enrojecida por la bebida. Pero incluso con eso, era tan guapo que sólo parecía erótico.

"Duérmete pronto esta noche", susurró Annette, apartando el cabello negro que había caído sobre su suave frente. "Le diré al chef que te prepare una sopa para la resaca mañana."

Parecía muy cansado. Parecía alguien que hubiera estado luchando con algo durante mucho tiempo. Mientras ella lo miraba con tristeza, él de repente la haló por su mano que lo acariciaba. Annette se precipitó hacia delante.

Su cara estaba a centímetros de la de ella. Sus ojos eran tan azules como el Mar del Norte. Parpadeó.

"Te... odio", murmuró.

Su corazón se desplomó. Ella lo sabía. Pero aún así le dolía mucho cada vez que lo decía, sobre todo cuando pensaba que esta vez se estaba llevando mejor con él. Pero eso era sólo en su mente.

Mordiéndose el labio, Annette apartó la mano para intentar levantarse. Pero él la atrajo con más fuerza por la mano contra su cuerpo hasta casi abrazarla. Levantó la otra mano para acariciar su mejilla.

"Tú también me odias", dijo.

Ella no podía entender lo que pasaba por su cabeza. Pero no tenía sentido enfadarse con una persona borracha. Annette bajó los ojos.

"No, Raphael."

Hubo momentos en su última vida en los que lo había odiado. Era un hombre temperamental con poco autocontrol, además Annette estaba emocionalmente frágil por la conmoción del abandono de su padre. Las falsas acusaciones, su repentino matrimonio con Raphael, todo había sido demasiado. El estrés la había hecho enfermar hasta que finalmente murió joven.

Pero aunque su anterior matrimonio había sido terrible, había una razón por la que ella había podido soportar sus peleas durante tanto tiempo.

Porque era la única persona que había permanecido junto a ella hasta el final.

Cuando ella estaba sana, él había sido un esposo terrible, pero irónicamente había mejorado drásticamente una vez que ella enfermó. Durante los dos años que estuvo postrada en la cama, la había cuidado fielmente. Por supuesto, su temperamento no había cambiado, a veces tiraba la sopa por la habitación, o le gritaba. Pero siempre volvía a la cama junto a ella, con el arrepentimiento en la cara, para comprobar su temperatura o ayudarla a vestirse.

Cuando recordaba eso, no podía odiarlo tanto como antes. Aunque no tuviera más remedio que casarse de nuevo con él, seguía soñando con un futuro feliz. Si era posible, con él.

"No te odio. Eres mi familia", dijo ella, acariciando su cara con una sonrisa amarga. Pero sus afiladas cejas se fruncieron. Apartó su mano, rechazando fríamente su contacto.

"No, no soy tu familia. Eres de la gran Bavaria. ¿No?" Preguntó con dureza, con la lengua aguda incluso cuando estaba borracho.

"¡Raphael!"

Sus crueles palabras le dieron ganas de llorar. Sentía un malestar indescriptible. No tenía a nadie. Su padre la había abandonado, su hermano estaba en un Imperio lejano, y su cuñada acababa de partir para reunirse con él. Raphael era todo lo que tenía, pero la odiaba.

Raphael extendió la mano para cubrir sus ojos cuando vio su aflicción.

"No me mires así, maldita sea", murmuró. "Cada vez que me miras así..."

Cerró la boca en lugar de terminar la frase por su terquedad. No quería mirar a esos ojos. Pero la palma de su mano se estaba llenando de lágrimas, así que la retiró como si le hubieran quemado.

"¿Estás llorando?" Sus ojos ebrios se dirigieron a su cara. Annette se secó tranquilamente las lágrimas, tragándose su miseria. Estaba acostumbrada a ocultar sus sentimientos como Bavaria.

"Sé por qué dices eso, Raphael", dijo. "Lo entiendo. Pero eres mi único esposo, y te considero mi preciosa familia. Lo digo en serio."

Ella sonrió con los ojos enrojecidos. Raphael la miró con desaprobación.

"Pero te odio", repitió.

Annette se sintió asfixiada. Antes de desmoronarse, salió rápidamente de la cama y volvió a su habitación. Quizás era la única que pensaba que este matrimonio estaba mejorando.

Esa noche no pudo dormir. Había estado decidida a proteger a Raphael de las maquinaciones de su padre, pero después de lo que él había dicho, se preguntó si era posible protegerlo. La única razón por la que él estaba sufriendo era por ella.

De hecho, había una respuesta obvia. Sólo que ella no había querido admitirla.

Su vida sería cómoda si ella lo dejaba. Su padre no podría usarla como excusa para exigirle cosas, y Raphael no tendría que lidiar con alguien que odiaba tanto. Sería mucho más feliz así.

Se rió con amargura. Había vivido dos vidas, pero ninguna de ellas fue pacífica. Se esforzó al máximo, pero aun así todo el mundo la trataba como un estorbo. Pensar en el rostro frío de su padre, que no había visto en tanto tiempo, sólo la hacía más infeliz.

Sí. Busquemos un destino mañana.

Ella no podía tener una nueva vida sin planificación. Aunque hubiera mejorado un poco las cosas, seguía siendo una flor de invernadero. Esta vez, antes de intentar salir del invernadero, iba a estar preparada. No se marchitaría como en su última vida.

Annette cerró los ojos húmedos, tratando de conciliar el sueño. Con suerte, mañana sería un día mejor.

***

Raphael se despertó al día siguiente agarrándose la cabeza.

Entre el sonambulismo y la resaca, no se encontraba en buena forma. Pero no podía perderse un día de entrenamiento. Todo lo que tenía, se lo había ganado a punta de espada.

Seguramente no tardaría en convertirse en Maestro de Espada.

Raphael se lavó la cara y se puso la ropa de entrenamiento, con los ojos ardiendo de cansancio. No podía permitirse el lujo de flaquear ahora, cuando estaba tan cerca de su objetivo. Conocía a varios otros espadachines que habían fracasado en esta etapa final, por eso estaba más ansioso que nunca.

Su rostro en el espejo tenía un aspecto terrible. Sus ojos azules se sentían irritados, su piel parecía sin brillo. ¿Cómo podía mirarlo una mujer como Annette Bavaria, si parecía un cadáver?

Ella también debía odiarlo.

Tuvo la extraña sensación de haberla visto antes de acostarse anoche. No recordaba nada de lo que habían dicho, pero sí que había visto caer lágrimas de sus ojos de pétalos rosados. Por reflejo, miró la palma de su mano. Su temor se agravó.

"Joder."

La verdad era que ella se comportaba mucho mejor de lo que esperaba. A pesar de provenir de la orgullosa familia Bavaria, no era para nada arrogante, y mostraba respeto a pesar del linaje de su esposo. Nunca se enfadaba, por muy malo que fuera él. Raphael realmente apreciaba su increíble paciencia. Traducción ReinoWuxia

Pero la había hecho llorar. Debió decir algo terrible cuando estaba borracho. Sonrió con amargura. A estas alturas, no tenía derecho a protestar si ella quería el divorcio.

Pensar en el divorcio le hizo sentir que su corazón se hundía.

Tal vez se sentía así porque estaba de mal humor. Pero al bajar las escaleras, sus pasos se detuvieron al ver a Annette junto a la ventana del salón, tarareando suavemente. En el momento en que ella se dio cuenta de su presencia, dejó de tararear.

¿Está enfadada?

Raphael la miró impasible. Sería natural que odiara a su esposo borracho que llegaba tarde a casa escupiendo insultos. Mientras esperaba que ella le diera la espalda, no se dio cuenta de que su puño se cerraba nerviosamente.

Pero ella se limitó a sonreír, como si no hubiera pasado nada. Cuando se levantó de su asiento y se acercó a él, no había resentimiento en sus ojos.

"Buenos días, Raphael", dijo ella amablemente. "¿Has dormido bien? ¿Cómo te sientes?"

Sus puños se cerraron con más fuerza.

¿Cómo podía esta mujer actuar como si nada?

sábado, 24 de septiembre de 2022

septiembre 24, 2022

Cómo Domar A Mi Marido Bestial - Capítulo 23

Capítulo 23. Los Regalos son para el Destinatario


Aunque había logrado atraparlo para que tomara el té, Annette no podía obligar a Gerard a hablar. Como mayordomo experimentado de la familia Bavaria, no era un rival fácil. Evadió todas sus preguntas. Al final, su taza estaba casi vacía.

¿Qué hago?

Annette frunció el ceño avergonzada. Gerard no cedía ni a la persuasión, ni a la conciliación. Lo que sea que Allamand había planeado, Gerard no pensaba hacer nada si no estaba Raphael, y ella no podía obligarlo a hablar cuando él estaba actuando bajo las órdenes del Duque Bavaria. Ella era Carnesis ahora. No tenía autoridad para castigarlo por dar prioridad a la orden de su padre.

Por debajo de la mesa, sus dedos apretaron su falda con ansiedad.

Gerard no le dio tiempo a ella de pensar como resolver la situación. Tragándose el último sorbo de té, la miró con alivio. Bajo su cabello rubio pulcramente peinado, aquel rostro era tan sagaz como el de ella.

"Muchas gracias por el té", dijo Gerard, lo suficientemente seguro de su victoria como para despedirse. "Debo irme. Gracias por su amabilidad."

Annette se mordió los labios al verlo levantarse de su asiento. Pero en ese momento, una idea le vino a la mente.

"Tengo que pedirte un favor antes de que te vayas", dijo ella con calma, y Gerard se puso en alerta al instante. Sólo quería retrasarlo, para ver si ella podía sacarle algo. Ella no se rendiría tan fácilmente. "Sólo un pequeño favor personal. He estado aprendiendo a cantar como pasatiempo, pero no sé si soy buena, así que me daría vergüenza hacerlo delante de los demás. Pero tú me conoces desde pequeña, así que estaría bien, si fueras tú. ¿Quieres escuchar mi canción? Sólo será un minuto."

Descaradamente, utilizó la misma petición del Príncipe Ludwig en Gerard. Éste dudó ante el inesperado favor, pero no pudo negarse. Aunque seguía las órdenes de su señor, le agradaba Annette.

"...Supongo que estará bien, por un momento", dijo.

Ella sonrió con gusto. Fue la misma sonrisa de sus días de soltera, y Gerard la miró con indulgencia sin darse cuenta. Al observar esto, Annette comenzó a cantar con los ojos cerrados.

Los pétalos de la flor caen como corrientes fugaces de tiempo. Si la tragedia de su caída pudiera atrapar por un momento tus bellos ojos, con gusto caeré ante ti en innumerables ocasiones...

Era una ópera que había escuchado recientemente en la corte, aunque la canción en sí no era importante. La cantó hasta donde pudo recordar, unos treinta segundos de música, luego abrió los ojos en silencio. Efectivamente, en menos de medio minuto, Gerard se había quedado dormido en el sofá. Annette parpadeó.

Supongo que esta es realmente mi habilidad.

Pero ahora no era el momento de maravillarse. No sabía cuánto tiempo su poder podía mantener a alguien dormido. Antes de que se despertara, quería registrar rápidamente su cuerpo. Si tenía suerte, podría encontrar alguna pista sobre sus intenciones.

"Lo siento, Gerard", susurró antes comenzar a registrarlo. No había nada en el bolsillo de su chaqueta, pero afortunadamente había una carta dentro de su chaleco.

Lo abrió con cuidado. El nombre del remitente no estaba especificado, pudo reconocer la refinada letra de su padre. Era una sola frase corta.

Los regalos son para el destinatario, no para el que los da.

¿Qué significaba eso? Annette lo meditó. Allamand, que valoraba su linaje aristocrático más que cualquier otra cosa, aprovechaba todas las oportunidades posibles para expresarlo. Por lo tanto, le parecía vulgar declarar lo que quería sin rodeos. Pero Annette sabía muy bien cómo pensaba su padre.

Seguro que no le gustaban los regalos que envió Raphael...

Los había devuelto, pero basándose en esta nota, parecía que su padre quería otro regalo de Raphael.

Por eso seguía enviando a Gerard. Al principio, ella pensó que era sólo para insultar, enviar a Raphael un sirviente porque un bastardo no merecía nada mejor. Pero si eso era todo lo que quería, ya lo había logrado. Su padre quería algo más.

¿Pero qué demonios podía ser?

Annette frunció el ceño. El Duque Bavaria era el hombre más rico y poderoso de Deltium. A la familia Bavaria no le faltaba nada. Pero Raphael era un aristócrata emergente que acababa de fundar su familia. Tenía algunas propiedades otorgados como recompensa por sus logros, pero nada al nivel que su padre codiciaría. Buscando en sus recuerdos de su última vida, Annette reflexionó.

"Um..."

Las delicadas cejas de Gerard se fruncieron, señal de que estaba despertando. Sólo había estado dormido cinco minutos, pero parecía que el poder de Annette no era lo suficientemente fuerte como para mantener a la gente inconsciente durante mucho tiempo. Antes de que él se despertara del todo, ella se apresuró a recolocar la carta, luego le sacudió ligeramente el hombro.

"Gerard. ¿Gerard? Despierta, ¿no dijiste que tenías que irte?"

Al escuchar su voz, Gerard abrió los ojos, desorientado. Sus suaves párpados estaban plegados en múltiples capas, por lo que sus ojos verde oscuro estaban caídos bajo las pestañas doradas. Parpadeó.

"Señorita Annette..." Sonrió somnoliento. Agarró su mano para darle un beso en el dorso. Su jovencita era tan preciosa que no podía hacer otra cosa.

Annette sonrió con amargura. Medio dormido, volvía a dirigirse a ella como a una doncella. Ignorando el error, retiró su mano y le dio una palmada para terminar de despertarlo.

"Bueno, ¿Tan aburrida fue mi canción, Gerard? Te has dormido incluso antes de que llegara al final, estoy un poco dolida", se quejó ella, haciendo un puchero. Sólo entonces se le aclararon los ojos al recordar lo que había pasado.

"Lo siento mucho, señorita..." Dijo avergonzado por haber sido tan negligente como para quedarse dormido. "...Quiero decir, Marquesa. Eso fue imperdonablemente grosero."

"No", dijo Annette con tristeza, con un rostro solitario. "Cómo puedo culpar a los demás, cuando soy yo la que no tiene talento. Gracias por escuchar, a pesar de estar ocupado. Date prisa, llegarás tarde."

"Está bien. Ya me voy."

Seguía tan somnoliento que ni siquiera intentó ofrecer una excusa. Gerard se sentía como si hubiera sido poseído por un fantasma.

No estoy tan cansado, ¿por qué me he quedado dormido? No tenía ni idea de qué hacer, y dudó un momento antes de bajar la cabeza y salir de la mansión Carnesis.

***

Esa noche, Annette esperó ansiosamente el regreso de Raphael. Había intentado recordar cada uno de los recuerdos de su vida anterior, pero la relación con su padre había sido constantemente mala. Ella no podía imaginar que Raphael le diera algo a su familia.

Lo único que podía hacer era preguntarle directamente a él. Probablemente él sabía lo que su padre quería. Se sentía avergonzada y molesta de que su familia siguiera haciéndole esto.

¿Me casaste con Raphael porque querías algo? ¿Se trata de eso?

Ella también investigaría esa posibilidad. Al principio, pensó que su matrimonio era sólo un acuerdo por las acusaciones contra ella, por lo que su padre se había visto obligado a aceptarlo. De todos modos, ella no tenía ningún valor para él si no podía convertirse en la Princesa Heredera, y si él hubiera rechazado al Rey, toda la historia del secuestro se habría extendido por todo el reino, deshonrando tanto a ella como a la familia Bavaria. Eso habría sido un desastre tan grande que ni siquiera los Bavaria podrían salvarla.

Pero, ¿Y si su padre hubiera tenido sus propios planes con su matrimonio? ¿Y si hubiera pretendido utilizarla para quitarle algo a Raphael, o utilizarla como moneda de cambio?

Annette cerró los ojos, recordando el rostro frío de su padre en su boda. Su cabeza le daba vueltas a todas las posibilidades.

¿Cuánto tiempo había estado esperando?

Un poco después de la medianoche, por fin escuchó el sonido de Raphael entrando. Rápidamente, bajó a recibirlo.

"¿Raphael? ¿Estás aquí? ¿Cómo fue tu reunión en el palacio?"

Él sólo la miró con ojos borrosos, y ella pudo oler un fuerte aroma a alcohol en su aliento. Mirándolo a los ojos, Annette se sintió repentinamente nerviosa.

viernes, 23 de septiembre de 2022

septiembre 23, 2022

Cómo Domar A Mi Marido Bestial - Capítulo 22

Capítulo 22. Es Tan Malvado


Raphael dejó su vaso de licor.

Esta noche no podía beber como lo hacía habitualmente. Se había convertido en un hábito beber un vaso antes de ir a la cama, pero esta noche se sentía extrañamente reacio. Pensó que sería mejor beberlo lentamente.

El espumoso licor dorado fluyó por sus rojos labios. Mientras saboreaba el sabor y el aroma, su mirada se dirigió a Annette, que dormía profundamente a su lado.

Sus pálidos párpados estaban cerrados. Tenía la boca ligeramente abierta mientras dormía, con respiraciones superficiales que escapaban de sus labios separados, por lo que él pudo apreciar el rosa pálido de su interior. Parecía tan inocente que nadie sospecharía que acababa de ser c0j!da salvajemente.

En sus sueños, se aferraba a su lado, como un cachorro que busca a su madre. Sus pequeñas manos eran tan ligeras que él apenas podía sentir su peso, pero su tacto cosquilleante se extendía por todo su cuerpo. Raphael apartó su mano.

Extraña mujer.

Su rostro era increíblemente hermoso. Podía entender por qué los Bavaria eran tan orgullosos de sí mismos, como si fueran una raza aparte. El maldito Duque Baviera era de mediana edad, pero seguía siendo un hombre elegante con el cabello color platino. Su rostro por sí solo habría sido prueba de su poderoso linaje.

Sin motivo alguno, Raphael estiró la mano para tocar las redondas mejillas de Annette, donde persistía el débil enrojecimiento de su encuentro. Mirando su rostro sonrojado, pudo sentir la sangre bombeando hacia la parte baja de su cuerpo. Pero si cedía a su lujuria, realmente la lastimaría.

Tan débil. Inútil.

Raphael chasqueó la lengua. Nunca había imaginado una relación así con esta mujer. Su odio por el padre de ella era demasiado grande.

El Duque Allamand Baviera se había opuesto al nombramiento de Raphael hasta el último momento. Raphael aún podía recordar los ojos despectivos del viejo. El Duque Bavaria se consideraba superior, por lo que dejaba claro que despreciaba incluso respirar el mismo aire que un bastardo como Raphael.

Por eso Raphael no había luchado por evitar esta boda. Incluso si Annette era una mujer despiadada y tuvo una dudosa relación con el Príncipe Heredero, no le importaba. Su linaje compensaría su sangre mixta. Incluso sería divertido ver la furia del Duque Baviera al convertirse en suegro de Raphael. También ese fue el único valor de Annette para él, de todos modos, ¿Cuántas parejas en el mundo se casan por amor?

Raphael no creía en el amor. Sólo podía creer en sí mismo. Quería ascender al nivel de los nobles que lo despreciaban, y para eso necesitaba a Annette. Además de eso, no le importaba lo que ella hiciera a sus espaldas.

De todos modos, era una noble Bavaria. Se hartaría rápidamente de su repugnante esposo de bajo linaje.

Pero Annette había resultado ser diferente a lo que esperaba. Actuaba como si realmente lo respetara, y cada vez que discutían, trataba de explicar con sinceridad. Por supuesto, todavía no podía saber si ella hablaba en serio o sólo fingía.

De todos modos, no importaba.

No había nada malo en que ella fingiera que lo respetaba; era mejor para ambos. Lánguidamente, Raphael tragó más alcohol. La gargantilla seguía enrollada en su elegante cuello. Se la había dejado puesta porque estaba molesto, pero ahora no le importaba. Parecía marcarla como suya.

Raphael sonrió al pensar en su cuerpo blanco. Parecía ser cierto que ella no se había entregado a Ludwig, pero seguía siendo extrañamente molesto imaginarlos llorando mientras se despedían afectuosamente.

No podía soportar la idea de que ella estuviera con otro hombre. Había pensado que no le importaba lo que ella hiciera, pero al parecer eso no era cierto...

No importaba lo que sintiera, siempre sería el bastardo que se había arrastrado desde el fondo, y Annette era sólo la penosa prisionera en su mano.

"Ummmm..."

Tal vez sintiendo algo de su malestar, Annette gimió en su sueño. Mirando a la mujer que dormía profundamente a su lado, rozó lentamente su labio inferior con el dedo. Apretó la suave carne con la punta de sus dedos.

Murmurando en sueños, los labios de Annette se apretaron, como si estuviera besando la punta de su dedo. Se veía tan linda. Raphael sonrió. Inclinándose, le susurró al oído.

"Es mejor que te olvides de todo lo relacionado con el Príncipe Heredero, Annette. Ya no hay ningún lugar al que puedas huir."

Entonces le mordió la oreja. Esa pequeñas oreja blanca era agradables de mirar, con las marcas de sus dientes en ella. Al igual que la gargantilla envuelta alrededor de su delgado cuello.

***

Annette se sintió desolada cuando se despertó y vio que el sol de la tarde entraba por la ventana. La estricta educación de su familia hacía que siempre se despertara temprano. Dormir hasta tan tarde le recordaba lo que había hecho la noche anterior con Raphael.

Suspirando, se levantó de la cama, y de repente encontró más pruebas. La gargantilla todavía estaba alrededor de su cuello, por lo que Annette se sonrojó furiosamente al recordarlo.

Es tan malvado.

Había un cuchillo para abrir cartas sobre la mesa, así que Annette lo utilizó para cortar la gargantilla. Lamentó haber dañado el regalo de Claire, pero sabía que ésta se habría sentido satisfecha, sabiendo que el regalo había cumplido tan bien su propósito. Al pensar en Raphael, volvió a suspirar. Aunque parecía un poco menos enfadado después, le había disgustado mucho que ella se hubiera encontrado con Ludwig.

Debía hacer algo para que se sintiera mejor.

Por poco que a él le gustara, seguiría siendo desagradable que la pillara escabulléndose para tener una conversación privada con su ex prometido. Sintiéndose culpable, se vistió y bajó a buscarlo.

"¿Sabes por casualidad dónde está?" Preguntó a una sirvienta que pasaba por allí.

"El señor ha salido, dama. Dijo que iba a palacio", respondió la sirvienta, inclinando cortésmente la cabeza.

Annette asintió, pasando junto a ella con el rostro sereno. Resultaba un poco decepcionante que se hubiera ido sin siquiera dejar una nota, pero nunca le gustaba revelar su destino cuando salía. Y estaba enfadado con ella, así que probablemente había salido para descargar esa ira.

Suspirando por dentro, decidió ir al estudio y tratar de encontrar más información sobre los regresores. Pero su plan se frustró cuando vio a alguien que no esperaba, saliendo de la sala de recepción.

¿Gerard?

El hombre rubio, alto y elegante, era Gerard, el mayordomo de su familia. Había sido reprendido tan severamente en su última visita, cuando había venido a devolver los regalos de Raphael, que Annette había estado segura de que no volvería a visitar la mansión Carnesis.

Todavía no había visto a Annette. Mientras se dirigía a la puerta principal con expresión indiferente, le dijo a una sirvienta cercana, "Volveré a visitarla cuando el marqués esté presente."

Los ojos de Annette se entrecerraron. Aunque Raphael estaba ausente, la dama de la casa estaba definitivamente presente. Sin embargo, aquí estaba él, prometiendo regresar cuando Raphael estuviera disponible. Esto parecía muy sospechoso.

No intentará insultar a Raphael de nuevo, ¿verdad?

Annette tuvo un siniestro presentimiento. Si ese era su plan, ella no podía dejar que se fuera sin más. Si volvía a venir cuando ella estaba fuera y provocaba de nuevo a Raphael, sería ella la que pagaría por ello.

"¡Gerard!" Llamó, justo cuando él estaba a punto de irse. Su voz sonaba falsa incluso para sus propios oídos. "¿Qué estás haciendo aquí? Es bueno verte de nuevo."

"Saludos, Marquesa. ¿Has estado bien?"

Gerard pareció tomar una rápida decisión, y se inclinó cortésmente como si hubiera querido verla. Con ese saludo serio, ¿Quién habría imaginado que le había servido durante casi diez años?

Annette asintió con elegancia. Ella también lo conocía muy bien, y pudo ver un poco de consternación en su suave rostro.

"Fui demasiado severa el otro día, ¿no?" Preguntó, fingiendo que no se había dado cuenta. "Pero no me disculparé. No sería una buena esposa si me quedara de brazos cruzados mientras permito que alguien insulte a mi esposo. Déjame ofrecerte una taza de té, por los viejos tiempos. Ven conmigo."

Annette se giró, suponiendo que la seguiría, pero la sonrisa de Gerard se volvió rígida. Por alguna razón, no le apetecía reunirse a solas con ella.

"Ojalá pudiera, pero debo seguir las órdenes del Duque. Creo que debo irme ahora, le ruego que me disculpe."

Y efectivamente, rechazó su petición. Los ojos de Annette se agrandaron y se tapó la boca con los dedos, asombrada. Miró a Gerard afligida.

"¡Dios mío! ¿Te ha dicho mi padre que ni siquiera tomes una taza de té conmigo? ¿Te tiene tan ocupado que mi antiguo mayordomo no tiene tiempo ni de saludarme? Le escribiré ahora mismo..."

A Gerard le daba mucha vergüenza que ella apelara directamente a su padre. Ya era un desastre haberse encontrado con Annette en lugar de Raphael en primer lugar, por lo que si lo constataba por escrito, sería imposible evitar el castigo. Allamand estaba decepcionado con él por lo sucedido en la anterior ocasión. No lo perdonaría dos veces.

"Una taza de té, entonces", dijo Gerard, aceptando impotente su petición. "Gracias por su amabilidad."

Con una sonrisa victoriosa, Annette le condujo al salón. Ahora, a través de Gerard, podría averiguar qué estaba tramando su padre.

jueves, 22 de septiembre de 2022

septiembre 22, 2022

La Emperatriz Se Volvió A Casar - Capítulo 428

 La Emperatriz Divorciada - Capítulo 428. Impresionada (1)



El Gran Duque Kapmen ya no estaba bajo los efectos de la poción de amor, así que ahora no se sentirá atraído por mí.

Me gustaría que me ayudara con esto, ya que fue uno de los mejores graduados de la academia mágica, y quien me ayudó a controlar el maná.

Sin embargo, el Gran Duque Kapmen escuchó con atención mis pensamientos e inmediatamente sacudió la cabeza.

"No."

"¿No puedes?"

"Así es. Cada persona idea su propio método, el que considera más adecuado para dominar su magia. Si nuestras habilidades fueran similares, podría ayudarte un poco, pero como nuestras habilidades son diferentes, no puedo ayudarte..."

El Gran Duque Kapmen se detuvo abruptamente mientras hablaba.  ¿En qué está pensando? ¡¿Acaso se le ocurrió una idea?! ¡Debe haber una manera de ayudarme!

¿Qué sucede?"

Ante mi rápida pregunta, el Gran Duque Kapmen vaciló. Por su expresión rígida, parecía que no sabía si podía decirlo.

"¿Qué sucede?"

Ante mi insistencia, el Gran Duque Kapmen habló a regañadientes, 

"En realidad... un amigo mío vendrá aquí pronto."

'¡Oh!'

"¿Tu amigo es un mago de hielo?"

"Sí."

'¡Genial!'

"Entonces, ¿podría tu amigo ayudarme un poco?"

Sin embargo, el Gran Duque Kapmen parecía completamente incómodo, a pesar de que fue él mismo quien lo mencionó.

"¿No es posible?"

Cuando le pregunté si habría algún problema, el Gran Duque Kapmen confesó con dificultad.

"Mi amigo odia profundamente a la nobleza."

"¿Es un plebeyo?"

"Sí. Sus padres son esclavos liberados."

"Oh."

"Su Majestad es incluso un miembro de la Familia Imperial, por lo que su odio es mayor... probablemente no querrá ayudarla."

"Entonces, ¿cómo te hiciste amigo suyo?"

"Soy una excepción porque vengo del Continente Hwa."

Ya veo. Después de que asentí en comprensión, el Gran Duque Kapmen me pidió.

"Por favor, olvida lo que he dicho."

Luego se dio la vuelta y se alejó. Mientras miraba su espalda con pesar, Mastas me aconsejó como si fuera sencillo.

"Entonces, ¿Su Majestad puede aprender si oculta que es la Emperatriz?"

Cuando la miré, Mastas sonrió y dijo,

"Esa es la especialidad de Su Majestad."

"¿Aprender?"

"Ocultar."

Si oculto mi identidad como Emperatriz podré aprender a dominar mi magia... eso suena bastante bien.

Ambos somos amigos de Kapmen, así que no creo que mi identidad sea un problema. Hay muchos plebeyos ricos, así que no será extraño que lleve escolta. Además, estará cerca de aquí porque viene a la capital.

Hmm. Creo que funcionará.

Una vez que me convencí a mí misma, Kapmen se detuvo y de repente comenzó a correr. Estaba claro que quería huir porque había escuchado mis pensamientos.

"Gran Duque."

Pero cuando lo llamé con un tono de voz un poco más alto, ralentizó sus pasos hasta detenerse, se dio la vuelta indefenso, me miró fijamente y se acercó a mí resignado.

Luego dijo en voz baja para disuadirme, "No es una buena idea."

"¿No es suficiente con que no sepa que soy de la nobleza?"

"Así es. Sería una buena idea si es otra persona la que se hace pasar por plebeyo. El problema es que Su Majestad es de la nobleza incluso a los ojos de quienes no lo saben."

"¿Eso crees?"

"Su Majestad parece de la nobleza a primera vista, incluso si alguien se cruza con usted montando a caballo se daría cuenta."

"¿De qué estás hablando? Puedo imitar a una plebeya."

"¿Cómo lo harías?"

Antes de darme cuenta, mis damas de compañía dejaron de hacer lo que estaban haciendo y me miraron. Parecían haber escuchado nuestra conversación.

Me sentí avergonzada por tener de repente todas las miradas puestas en mí, pero cuando me hiciera pasar por plebeya, tendría que actuar frente a más personas. No podía titubear ante estas miradas.

Aclaré mi garganta y agité una mano con mucha brusquedad.

"¡Oye! ¡Oye! ¡Aquí a tu lado! Joven apuesto, ¿tienes tiempo libre? Tengo mucho dinero y tiempo disponible, ¿te gustaría pasar un rato conmigo en un lugar agradable?"

"¡!"

"¿Qué te pareció?"

La mandíbula de Kapmen cayó como si se le hubiera roto. Su respuesta fue reemplazada por la fuerte risa de Heinley desde atrás.

Cuando me volteé incómodamente, vi a Heinley agarrarse el estómago mientras se reía. Ni siquiera podía enderezar su cuerpo, estaba inclinado hacia delante y le temblaban las rodillas.

Heinley... si no deja de reírse ahora mismo, no lo dejaré librarse fácilmente.

Lo miré ferozmente, pero Heinley ni siquiera se dio cuenta de que lo estaba mirando.

"¿Fue tan extraño?"

Cuando le pregunté al Gran Duque Kapmen, desvió la mirada.

'Ya veo. Fue extraño.'

Ante mi suspiro, Mastas se cruzó de brazos y dio su opinión seriamente.

"Su Majestad, no todos los plebeyos hablan como pandilleros."

"Ah, sí... lo sé."

Por supuesto que lo sabía. Me solía reunir con los plebeyos en la sala de audiencias todos los días y escuchaba sus historias, así que ¿cómo podría no saberlo?

También es cierto que la mayoría de los plebeyos que acuden a la sala de audiencias hablan de forma un poco extraña, por lo que es evidente que no es su manera habitual de hablar. Aun así, sé que la mayoría de los plebeyos no hablan como acabo de hacerlo. No debí hablar de esa manera.

"Pensé que me vería como una noble a primera vista si hablaba como solía hacerlo, como dijo el Gran Duque Kapmen."

Mis damas de compañía asintieron con un "Ahhh". Nadie comentó nada más sobre por qué había hablado como un pandillero.

Sin embargo, había un águila traviesa que todavía se agarraba el estómago y se reía a pesar de mi explicación.

Me le acerqué y aplasté la piedra que estaba cerca de sus pies. Heinley estaba inclinado, así que no se daría cuenta de mi enfado a menos que hiciera esto.

Como esperaba. Heinley finalmente dejó de reírse, enderezó su espalda y preguntó con una expresión seria.

"Por cierto, Reina, ¿qué fue lo que te dijiste? ¿Le pediste al Gran Duque Kapmen que te acompañara a pasar un rato en un lugar agradable?"

"No. Me hacía pasar por una plebeya ruda."

"¿Una plebeya ruda? ¿Por qué?"

Se había burlado de mí hace un momento, así que me gustaría hacerlo sufrir de la curiosidad. 

Sin embargo, si realmente quería hacerme pasar por plebeya para aprender a dominar mi magia, necesitaba que Heinley lo comprendiera.

Tuve que contarle sobre el mago de hielo del que me había hablado el Gran Duque Kapmen.

Cuando le expliqué la situación, la expresión de Heinley se volvió tensa.

"¿No hay otra alternativa?"
septiembre 22, 2022

Cómo Domar A Mi Marido Bestial - Capítulo 21

Capítulo 21. Látigo y Gargantilla


El cuerpo de Annette estaba d3snudo. Cruzando los brazos, trató de cubrir sus pechos expuestos, pero en ese momento, algo golpeó su trasero.

"¡Ah!"

Annette se sacudió sorprendida. El látigo que Claire le había regalado estaba hecho con el cuero más suave, así que en realidad no le dolió mucho. Pero no pudo evitar sobresaltarse cuando golpeó su piel. Miró a Raphael con ojos lastimeros, pero él los ignoró.

"No te cubras", le ordenó fríamente. "Baja las manos."

Sus ojos rosados temblaron al escuchar estas palabras. Al observar su expresión de dolor, le levantó la barbilla con el mango del látigo.

"¿Aún quieres hacerte la inocente?"

Sus pen3trantes ojos le recordaron a una bestia de caza. Impotente, Annette bajó los brazos, sintiéndose como un conejo capturado. Raphael se movió lentamente a su alrededor, estudiando su cuerpo d3snudo con ojos feroces. Mientras su mirada recorría ferozmente su cuerpo, sentía como si el fuego le lamiera la piel.

Mientras inspeccionaba su delicioso cuerpo, la rodeó por la cintura con sus brazos desde atrás. Ella sintió su gran mano acariciando su s3nos. Sus manos eran tan grandes que ambas habrían abarcado fácilmente sus costillas. Inclinando la cabeza, le mordió el lóbulo de la oreja por detrás.

"Dime", susurró. "¿Alguna vez dejaste que el Príncipe Heredero chupara estos bonitos pechos?"

"¿Qué? ¿Qué demonios estás...? ¡Ahhh!"

Justo cuando estaba a punto de negarlo, gritó de sorpresa. Sus cálidas manos le agarraron con fuerza los s3nos. Sintió una sensación emocionante mientras fr0t4ba sus p3z0nes.

"Oh, Raphael..."

De repente, una de las manos de él se sumergió en sus br@g4s, rápida como una serpiente que ataca, mientras se apretaba entre sus muslos y se frotaba contra su núcleo. Instintivamente, ella intentó cruzar las piernas, pero no pudo escapar de la decidida caricia.

Lentamente, los dedos de él se deslizaron desde el perineo hasta su abertura y luego hasta su cl!t0ris, que estaba hinchando. Sus labios rojos se curvaron en una fría mueca.

"Ya estás mojada."

Annette sollozó de vergüenza. El hecho de verla así le excitó, por lo que Raphael acercó su cuerpo, acariciando con más fuerza entre sus piernas. Cada vez que sus dedos tocaban su entrada, la fuerza de sus piernas se disolvía, como si se hubiera derretido. Se retorció hacia delante y hacia atrás, pero no pudo escapar de su agarre.

De repente, sintió algo duro entre sus muslos. La parte inferior del cuerpo de Raphael estaba presionada contra ella, rozando su furiosa longitud contra ella. Annette se mordió los labios sin poder evitarlo. No sabía qué hacer con tanta estimulación por todos lados, pero cada vez estaba más mojada.

"Oh, Raphael, uh, uh..."

Cada vez que sus dedos se movían, ella podía escuchar los sonidos húmedos. Sus callosos dedos entrenados en el uso de la espada, enviaban increíbles sensaciones a través de ella cuando frotaban su cl!t0ris. Cuando él separaba sus pétalos para frotar su pequeño agujero, Annette apretaba instintivamente su interior. Su cuerpo había aprendido el pl@cer que podía ofrecer un hombre. Ahora se sentía inquieta.

Se estaba tambaleando, apenas podía mantenerse en pie. Tuvo que sostenerse en sus manos, pero aquellos dedos tenaces sólo la frotaban cada vez más rápido. El líquido resbaladizo que fluía de ella sólo facilitaba la caricia lasciva. Cuando él empezó a acariciar en circulo furiosamente su cl!t0ris, ella no pudo aguantar más. Se corrió.

"¡Ha...huh...!"

Sus piernas se desplomaron. Raphael abrazó a la esbelta mujer por detrás mientras ella se colgaba lentamente en su brazo.

En ese momento, algo se enroscó alrededor de su esbelto cuello con un chasquido. Annette tocó rápidamente el objeto que rodeaba su cuello, sintiendo el suave cuero y el metal con sus dedos. Era la gargantilla que le había regalado Claire.

Las mejillas de Annette ardían como si estuvieran en llamas. Automáticamente, le pidió ayuda.

"Ra, Raphael... quítame esto."

Él la miró sin decir su palabra. Sus ojos estaban llenos de vívida lujuria, admirando su piel blanca, sus p3z0nes duros, y la gargantilla negra alrededor de su esbelto cuello. Era una visión increíblemente exc!tante.

Raphael apretó la mandíbula y la empujó contra la pared, colocándola con los brazos contra la pared. Annette no tenía ni idea de lo que él quería, así que obedeció, mirándolo con ojos ansiosos.

"¿Raphael? ¡OHHH!"

El látigo azotó de nuevo su tr@sero. No le dolió, pero todo el cuerpo de Annette se estremeció de vergüenza. Este era el tipo de cosas que se hacen para castigar a los niños pequeños. Era humillante que ella, una mujer adulta, fuera azotada en su tr@sero mientras estaba completamente d3snuda.

Annette miró a Raphael con desesperación. Entendía que estaba enfadado, pero quería que parara este vergonzoso castigo. Pero en el momento en que él vio sus grandes ojos, brillando con lágrimas, la agarró con fuerza de las caderas.

"Joder, no me mires así. Sabes cómo provocar a un hombre, ¿no?" Le increpó molesto. Como si quisiera castigarla, le separó los muslos y la pen3tró por detrás. La abertura de ella ya estaba húmeda, por lo que lo recibió sin vacilar. Sus gl@nde hinchado rozó su interior húmedo hasta adentrarse en lo más profundo.

Estaba tan excitado que enseguida agitó su cintura, acariciando sus sensibles paredes interiores con su cálida virilidad. Annette aceptó el ataque jadeando, apoyándose en la pared. Cada vez que la pen3traba por detrás, la ponía de puntillas debido a la diferencia de altura.

"¡Huh, Raphael, ah, huhhh!"

La pen3traba con tanta fuerza que parecía que su cuerpo se iba a romper, y aun así, se sentía tan bien. Le gustaba tanto que sus piernas seguían cediendo. Cada vez que sucedía, la hacía sentir que estaba en peligro de caerse, y automáticamente se aferraba a él. Detrás de ella, Raphael gimió.

"Annette, ¿te gusta tanto que te castiguen?". Reprendiéndola, le azotó el tr@sero con la palma de la mano. Hacía tiempo que había tirado el látigo. Al principio, sólo lo había hecho para avergonzarla, pero la sensación de su suave tr@sero contra su palma era increíble. Deliberadamente, la azotó unas cuantas veces más, controlando su fuerza para no lastimarla.

"Cada vez que te azoto, me aprietas. ¿Lo estás disfrutando?"

Las orejas de Annette se pusieron rojas ante su sarcasmo. Cada vez que él la azotaba, ella podía sentir cómo su virilidad se endurecía adentro, haciendo que la fricción de sus caricias fuera aún más intensa. Sus piernas se tambaleaban cuando él empujaba con fuerza contra sus puntos débiles.

"Huh, ah, Raphael, ah...!!"

Ella no podía soportarlo. La forma bestial en que él la había montado la avergonzaba mucho. Echó la cabeza hacia atrás mientras sus paredes inter!ores sufrían un violento org@smo, pero su virilidad seguía empujando dentro de ella sin pausa, provocando su pl@cer. Su rudo cl!max fue tan abrumador que las lágrimas corrieron por sus mejillas.

"¡Raphael, basta, ahh, hhhh, ahhh! Para, para, por favor."

"¿Parar? ¿Dices eso cuando me estás apretando tan fuerte allá abajo? Me parece que quieres más". Su gran mano frotó vigorosamente contra su cl!t0ris, causando un ruido húmedo entre sus piernas. Annette se mordió los labios, sintiendo su propia humedad mojando sus muslos. No pudo soportarlo. Se avergonzaba de ser tan lasciva, pero su cuerpo había aprendido el pl@cer de estas actividades carnales y sólo se calentaba, queriendo más.

Sus dedos estaban mojados mientras estimulaba su cl!toris resbaladizo. Seguía metiéndole la virilidad salvajemente. Cada vez que sacudía la cintura, su virilidad hacía que sus paredes interiores se derritieran de pl@cer.

Esa rígida virilidad nunca estaba satisfecha. Se introdujo en Annette hasta dejarla exhausta.

"¿Lo sientes, Annette? ¿Tu pequeño agujero apretando tan fuerte?"

Annette ya no podía ni siquiera gemir correctamente. No sabía si él tenía razón. Lloró ante el intenso pl@cer, mientras él pellizcaba su cl!t0ris con los dedos. Sus húmedas paredes temblaron de pl@cer y se apretaron alrededor de él.

Annette, que volvió a correrse, se desplomó exhausta.

martes, 20 de septiembre de 2022

septiembre 20, 2022

Cómo Domar A Mi Marido Bestial - Capítulo 20

Capítulo 20. Habilidad Especial


Los asistentes que trabajaban en el palacio real estaban rigurosamente entrenados. Siempre se mantenían precavidos en todo lo que hacían. Sin embargo, no sólo uno, sino cuatro de ellos se habían quedado dormidos al mismo tiempo estando de servicio. Era inconcebible.

Annette sacudió a uno de ellos para que se despertara y, al igual que Ludwig, el hombre comenzó a despertarse desconcertado. ¡No podía creer que se hubiera quedado dormido mientras servía a un distinguido invitado del Príncipe Heredero! No podía ofrecer ninguna excusa aunque lo fuesen a golpear por su falta de disciplina.

"¡No! ¡Qué falta de respeto! Lo siento mucho, Marquesa Carnesis, ¡le ofrezco mis más sinceras disculpas por mi comportamiento!"

El asistente se disculpó con Annette, mientras daba fuertes patadas a sus compañeros para despertarlos. Pronto, todos se pusieron en pie e inclinaron la cabeza en señal de disculpa. Observando que se tambaleaban por el sueño, Annette agitó la mano en señal de aceptación.

Los ojos de los asistentes se convirtieron en estrellas mientras la miraban. La Dama Annette, que no se enfadó con ellos, que mostró piedad tan amablemente, debía ser un ángel bajado del cielo. Era una pena que esta amable mujer no fuera la Princesa Heredera.

Los pensamientos de Annette eran un poco diferentes. En cuanto se dio la vuelta, su sonrisa desapareció, sustituida por una expresión grave. Sólo había un pensamiento en su mente.

Ese libro. Decía claramente que los regresores tenían una habilidad especial que no tenían antes. ¿La mía es dormir a la gente cantando?

Una extraña emoción la recorrió al darse cuenta. Ya una vez había dormido a Raphael cuando andaba sonámbulo por sus pesadillas. En ese momento, sólo pensó que se trataba del efecto de una buena canción de cuna, pero ¿había utilizado su habilidad para dormirlo?

Todavía no estaba segura de nada. Se marchó decidida a probar primero la teoría.

Aunque no era una habilidad espectacular como la de los espíritus, podría ser útil.

Ella sintió que se le ponía la piel de gallina. Finalmente se sintió segura de que realmente había regresado al pasado. Estaba viviendo una nueva vida. Finalmente estaba segura de que realmente había regresado al pasado.

***

El día había pasado rápidamente, el sol ya se había puesto. Había oscurecido antes de que Annette se diera cuenta, por lo que el carruaje iba más lento que de costumbre de regreso a casa. Pero en sus pensamientos, Annette no se dio cuenta de nada de esto. Ya se estaba preguntando cómo poner a prueba su nueva habilidad. Ni siquiera se dio cuenta cuando llegaron a casa.

"Ya hemos llegado", afirmó el cochero. Annette se bajó del carruaje distraída. Antes de que sus pies tocaran el suelo, de repente su cuerpo fue arrastrado por el aire.

"¡Ahhh!"

La sensación de flotar de repente la sobresaltó, sobre todo cuando había estado tan profundamente perdida en su propio mundo. Instintivamente, tiró de cualquier cosa que pudiera alcanzar para sujetarse. Desgraciadamente eso fue el cabello negro como el carbón de Raphael.

Raphael no parecía satisfecho. Un gruñido se escapó entre sus labios. Annette se quedó quieta.

"¡Oh, Dios! Lo siento, estaba tan sorprendida, que..."

Rápidamente, le soltó el cabello mientras se disculpaba. 

Se había sobresaltado tanto que su corazón estaba acelerado. Todavía respiraba entre pequeños jadeos. Aunque había estado a punto de lanzar un insulto, Raphael apretó los dientes, respirando profundamente. Tenía un aspecto feroz, como si se estuviera conteniendo mucho.

¿Por qué está tan enfadado?

La visión hizo que la ansiedad la invadiera. No estaba enfadado porque ella le hubiera tirado del cabello. Llevaba tiempo esperándola de mal humor, ella podía sentirlo por el frío del cuello que sentía a través de sus dedos, helados por el aire nocturno. Annette se mordió el labio. No tenía ni idea de por qué lo hacía, pero su temperamento caprichoso siempre había sido un misterio difícil para ella.

"¿Con quién te has encontrado hoy en el palacio real?" Preguntó Raphael con el rostro rígido.

"¿Qué? Fui a ver a mi cuñada. ¿No has visto la carta que te he dejado?"

Annette respondió automáticamente, pero luego cuando se dio cuenta de lo que estaba mal, se lamentó de su estupidez. No podía imaginar cómo, pero parecía que Raphael sabía que ella había visto al Príncipe Ludwig. Eso explicaba por qué estaba furioso, y ella no podía culparlo. Su esposa había fingido encontrarse con alguien, sólo para encontrarse a escondidas con su antiguo prometido.

Mirando la cara avergonzada de Annette, Raphael sólo se volvió más frío. 

"Tu carta decía que volverías pronto. ¿Estabas disfrutando tanto que no te diste cuenta del tiempo que había pasado? ¿Él te trató bien?"

Esos profundos ojos azules eran más fríos que el hielo del Mar del Norte. Incluso después de volver de la muerte, le seguía doliendo recibir ese odio. Ella bajó su mirada dócilmente.

"No es así, Raphael. Me lo encontré cuando volvía de reunirme con Claire. Nuestro compromiso se rompió tan repentinamente que nunca nos despedimos como es debido. Sólo quería terminar bien la relación. Ahora no tengo que volver a encarar a Su Alteza, lo prometo."

Levantando la cabeza, ella lo miró con ojos serios. Raphael no dijo nada, mantuvo una expresión vacía. El rostro de Annette era tan inocente que cualquiera caería en sus mentiras.

Pero Raphael no se dejó engañar. Estaba de mal humor. Había ido al palacio real después de leer su carta, aunque había sido por asuntos propios, más que para recogerla. Tenía la intención de reunirse con su padre para hacerle algunas preguntas sobre Annette, porque los rumores que el Rey le había contado antes de su boda no eran del todo ciertos. Raphael había querido averiguar de dónde demonios habían salido todos esos rumores.

Pero Selgratis se había negado a reunirse con él. En público, el Rey actuaba como si se preocupara por Raphael, pero en privado no le daba ni la hora. Todo era una actuación.

Así que había regresado con las manos vacías del palacio real. Se sintió lo suficientemente mal por ello. Quiso buscar a Annette, para llevarla a casa.

Aparentemente eso había sido un error de su parte.

"¿Qué demonios estabas haciendo en el palacio del Príncipe Heredero?", exigió.

Estaba furioso cuando descubrió dónde estaba ella. Había querido constatar con sus propios ojos lo que hacían los dos amantes, pero nadie podía entrar en ese palacio sin el permiso del Príncipe Heredero. Ni siquiera Raphael.

Al salir del palacio, se había sentido peor que antes de llegar. Una vez en casa, Raphael apretó los dientes esperando a que regresara. Antes, no le había importado dónde estaba ella o qué hacía, pero Raphael ni siquiera se dio cuenta de la contradicción. Traducción ReinoWuxia

Y ahora que la miraba inmovilizada en sus brazos, sintió una rabia que no podía entender.

"Raphael, te digo que no ha pasado nada con Su Alteza, lo único que hicimos fue despedirnos. Puedes preguntar a los asistentes de su palacio, ellos te dirán la verdad", suplicó Annette, con los ojos abatidos.

Pero la suerte no estaba hoy de su lado. El cochero había estado revisando el carruaje, y volvió hacia ella con algo en la mano.

"Dama, ha dejado esto."

Cuando Annette vio la caja que tenía en la mano, se rindió. Se le escapó una risa desesperada. Dios había decidido abandonarla este día.

Dejándola en el suelo, Raphael le quitó la caja y la abrió. Él también se rió cuando vio su contenido. La gargantilla de cuero se balanceaba en el aire entre sus dedos mientras la mostraba frente a ella.

"Sí, estoy seguro de que obtendría una respuesta muy interesante, si le preguntara a los asistentes del palacio real", soltó con frialdad.

"¡No! Raphael, Claire... espera un momento..."

Sintiéndose humillada por el malentendido, Annette se apresuró a agarrar la caja de regalo, buscando en su interior. Claire era de las que suelen adjuntar cartas a sus regalos, por lo que Annette sólo podía esperar que hubiera una nota dentro para explicar este malentendido.

Afortunadamente, encontró un sobre dentro de la caja. Rápidamente, se lo dio a Raphael sin siquiera leerlo.

"Mira, es un regalo de mi cuñada. Realmente no tengo nada que ver con el Príncipe Heredero."

Frunciendo el ceño, Raphael leyó la nota. Sus profundos ojos azules la recorrieron lentamente de un lado a otro. Sólo tardó unos segundos, pero a Annette le pareció una eternidad. Y con una sonrisa maliciosa, giró la nota frente a ella. Allí con la nítida letra de Claire, estaba escrito.

[Espero que pases una noche excitante con él. Átalo bien y haz que te llame por tu nombre.

Con mucho cariño, Claire]

Oh, Claire.

En silencio, Annette se cubrió la cara con ambas manos, derrotada. La carta dejaba claro que era un regalo de Claire, pero su contenido era desastrosamente confuso.

Entre la nota de Claire y la gargantilla de cuero que colgaba entre los varoniles dedos de Raphael, Annette estaba más que avergonzada. Rezó para desaparecer del mundo para siempre. Ahora. Por favor.

De nuevo, su deseo no se hizo realidad.

"Muy bien. Debe haber sido una visita estimulante el palacio del Príncipe Heredero", dijo Raphael, con una sonrisa cruel que mostraba todos sus dientes. "Veamos lo emocionante que fue para ti."

La agarró del brazo.

lunes, 19 de septiembre de 2022

septiembre 19, 2022

La Emperatriz Se Volvió A Casar - Capítulo 427

La Emperatriz Divorciada - Capítulo 427. Entusiasmada (2)



Pero Sovieshu tenía un sabor un poco amargo en la boca, como al comer una fruta sin madurar, a pesar de su sonrisa de felicidad.

Sovieshu dobló la carta y se la entregó al Marqués Karl. Luego se levantó de su asiento y caminó hacia la ventana con las manos en la espalda.

El Marqués Karl y el Comandante de la Guardia Imperial, traumatizados por su anterior caída por la ventana, se acercaron rápidamente a Sovieshu.

"No voy a saltar, así que aléjense."

"Tampoco tenías la intención de saltar por la ventana la vez que lo hiciste."

"Dijiste que estaba borracho esa vez. Ahora estoy sobrio."

"Lo siento, Su Majestad. Espero que entienda cómo se sienten las personas que se preocupan por usted."

Sovieshu chasqueó la lengua, pero no los echó. En cambio, murmuró mientras miraba por la ventana.

"Me resulta muy familiar el paisaje que se ve desde aquí, pero se siente solo porque la persona que mejor me conoce no está."

"Su Majestad..."

"Pensé que no habría nada más aterrador que Navier balanceando una almohada, pero ahora sé que estaba equivocado."

"Su Majestad no debió haberla depuesto."

"Lo sé. No pensé que mi estúpida cabeza sería lo más aterrador."

Sovieshu rechinó los dientes.

"Todo se debe a los golpes que mi padre me dio en la cabeza. Las secuelas aparecieron con el tiempo."

"..."

"¿O acaso Navier puso melocotones en su almohada para golpearme?"


Como el Marqués Karl no respondió, Sovieshu preguntó sorprendido,

"¿Fue así?"

"No, definitivamente no fueron melocotones."

"Si no fueron melocotones, ¿con qué me golpeó en la cabeza?"

"Eso..."

"Dime la verdad. Han pasado seis años de todos modos."

"Por lo que recuerdo de ese día, sólo..."

"¿Sólo?"

"En realidad, no lo sé. Excepto que los melocotones que Su Majestad dejó caer golpearon a Navier en la cabeza, lo que le provocó un chichón. Cuando Su Majestad fue a su habitación a disculparse, salió con un chichón similar en la frente."

'Entonces sí puso algo en la almohada para golpearme...'

Sovieshu suspiró mientras miraba al Marqués Karl con la boca un poco abierta.

'¿De qué sirve hablar de eso? Pasó hace seis años.'

Sovieshu se quedó atrapado en un punto de su memoria de hace seis años, por lo que había mucho más sobre Navier que no podía recordar.

El asunto de los melocotones carecía de importancia en este momento en el que tenía que recuperar a su esposa, que se había convertido en la esposa de otro hombre.

"Marqués Karl."

"Sí, Su Majestad."

"¿Cuánto ha crecido Navier?"

"Ha crecido mucho en estos años."

"¿Sí?"

"Se ha convertido en una emperatriz muy distinguida."

"Distinguida... eh."

Sovieshu, que estaba lleno de añoranza, se mordió los labios y respiró hondo para controlar sus emociones. No debería reírse en estas circunstancias, pero le resultaba difícil imaginar a la distinguida Navier.

"Es en serio. Tanto Su Majestad como Navier se convirtieron en un emperador y una emperatriz que todo el mundo admiraba."

"Marqués Karl."

"Sí, Su Majestad."

"Me dijiste que por la noche vuelvo al yo que conserva los recuerdos de los últimos seis años, ¿cierto?"

"Sí, Su Majestad."

"Agárrame por el cuello y dame un puñetazo en la cara."

"¡¿Qué?! ¡Su... Su Majestad!"

El Marqués Karl se sobresaltó, pero Sovieshu volvió a mirar por la ventana con una cara de tristeza. Al ver el dolor en su cara, el Marqués Karl recordó la conversación que tuvo con los otros secretarios.

Fue una conversación sobre cuándo y cómo contar a Sovieshu sobre la Princesa Glorym y el embarazo de Navier.

Gracias a las medidas adoptadas para que todos mantuvieran la boca cerrada, muy pocas personas conocían actualmente la condición exacta de Sovieshu.

Cuando Sovieshu despertó tras la caída, varios cortesanos evidenciaron síntomas de que había perdido la memoria. Sin embargo, a todos se les informó de que el Emperador sólo había sufrido una pérdida de memoria temporal, y que ahora estaba bien.

Gracias a esto, Sovieshu aún no había oído hablar de la Princesa Glorym ni del embarazo de Navier. Sin embargo, ahora que Sovieshu irá al Imperio Occidental, tenía que contarle sobre el embarazo de Navier. Todavía no era necesario contarle sobre la Princesa Glorym.

"Marqués Karl. Parece que tienes algo que decirme. Solo di lo que tengas que decir."

Sovieshu habló sin apartar la mirada de la ventana.

'¿Se dio cuenta de mi inquietud?'

El Marqués Karl murmuró en su interior y confesó,

"Hay algo que debe saber antes de ir al Imperio Occidental, Su Majestad."

"¿Quieres que sea cuidadoso porque Navier es ahora la esposa de otro hombre?"

"Además de eso..."

"¿Hay algo más?"

"Navier está embarazada."

Sovieshu giró la cabeza y miró al Marqués Karl.

El Marqués Karl cerró los ojos con fuerza y luego los abrió levemente.
.
Para su sorpresa, Sovieshu no parecía enojado ni desesperanzado.

Su expresión no era fácil de describir. Incluso había sutiles rasgos de alegría en su cara.

"¿Su Majestad?"

Cuando el Marqués Karl lo llamó con cuidado porque estaba confundido, Sovieshu exclamó, "Ah" y las comisuras de sus labios volvieron a la normalidad,

"Sí, lo entiendo. Navier está embarazada. Lo entiendo..."

'Embarazada de otro hombre.'

Sovieshu murmuró esto último para sí mismo con el ceño fruncido, pero rápidamente se dio la vuelta con una expresión ambigua.

'¿Su Majestad sospechaba que Navier era infértil incluso hace seis años?'

El Marqués Karl se preguntó en su interior más confundido.

Aunque Sovieshu y Navier estaban casados en ese entonces, nunca habían dormido juntos. Su reacción fue un poco extraña.

En cualquier caso, el Marqués Karl se sintió aliviado de que su conmoción fuera menor de lo que esperaba.

"Su Majestad. Le diré esto por si acaso, Navier y Su Majestad terminaron mal. Navier no sabe de la condición de Su Majestad, no, incluso si lo supiera, podría tratarlo con frialdad."

"Está bien."

"... Puede que ahora trate a Su Majestad como si fuera un desconocido."

"Lo entiendo."

Sovieshu respondió con calma.

"Aun así, tengo que ir."

"Su Majestad..."

"Tengo que ir a ver a Navier."

Sovieshu murmuró y añadió brevemente,

"Por el bien del país."

***

"Realmente me gustaría ser lo suficientemente poderosa como para congelar todo el río..."

Al oír mi murmullo, el sirviente que traía agua para llenar las cubetas me miró asustado.

Por su cara, pareció pensar, '¿cuántas veces más tendré que ir a buscar agua?'

Rose, que estaba sentada en un banco abanicándose mientras me observaba, se rió al escuchar mis palabras.

"Su Majestad ya es realmente extraordinaria. No necesita dominar su magia."

La Condesa Jubel también intervino mientras movía una pieza de ajedrez.

"Así es. Su Majestad puede contratar magos, no tiene que convertirse en uno."

Laura, que estaba sentada frente a la Condesa Jubel jugando al ajedrez, no participó en la conversación porque estaba concentrada en la partida de ajedrez.

Mastas también estaba ocupada dando consejos a Laura y a la Condesa Jubel en la partida de ajedrez. 

"No, esa no. ¿Por qué mueves esa pieza ahí...?"

Suspiré y miré las quince cubetas alineadas en el jardín del Palacio Imperial.

Las cubetas estaban llenas de agua por la mitad, con trozos de hielo flotando en su interior como glaciares rotos.

Fue el resultado de los intentos fallidos de congelar toda el agua de las cubetas.

A pesar de que intentaba entrenar por mi cuenta... no veía ninguna mejoría.

Esta vez pudimos aprovechar inteligentemente la visita de Sovieshu para tomar prestados a los magos del Imperio Oriental, pero nunca se sabe lo que pasará en el futuro, así que quería dominar mi magia.

Fue frustrante que no funcionara tan bien como esperaba.

Es ciertamente curioso que me enfoque tanto en esto, ya que en un principio no era una maga, pero como es una habilidad que tengo ahora, ¿no sería bueno que pudiera usarla adecuadamente?

Cuantas más cosas pueda dominar, mejor.

De hecho, el mejor lugar para aprender era la academia, pero en la academia no querrán enseñarme.

Heinley ya no estaba envuelto en el fenómeno de la disminución del maná, pero aún no había conseguido disipar las sospechas en su contra.... ¿Oh? ¡El Gran Duque Kapmen!

‘¿No podría ayudarme el Gran Duque Kapmen?’

Tan pronto como lo pensé, el Gran Duque Kapmen apareció. Parecía haber escuchado mis pensamientos.

Mientras miraba sorprendido las cubetas, me acerqué rápidamente y le pregunté.

"Gran Duque Kapmen. ¿Podría ayudarme a dominar mi magia?"