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jueves, 26 de enero de 2023

enero 26, 2023

La Emperatriz Se Volvió A Casar - Capítulo 452

 La Emperatriz Divorciada - Capítulo 452. Emperador Cruel (1)



"Hoy no me reuniré con nadie, así que aplacen también las audiencias de la tarde."

Cancelé las audiencias de hoy, una tarea que realizaba todos los días como una obligación. Este mal tiempo era un motivo de fuerza mayor, por lo que todos mis asistentes estuvieron de acuerdo con mi decisión.

Después de que terminé rápidamente con los asuntos importantes en mi oficina, volví directamente a mi habitación y entré en el dormitorio matrimonial. En este dormitorio, completamente aislado del estruendo de los truenos, Heinley dormía como un ángel amado por Dios. Incluso su cabello revuelto le hacía ver encantador.

Acaricié sus lindas mejillas un par de veces y le susurré al oído.

"Heinley."

Inmediatamente, su cuerpo se estremeció y sus pestañas se sacudieron. Acto seguido, sus párpados se levantaron para dejar al descubierto sus ojos púrpura, que tanto amaba.

"¿Reina? Navier."

Extendió la mano mientras me llamaba con voz soñolienta. Me tiró de la nuca y, naturalmente, me besó la clavícula, el cuello y el mentón.

"¿Por qué no dormiste más?"

Miró el reloj y se pasó la mano por los ojos.

"Aún es temprano."

Anoche, Heinley me había dicho que dormiría mucho porque no tenía trabajo por la mañana. Por esa razón, parecía no querer despertarse.

"Heinley, ¿no te han dado ningún mensaje?"

"¿Un mensaje? ¿Era urgente?"

"Parecía urgente."

"No sé nada... Puede que McKenna haya decidido contármelo más tarde para no interrumpir mi sueño porque considero que no era urgente."

Sólo para informarme, mi ayudante había acudido a mi oficina apresuradamente y con el rostro pálido antes de la hora habitual de venir a trabajar al palacio imperial. ¿McKenna consideró por su cuenta que este asunto no era urgente? Eso lo hacía más sospechoso.

Incluso al final, cuando le pregunté a mi ayudante si había algo más que yo no supiera sobre este asunto, se puso nervioso incapaz de responder. Me suplicó con voz deprimida que comprendiera que se encontraba en una posición en la que no podía darme esa respuesta.

Por eso acudí directamente a Heinley....

"Ya despierta."

Cuando le quité las sábanas, Heinley se aferró a mis piernas con el ceño fruncido.

"Mmm, ¿Qué ocurrió, Reina?"

"Me enteré que el Gran Duque Lilteang escapó."

"¿El Gran Duque?"

Heinley me miró un poco sorprendido antes de volver a recostarse en mi regazo.

"Lo castigaste con la aprobación del Emperador Sovieshu, así que no debería haber ningún problema, ¿verdad?"

"Eso creo."

Su cabello se deslizaba suavemente entre mis dedos. Después de frotarlo un par de veces, tiré con fuerza de sus mejillas con ambas manos.

"Entonces, ¿por qué mi ayudante estaba tan pálido? ¿Eh?  Heinley, ¿cuál crees que es la razón?"


***

"Me habías dicho que dormirías toda la mañana. ¿Acaso te caíste de la cama?"

Cuando Heinley entró en la oficina con las mejillas hinchadas, McKenna se rió con las manos en la barriga. Heinley apretó los dientes mientras reprimía el impulso de enviarlo a volar de un solo golpe.

"Escuché que el Gran Duque Lilteang escapó."

"Sí."

Ante la mención del Gran Duque Lilteang, McKenna inmediatamente se puso serio.

"Está claro que alguien debió ayudarlo a escapar de la torre. Los rastros apuntan a que la seguridad fue vulnerada desde fuera."

"Debiste haberme informado."

"No quise informarle mientras ambos dormían porque temía que la Emperatriz lo encontrara extraño. La Emperatriz podría interpretarlo como un problema grave."

Heinley resopló. Si Navier no se hubiera levantado temprano e ido a su oficina, si el fiel ayudante de Navier no hubiera ido a buscarla a toda prisa, en ese caso, Heinley habría estado realmente agradecido por la consideración de McKenna.

"¿Qué ocurre?"

Preguntó McKenna preocupado al notar el desánimo de Heinley.

"Un ayudante de Reina le informó muy temprano. Reina me despertó porque se dio cuenta de que algo extraño pasaba."

McKenna frunció el ceño.

"¿Así que la Emperatriz ya lo sabe? ¿Su Majestad le contó... que ordenó coser la boca del Gran Duque con una piedra dentro?"

Heinley se cubrió la cara con las manos.

"Sí. ¿Qué pasará si Reina piensa que soy una basura con la que no puede relacionarse?"

"Te desechará..."

"¡McKenna!"

Cuando los dos estaban a punto de empezar a pelear, el canciller, que había permanecido en silencio como si no estuviera aquí, tosió para hacer notar su presencia e informó,

"Hemos dado instrucciones a los inspectores para que investiguen quién le ayudó a escapar y cuál es su paradero. También se dio instrucciones al 2º Cuerpo de Guardias para que bloqueen los accesos a la capital e investiguen a quienes entraron y salieron alrededor de la hora estimada de la fuga. Así que no debe preocuparse, Su Majestad."

"Buen trabajo."

Después de elogiarle, Heinley le dio algunas instrucciones más y miró pensativo por la ventana.

Todavía caía una lluvia torrencial, por lo que afuera de la ventana parecía de noche aunque no era ni mediodía.

"¿En qué piensa, Su Majestad?"

"¿Qué hay del Emperador Sovieshu?"

"Aún no debería saber sobre la fuga, a menos que esté involucrado. Si usted lo ordena, la investigación continuará en secreto para evitar que se entere."

Heinley ya lo había pensando, así que sacudió la cabeza.

"No, prefiero reunirme con él para discutirlo."

"¿Su Majestad?"

"Fue una decisión que tomamos juntos. Será mejor aclararle de una vez quién también tiene responsabilidad."

Al terminar de hablar, Heinley llamó a un sirviente y ordenó,

"Pregunta al Emperador Sovieshu si podemos almorzar juntos."

***

Heinley tratará de discutirlo con Sovieshu.

Aunque el castigo impuesto por Heinley había sido bastante cruel, el Gran Duque Lilteang había provocado un incidente en el que un niño indefenso pudo haber perdido la vida.

Si Sovieshu quisiera que este asunto se resolviera sin ningún escándalo, se podía hacer como si la fuga simplemente no hubiera ocurrido.

En ese caso, se encontraría al Gran Duque para volver a encerrarlo, o Sovieshu se lo llevaría en silencio. Estaría bien sin importar a qué conclusión se llegara.

El problema es cómo reaccionará el actual Sovieshu. Probablemente no sepa que aceptó que el Imperio Occidental se hiciera cargo del castigo del Gran Duque, a menos que el Marqués se lo haya dicho. Incluso así, podría enfadarle el trato cruel a un noble de alto estatus de su país.

Reflexioné mucho, pero este asunto no estaba en mis manos. Finalmente, dejé de pensar al respecto y me forcé a centrar mi atención en el libro infantil que estaba abierto sobre mis piernas.

No era bueno para la educación de mi bebé imaginar a una persona cuya boca está cosida con una piedra dentro. Por lo tanto, me propuse purificar la confesión de Heinley a través de la lectura de cuentos felices.

"Esto no me gusta."

Laura gritó de repente mientras se tapaba los oídos y su cuerpo se retorcía ante el estruendo de los truenos. Ahora que lo pienso... esto me trae recuerdos. Cuando me reí, Laura bajó las manos y me preguntó,

"Su Majestad, ¿qué pasó? ¿Qué pasó? ¿Pensó en algo divertido?"

La Condesa Jubel miró un poco desconcertada a Laura por su comportamiento, pero Laura no dejó de preguntarme con ojos brillantes,

"¿Qué pasó? ¿Qué pasó?"

"No es nada especial. Es sólo que recordé que a mi hermano le daban miedo los truenos de pequeño."

"¿Lord Koshar?"

No sabía si todavía le daban miedo. No pasaba suficiente tiempo con mi hermano como para averiguarlo.

Tan pronto como asentí, Laura dijo,

"Jamás lo habría imaginado."

Casi al mismo tiempo, Mastas dijo,

"Me lo puedo imaginar."

Laura y Mastas se miraron como si la respuesta de la otra no tuviera sentido.

Yo... estoy a favor de Laura. Creo que Mastas dijo algo extraño.

Cuando me puse un poco del lado de Laura, Mastas se justificó con una expresión de injusticia.

"A primera vista parece débil y vulnerable. ¿No es comprensible que le tema a los truenos?"

¿El hombre del que habla Mastas es mi hermano? Laura me preguntó en voz baja si tenía otro hermano, tal vez pensando lo mismo.

En cuanto respondí que era mi único hermano con una sonrisa, Mastas se entristeció aún más porque mis otras damas de compañía tampoco coincidían con su opinión sobre mi hermano. Fue gracioso. Rose apretó los labios con fuerza y sacudió los hombros.

En medio de esta alborotada charla, alguien llamó con prisa a la puerta del salón.

Finalmente, dejamos de hablar.

Laura se levantó del sofá y se dirigió a la puerta.

jueves, 19 de enero de 2023

enero 19, 2023

La Emperatriz Se Volvió A Casar - Capítulo 451

La Emperatriz Divorciada - Capítulo 451. Truenos (2)



"¡El Gran Duque Lilteang ha escapado!"

Justo en el momento de la exclamación de mi ayudante, se oyó otro estruendo producido por un trueno.

"Cómo pudo escapar el Gran Duque Lilteang..."

Cuando pregunté en respuesta, esta vez el resplandor de un relámpago surgió detrás de mí. Mi ayudante se estremeció y cayó al suelo, tal vez porque a contraluz parecía enojada.

Estaba un poco sorprendida, no enojada como para que tuviera miedo.

"Levántate."

Mi ayudante se levantó rápidamente. Tenía el cabello mojado y pegado a la frente por correr bajo la lluvia. Cuando le ofrecí un pañuelo, mi ayudante extendió ambas manos temblorosamente.

"Toma asiento."

"Mi ropa está empapada, Su Majestad."

"No te preocupes."

Una vez que señalé el sofá, mi ayudante se sentó vacilante con las manos y las piernas recogidas. Como si pensara que ahora actuaría enojada.

"¿Qué hay de Su Majestad Heinley?"

"Alguien más fue a informarle."

"¿Qué fue lo que pasó?"

Por lo que sé, el Gran Duque Lilteang fue encerrado en la Torre Roja debido a un incidente en la fiesta de cumpleaños de Heinley. Tenía entendido que la Torre Roja contaba con la seguridad más estricta, ya que es allí donde se encierra a los nobles de alto estatus. ¿El Gran Duque Lilteang incluso consiguió escapar en un país que no era el suyo?

Después de que se oyó el estruendo de otro trueno, la incesante lluvia cayó con más fuerza. 

Sin duda, éste era el día perfecto para que escapara...

"¿No se conocen los detalles de cómo escapó?"

"Así es. Hasta ahora no."

Mi ayudante se secó la frente con el pañuelo que le di y bajó la mano rápidamente. Aun así, parecía incapaz de ocultar su nerviosismo.

"Ayudante."

"Sí, Su Majestad."

"¿Hay algo más de lo que no me haya informado?"

Cuando se lo pregunté directamente para salir de dudas, mi ayudante se encogió de hombros.

"¿Perdone?"

Aunque hizo como si no supiera nada más, tenía mi pañuelo apretado en su puño sin piedad, así que insistí.

"Hasta donde sé, el castigo del Gran Duque Lilteang se llevó a cabo con el consentimiento del Emperador Sovieshu."

"Así es, Su Majestad."

Si se castiga directamente a un noble de alto estatus de otro país, puede derivar fácilmente en conflictos por el honor. Por esta razón, los crímenes de un noble de alto estatus de otro país no solían dirigirse contra ese noble directamente, sino contra su país a modo de protesta.

Pero este caso era diferente. El Emperador Sovieshu permitió que el Imperio Occidental castigara directamente al Gran Duque Lilteang por su crimen. No había forma de que este asunto se convirtiera en un conflicto entre estados. ¿Entonces por qué mi ayudante vino corriendo a estas horas de la mañana tan nervioso?

"Por casualidad... ¿Hay algo más sobre este asunto que no sepa?"

***

Los caminos bien pavimentados permanecieron intactos bajo la fuerte lluvia. Sin embargo, ni siquiera un camino en perfecto estado podía aliviar las molestias causadas por tener la parte inferior de la ropa empapada.

"¡Maldición!"

El Gran Duque Lilteang maldijo mientras tiraba de la parte inferior de su incómoda capa. Quería quitársela de una vez, pero tenía que ocultar su rostro hasta llegar al Imperio Oriental.

"¿Adónde vamos?"

Preguntó el Gran Duque mientras levantaba la mano para frotarse los ojos debido a la lluvia que nublaba su visión.

Un hombre con un paraguas sostenía un mapa con las esquinas húmedas en una mano y soltó un vago, "Umm..."

"¡¿Adónde vamos?!"

El Gran Duque gritó con fuerza, pero cuando la sangre agria se acumuló en su boca, su cara se retorció y apretó los dientes. Se cubrió la boca mientras gemía de dolor. La sangre que se deslizaba por las comisuras de sus labios caía al suelo.

"Umm..."

El hombre del paraguas seguía sin hablar claramente. Este comportamiento indeciso enfureció al Gran Duque, pero contuvo su ira. Acababa de sufrir por no controlarse. En este escenario, no sería tan tonto como para estallar de ira otra vez.

Sin embargo, cuando el hombre del paraguas murmuró,

"Mira aquí. Umm, ¿no es este el camino correcto?"

El Gran Duque Lilteang finalmente no pudo contener su ira, le arrebató el mapa y gritó furioso.

"¡¿Qué demonios te ocurre?!"

Su desgarrada boca se rompió aún más y comenzó a chorrear sangre, pero su creciente ira se impuso al dolor momentáneo.

"¡Por favor, hazlo bien! ¡Los hombres de ese bastardo lunático ya deben estar tras nosotros!"

El mapa, debilitado por el agua, se rompió al no poder resistir la fuerza del Gran Duque Lilteang. Los trozos del mapa desgarrado cayeron al suelo como una especie de lodo.

El hombre del paraguas lo miró y murmuró una vez más, "Umm..."

El Gran Duque Lilteang resopló irritado. La cara del Gran Duque estaba hecha un desastre porque le habían cosido la boca con una piedra dentro. Su buen cuerpo había quedado en el hueso y la zona alrededor de sus labios había perdido completamente la carne. Debido a la precipitada huida, no había recibido el tratamiento adecuado, por lo que la sangre brotaba cada vez que movía demasiado la boca.

El Gran Duque tenía tan mal aspecto que cualquier persona normal habría desviado la mirada porque sentiría dolor con sólo mirarlo.

Sin embargo, el hombre del paraguas más bien sonrió al Gran Duque ante su ira. Era una actitud indiferente, como si no le importara.

"Está bien. Ya le he dicho que sólo tiene que confiar en mí, Gran Duque."

La voz era cortés, pero al mismo tiempo demasiado perezosa y desconocida. Desanimado, el Gran Duque señaló con el dedo hacia dónde se suponía que debían ir.

¡Tenemos que ir por ahí rápido! ¡O los hombres de ese lunático nos alcanzarán!"

El hombre del paraguas levantó la mano, agarró los dedos del Gran Duque y se rió.

"Shh... Está bien. Sólo confía en mí."

"¡Huyamos—!"

"Ahora no."

El hombre del paraguas miró el mapa ensuciado que tenía a los pies y señaló en dirección a la capital con una leve inclinación del paraguas.

"Olvidé que necesitaba reunirme con una persona más antes de irme."

El Gran Duque Lilteang estuvo a punto de llorar.

'Finalmente pude escapar de ese lugar, ¿por qué vuelve a señalar hacia allí? ¡Debió haber terminado sus asuntos primero!'

"¡¿Quién demonios volvería en esta situación para reunirse con alguien?!"

***

viernes, 13 de enero de 2023

enero 13, 2023

La Emperatriz Se Volvió A Casar - Capítulo 450

 La Emperatriz Divorciada - Capítulo 450. Truenos (1)



Estaba esperando noticias de Rivetti, esperando a que Sovieshu se marchara al Imperio Oriental, esperando la ausencia de Heinley y esperando a que naciera nuestro pajarito.

En los últimos días, mi vida ha sido una serie de esperas...

Tuve que recostarme en el largo sofá del salón con un cojín detrás para poder acariciarme de manera cómoda el vientre claramente abultado con ambas manos.

Me estiré para recoger el papel que estaba sobre la mesa de centro. Era el dibujo que Dolshi me envió a través del Gran Duque Kapmen, que aún no había podido descifrar.

¿No sería mejor preguntarle directamente lo que significa, o recurrir a los niños para que lo interpreten? Últimamente he estado pensando en esto.

Este peculiar dibujo era lo único que podía resolver en mi expectante vida.

'Una pared... cosas brillantes... por qué razón tuvo que expresarlo a través de un dibujo.'

Después de analizarlo por un rato, le di la vuelta al papel y lo dejé sobre la mesa.

No podía dedicar todo el día a esto, así que volví a mi oficina para ocuparme de los asuntos de la agenda. Al caer la tarde, salí al jardín a tomar un descanso.

Había decidido dar un paseo mientras intentaba descifrar el dibujo, y luego volver a mi oficina.

Sin embargo, a los pocos pasos sentí un aliento inesperado detrás de mí. La hierba bajo mis pies se congeló vívidamente mientras escalofríos me invadían.

La hierba no se marchitó ni se endureció como con la llegada del invierno, sino que se congeló con la vida conservada intacta, revelando frescas hojas verdes.

Cuando aplasté la hierba con los pies, esta crujió y se rompió en pedazos.

"Es peligroso."

Sorprendido, el Vizconde Langdel intentó acercarse rápidamente a mí con los brazos extendidos.

Dado que había sufrido hace poco un ataque furtivo, retrocedí obedientemente como me había dicho.

En ese momento, perdí el equilibrio al chocar la cabeza contra algo sólido detrás de mí.

Alguien sostuvo con cuidado mi cuerpo tambaleante, y me agarré al brazo de esa persona para mantenerme firme.

"Gracias."

Después de agradecerle, me di la vuelta. Era una persona inesperada...

'¡¿Dolshi?!'

Era el amigo de Kapmen, quien no debería saber que yo era una noble.

Antes de que el Vizconde Langdel pudiera desenvainar rápidamente su espada. Dolshi estiró un dedo y congeló al Vizconde Langdel en su sitio.

Los ojos del Vizconde Langdel se cerraron como si se hubiera quedado dormido sin hacer el menor ruido. Parecía una pequeña máquina accionada por un botón, la cual no puede moverse cuando el botón está en 'apagado'.

Mientras observaba perpleja su asombrosa habilidad, Dolshi volteó la cabeza y me preguntó.

"¿Viste lo que te envié?"

Había dado un paso atrás, pero rápidamente me moví hacia delante. Una vez que asentí, Dolshi apoyó un brazo en la pared y sonrió con orgullo.

"¿Qué te pareció? ¿Crees que es posible hacerlo?"

Por sus preguntas, parecía saberlo todo sobre mi identidad. De hecho, se había infiltrado en el palacio imperial y llegado hasta mí.

"¿Crees que no funcionará?"

Dado que no respondí de inmediato, Dolshi reformuló la pregunta y apartó el brazo de la pared.

"¿Qué partes no fueron lo suficientemente buenas?"

Casualmente tenía conmigo el dibujo enviado por Dolshi.

Miré a mi alrededor mientras hacía como si sacara lentamente el dibujo. Me preguntaba si habría alguien que pudiera ayudarme, que no fuera el congelado Vizconde Langdel.

Sin embargo, no había nadie, así que finalmente desdoblé el papel y se lo enseñé.

"No entiendo lo que dibujaste."

"Lo dibujé tan sencillo, pero ¿no lo entiendes?"

Dolshi hizo como si le sorprendiera y señaló con el dedo la parte que mis damas de compañía supusieron que era una 'pared' con la ayuda del Vizconde Langdel.

"Una represa."

¿Una represa?

Dolshi, que denominó represa a la pared, movió un poco más el dedo y señaló la parte excesivamente brillante.

"Muchas joyas."

Al final de su explicación, sonrió muy feliz y señaló el dibujo entero.


"Una represa repleta de joyas."

Dolshi no reveló su verdadera identidad. Sólo explicó el dibujo y se fue.

Pero nada más oír sus palabras, me vinieron a la mente muchas cosas que apuntaban a su verdadera identidad.

Aunque claro que podría estar equivocada, no perdería nada por hacer lo que quiere.

Al volver a mi habitación, llamé a un pintor y a un arquitecto para que diseñaran la represa del dibujo más robusta y lujosa.

En realidad, no debería importarme quién era Dolshi. Lo que importaba era que me ayudara a dominar mi magia y para eso necesitaba que le gustara este nuevo diseño. Por el momento, no parecía tener malas intenciones.

Dejé el diseño terminado en el alféizar de la ventana del salón, y al día siguiente el papel desapareció. 

'Supongo que Dolshi se lo llevó, ¿le habrá gustado?'

"Su Majestad, ¿por qué no deja de mirar el alféizar de la ventana?"

"Creo que Su Majestad había dejado algo allí."

"Ahora que recuerdo, creo que anoche dejó un papel allí... ¿ha desaparecido?"

"Su Majestad, ¿quiere que lo busquemos?"

"No, está bien."

Cuando respondí con una sonrisa que no pasaba nada a mis damas de compañía, que preguntaban ansiosamente, y miré al Vizconde Langdel, éste se miraba la espada en la cintura con una expresión sombría.

Parecía haberle impactado mucho que Dolshi le sometiera ayer sin siquiera pestañear, a pesar de tenerlo enfrente.

"Vizconde, ¿está bien?"

Cuando le pregunté preocupada, el Vizconde Langdel asintió impotente.

'No parece estar bien en absoluto...'

Laura parecía pensar lo mismo, por lo que me preguntó en voz baja.

"¿Se peleó con Nian?"

"No lo creo."

"Sigue siendo una posibilidad, ¿cierto? Nian no ha venido por aquí últimamente."

"Es normal que Nian no venga."

Sovieshu está aquí. Preferí no mencionar esto último para evitar rumores.

***

La lluvia comenzó a caer. Mientras veía cómo el cielo del amanecer se oscurecía por completo, ajusté el cojín del asiento y afilé la punta de la pluma.

Todavía eran sólo las 7 de la mañana mientras limpiaba la cera de la vela que se acumulaba como gotas de agua para solucionar el parpadeo constante de la luz.

No podía creer que el cielo estuviera tan oscuro a esta hora.

El estruendo de los relámpagos me impedía concentrarme, así que después de que rompí la punta de la pluma por enésima vez, la dejé a un lado y me levanté.

Al acercarme a la ventana, la habitación se volvió blanca por un instante debido a los truenos que siguieron a los relámpagos, para luego volver a oscurecerse.

Era increíble que ni siquiera sintiera el movimiento del bebé en mi vientre en medio de todo esto. Mi hijo es muy valiente, ¿cierto?

Sentí que el pajarito me respondió con un golpecito mientras me acariciaba el vientre.

Una vez satisfecha, me di la vuelta y me senté en el asiento frente al escritorio.

Aunque no podía concentrarme, tenía la intención de continuar examinando este punto. Era una cuestión de la audiencia imperial.

Pero justo cuando miraba los documentos con la punta de la pluma presionada en mis labios, llamaron con urgencia a la puerta.

Pum. Pum. Pum.

Acto seguido, oí el sonido de una campana afuera.

'¿Qué está pasando?'

Apenas autoricé entrar, uno de mis ayudantes entró rápidamente con el rostro pálido. Ni siquiera estaba debidamente vestido.

Consulté mi reloj de pulsera. Sin duda había ocurrido algo. Aún no era hora de que los funcionarios vinieran a trabajar al palacio imperial.

Yo solía venir más temprano a mi oficina porque me queda cerca.

"¿Qué pasa?"

En cualquier caso, pregunté asustada al verle tan angustiado. Se me ocurrieron varias causas que podrían hacer que el ayudante estuviera así.

"¿Cuál es el problema?"

lunes, 9 de enero de 2023

enero 09, 2023

La Emperatriz Se Volvió A Casar - Capítulo 449

La Emperatriz Divorciada - Capítulo 449. Día y Noche (2)



"¡¿Encontraste a Rivetti?!"

Laura se acercó rápidamente al Vizconde Langdel con los ojos bien abiertos, apoyó las manos en el sofá y aproximó su rostro al de él.

"¿Dónde está Rivetti? ¿Está bien?"

El Vizconde Langdel se inclinó torpemente hacia atrás, como si se sintiera abrumado, y respondió.

"La Señorita Rivetti se encuentra en Moire. Un pequeño pueblo cercano al Territorio Rimwell que la Señorita Rivetti heredó."

"¿Está saludable? ¿No está herida?"

"No lo sé, no se menciona en el informe."

El hecho del informe indicaba que no había sido encontrada por el propio Vizconde Langdel. Supongo que lo hizo uno de sus hombres.

Me puse la mano en el pecho de la felicidad, fue un enorme alivio. Debido a su lamentable situación, me preocupaba que Rivetti pudiera hacer alguna locura.

"Vizconde, ¿le es posible traer aquí a la Señorita Rivetti?"

"¿A la Señorita Rivetti?"

¿Podría una joven noble que recién debutó en la alta sociedad y a la que ni siquiera enseñaron a administrar un territorio, hacerlo por sí sola?

Por lo que sé, su madre también está muy enferma. Por más fuerte que sea su espíritu, si está débil físicamente, tendría un límite para orientar a su hija mientras estuviera a su lado.

"Sólo esta vez, por favor."

El Vizconde Langdel asintió con una sonrisa.

"Lo haré. No es una tarea difícil."

Una vez que el Vizconde Langdel se marchó, la Condesa Jubel y Laura intercambiaron opiniones con caras de preocupación.

"¿Vendrá la Señorita Rivetti, Condesa? Yo no creo que quiera venir. Su orgullo debe estar herido."

"Podría ser el caso. La Señorita Rivetti admira a Su Majestad. Debe haberle impactado descubrir que su padre y su hermano estaban aliados con 'esa mujer'."

"No es justo, la Señorita Rivetti no tuvo nada que ver."

Mastas y Rose, que no conocían a Rivetti, sólo sacudieron levemente la cabeza entre sí y se mantuvieron en silencio.

Caminé de un lado a otro de la habitación con las manos detrás de la espalda mientras escuchaba hablar a la Condesa Jubel y a Laura. Poco después salí al pasillo.

Mastas me siguió rápidamente y me preguntó acerca de Rivetti.

Mientras respondía con lo que me venía a la mente, una tensión repentina surgió en un lado de mi vientre.

Al detenerme con las manos sobre el vientre, Mastas preguntó sorprendida.

"¿Su Majestad? ¿Está bien?"

"No te preocupes, estoy bien."

Volví a bajar las manos y caminé sumida en mis pensamientos.

'... Así como Rivetti necesitaba aprender a administrar un territorio, yo necesitaba adaptarme a cubrir a Heinley en su ausencia.'

Mientras caminaba medio pensativa, vi a Sovieshu parado en el borde del estanque.

Por un momento, me dio la impresión de que estaba a punto de saltar.

"¡Vizconde Langdel!"

Asustada, le pedí al Vizconde Langdel que agarrara a Sovieshu, y también extendí mi mano para congelar el agua del estanque mientras me acercaba.

Sólo unos pequeños trozos de hielo se formaron alrededor de mi mano y cayeron al suelo, pero al menos el Vizconde Langdel consiguió agarrar sin problemas a Sovieshu.

Sovieshu, a quien el Vizconde Langdel tiró repentinamente hacia atrás por la cintura, se quedó asombrado al principio, pero acto seguido preguntó enojado.

"¿Qué estás haciendo?"

"Yo le pedí que te agarrara."

Sin embargo, cuando me acerqué a Sovieshu y se lo hice saber con indiferencia, su enojo desapareció de inmediato.

"¿En serio?"

Sovieshu me sonrió avergonzado, como si no le importara que así fuera.

"Navier."

"No seas irrespetuoso."

Después de que me habló con una falsa cercanía, me di la vuelta y me alejé del estanque.

Me molestó verle sonreír como si nada.

El deseo de vivir del Sovieshu de 19 años era mucho más fuerte que el del Sovieshu de antes de perder la memoria.

Entonces, ¿por qué tuve la impresión de que Sovieshu saltaría al estanque cuando lo vi allí?

La preocupación que me invadió por un momento resultó absurda. Tan absurda que hirió mi orgullo.

"Navier."

Aceleré mis pasos sin mirar atrás. Sólo me detuve una vez que me percaté de que nadie me seguía, excepto el Vizconde Langdel.

Finalmente, me sentí aliviada y me senté en un banco en el interior del jardín.

***.

"Su Majestad. Sólo pregunto por si acaso..."

"No, nunca tuve la intención de saltar."

Ante la respuesta de Sovieshu, que no tenía el menor atisbo de vacilación, el Marqués Karl asintió a regañadientes.

Sovieshu y el Marqués Karl estaban ahora de vuelta en su residencia temporal.

En ese momento, Sovieshu miraba hacia el estanque cuando, de repente, el Vizconde Langdel tiró de él hacia atrás por la cintura, como para impedirle saltar.

El Marqués Karl no pudo ver la expresión de Sovieshu justo antes de que el Vizconde Langdel lo sujetara porque sólo veía su espalda mientras lo vigilaba desde lejos. Sin embargo, era poco probable que el Vizconde Langdel, que también estaba con Navier, hubiera tirado de Sovieshu sin motivo.

La personalidad 'real' de Sovieshu, que aparecía por la noche, vino a la mente del Marqués Karl. Para ser exactos, lo que había dicho mientras se señalaba la cabeza.

— Encuentra la manera de deshacerte de aquel que aparece en el día.

El Marqués Karl se frotó con fuerza la cara con ambas manos resecas.

'¿Será que la personalidad de Sovieshu, que aparece en el día, se enteró? Así que trató de saltar al estanque en venganza o tal vez pensó que podría destruir la personalidad 'real' con otra conmoción. ¿Estoy exagerando?'

"Marqués Karl."

"Sí, Su Majestad."

"¿Has tenido alguna preocupación últimamente?"

"¡!"

"¿No?"

"No, Su Majestad. Por supuesto que no."

Después de que el Marqués Karl respondió con una sonrisa, Sovieshu le miró con una leve sonrisa y se dio la vuelta en la silla.

De nuevo, el Marqués Karl sólo podía ver la espalda de Sovieshu.

Por esa razón, el Marqués Karl no se dio cuenta.

La expresión de Sovieshu, que estaba sentado de espaldas al Marqués Karl, se tornó inmediatamente sombría.

'Es imposible que ese bastardo no piense lo mismo que yo.'

Sovieshu entrecerró los ojos mientras apretaba un ovillo de hilo rosa en su mano.

Tras el incidente de hace unos días, Sovieshu empezó a tener dudas sobre la utilidad del 'Sovieshu de la Noche'.

El 'Sovieshu de la Noche' no quería compartir información importante, a pesar de haber sido el principal culpable y desencadenante de todos los problemas.

'Es realmente inútil.'

Sovieshu soportaba cada vez menos al 'Sovieshu de la Noche'.

Entonces, al ver el estanque hoy, cruzó por su mente la idea de que con una conmoción más el 'Sovieshu de la Noche' desaparecería.

El ovillo de hilo rosa se retorció en su mano por la presión.

Sovieshu dejó el ovillo y miró por un espejo al Marqués Karl.

El Marqués Karl miraba al suelo con una expresión triste.

'El 'Sovieshu de la noche' conserva todos los recuerdos y tiene más conocimiento, por lo que todos, empezando por el Marqués Karl, creen que es el Sovieshu 'real'. El Marqués Karl es un hombre de confianza, pero sería más leal al 'Sovieshu de la Noche' que a mí. ¿Realmente puedo fiarme del Marqués Karl?'

La conclusión era claramente 'no'.

***

viernes, 6 de enero de 2023

enero 06, 2023

La Emperatriz Se Volvió A Casar - Capítulo 448

 La Emperatriz Divorciada - Capítulo 448. Día y Noche (1)



El Duque Elgy estaba sentado en la cubierta de un barco mientras daba vueltas al medallón del collar en su mano.

Mantenía la boca cerrada y una expresión indiferente, por lo que no parecía nada feliz a simple vista.

"¿Qué le pasa?"

"No lo sé."

"Déjenlo tranquilo. Siempre se pone así después de acabar lo que quiere. Una vez que encuentre otro lugar que le parezca divertido, volverá a entusiasmarse."

Los piratas no apartaron la mirada de Elgy, pero no se molestaron en hablar con él. Esta atmósfera sombría llevaba más de un par de días.

Mientras soplaba el viento salado del mar, de repente se escuchó el chirrido de una gaviota.

Elgy levantó la vista.

El pájaro que apareció chirriando como una gaviota era una cacatúa. La cacatúa se posó cerca de Elgy y le ofreció con un chirrido la carta que llevaba atada justo en una pata.

Elgy tomó la carta como de costumbre y la desdobló. De inmediato pudo reconocer que era la letra de Heinley.

— ¿No estás ocupado? ¿Podrías ayudarme a recuperar las piedras de maná plantadas en Bohean Azul?


Elgy dobló la carta y la ató de nuevo a la pata de la cacatúa. Parecía que no tenía intención de escribir una respuesta.

La cacatúa tampoco insistió, simplemente se fue volando con la carta. Mientras veía alejarse al pájaro, Elgy se sentó con la espalda apoyada en la pared exterior del camarote.

'Ayudarlo a recuperar las piedras de maná...'

Elgy se sumió en sus pensamientos.

'Cuando vuelva a Bohean Azul seré increpado y aleccionado por aquellos que se enteraron de lo ocurrido en el Imperio Oriental. Sin duda, esa mujer será una de ellos. Con su habitual voz tranquila, dirá que nadie debe ser lastimado. Mi padre estará a mi lado sorbiendo incómodo una taza de café y se marchará en cuanto se le acabe la paciencia. Después de eso...'

***

Cuanto más lo pienso, más me cuesta creerlo y más rabia me da.

Es un desvergonzado. No sólo perdió la memoria, sino también el orgullo.

El Sovieshu que conocía tenía un fuerte orgullo. Ahora su memoria se remontaba a los días de Príncipe Heredero, así que puede que su orgullo no fuera tan fuerte como en sus días de Emperador. Sin embargo, aún debía ser lo suficientemente fuerte como para pensar en marcharse avergonzando al Imperio Oriental al ser atrapado mientras registraba el palacio de otro país con la excusa de que había venido a disculparse.

<< Nota: Navier no sabe sobre las dos personalidades de Sovieshu. >>

Por cierto, me envió melocotones. Cómo pudo enviarme melocotones en una situación en la que incluso enviar una carta de disculpa del tipo 'lo de ayer fue un malentendido, lo siento' sería vergonzoso?

"¿Su Majestad?"

"¿Qué ocurre, Señorita Rose?"

"¿Se encuentra bien?"

"Por supuesto."

No me encontraba bien. La ira hacia Sovieshu, el extraño sentimiento de culpa hacia Heinley, la preocupación por tener que manejarlo todo en su ausencia, la posibilidad de que se descubriera nuestra implicación en el fenómeno de la disminución del maná antes de recuperar las piedras de maná necesarias, el nulo progreso en mi entrenamiento mágico, eso y más no dejaban de abrumar mi mente.

"Su Majestad."

Justo entonces, uno de los caballeros que custodiaban la puerta me informó de que el Gran Duque Kapmen había venido a verme.

Salí al salón para saludarlo y entró en cuanto lo autoricé.

Nada más verlo, recordé lo que había ocurrido hace unos días, por lo que una sonrisa incómoda se dibujó en mi rostro. Me había llevado intencionadamente con él al sitio donde había quedado con su amigo, pero me sorprendió tanto ver a Sovieshu que acabé abandonándolo en la cafetería.

"Siéntese por aquí, Gran Duque."

"¿Volviste sin mayores problemas?"

Ahora que lo pienso, me llevé el carruaje en el que habíamos ido juntos.

"Gracias por lo de antes. Lamento haberme ido primero."

"Era inevitable en esa situación."

Kapmen se sentó finalmente donde le señalé, se quitó el sombrero y se lo puso sobre las rodillas. Mientras intercambiábamos palabras cordiales, Mastas se acercó a dejar el café, otras bebidas y bocadillos sobre la mesa.

Pero extrañamente, una vez que los dos quedamos completamente solos en el salón, Kapmen cortó de repente la conversación tan amena que estábamos sosteniendo hasta el momento.

'¿No ha venido sólo a saber cómo estaba?'

Parece que no. Miró hacia la puerta cerrada e inmediatamente cambió de tema.

"¿De qué hablaste con Dolshi mientras no estuve?"

"¿No lo sabes de todos modos? Tú..."

... has leído sus pensamientos. Omití estas últimas palabras porque el Gran Duque Kapmen quería ocultar esta habilidad mientras la utilizaba de forma útil.

"No es así."

Sin embargo, lo negó. ¿Quién diría que ese patán de Dolshi sería del tipo de persona que tiene cuidado incluso con lo que piensa?

"No puedo oír los pensamientos de Dolshi."

¿Iba más allá de ser cuidadoso con sus pensamientos?

"¿Cómo es eso posible? Puedes oír los pensamientos de todas las personas..."

¿Había excepciones?

"Tampoco sé la razón."

Después de responder con calma, Kapmen sacó del bolsillo de su pecho un papel doblado dos veces y me lo extendió.

"¿Qué es esto?"

Al aceptarlo y desdoblarlo, me di cuenta de que era un dibujo que podía ser descrito como un 'garabato'. Un dibujo que parecía hecho por un niño de tres años al que se le daba especialmente mal dibujar.

"¿Tienes un sobrino?"

"Fue dibujado por Dolshi."

"Uy, lo siento."

"No te preocupes, él sabe que no se le da bien dibujar."

Ya veo. Al menos tienes ojos... pero es aún más curioso. ¿Por qué el Gran Duque Kapmen me da un dibujo que el propio Dolshi reconoce que es malo?

"Dolshi me pidió que se lo diera a la dama de nombre gracioso."

"..."

"Lo siento. No esperaba que el nombre fuera objeto de burla."

Mentira. ¿Qué otra razón habría para llamar 'Navi' a una persona? Sólo en momentos como éste, en los que me quejo internamente, es más cómodo que la otra persona pueda leer mi mente. 

<< Nota: Navi → Mariposa. >>

El Gran Duque Kapmen sonrió con amargura y apretó su taza de café. Me sentí un poco mal por quejarme excesivamente en mi mente ante el absurdo nombre.

"Bueno, parece que no tengo buen gusto para los nombres."

Ya sabía mi opinión por mis pensamientos, así que no había necesidad de responder. Sonreí incómodamente, bebí un poco de la bebida y cambié rápidamente de tema.

"¿Por qué Dolshi te pidió darme esto?"

Él no había mostrado interés en mí. Se ofreció a ayudarme antes de separarnos, pero también dijo algunas cosas raras...

"No lo sé. Sólo me dijo, 'Si hace esto, la ayudaré'."

"¿Quieres decir que me ayudará a dominar mi magia si hago esto?"

"Eso parece."

El Gran Duque Kapmen respondió vagamente, como si fuera realmente molesto no poder oír los pensamientos de la otra persona. Asentí y volví a mirar el dibujo de Dolshi.

"..."

Necesitaba descifrarlo para poder decidir si hacer lo que quería. Pero sin importar cuánto lo miré, el dibujo era tan malo que no pude descifrar lo que significaba. 

Veamos. Hay líneas trazadas de arriba abajo con un poco de espacio entre ellas y en el centro hay un brillo excesivo...

"... No sé qué es. ¿No dijo nada al respecto?"

"Sí, le pregunté. Dolshi dijo, 'Lo sabrá en cuanto lo vea'."

Era un dibujo que yo entendería.
´
Asentí e intercambié algunas palabras más con Kapmen. Una vez que se marchó, llamé a mis damas de compañía y les enseñé el dibujo para que me dieran su opinión.

"¿No es sólo una broma?"

"Creo que se reía mientras trazabas las líneas."

"¿El mar? ¿No es el mar? Olas. ¿No brillan las olas bajo la luz?"

Pero fue inútil, mis damas de compañía tampoco entendieron el dibujo.

Ahora que me encuentro en esta situación, me siento un poco mal por haber intentado transmitir mis sentimientos a Heinley a través de una pintura. ¿Heinley se habrá sentido perdido intentando descifrar el significado de la pintura que le envié?

Por supuesto, no soy tan mala dibujando.

Sí, es cierto. Se me da bien dibujar, así que Heinley no pudo haberse sentido perdido... espera. Pensémoslo de otra manera.

Normalmente, las peticiones se expresan por escrito. En mi caso, envié una pintura con la intención de consolar a Heinley de una manera distinta a la habitual.

Sin embargo, Dolshi podría haber realizado su petición por escrito o haberla comunicado a través de Kapmen.

Aun así, envió un dibujo a pesar de saber que no tenía esa destreza. Creo que este es un punto importante.

En el momento en que entrecerré los ojos porque sentí que una pista me venía a la cabeza, entró el Vizconde Langdel.

Parecía que había venido a informarme de algo, pero mis damas de compañía se le acercaron primero para pedirle su opinión sobre el significado del dibujo. El Vizconde se quedó mirándolo por un momento y dijo,

"¿No es una pared? Creo que es una pared."

"¿Una pared?"

"Ahora que lo menciona, realmente parece una pared, Su Majestad."

"Es verdad. De aquí a aquí es la pared y lo que hay en el centro... ¿qué podría ser?"

Mientras mis damas de compañía discutían al respecto, el Vizconde Langdel miraba de un lado a otro entre mis damas de compañía y yo. Quería decirme algo, pero mis damas de compañía lo tenían envuelto en el asunto del dibujo.

Cuando por fin nuestras miradas se cruzaron, el Vizconde Langdel se apresuró a informar,

"Su Majestad, hace un tiempo me pidió encontrar a la Señorita Rivetti. Finalmente la he encontrado."

Tan pronto estas palabras fueron pronunciadas, mis damas de compañía dejaron de hablar por completo, como si se hubieran puesto de acuerdo de antemano.

lunes, 2 de enero de 2023

enero 02, 2023

La Emperatriz Se Volvió A Casar - Capítulo 447

La Emperatriz Divorciada - Capítulo 447. También Lo Odio (2)



'¿El asunto a discutir podría estar a un nivel similar al del nido?'

Pensé mientras lo miraba con curiosidad. Sin embargo, el asunto era más serio de lo que esperaba.

"Es un problema relacionado con el fenómeno de la disminución del maná."

Heinley había evitado este tema todo lo posible, incluso después de que descubrí su implicación en el fenómeno de la disminución del maná. Confesó su responsabilidad, pero eso fue todo. Tampoco hice más preguntas.

Era la primera vez que sacaba este tema por su cuenta, por lo que, naturalmente, me puse nerviosa.

"¿Qué pasó?"

"Como Reina sabe, yo no provoqué el fenómeno de la disminución del maná. Lo que hice fue acelerarlo un poco."

No creo que lo haya acelerado sólo 'un poco'.

"Lo sé."

Sin embargo, simplemente asentí. Decidí dejar pasar su pequeña excusa esta vez. Lo importante ahora no era si lo había acelerado poco o mucho.

"Las piedras de maná son necesarias para provocar el fenómeno de la disminución del maná. Así que en cuanto renuncié a la guerra, con la ayuda de mi tribu y de los caballeros clandestinos, recuperé todas las piedras de maná que eran fáciles de obtener."

"Ya veo."

"Pero no todas las piedras de maná han sido recuperadas. De hecho, no es posible recuperar en pocos días todas las piedras de maná que hemos estado ocultando durante años."

"Entonces..."

"El Emperador Sovieshu parece haber deducido tras el incidente del Collar de Maná que el fenómeno de la disminución del maná está relacionado con las piedras de maná. Ha prohibido temporalmente el uso de piedras de maná a los magos de su país y de la academia."

"¿Qué tan malo es?"

"Dado que tiene sospechas, continuará con la investigación en esa dirección. Incluso los eruditos de la academia cooperarán."

No lucía bien. Sin darme cuenta, había entrelazado mis manos, por lo que Heinley levantó las cejas y puso una mano sobre las mías.

"No tienes que preocuparte demasiado, Reina."

"Pero si te descubren..."

"Es por eso que te lo cuento ahora, Reina."

"¿?"

"Hay más piedras de maná que necesito recuperar para evitar ser descubierto."

"Ah."

"Así que yo..."

"Está bien. Dímelo."

"Puede que deba marcharme por unos días."

¿No lo veré durante varios días?

"¿No será peligroso?"

"Estaré bien."

Mientras lo miraba con preocupación, Heinley también puso su otra mano sobre las mías y las apretó.

"Lo siento, Reina. No quería que te vieras involucrada por estar a mi lado."

Sacudí la cabeza. Debería ser yo quien más lo lamentara. En vez de mirarlo a los ojos, miré al suelo. Sentía la boca seca.

Si Heinley no hubiera renunciado a la guerra por mí, no habría tenido que recuperar las piedras de maná... no le había dejado otra opción.

"Lo siento de verdad, Reina. No estés nerviosa. De todos modos, no estaré demasiado lejos mientras el Emperador Sovieshu permanezca aquí."

***

Cuando Heinley me habló del problema relacionado con el fenómeno del maná, lo lamenté tanto que no pude pensar en los inconvenientes que se derivarían de su ausencia.

Una vez que volví a mi oficina y me senté en el escritorio, me vino a la mente el hecho de que, mientras Heinley estuviera ausente, el canciller y yo tendríamos que dividirnos sus tareas.

Podría darse el caso de que me lo impidieran por estar embarazada, pero ¿y si tuviera que lidiar con ello?

He cumplido con mis deberes de emperatriz desde que estaba en el Imperio Oriental, por lo que, incluso después de llegar aquí, pude adaptarme sin mucha dificultad.

Las veces que Sovieshu estuvo fuera para realizar inspecciones, tuve que trabajar un poco más de lo habitual. Sin embargo, nunca abandonó su puesto de forma inesperada ni durante mucho tiempo. Antes de marcharse, Sovieshu se ocupaba de las tareas que podían realizarse con antelación.

Pero dado que el caso de Heinley era diferente, resultaba difícil determinar con certeza cómo manejarlo. No sabía cuántas piedras de maná no se habían podido recuperar, pero por el matiz de sus palabras no parecía que fuera a marcharse sólo una o dos veces ni cuántos días serían...

"Su Majestad."

"..."

"Su Majestad Navier."

¿Cuánto tiempo estuve sumida en mis pensamientos? Fue la voz de uno de mis ayudantes al otro lado de la puerta lo que me hizo despertar.

Cuando hice sonar un par de veces la pequeña campana sobre el escritorio, mi ayudante entró rápidamente. Sostenía en sus manos una bonita caja dorada con una expresión incómoda.

"Su Majestad. El Emperador Sovieshu me pidió entregar esto a la Emperatriz."

La caja era de tamaño medio.

¿Sovieshu me envió esto? Mientras mantenía una cara inexpresiva para ocultar mi desconcierto, mi ayudante dejó la caja sobre el escritorio. Cuando le indiqué que saliera, se inclinó torpemente.

Tan pronto como salió mi ayudante, arranqué el envoltorio inusualmente brillante, dejando al descubierto una elegante caja de madera marrón oscura.

Al abrir la tapa, encontré una tela suave color crema en el fondo de la caja junto con tres melocotones grandes colocados encima. También había una nota roja en el borde interior de la caja.

— Los compré pensando en ti.

Puse la tapa en su sitio y me llevé la mano a la frente. Sabía que se había vuelto loco, pero quedé atónita al descubrir que se había vuelto más loco de lo que pensaba.

Me había preocupado inútilmente por las duras palabras que le dije anoche. Actuó como si estuviera profundamente arrepentido, pero ¿me envía melocotones al día siguiente? ¿Se está burlando de mí?

Enfurecida, arranqué una hoja de papel de la primera libreta a mi alcance y vertí allí mi ira con una tosca caligrafía.

***

La caja fue devuelta a Sovieshu.

Fue traída por el ayudante de Navier. Con una educada disculpa, diciendo que lo apreciaba mucho, pero que había razones por las que no podía aceptarlo.

En cuanto el ayudante de Navier se marchó, Sovieshu abrió la caja. Aunque pensó que no la aceptaría sinceramente, se la quedaría de todos modos por respeto entre países vecinos. Le entristeció un poco que la hubiera devuelto de inmediato.

Desde su infancia había tenido peleas con Navier, pero nunca habían llegado a ser serias. Por esa razón, no sabía cómo disculparse por el repentino odio de Navier, el cual era enorme.

'Navier ni siquiera ha querido hablar conmigo...'

Mientras observaba deprimido los melocotones intactos en la caja, Sovieshu notó un trozo de papel arrugado junto a la nota roja que había enviado. Una vez que sacó el papel y lo desdobló, vio varias frases escritas toscamente.

— ¿Cuántas horas han pasado desde que te hablé claramente? Si te sientes aunque sea un poco arrepentido, deberías irte. Eres realmente desvergonzado.

'¿Hace cuántas horas?'

Sovieshu no tenía ni idea de que el Sovieshu de la noche se había reunido con Navier.

Esta mañana había visto la nota dejada por el Sovieshu de la noche en la que preguntaba si quería que murieran juntos, pero nunca pensó que fuera porque se había encontrado con Navier.

Sovieshu sacó la nota dejada por el Sovieshu de la noche para examinarla, luego arrugó el papel en su mano.

¿Morir juntos? ¿No es él quien lo arruina todo cada vez que sale? Parece que hubo una conversación importante. ¿No debió al menos contarme acerca de lo que se habló? Para empezar, ¿no es su culpa que Navier nos trate con tanta frialdad? ¿No fue él quien se divorció arbitrariamente de Navier a pesar de ser un buen matrimonio?

'... Lo odio.'

***

martes, 27 de diciembre de 2022

diciembre 27, 2022

La Emperatriz Se Volvió A Casar - Capítulo 446

 La Emperatriz Divorciada - Capítulo 446.  También Lo Odio (1)


Salí al jardín antes de lo habitual porque quería dar un paseo por la mañana.

Mientras caminaba sumida en mis pensamientos, estuve a punto de caerme al tropezar con una piedra, pero Mastas se apresuró a ayudarme.

"Su Majestad, ¿está bien?"

Mastas preguntó con preocupación, después de ayudarme a recuperar el equilibrio.

"Estoy bien."

"No tiene buen semblante."

"Mi estado de ánimo no es el mejor."

"Ah, es porque es muy temprano..."

Aunque mis damas de compañía me ayudaron a cavar una trampa para atraer a Sovieshu. Mis damas de compañía no eran conscientes de las implicaciones de los rumores que habían difundido.

Lamentaba no poder ser honesta con ellas, pero no tenía elección. El asunto del fenómeno de la disminución del maná parecía tan altamente confidencial que pocos funcionarios del Imperio Occidental lo conocían.

Mastas... puede que lo sepa. Aunque era mi dama de compañía, también era un caballero de Heinley. Sin embargo, mis otras damas de compañía sin duda difundieron rumores sin saber la verdadera razón.

A mis damas de compañía sólo les dije, "creo que Sovieshu ha venido a verme con un mal propósito. Tendré que lastimarlo un poco para que se marche."

Por supuesto, mis damas de compañía no dudaron en arremangarse para ayudarme.

La Condesa Jubel, que estaba usando su abanico como si hiciera calor, dijo,

"Las palabras que uno dice para lastimar a otra persona, también lo lastiman a uno mismo. Aunque no se cumple en algunos casos, como el de mi esposo y yo, suele ser cierto."

Laura añadió con un suspiro,

"La Condesa Jubel y el Conde Jubel hacen muy buena pareja, no sé por qué se llevan tan mal."

"Laura. No olvides que tengo un abanico en la mano. Podría golpearte en la boca con este abanico."

Mientras oía discutir a la Condesa Jubel y a Laura, me detuve frente a la fuente y metí la mano en el chorro de agua disperso.

'Las palabras que uno dice para lastimar a otra persona, también lo lastiman a uno mismo...'

Tal vez sea por eso. Cuando le hablé fríamente a Sovieshu, pude sentir que cada palabra que le decía lo lastimaba y al mismo tiempo me sentía incómoda. Sobre todo porque la persona a la que le hablé fue al Sovieshu de 19 años.

***

Tras mi paseo, me dirigí directamente a mi oficina en un estado ambiguo, ni aliviada ni más incómoda.

Mis damas de compañía se fueron una tras otra para ocuparse de sus asuntos, sólo el Vizconde Langdel y otros dos caballeros seguían a mi lado.

Sin embargo, estos tres también se fueron en cuanto entré en la oficina, quedándome completamente sola en un espacio lleno de olor a papel y tinta.

Por suerte, me sentí mucho mejor cuando todo quedó en silencio. Una vez que pude enterrar mi cara en el interior de un libro y olerlo, me tranquilicé más.

"Uff..."

Tras exhalar, me quité el libro de la cara y lo cerré. Justo entonces, oí un leve 'toc' proveniente de la ventana.

Cuando volteé la cabeza sorprendida, al otro lado de la ventana estaba...

"¿Reina?"

Heinley, que estaba convertido en pájaro, tenía la boca muy abierta.

'... ¿Vio lo que acabo de hacer?'

Avergonzada, me apresuré a dejar el libro donde estaba y corrí hacia la puerta para escapar mientras oía los golpes de su pico contra la ventana.

Cuando estaba a punto de irme, miré hacia atrás y noté que Heinley no paraba de golpear la ventana con su pico para que le abriera.

No puedo hacerlo. Si le abro ahora, volverá a su forma humana y se burlará de mí.

Al sacudir la cabeza, Reina adoptó la actitud de una víctima, con los ojos bien abiertos. Luego se encorvó con una mirada lastimera y batió débilmente sus alas.

Aun así, continué sacudiendo la cabeza, por lo que Reina de repente se tocó la frente con las alas, se tambaleó e incluso simuló desplomarse en el alféizar de la ventana.

Al final, me acerqué a la ventana y la abrí. Reina entró inmediatamente y voló feliz por la habitación.

"¿Qué te hizo venir aquí así?"

Pregunté fríamente para ocultar mi vergüenza.

"¿No estás trabajando? Tienes que trabajar, no hay tiempo para andar con estos juegos."

Heinley simuló sacudir los hombros mientras se reía, a continuación corrió las cortinas de la ventana con el pico y volvió a su forma humana para responder.

"Vine porque quiero mostrarte algo. Además, hay algo sobre lo que necesito consultarte."

"¿Qué es?"

"Primero tienes que ver lo que quiero mostrarte."

Heinley agarró las cortinas de la ventana con una amplia sonrisa.

"Te esperaré aquí afuera, ¿puedes seguirme, Reina?"

Una vez que asentí, Heinley se convirtió en pájaro, abrió la ventana con el pico y salió volando.

Entonces batió las alas frente a la ventana como diciendo 'por aquí'. ¿Qué será? No podía imaginarlo, pero de todos modos salí y rodeé el edificio para acercarme a Reina.

Reina, que volaba en círculos, me hizo una señal para que la siguiera y empezó a volar hacia alguna parte.

Heinley voló por el sendero estrecho que había detrás del edificio donde se encontraba la sala de veladas. Después de caminar por el estrecho sendero durante un rato, el espacio se abrió en un instante para revelar una amplia zona llana.

No había ni un solo edificio con paredes y techos en la zona llana, pero, curiosamente, unos anchos pilares se hallaban esparcidos en el lugar.

'¿Por qué me trajo aquí?'

Aunque soy de mente abierta, ¿qué querría que viera en esta zona? Mientras miraba a mi alrededor con desconcierto, Reina voló hasta lo alto de uno de los pilares y señaló algo con las alas.

Me quedé mirándolo mientras me preguntaba qué era eso...

"¿Es un nido?"

Parecía un nido hecho de ramas entrelazadas. Como si hubiera oído mi murmullo, Reina asintió y se posó en el nido con los ojos entrecerrados. Una sonrisa se dibujó en su cara.

"No puede ser. ¿Me trajiste hasta aquí sólo para presumir tu nido?"

Ni siquiera podía ver bien el nido desde donde estaba. Sólo que los bordes del nido y el pilar estaban repletos de joyas....

Cuando pregunté sorprendida, Reina saltó del pilar y se metió en unos matorrales. Al cabo de un rato, salió en su forma humana vestido con unos pantalones negros y una camisa blanca.

"Un nido para nuestro bebé, Reina."

"..."

"¿Qué te parece? Reina. ¿Te gusta?"

La mirada de Heinley al hacer la pregunta parecía muy orgullosa, así que no podía contestarle si estaba loco.

Sin embargo, no podía decir que me gustaba aunque fueran palabras vacías, así que tenía que encontrar la manera de hacerle entender que 'no me gustaba'.

"¿No es demasiado... alto?"

A decir verdad, no me gustaba en absoluto. ¡¿Quiere que nuestro bebé duerma en esos trozos de madera?!

"Es normal. A los bebés de nuestra tribu les encantan los sitios altos, Reina. Los bebés más valientes hacen berrinches para que sus nidos sean construidos en sitios muy altos."

"Si se cae—"

"Volará."

"... Si el bebé se cae de ahí, morirá. Ni siquiera los pájaros pueden volar cuando son bebés."

"Los pájaros de nuestra tribu aprenden a volar más rápido que los pájaros normales, Reina. Aprenden a volar antes que a hablar, así que no tienes de qué preocuparte."

Hizo un nido en un pilar más alto que yo, ¿cómo quiere que no me preocupe? ¿No es absurdo?

Pero si me enojo ahora, podría parecer que no comprendo mucho sobre la tribu cabeza de pájaro.

Entonces... ¿debería aceptar que nuestro bebé durmiera en un sitio tan alto? No quería eso.

Como si no pudiera soportarlo más, la mirada orgullosa de Heinley se borró y su estado de ánimo cambió a uno más serio.

"Por otro lado, Reina. Hay cosas que deberíamos discutir seriamente."

"Creo que esto también requiere una discusión seria."

"¿Hay más decoraciones que quieras añadirle?"

"El problema no es la decoración..."

¡Es alto! ¡Muy alto! ¡Demasiado alto!

Me dolía la cabeza. Gracias a esto, desapareció el sentimiento de culpa por haberle dicho deliberadamente cosas crueles a Sovieshu.

Al cabo de un rato suspiré, me senté en una roca que me llegaba a las rodillas y pregunté.

"¿De qué quieres hablar seriamente?"

sábado, 10 de diciembre de 2022

diciembre 10, 2022

La Emperatriz Se Volvió A Casar - Capítulo 445

La Emperatriz Divorciada - Capítulo 445. Lo Odio (2)



Mi voz sonó un poco más fría de lo habitual.

Sovieshu se detuvo en seco y sus hombros se pusieron rígidos. Incapaz de relajarse en ese estado, se giró lentamente hacia mí.

Su rostro se veía oscuro porque estaba de espaldas a la ventana iluminada por la luna, lo que dificultaba leer su expresión.

Curiosamente, sólo sus labios apretados eran visibles en la oscuridad.

A medida que Sovieshu se me acercaba, su mirada también se volvía gradualmente capaz de leer.

Su mirada parecía preguntarme, '¿Por qué estás aquí?'

"Navier. Yo..."

Al acercarse, abrió la boca con vacilación.

No me moví y corté deliberadamente sus palabras desde el principio.

"¿No viniste a disculparte? ¿No viniste a asegurarte de que estaba bien? Por lo visto, también se te da bien mentir."

Ya lo había planeado. No había atraído a Sovieshu hasta aquí porque quisiera escuchar sus excusas. Intentaba crear una situación en la que sus mentiras quedaran al descubierto y se arrepintiera.

Quería que se marchara sintiéndose culpable y avergonzado. Incluso si no se marchara de inmediato, no sería capaz de andar por ahí a sus anchas.

"Navier."

Sovieshu sacudió la cabeza apresuradamente y me llamó por mi nombre.

Lo ignoré, me di la vuelta y agarré el pomo de la puerta.

Pero antes de que pudiera abrir la puerta, una mano se acercó por detrás y presionó ligeramente la puerta.

"Espera, Navier."

Al girar la cabeza inexpresivamente, vi unos ojos perturbados y unos labios temblorosos.

"¿Qué estás haciendo?"

"Navier. Vine aquí para..."

"Para investigar sobre el fenómeno de la disminución del maná. Su Majestad lleva tiempo sospechando del Imperio Occidental en ese asunto."

"Navier. Por favor."

Al ejercer fuerza con sus dedos, sus uñas chocaron contra la puerta, lo que produjo un chirrido.

Sus dedos, cuyas uñas se habían vuelto blancas por la presión, temblaban más que sus labios hace un momento.

"¿Quieres que sea realmente honesta? Su Majestad había dicho que había venido a disculparse, así que tenía un poco de esperanza."

Me quedé mirando su mano mientras le mentía.

"Jamás volvería. Aún así, estaba dispuesta a perdonar a Su Majestad."

Saqué un pañuelo del bolsillo, cubrí su mano y la apreté.

Aunque no se la apreté con fuerza, Sovieshu bajó su mano indefenso.

"Navier."

Su voz sonaba húmeda como un pañuelo sacado del agua. Podría estar llorando, pero de todos modos giré la cabeza y miré hacia la puerta mientras hablaba.

"Creía que el Sovieshu de 19 años era diferente. Parece que estaba equivocada."

"Sólo porque me preocupe por el fenómeno de la disminución del maná no significa que no me arrepienta de lo que te hice."

Cuando abrí la puerta sin responder, el Comandante de los Caballeros de Sovieshu me miró con los ojos bien abiertos.

Por su expresión, el Comandante de los Caballeros de Sovieshu también parecía preguntarse, '¿Por qué está Su Majestad aquí?'

Detrás de mí, Sovieshu se apresuró a decir,

"Por favor. Navier. Lo sabes bien. Sólo porque ame al Imperio Oriental no significa que no te ame. Sólo porque me preocupe por el fenómeno de la disminución del maná no significa que no me preocupe por ti."

"Lo sé. Nunca te importé tanto como Rashta, ¿cierto?"

Podía darme cuenta de que cada vez que hablaba era como si le clavara un cuchillo afilado en el corazón.

Recordé que el Vizconde Langdel me había dicho que Sovieshu le había dado un puñetazo a un borracho que habló mal de mí. Recordé que Sovieshu había enviado a Evely en cuanto fui herida gravemente. Recordé sus ojos oscuros cuando nuestras miradas se cruzaron al pasar en el carruaje.

Tal vez Sovieshu estaba realmente preocupado por mí como había dicho. Una persona puede responder a diferentes sentimientos al mismo tiempo.

Podría estar preocupado por mí como lo está por el fenómeno de la disminución del maná. Sin embargo, que ese sea el caso no significa que ambas tengan el mismo peso.

En mi opinión, la preocupación de Sovieshu por mí era leve. Estaba muy por detrás de su prioridad.

Eso me hizo enojar. No porque su preocupación por mí fuera pequeña, sino porque trató de ocultar su propósito poniendo por delante esa pequeña preocupación.

Si viniste aquí con un propósito, debiste dejarlo claro. No fingir que lo lamentas, no fingir que sufres, ni fingir que te arrepientes para tus propios intereses.

"Navier, no es así. Lo sabes. Me conoces bien."

"No te conozco."

"Navier..."

"No sé nada de ti. A quien creía conocer no se le ocurriría deshacerse de mí por estar enamorado de otra mujer."

"¡!"

No oí nada más detrás de mí.

Inmediatamente di media vuelta y me alejé por el pasillo. Ni siquiera mencioné que no había secretos que buscar en aquella habitación en la que Sovieshu se había escabullido. Estaba segura de que se daría cuenta sin necesidad de decírselo.

Con cada paso que daba, un suave taconeo resonaba por el suelo oscurecido. El Vizconde Langdel me esperaba al final del pasillo y, en cuanto aparecí, inclinó la cabeza tranquilamente.

"¿Terminó de hablar?"

"Vámonos."

Caminé adelante y él me siguió con cautela.

Nunca volteé la cabeza hasta que llegué a mi habitación.

***

De vuelta en su residencia temporal, Sovieshu cerró los ojos y se golpeó la cabeza contra la pared en cuanto cerró la puerta.

Aunque quería beber, ¿no hará el alcohol que reaparezcan las alucinaciones de Navier?

Sovieshu, que tenía una mano sobre su pecho, se inclinó y se mordió los labios con fuerza.

Se deslizó lentamente por la pared, con la mandíbula apretada para reprimir los gritos de dolor. Sentado en el suelo, derramó lágrimas mientras también reprimía el llanto.

Quería volver atrás en el tiempo.

'Dos años, no, sólo un año. Desearía poder volver atrás un año.'

Fue injusto. No había venido al Imperio Occidental por voluntad propia, no había venido a investigar el fenómeno de la disminución del maná con la excusa de disculparse con Navier, así que consideraba injustas todas las palabras pronunciadas por Navier.

Esto le hizo arrepentirse aún más de lo que le había hecho a Navier. Podía imaginar lo injusto que debió de ser para Navier que su hermano fuera acusado falsamente y desterrado. Lo injusto que debió ser que sospechara que ella había difundido extraños rumores sobre Rashta. Lo injusto que debió de ser cuando envió regalos a Rashta en nombre de Navier y los nobles murmuraron al respecto.

"Navier..."

Cuando abrió los ojos tras golpearse el corazón con los dientes apretados, vio a Navier sentada en la cama.

Estaba sentada en una posición cómoda y lo miraba con ojos que decían, "¿Qué estás haciendo?"

Cuando extendió la mano, ella sonrió y desapareció.


Sovieshu se levantó apoyándose en la pared y se acercó tambaleándose a la cama.

Tan pronto como se tiró en la cama, cerró los ojos y se metió entre las sábanas.

Mientras se aferraba a las sábanas y respiraba con dificultad, su ira, que no tenía un objetivo, estalló en una nueva dirección.

"Maldito crío."

El nuevo objetivo de su ira era su yo del día, el joven de 19 años que sólo causaba problemas sin tener malos recuerdos. 

Sovieshu se dirigió a su escritorio, arrancó una hoja en blanco, tomó una pluma y destapó el frasco de tinta.

[¿Qué quieres conseguir? ¿Vamos a morir juntos siendo odiados por Navier? ¡¿Estás loco?!]

Tras dejar la carta sobre el escritorio, Sovieshu salió al pasillo y ordenó llamar al Marqués Karl.

Al cabo de un rato, el sirviente trajo al Marqués Karl medio dormido.

Sovieshu, que hizo pasar al Marqués Karl a la habitación, señaló con el dedo la carta escrita por su yo del día y ordenó.

"Deshazte."

Desconcertado, el Marqués Karl se acercó con vacilación y recogió la carta.

Parecía indeciso sobre si debía romperla o no.

Sovieshu le arrebató la carta y le dio frías instrucciones.

"No te estoy pidiendo que te deshagas de esto."

Una mano grande le dio una palmada en la cabeza.

"Encuentra la manera de deshacerte de aquel que aparece en el día."

"¡!"

***

martes, 6 de diciembre de 2022

diciembre 06, 2022

La Emperatriz Se Volvió A Casar - Capítulo 444

 La Emperatriz Divorciada - Capítulo 444. Lo Odio (1)



Una vez que la sirvienta dejó la comida en el salón, la puse en el carrito y la llevé al dormitorio.

Heinley salió del baño mientras le esperaba después de poner los platos en la mesa. Estaba un poco sonrojado, pero actuó como si no hubiera pasado nada, se acercó tranquilamente y se sentó frente a mí.

Temía que se sintiera avergonzado, así que saqué un tema serio de inmediato.

"Heinley. Hoy fui a ver al amigo del Gran Duque Kapmen y me encontré con Sovieshu."

Heinley respondió mientras retiraba la tapa plateada de la comida y la dejaba a un lado.

"Ya lo sabía. No pude mantener vigilado al Emperador Sovieshu hoy, así que le pedí a un amigo que lo hiciera por mí."

"¿Un amigo?"

"Un pájaro."

"¿De la tribu... pájaro?"

"Sí."

Me había parecido extraño que no estuviera siendo vigilado. No esperaba que lo estuviera haciendo un miembro de la tribu cabeza de pájaro. Ahora que lo pienso, era el vigilante más apropiado.

No sería difícil que conociera toda la situación.

"¿Sovieshu salió a investigar sobre el fenómeno de la disminución del maná?"

"No parecía ser el caso."

"¿En serio?"

"Anduvo por lugares completamente ajenos, como si sólo hubiera salido a despejar la mente."

¿De verdad...?

"Reina, no tienes que preocuparte. Lo mantendré vigilado en todo momento."

"Es bueno oír eso."

"¿Qué hay de Reina? ¿Aprendiste más sobre tu magia hoy? ¿Fue útil?"

Las comisuras de los labios de Heinley, que había hecho una serie de preguntas, se curvaron de repente.

"¿Fue engañado por la actuación de Reina?"

"No salió como esperaba."

"Jajaja, ¿vio a través de la actuación de Reina?"

¿Qué demonios está tratando de insinuar? Después de mirarlo con ojos feroces, Heinley tosió y cambió rápidamente su discurso.

"No dudo de que haya sido engañado por tu increíble actuación."

"No creo que eso sea lo que querías decir."

"Sí, eso es lo que iba a decir."

"No, no es así."

"Reina, ¿no confías en mí?"

"Tanto como tú no confías en mis habilidades de actuación."

"..."

Heinley, que se había quedado sin palabras mientras lo miraba fijamente, se apresuró a comer un trozo de la carne de cangrejo de su plato y, de repente, fingió sobresaltarse y exclamó, "¡Ah!"

"Por cierto, Reina. He oído una cosa extraña."

"¿Estás intentando cambiar de tema?"

"No, realmente lo acabo de recordar. Es una cosa muy extraña..."

"¿Qué es?"

"Las damas de compañía de Reina han estado difundiendo extraños rumores... ¿podría ser que Reina ordenara hacer eso?"

"¿Quién te ha dicho que mis damas de compañía difunden rumores extraños?"

"En condiciones normales, nadie lo sabría. Soy una pequeña excepción. ¿No hay un dicho que dice que los pájaros escuchan en el día?"

<< Nota: El dicho completo es 'los pájaros escuchan en el día mientras que las ratas escuchan en la noche'. En nuestro idioma este dicho sería, 'las paredes tienen oídos'. >>

"¿Quiere decir que su tribu se lo contó?"

En cualquier caso, eso era cierto. Me limpié la boca con una servilleta y oculté la sonrisa que estaba a punto de surgir.

***

— Necesito que vayas a un sitio.

Cuando Sovieshu se despertó por la noche, frunció el ceño ante el gran trozo de papel encima de las sábanas.

El papel encima de las sábanas era casi del tamaño de dos manos juntas. Tal vez a su yo del día le preocupaba que no pudiera ver el papel.

Si otra persona lo hubiera escrito, uno de sus subordinados, naturalmente, lo habría guardado.

Pero nadie lo hizo. Sin duda fue porque su letra estaba en este papel.

Eventualmente, Sovieshu enarcó las cejas, agarró el papel y leyó lo escrito.

— La ubicación es... se tiene que ir de noche, así que no puedo hacerlo yo.

Aunque se había enterado de la existencia de su otro yo por el Marqués Karl, Sovieshu nunca había intentado comunicarse con su yo del día.

No veía la necesidad de hacerlo.

Ahora, su yo del día había sido el primero en comunicarse. Sovieshu suspiró, arrugó el papel, lo dejó a un lado y se pasó la mano por la frente.

No quería hacer nada. Nada. Ni siquiera quería pensar.

En su mente nublada, apareció la vaga imagen de un hombre con chaleco blanco que lucía una joya azul en su cuello. Sentada a su lado...

"Navier."

Sovieshu suspiró de nuevo, se quitó las sábanas, se levantó y se acercó a la ventana. El hecho de que ella no estuviera lejos le producía dolor y consuelo al mismo tiempo.

'¿Había una esperanza más terrible en este mundo?'

Con los ojos cerrados, Sovieshu apoyó la frente contra la ventana.

Después de un rato, finalmente volvió a agarrar el papel, comprobó la ubicación y salió.

Si fuera simplemente una petición, no iría. Sin embargo, le inquietó la palabra 'maná' dejada en la petición.

El Marqués Karl le había informado que durante el día investigaba el fenómeno de la disminución del maná, por lo que se preguntó si había descubierto algo.

Acompañado sólo por el comandante de los caballeros, Sovieshu respiró hondo y se dirigió en secreto al sitio indicado en el papel.

Parecía ser una de las muchas habitaciones vacías del Palacio Imperial. Una habitación vacía sin ningún propósito en concreto. No había ningún caballero custodiando la puerta.

Después de ordenar al caballero de los comandantes que se quedara vigilando afuera, Sovieshu abrió la puerta y entró.

El interior estaba oscuro, sin una sola lámpara. No había cortinas, por lo que sólo la luz de la luna entraba por la ventana.

Sovieshu miró alrededor de la habitación con indiferencia.

'¿Qué podría haber aquí?'

En ese momento, una voz fría que le resultó demasiado familiar vino desde un lado.

"Sabía que el propósito de tu visita no era disculparte."


***

domingo, 27 de noviembre de 2022

noviembre 27, 2022

La Emperatriz Se Volvió A Casar - Capítulo 443

La Emperatriz Divorciada - Capítulo 443. Decepción (2)



Más tarde, cuando volví a mi habitación, pedí a la Condesa Jubel que preguntara por el estado de Sovieshu.

La Condesa Jubel volvió mientras tomaba una taza de té y me informó.

"Me dijeron que salió un rato a tomar aire fresco."

Heinley... había dicho que lo vigilaría personalmente. Sabía que sería complicado para él seguirlo todo el tiempo debido a su agenda.

Sin embargo, ¿por qué no hizo que alguien más vigilara a Sovieshu si le preocupaban sus acciones?

Mientras bebía una segunda taza de té sumida en mis pensamientos, Rose preguntó con una mirada de preocupación.

"¿Cómo le fue, Su Majestad? ¿Ese hombre fue demasiado descortés?"

Rose, al igual que mis otras damas de compañía presentes, parecía incapaz de imaginar que me había encontrado con Sovieshu afuera.

"El amigo del Gran Duque Kapmen se negó a enseñarme porque sería una molestia. No se puede hacer nada con respecto a su descortesía."

"¡Oh, Dios mío! ¡¿No quiso ayudar a Su Majestad?! ¡¿A Su Majestad?!"

"¡Aunque no sepa que Su Majestad es la Emperatriz, nadie debería atreverse a considerarla una molestia!'

"Realmente le parecía una molestia. Apenas intercambiamos palabras. Ni siquiera quiso darme consejos sobre magia."

Al final, incluso soltó un extraño y siniestro, 'aha'.

Sin embargo, no me sentía tan mal por eso ni nada parecido.

Sería triste no poder dominar mi magia. Pero si realmente me había descubierto, podría simplemente renunciar a que me enseñara.

Suspiré y me serví otra taza de té. Ahora mismo la prioridad era Sovieshu.

¿Heinley todavía estaba muy ocupado? Me gustaría discutir sobre esto con él.

"Su Majestad. Creo que ha bebido demasiado té."

"¿No sería mejor beber otra taza más tarde?"

Cuando dije que no había problema y me llevé la taza de té a la boca, una buena idea pasó por mi mente,

"Mastas."

"Sí, Su Majestad."

"Quiero que hagas algo por mí..."

***

El Vizconde Langdel, que regresó por la noche, dijo que Sovieshu se había movido de la cafetería, por lo que tuvo que buscarlo por la capital.

También dijo que no fue fácil encontrar a Sovieshu porque había salido en un carruaje ordinario como el mío.

Cuando finalmente logró encontrarlo, estaba en un restaurante de mala muerte.

"¿Sovieshu estaba en un restaurante de mala muerte?"

"Sí."

Sovieshu y un restaurante de mala muerte. No encajaba en absoluto. Él era un hombre muy orgulloso... ¿acaso perder la memoria hizo que disminuyera un poco su orgullo?

Era una combinación tan impropia que comencé a sospechar. ¿Podría ser que hay un enorme secreto sobre el fenómeno de la disminución del maná oculto en ese restaurante de mala muerte?

Cuando lo pensé, mi inquietud creció y pregunté con urgencia.

"¿Qué estaba haciendo allí?"

Si Sovieshu encontraba rastros en la escena de la disminución del maná, podría ser él quien declarara la guerra. Una guerra que había sido el sueño que Heinley estuvo persiguiendo por mucho tiempo y que finalmente abandonó por mí.

No, la situación sería mucho peor. Si Heinley iniciara una guerra, sólo sería un deseo de conquista, pero si Sovieshu utilizara el fenómeno de la disminución del maná como pretexto para iniciar una guerra, entonces tendría una justificación superior que dejaría solo al Imperio Occidental.

El Vizconde Langdel vaciló, incapaz de responder de inmediato.

"Está bien, dilo."

Después de insistir, confesó un poco reacio.

"Estaba peleando."

¿Qué?

"¿Peleando? ¿El Emperador Sovieshu se peleó? ¿En un restaurante de mala muerte? O fue su caballero..."

"El propio Emperador Sovieshu estaba peleando."

Esto también fue inesperado. Sorprendida, me mordí el labio inferior inconscientemente.

Después de una serie de pensamientos extraños, mis sospechas volvieron a surgir,

"¿Podría ser que el hombre con el que peleó tenía un buen físico? Me refiero a si parecía un caballero disfrazado."

¿No será que Heinley envió a un hombre a vigilar a Sovieshu, éste se dio cuenta y peleó contra él? ¿O hizo un espectáculo a propósito para ocultar que estaba investigando el fenómeno de la disminución del maná?

"No, el hombre era un borracho que soltaba todo tipo de insultos vulgares. No había indicios de que fuera experto en artes marciales."

¿Qué demonios había pasado? Miré al Vizconde Langdel aún más confundida. El Vizconde Langdel suspiró antes de murmurar,

"El borracho estaba hablando mal de Su Majestad. Al oírlo, Sovieshu se levantó para defenderla..."

***

Todo tipo de documentos sobre asuntos que habían surgido estaban esparcidos en mi escritorio. Sin embargo, mi mente estaba en otra parte, por lo que no podía concentrarme en el trabajo.

Conforme daba leves golpes a una hoja con la punta de la pluma, iban apareciendo manchas negras en el papel blanco. Eventualmente, aplasté la hoja y coloqué una nueva. Era la novena.

Al juntar las ocho hojas arrugadas, suspiré.

Todavía no sabía por qué Sovieshu estaba en ese restaurante de mala muerte. Tal vez realmente fue allí por el fenómeno de la disminución del maná.

Sin embargo, eso no quitaba el hecho de que Sovieshu me había defendido. Más aún si había ido a escondidas, pero se metió en una pelea porque se enojó al oír insultos hacia mí...

'Espero que recupere sus recuerdos pronto.'

El Emperador Sovieshu nunca habría hecho eso. Prefería que volviera el orgulloso y arrogante Sovieshu para poder odiarlo con todo mi corazón.

¿No es un poco cruel que ni siquiera pueda odiar con todo mi corazón a la persona que me hizo daño?

"Su Majestad. El Emperador Heinley está aquí."

Tras arrugar la novena hoja de papel y arrojarla sobre el escritorio, finalmente pude detener este comportamiento sin sentido. Forzada en parte por la visita de Heinley.

"Déjalo entrar."

En cuanto dije eso, eché las hojas arrugadas en la papelera que había a un lado del escritorio y organicé los documentos. Heinley entró justo cuando terminé de acomodar el escritorio.

"Reina."

Heinley se acercó directamente a mí con los brazos abiertos, me besó en el cuello, las mejillas y las orejas antes de retroceder.

Parecía más feliz de verme que de costumbre. ¿Será porque estuvimos separados todo el día?

"¿Te fue bien en el trabajo?"

Todos los sentimientos desagradables que se habían acumulado en mí hasta ahora comenzaron a desvanecerse lentamente con sólo verlo.

Antes de que Heinley pudiera responder, lo abracé con fuerza por la cintura. Él era mi refugio.

"¿Reina? ¿Sabes que me emociono mucho si haces esto?"

"A mí también me hace feliz."

"¡!"

"Me siento muy bien junto a ti."

"Reina... Reina. Navier."

Froté mi cabeza contra su pecho. Pensé que de este modo desaparecerían las emociones no deseadas, la desagradable compasión y la incomodidad de antes.

En ese momento, sentí que sus músculos en contacto con mi cuerpo se tesaron y comenzaron a contraerse. Heinley había dejado de respirar.

"Heinley, respira."

¿Por qué dejó de respirar de repente? Cuando levanté la vista y se lo pedí, esta vez exhaló demasiado rápido y frotó su frente contra la mía.

"¿Qué pasó mientras estuve afuera?"

Una vez que lo sujeté por la cintura con más fuerza, Heinley soltó un leve gemido de sufrimiento.

"¿Sabes, Reina? Ahora mismo, siento como si estuviera con un pie en el cielo y otro en este mundo."

"¿Por qué sólo un pie en este mundo?"

"Ya sabes, Reina."

Agarró mi mano suavemente y la deslizó hacia abajo. Pronto pude sentir su virilidad endurecida.

"Reina."

Heinley suspiró pesadamente, luego me mordió las orejas un par de veces y susurró.

"¿Podrías esperar un momento? Iré al baño."

Una vez que asentí y retrocedí un poco, Heinley entró al baño torpemente.

Mi cara también estaba un poco caliente, así que salí al salón para pedir la cena y luego volví al dormitorio para bajar mi temperatura con el abanico.