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lunes, 29 de agosto de 2022

agosto 29, 2022

Cómo Domar A Mi Marido Bestial - Capítulo 12

Capítulo 12. Pequeña Mujer


Había sido una mañana muy ruidosa.

Sin detenerse a descansar mientras completaba su entrenamiento con la espada, Raphael regresó a la mansión, empapado de sudor. La noche anterior se había emborrachado hasta quedarse dormido, así que estaba en pésimas condiciones. Ni sus brazos ni sus piernas se movían con soltura, pero aun así, no era buena idea perderse un día de práctica.

Aparte de las interrupciones en su vida privada, Raphael nunca faltó a un solo día de entrenamiento. Hasta que llegó a convertirse en el Marqués Carnesis, no había sido nada. Un bastardo. Lo único que le había protegido era su habilidad con la espada.

Los ojos de Raphael estaban oscuros mientras se quitaba la camisa y se secaba el sudor del cuerpo.

¿Por qué demonios no funcionó hoy?

Aunque todos decían que casi había alcanzado el rango de Maestro de Espadas, el hecho era que aún no lo había logrado. Se sentía sofocado, como si estuviera bloqueado por un muro invisible. Si alguien pudiera aconsejarle, le habría pagado mil monedas de oro.

¿Sería mejor que dejara de beber? No, eso es imposible.

"¡Maldita sea!"

Su frustración causó que estallara su ira, tiró la toalla a un lado y se dirigió a la ventana. Siempre que estaba de mal humor, le gustaba mirar desde las ventanas de su mansión. Contemplar la magnífica mansión con sus vastos jardines, que había adquirido por su cuenta, le hacía sentirse mucho mejor.

Pero hoy, ni siquiera ese hermoso paisaje podía calmarlo. Unos ojos de halcón divisaron a la pequeña mujer sentada en el jardín. Annette Bavaria. Ella era otro trofeo que había ganado.

Ciertamente su apellido ahora era Carnesis. Pero Raphael aún no la había aceptado como su familia. Ella no era más que una extensión del repugnante Duque Baviera. Raphael creía que lo que sentía por ella solo era curiosidad.

Raphael entrecerró los ojos. Annette parecía tan pequeña como su dedo desde esta distancia. Estaba sentada en un banco mientras leía atentamente un libro.

¿Era un truco para llamar su atención?

Los ojos azules de Raphael la miraron con frialdad. Desde la ventana de su habitación, se podía observar muy bien el banco en el que estaba sentada. Definitivamente era una táctica deliberada de la mujer Baviera.

Era una figura llamativa con un vestido verde claro que no cubría los hombros, con todo su cabello rubio trenzado por la espalda. Si un hombre mordiera esos hombros blancos, quedarían las marcas de sus dientes. A sus ojos, parecía una exquisita muñeca de porcelana. Un producto de alta gama que un bastardo como él nunca tendría.

Raphael aún no había asimilado el hecho de que ella era ahora su esposa. Pero la propia Annette parecía creer que ya pertenecía a la familia Carnesis. Las comisuras de la boca de Raphael se levantaron al recordar su disputa con el mayordomo de Baviera.

Mi esposo merece respeto, ¡discúlpate!

"Eres una mujer astuta", murmuró con sarcasmo. Intentó restarle importancia a sus acciones en su corazón, pero no pudo controlar la pequeña sonrisa en sus labios. Aquel mayordomo insolente se había quedado tan cabizbajo al ver que Annette se ponía del lado de Raphael.

Ese pensamiento le hizo sentirse mejor.

Raphael tampoco esperaba que ella se pusiera de su lado. Tal vez fuera sólo una táctica de la astuta mujer Baviera, pero le produjo una extraña satisfacción. Mirando a Annette por la ventana, sus ojos se suavizaron.

No era un día muy soleado y soplaba el viento. Por reflejo, Annette levantó la mano para apartarse el cabello de la cara. Con el cabello apartado, siguió leyendo el libro.

[La regresión es un hecho extremadamente raro, pero muchos regresores han adquirido extrañas habilidades que antes no poseían. Un excelente ejemplo es el de la hija pródiga Natalie, que adquirió la capacidad de liberar feromonas especiales que atraían a los hombres después de su regresión. Otras regresoras tenían habilidades raras que iban desde la magia espiritual hasta la capacidad de crear espontáneamente pequeños terrones de azúcar.]

Annette resopló un poco ante la idea de poder producir azúcar a capricho.

Pero su mente se arremolinaba al pensar en cuál podría ser su propia habilidad. Esperaba que no fuera algo como invocar patatas fritas por la nariz. A Annette no le gustaban mucho los alimentos fritos.

Sea lo que sea, por favor, que sea algo útil.

Por desgracia, el libro no decía cómo o cuándo los regresores descubrían sus nuevas habilidades. Había muy pocos casos conocidos de regresión. Annette no pudo ocultar su decepción y pasó la página hacia atrás, preguntándose si se había perdido algo.

En ese momento, una repentina ráfaga le arrancó el libro de las manos y la falda de su vestido se levantó. Apresuradamente, Annette se bajó la falda y se inclinó para buscar su libro.

Oh, ¿Qué voy a hacer?

Ella se apresuró a buscarlo. Era un día húmedo, así que temía dañar el libro. Lo había agarrado de la biblioteca Carnesis, si lo dañaba de alguna manera, no sabía cómo podría encarar a Raphael.

~Whoosh

El viento travieso sacudió su cabello trenzado, soltándolo de sus delgados pasadores. Toda su melena rubia cubrió parcialmente sus ojos, así que mientras perseguía su libro, no se dio cuenta de la columna que estaba delante.

"¡Ay!"

La luz parpadeó ante sus ojos. Un dolor agudo en la sien izquierda. Annette agarró el libro con una mano y tocó el lugar lastimado con la otra. Un chichón le produjo un dolor ardiente, luego un líquido caliente se deslizó entre sus dedos.

"Sangre", dijo, sorprendida. "¿Sangre?"

Como dama bien educada, casi nunca se había hecho daño. Más aún porque era cautelosa por naturaleza. Confundida se tocó el lugar por donde fluía la sangre. Estaba tan agobiada que no sabía qué hacer, pero entonces recordó haber leído en alguna parte que para detener la hemorragia había que presionar la herida. Intentando mantener la calma, Annette presionó con sus dedos sobre la herida.

La teoría y la realidad no eran iguales.

"¡¡¡Ay!!!"

Aplicar la presión era tan doloroso que las lágrimas se le salieron de los ojos. Annette renunció a la idea de detener la hemorragia y bajó la mano, pero ésta se escurrió por su cara, manchando su vestido.

Tal vez ella necesitaba ayuda.

Tambaleándose, se dirigió hacia las puertas delanteras de la mansión, pero un sólido muro había aparecido de repente ante ella. Estaba tan sorprendida que ni siquiera pudo gritar. Su cuerpo se puso rígido.

"¿Estás herida?"

No era un muro, sino Raphael. Era tan alto y ancho que Annette se confundió. La miraba con desaprobación mientras examinaba su frente.

Afortunadamente, el corte no era grande. Pero había muchos vasos sanguíneos en esa zona, lo que hacía que la hemorragia pareciera grave. Para Raphael, que había pasado la mayor parte de su vida en el campo de batalla, no era más que una herida leve, pero el rostro pálido de Annette, más la mancha carmesí en su cabello rubio, hacían que pareciera mucho peor. Sintió una perturbación, como si lo hubieran empujado por un precipicio. La visión de su dolor hizo que su corazón se desplomara.

Tratando de deshacerse de esta desagradable sensación, la reprendió bruscamente.

"¿Eres estúpida? ¿Tus ojos están de adorno?"

Annette bajó la mirada. No tenía escusa para defenderse de este error. Pero sus duras palabras, causaorn que las lágrimas se agolparon en sus ojos. Trató de inhalar para no llorar, pero se le escapó un sollozo.

La mano de Raphael en su frente se endureció. Annette lo miró, preguntándose por qué lo hacía.

viernes, 26 de agosto de 2022

agosto 26, 2022

Cómo Domar A Mi Marido Bestial - Capítulo 11

Capítulo 11. Regalos Devueltos


Ante la pregunta de Raphael, Gerard se vio obligado a responder de mala gana.

"Sí, Su Excelencia."

"Tengo que cuestionar la reputación de la familia Bavaria, si sus sirvientes son tan descaradamente irrespetuosos. Te perdonaré esta vez, como un regalo para mi esposa. No ofreceré la misma misericordia dos veces."

Raphael lanzó esta advertencia con el ceño fruncido. Sudor frío brotó en la frente de Gerard. Raphael podía respirar fuego. El repentino temor por esta bestia hizo que Gerard se mareara brevemente.

Casi había olvidado lo peligroso que era Raphael Carnesis. Era un espadachín excepcional, del que se rumoreaba que alcanzaría el nivel de Maestro de la Espada. Y hasta hace unos años, había sido conocido como un carnicero brutal, llamado el demonio del campo de batalla.

Gerard sintió la columna vertebral fría como el hielo. Cuando Raphael dijo que no tendría la misma piedad dos veces, sabía que lo declaraba en serio . Aquellos ojos azules ardían ahora, centrados especulativamente en las manos y las piernas de Gerard, como si se preguntara qué iba a cortar primero. La mandíbula de Gerard se tensó.

"Gracias por su generosidad, Su Excelencia."

Y Gerard se despidió cordialmente.

Si me voy así, tendré problemas con el maestro, pero en este momento... prefiero eso.

Sintiendo su siniestra mirada en su espalda, Gerard apuró el paso, y escapó de la mansión Carnesis.

"......"

Dejando solos a Annette y Raphael en el salón. Annette sintió que la mirada de Raphael la abrasaba como el sol, así que tragó nerviosamente, luego levantó sus ojos temblorosos hacia los suyos.

"Lo siento, Raphael", dijo. "Debes sentirte insultado, ¿Verdad?"

Se sintió profundamente avergonzada por lo que acababa de suceder, por lo que se disculpó francamente con él. Intentaba ser valiente, pero estaba tan conmocionada que su corazón latía con fuerza. En su vida anterior, había estado enferma en la cama, no tenía ni idea de que su propia familia había despreciado e insultado tan profundamente a Raphael.

Eso explicaba por qué había sido tan frío con ella cuando se despertó de su enfermedad. No sólo lamentaba el insulto de su familia. Lamentaba su propia hostilidad hacia él, cuando nunca se había dado cuenta de lo que su familia había hecho.

Pero toda la ira había desaparecido de sus ojos cuando la miró ahora. Por primera vez, aceptó la disculpa sin sarcasmo ni rabia.

"No, en realidad no me importa", mintió. Había estado visualizando el desmembramiento de Gerard momentos antes. Pero cuando vio a la pequeña Annette arremetiendo contra el leal sirviente de su familia, era imposible seguir enfadado.

En realidad, eso había sido divertido.

Aunque no tenía intención de dejar pasar esto. Ella lo podía haber apoyado porque la observaba, pero él no podía saber lo que habría hecho a sus espaldas. No podía deshacerse fácilmente de su desconfianza,

"Parece que la familia Bavaria ha pasado por alto mantener la etiqueta básica en sus sirvientes", dijo con voz áspera. "Ese comportamiento es inaceptable."

Esperaba que ella se enfadara por el insulto a Baviera. Esa familia era arrogante hasta los huesos, tenían su orgullo tan alto como el cielo.

"Lo sé", dijo Annette inesperadamente. "Pero ellos mismos se encargarán de ello. Ahora soy la dama de la familia Carnesis."

Su padre la había abandonado, pensó ella de nuevo. En su última vida, nunca había podido dejar de intentar ser una buena hija. Ahora no tenía intención de volver a hacerlo. A pesar del mal temperamento de Raphael,  la había cuidado hasta el día de su muerte. Pero su padre nunca había venido incluso cuando se estaba muriendo.

Su respuesta sorprendió a Raphael. Por primera vez, su rostro frío se derrumbó, revelando un destello de sus verdaderos sentimientos. Le hizo sentirse un poco más cerca de él. Se atrevió a hacer una pequeña broma.

"No estarás pensando en deshacerte de mí ahora, ¿verdad?" Preguntó, con su mejor cara de pena. "Acabo de tener una terrible pelea con mi familia, así que no tengo a dónde ir."

"Deja de decir tonterías". Raphael se resistió a reírse. Todavía no tenía intención de aceptarla como su familia. Pero Annette no estaba especialmente dolida. Esto podría haber sido un conflicto serio, si Raphael hubiera decidido tomar represalias, pero lo había dejado pasar.

"Entonces, ¿por qué vino Gerard?" Preguntó, ladeando la cabeza. "Pensé que estaba haciendo recados."

Con el rostro inexpresivo, Raphael levantó una mano para indicar el lugar donde Gerard había estado parado. Allí se apilaban un montón de cajas, todos ellos de calidad. Annette miró más de cerca. El logotipo grabado en lámina de oro en una caja le llamó la atención.

Todas eran marcas de los talleres más famosos de Deltium. La mayoría de ellos producían regalos de boda.

"No", jadeó Annette, abriendo los ojos. "No me digas que esos..."

Ahora que lo pensaba, esas cajas le resultaban familiares. Sus mejillas palidecieron. Todas esas cajas apiladas en el suelo eran regalos de boda. Objetos valiosos que Raphael había enviado a su familia antes del matrimonio.

¿De verdad acababan de devolver todos esos regalos?

Comparado con esto, los pocos  modales de Gerard parecían insignificantes.

El desprecio de su familia iba mucho más allá de lo que ella podría haber imaginado. ¿Cómo podrían haber devuelto todos esos regalos que Raphael envió con amor? Ella nunca había sabido esto en su última vida.

"Tu padre rechazó mis regalos", confirmó Raphael. "Eran insuficiente a sus ojos, aparentemente. No estaban a la altura del Duque Baviera. No le servían, así que los devolvió."

Cruzó los brazos sobre el pecho. Ahora que lo miraba, seguía con la camisa desabrochada y sus ojos azul inyectados de sangre. No sólo no había dormido bien, sino que luego lo habían sacado de la cama para que Gerard le echara en cara sus regalos.

Annette no podía culparlo por odiarla en ese momento.

Estaba muy disgustada. Era ridículo cuestionar la calidad de esos regalos. Allamand sólo había querido insultar de forma imperdonable a Raphael para que supiera de inmediato a qué atenerse. Su padre era el tipo de hombre que no dudaría en ofrecer este tipo de escarmiento.

Si hubiera sabido que sería así, no habría aceptado el matrimonio.

Cuanto más pensaba en ello, más enfadada y triste se sentía. La falsa acusación contra ella le había impedido convertirse en Princesa Heredera. La familia Bavaria había silenciado las acusaciones, pero a cambio, le debía un favor a la familia real. El precio por enterrar el asunto fue su matrimonio con Raphael. Allamand había abandonado a su propia hija para satisfacer al Rey.

El Rey Selgratis había aprovechado la ocasión para remediar el linaje de Raphael, casándolo con una dama de la familia más prestigiosa. Annette, que acababa de verse envuelta en semejante escándalo, había sido la elección perfecta.

A Allamand le había disgustado mucho la boda. Pero en lugar de enfrentarse al Rey que la había organizado, eligió a Raphael como el blanco más fácil.

Fue algo cobarde.

"Lo siento mucho, Raphael", se disculpó. "No sé cómo puedo mirarte a la cara. Me aseguraré de que esto no vuelva a suceder."

Los brazos de Raphael se relajaron. Como ella tenía la cabeza inclinada hacia abajo, no podía ver la cara de Annette, pero podía escuchar la sinceridad en su voz. Esto fue suficiente para ablandar incluso a su terco corazón.

Sin embargo, sintió que no debía simplemente ignorarlo. Aunque ella parecía estar arrepentida del comportamiento de su familia, seguía siendo una Bavaria. No sabía cuándo podría cambiar de repente su postura y ponerse del lado de su padre.

Sus labios se separaron para regañarla. Pero, extrañamente, sus habituales palabras cortantes no salieron.

¿Qué me pasa?

Raphael frunció el ceño, mirando su pequeña cabeza. Al final, sólo pudo pronunciar una advertencia superficial.

"Asegúrate de que no pase de nuevo", dijo. "¿Entendido?"

"Sí."

Raphael se fue. Otra vez ella solo miró su espalda. Había pensado que él se enojaría con ella, pero inesperadamente no había dicho nada. Era un milagro que esto hubiera terminado tan tranquilamente. Tal vez, al ponerse abiertamente de su lado, ella había ablandado un poco su corazón.

Al quedarse sola, Annette suspiró con fuerza. Acababa de cortar todos los lazos con su familia, pero sorprendentemente, no se arrepentía. Su padre la había abandonado primero.

Todo está bien. Fue una buena decisión, se consoló. Se había casado con Raphael, así que tenía que ponerse de su lado como esposa. Además, aunque Raphael fuera un hijo ilegítimo, seguía siendo un noble, y un héroe de guerra cuyo valor era reconocido por la familia real. No importa lo poderoso que fuera el Duque Baviera, no tenía derecho a insultar de esa manera a Raphael.

Pero eso era sólo una parte. Annette parpadeó, reflexionando.

¿Por qué tomarse la molestia de devolver los regalos?

De alguna manera, Annette sintió que podía haber otra intención oculta en la acción de su padre. Una aún más dañina.

Estas sospechas sobre su padre eran completamente racionales. Los Bavaria nunca perdían el tiempo en cosas inútiles. Si su padre sólo quería insultar a Raphael, podría haber tirado los regalos a la basura, en lugar de tomarse la molestia de devolverlos.

Annette decidió vigilar a su padre. No podía adivinar cuál era su verdadero motivo, pero no podía permitir que siguiera insultando a Raphael de esta manera. Sólo pensar en el trato que Raphael había sufrido esta mañana la ponía furiosa.

Me mandó a casarme con él, y ahora ni siquiera lo acepta como su yerno. ¡Tan insensible!

Aunque Raphael fuera un bastardo, seguía siendo un bastardo de la realeza. El Rey era conocido por favorecerlo bastante, hasta el punto de despertar la envidia del Príncipe Heredero. A pesar de que Ludwig fuera el heredero al trono, y Raphael fuera sólo un hijo ilegítimo.

Tal vez esa fue la razón por la que el padre de Annette había insultado a Raphael. Para ganarse el favor de Ludwig, que sería el próximo Rey. Aunque Allamand no tenía otra opción que aceptar a Raphael como su yerno, no dudaría en cortar esos lazos.

Intelectualmente, Annette entendía la posición de su padre. Emocionalmente, le parecía inaceptable. Aun sabiendo que las acusaciones contra ella eran falsas, la había casado como si la estuviera abandonando, y luego había insultado a su esposo.

Annette apretó los dientes mientras la rabia la invadía al darse cuenta de lo que su padre había hecho.

jueves, 25 de agosto de 2022

agosto 25, 2022

Cómo Domar A Mi Marido Bestial - Capítulo 10

Capítulo 10. Discúlpate Con Mi Esposo


Gerard era un mayordomo brillante, lo que le valió la aprobación del Duque Baviera. Procedente de una familia de la nobleza extranjera, sus modales eran perfectos. Además, tenía una buena apariencia. Hacía su trabajo muy bien. Annette había recibido cuidados meticulosos de él desde que era una niña.

Pero no puedo quedarme de brazos cruzados y dejar que sea grosero con mi esposo.

Annette se mordió el labio inferior, dirigiéndose a la puerta principal. Cuando vio a Gerard erguido de forma prepotente, enseguida detectó el problema. Jamás habría adoptado una actitud semejante.

Y su postura...

Parecía muy arrogante. No habría sido un problema, si no se hubiera dirigido a alguien superior en estatus. Se dirigía nada menos que al Marqués Raphael Carnesis, así que eso era una falta de respeto. Gerard conocía bien la etiqueta básica, así que seguramente lo estaba haciendo a propósito.

Annette frunció el ceño y se dirigió hacia la puerta. Raphael, que era tan sensible como una bestia al entorno, miró hacia atrás. Cuando Gerard siguió su mirada y vio quién se acercaba, sus ojos se agrandaron ligeramente.

"Buenos días, Marquesa Carnesis."

"Gerard."

Inmediatamente, inclinó la cabeza hacia ella en señal de reconocimiento. Al parecer, su cuello sólo se inclinaba ante los miembros de la familia Bavaria.

Los ojos azules de Raphael se estrecharon amenazadoramente. Tal vezsi el mayordomo no tendría el cuello tan duro después de cortarle la cabeza en la parte superior.

Annette, que podía adivinar los pensamientos de Raphael, se sintió intimidada por la violencia de sus ojos. Antes de que él pudiera hacer algo que no pudiera revertirse, ella se aclaró la garganta.

"Gerard, ¿Qué está pasando?" Preguntó. "¿Por qué haces un escándalo tan temprano en la mañana?"

"Le pido perdón, dama. He venido aquí por orden del Duque, pero no he podido completar mi tarea sin molestar. Le pido disculpas si le he causado alguna molestia". dijo, inclinándose cortésmente.

Ya no llamaba a Annette joven dama. Bueno, esa era la forma correcta de dirigirse a ella ahora que estaba casada, aunque se sentía un poco extraño.

"Me alegro de que sigas tus órdenes. Gerard, ¿Cuántos años llevas sirviendo a la familia Baviera?"

"Doce años, joven da... quiero decir, Marquesa". Gerard se corrigió tardíamente. La repentina aparición de Annette lo puso en una situación embarazosa.

En una discusión, el primero en equivocarse tenía las probabilidades de perder. Ella había comenzado ganando.

"¡Doce años! Es tiempo suficiente para haber aprendido la etiqueta adecuada. ¿Puedes explicar tu actitud hacia mi esposo, Gerard? Cualquiera que te viera pensaría que eres el dueño de esta mansión."

"¡Esa nunca fue mi intención! Lo siento, creo que hay un malentendido, pero..."

Nervioso, se apresuró a intentar excusarse, pero Annette no era una persona que se dejara convencer por disculpas elocuentes. Además, venía de la familia Bavaria. Corregir a un empleado que se equivocaba era para ella tan natural como respirar.

Annette levantó la barbilla para enfrentarse al hombre mucho más alto.

"¡Qué malentendido! ¡Lo vi con mis propios ojos! ¿Cómo has podido ser tan grosero con mi esposo? ¿Es que crees que ya no soy tu superior, ahora que me he casado? ¿Así que no necesitas de mostrar el debido respeto a mí o a mi esposo?"

Mientras lo regañaba, parecía que ella estaba a punto de estallar de ira. Pero eso fue sólo para aparentar. Annette sabía que Gerard no había elegido hacer esto por sí mismo. Era un mayordomo ejemplar que habría atendido cortésmente incluso a plebeyos que vinieran a la residencia Bavaria.

Gerard probablemente hace esto porque mi padre lo ordenó.

El padre de Annette era un aristócrata temible. Incluso antes del matrimonio de Annette, había despreciado abiertamente a Raphael por su nacimiento ilegítimo. Aunque la mitad de la sangre que corría por las venas de Raphael fuera del Rey, nunca podría compensar a su vulgar madre; una mujer de origen desconocido.

El desprecio de Allamand continuó incluso después de que Raphael se convirtiera en su yerno. La joven Annette no había sido lo suficientemente fuerte o experimentada para lograr las paces entre ellos. Pero ella nunca había pensado que su padre le lanzaría semejante insulto.

¡Esto es tan... grosero! ¿Por qué me casaste con Raphael si nunca quisiste aceptarlo como yerno?

Los ojos rosados de Annette se llenaron de lágrimas de rabia. Su padre siempre había sido egoísta. Miró fijamente a Gerard, sin darse cuenta del cambio de expresión de Raphael, que estaba detrás de ella. Y sus lágrimas bastaron para que Gerard agachara la cabeza. Nunca había soportado lastimarla.

"No. Le ruego que me disculpe por mi descortesía. Por favor, perdóneme."

"Discúlpate con mi esposo, no conmigo."

Ante su implacable orden, Gerard cerró la boca. Sus ojos verdes seguían negándose a reconocer la presencia de Raphael. No podía disculparse con Raphael, en contra de la orden de su maestro. En su lugar, sólo podía intentar convencer a Annette de que lo pasara por alto.

Si fueras la dama a la que serví, te pondrías de mi lado. Pero ahora...

La dama a la que había servido, aunque inteligente, se había acobardado fácilmente. Gerard se aferró a esa idea. Con su esposo al lado, por supuesto que tenía que fingir que regañaba a Gerard. Pero él la conocía desde que era una niña. Merecía la pena intentarlo. Gerard tragó saliva.

"No, el Duque Baviera me encargó que hiciera una visita formal", dijo con su tono más elegante. "Pero parece que ocurrió un malentendido. Mis acciones no reflejan ninguna intención personal, sino la orden del Duque..."

Annette sólo prestó atención a medias a la excusa. Sus sospechas de que su padre había ordenado este insulto eran correctas. Allamand debió ordenar esto para señalar a Raphael que no lo reconocería como su yerno. En lugar de permitir que Raphael pensara que se había unido a la familia Bavaria, quería que Raphael supiera que Annette había sido expulsada de la misma.

Tiene tantas ganas de insultar a Raphael, que ni siquiera piensa en lo que puede pasarle a su hija.

Annette sonrió con amargura. No podía creer que su padre hubiera enviado a un sirviente a insultar a un noble. Esto explicaba por qué Raphael fue tan rencoroso con ella. Y no era sólo una prueba del egoísmo de su padre, sino una prueba de que no le importaba ella. En absoluto.

De hecho, su padre siempre había mantenido las distancias durante su matrimonio anterior, incluso el día de su muerte. La última vez que había visto a su padre fue el día de su boda, y él sólo había asistido por orden del Rey.

La había abandonado.

Como no podía ser Princesa Heredera, se volvió inútil para Allemand. No debería haberla sorprendido; él era un bávaro de sangre fría, con hielo en las venas. Así que había llegado el momento de que la hija abandonada tomara algunas decisiones por sí misma.

Raphael es mi esposo. Y ahora... es mi única familia.

Aunque dolía, era la verdad. Ahora estaba obligada a proteger a su esposo. Así que Annette hizo lo que no había hecho en su vida anterior. Habló mirando con determinación a su antiguo mayordomo.

"Muy bien, Gerard", dijo con toda su elegancia. "Quiero escucharlo de tu boca. Yo también tengo sangre Baviera en mis venas. Incluso después del matrimonio, soy Annette Bavaria Carnesis. ¿O no?"

Su repentina resolución fue aplastante. Su actitud altiva y sus ojos fríos representaban toda una Baviera. Gerard se dio cuenta de que ella no tenía intención de dejarlo pasar.

"La dama nació en Baviera, por lo que siempre será de ese linaje. Soy leal a la familia Baviera. He dedicado toda mi vida a ese noble linaje", aceptó con voz temblorosa. Nunca antes había ido en contra de ella. Desde el momento en que la pequeña Annette le había sonreído, Gerard quedó derrotado. Siempre le había dado la razón.

"Bien. Entonces, discúlpate con mi esposo, que merece tu respeto."

Annette levantó la cabeza, sus manos agarraron ligeramente el brazo de Raphael. Su figura se veía arrogante, y Raphael se sorprendió de que no le pareciera mal. De hecho, le gustaba bastante.

Nunca en mi vida pensé que vería a un Baviera ponerse de mi lado.

Era increíblemente extraño. Siempre había estado solo. Había tenido que luchar por sí mismo para llegar a su rango actual, por lo que daba por hecho que nadie le ayudaría nunca. Incluso su padre, el Rey Selgratis, no lo habría reconocido como su hijo si no hubiera demostrado su valía. Ese era el despiadado mundo que Raphael conocía.

Pero de repente, esta mujer llamada Annette Bavaria había aparecido en este mundo, y no le había dejado resolver el problema por sí mismo. En cambio, había puesto su esbelto cuerpo frente a él como un escudo, e incluso había regañado al sirviente de su propia familia. Le exigía con indignación que se disculpara por su falta de respeto.

Era la primera vez en la vida de Raphael que alguien lo protegía.

Y fue por una mujer cuya cabeza no le llegaba ni al hombro. Una hija de la familia Bavaria, que despreciaba su propia existencia. Era todo muy impactante.

Qué mujer tan extraña.

Raphael la miró. Luego volvió a mirar al mayordomo, cuyo rostro estaba palidecido. Parecía que este rudo sirviente estaba encariñado con Annette. Un hombre podía leer fácilmente el corazón de otro.

Toda la arrogancia de Gerard provenía del hecho de que estaba respaldado por el Duque Allamand Baviera, pero para Raphael estaba claro que esa aversión le pertenecía. Y parecía claro de dónde provenía esa aversión. El frustrado Gerard inclinó la cabeza.

"Le pido perdón por mi descortesía, Su Excelencia, Marqués Carnesis. Por favor, perdóneme."

Raphael miró su cabeza inclinada con ojos fríos. Le hubiera gustado dar un escarmiento a este hombre por su insolencia, pero sabía que si impartía tal castigo a un sirviente de la casa de su esposa, no terminaría bien. El público llamaría a Annette una pobre víctima, y a él un carnicero. Mejor mostrar misericordia que provocar tales comentarios.

Y por encima de todo, nunca había esperado que ella levantara la voz para apoyarlo de esta manera. Ya que ella hacía su parte como esposa, él estaba decidido a hacer la suya como esposo.

"¿Dijiste que te llamabas Gerard?" Preguntó con frialdad.

martes, 23 de agosto de 2022

agosto 23, 2022

Cómo Domar A Mi Marido Bestial - Capítulo 9

Capítulo 9. Pequeños Cambios


Mirando el lugar donde había estado Raphael hacía unos momentos, la agotada Annette se volvió a tumbar en la cama. No se había quedado ni un segundo. Realmente ella debía de caerle mal. Aunque estaba acostumbrada a su actitud fría, le entristecía que se fuera inmediatamente después de un acto tan ínt!mo.

Pero pensando en el pasado, Raphael siempre la había odiado.

¿Cuánto debía odiarla para no compartir ni una sola vez la misma cama en cinco años de matrimonio? Cada vez que habían tenido s3xo, siempre se había marchado bruscamente después. El hecho de que la hubiera complacido una vez no significaba que un hombre así se volviera cariñoso de repente.

Annette decidió que no dejaría que eso la perturbara. Había pasado por la muerte y, de alguna manera, había vuelto a la vida; ¿Qué importaba que su esposo fuera frío con ella? Si no tenía expectativas, no se sentiría decepcionada. Todo sería mucho más fácil si se despojara de todas esas preocupaciones.

En su vida anterior, su mayor problema ni siquiera había sido Raphael, sino el simple estrés. Annette siempre había sido bastante delicada. El estrés constante la había desgastado, por lo que al final había muerto muy joven, a los veinte años.

Annette no quería volver a morir así.

Desde luego, algunas cosas fueron mejores que antes.

Su primera vez con Raphael había sido muy diferente. Aunque la había devorado como una bestia, no había experimentado nada parecido al dolor de su vida anterior. El futuro podía cambiarse. Ya estaba cambiando poco a poco.

Sí, puedo hacerlo.

Annette abrazó su manta contra sí misma con determinación. En esta vida, demostraría su inocencia y trataría de arreglar su relación con Raphael. Pero si realmente la odiaba tanto, entonces consideraría divorciarse de él. Annette no era la niña indefensa que había sido en su última vida. Era una mujer que había recibido un milagro. Había experimentado vuelto a la vida.

En ese momento, la puerta del dormitorio se abrió con un chirrido y Annette se sobresaltó, cogiendo una manta para cubrirse. Era el hombre del que estaba pensando en divorciarse.

"¿Raphael?"

Se quedó un poco sorprendida al verlo. No esperaba que regresara. Por alguna razón, parecía enfadado. Por un momento, se preguntó si él había leído sus pensamientos.

Por supuesto, no lo había hecho. Había vuelto a su habitación por una razón totalmente diferente. Se acercó a Annette y dejó algo en la mesa de noche. Cuando Annette miró con curiosidad, encontró un cuenco plano, lleno de agua caliente. Un paño suave había sido colocado sobre el borde del cuenco.

Oh, Dios mío.

Los ojos de Annette se abrieron de par en par. ¿Raphael había traído esto para ella? Al encontrarse con sus ojos desconcertados, su expresión sólo se volvió más sombría. Cuando extendió su mano hacia ella, al principio pensó que pretendía volver a hacerlo con ella.  Pero esa gran mano se detuvo justo delante de su nariz, sosteniendo un vaso de agua.

"¿Esto? ¿Qué es esto, Raphael?"

La mirada feroz de él la hizo tomar el vaso por reflejo.

"Dijiste que estabas herido", dijo en tono de acusación.

Los ojos de Annette se dirigieron al fondo del vaso. Había un fino polvo blanco en el fondo.

¿Le había traído una medicina para el dolor? En ese caso, ella estaba agradecida, aunque la mirada de él hacía pensar que le estaba ofreciendo veneno. Su consideración fue tan inesperada que se quedó sin palabras por un momento.

Raphael frunció el ceño, mirándola con nerviosismo. Tampoco estaba seguro del por qué lo hacía, pero su voz adolorida le hizo sentir culpa. ¿Por qué esta hermosa mujer parecía tan débil? Le había traído una medicina, pero ella se limitaba a estar sentada, sosteniendo el vaso mientras lo miraba fijamente. Parecía que Annette Bavaria no aceptaba ni siquiera un trago de agua de él.

¿Por qué hice algo tan inútil?

Le hirió el orgullo. Quiso quitarle el vaso de las manos, pero Annette se le adelantó. Salió de la cama, dejó el vaso en la mesa de noche y lo rodeó con sus brazos.

"Muchas gracias, Raphael", dijo ella, levantando la cabeza para sonreírle suavemente. Sus finas pestañas doradas se agitaron. Bajo ellas, unos ojos como pétalos rosados brillaron de gratitud. Fue una sonrisa tan encantadora como observar florecer una flor.

Raphael se dio cuenta de que seguía deseando a la mujer de Baviera.

Tanto el tacto de sus delicadas manos como aquella deslumbrante, sonrisa le resultaban totalmente extraños. Rápidamente, se movió hacia atrás para escapar de aquel incómodo abrazo. Había hecho todo lo posible por ella, por lo que pretendía marcharse para que ella pudiera descansar antes de volver a hacerle daño de algún modo. Sin mirar atrás, se marchó.

Observando su espalda, Annette habló.

"¡Buenas noches, Raphael!"

Por supuesto, él no respondió. No importaba. Después de tomar la medicina que él había traído, Annette buscó el cuenco. Mientras se lavaba cuidadosamente entre las piernas, sintió que el dolor disminuía. El paño tenía una suave textura, el agua estaba caliente y el corazón de Annette se reconfortó.

No sabía que Raphael pudiera hacer esto.

Annette sonrió para sí misma.

Bueno, si lo pensaba, no siempre le fue mal con Raphael. En su última vida, se había esforzado bastante para proporcionarle los cuidados médicos que necesitaba hasta el día de su muerte. Cuando quedó postrada en la cama, había dejado de discutir con ella por completo y la había atendido personalmente. Quizá fuera por sus experiencias en la guerra. Raphael no soportaba que los demás sufrieran dolores físicos.

Después de lavarse, Annette se recostó en la cama. La medicina empezó a hacer efecto, así que el dolor disminuyó lentamente. Tumbada sola en una cama tan grande, sentía un poco de frío y soledad, pero estaba bien. Incluso en el oscuro futuro, podía vislumbrar una pequeña llama de esperanza.

Desgraciadamente, esas esperanzas se desvanecieron a la mañana siguiente.

Se despertó antes de lo habitual al escuchar un ruido en el exterior. Parecía una discusión; pudo escuchar la voz alta de Raphael.

Frotándose los ojos somnolientos, Annette miró por la ventana, pero no pudo ver a nadie. A juzgar por la dirección del ruido, debían estar en el vestíbulo.

Levantándose de la cama, Annette decidió averiguar qué estaba sucediendo. Ahora era la esposa del Marqués Carnesis, debía saber lo que ocurría en su hogar. Al dar los primeros pasos, sintió un ligero dolor entre las piernas, pero no fue grave. Rápidamente, se vistió nerviosa.

Habiendo sido rigurosamente educada para ser Princesa Heredera, Annette era una persona muy paciente. Mientras salía de la habitación, trató de recordar cualquier cosa que pudiera haber ocurrido en ese momento en su vida anterior, pero no había nada importante. En su última vida, Annette había estado postrada en la cama en este momento.

Al principio de su luna de miel, Raphael la odiaba. Su malentendido hizo que su primera noche fuera insoportable, y Annette había sido tan orgullosa, que incluso pudo decir algo tan simple como que la tratara con más delicadeza. Si hubiera dicho eso, no habría sufrido tanto después.

El precio de su propia terquedad fueron tres días enferma. Cuando volvió a abrir los ojos, lo primero que vio fue la cara sombría de Raphael, mirándola con frialdad. Había actuado como si ella fuera su enemiga. No mostraba ningún remordimiento por su mujer, que había estado enferma por su culpa.

'Estaba tan triste entonces...'

Annette frunció el ceño ante los desagradables recuerdos. Ella le devolvió el odio a Raphael. Nunca había entendido por qué la odiaba, por qué se negaba a creerle cuando ella intentaba corregir los malentendidos entre ellos. En ese entonces Raphael, era tan frío como su padre, e incluso más cruel.

Esta vez había sido completamente diferente. Aunque Raphael seguía comportándose de forma abominable, al menos había tenido en cuenta su comodidad. En esta vida, Annette había dormido y despertado como de costumbre, para escuchar este alboroto.

Espero que no sea nada importante...

El corazón de Annette latía más rápido, lleno de una ansiedad que aún no comprendía. Sus pasos se aceleraron. En cuanto dobló la esquina del pasillo que daba al vestíbulo, escuchó las palabras de Raphael en la distancia.

"¿Quieres decir que los regalos que envié no fueron lo suficientemente buenos para el viejo Bavaria?"

Lo escuchó burlarse, aunque su voz fue moderada, ella podía sentir la furia en ella. No tenía que verlo para saber que estaba en su peor estado de ánimo. Rara vez lo había visto tan enfadado.

"Le pido perdón, Marqués. Los regalos que ha enviado son maravillosos, pero mi maestro es una persona de gustos muy exigentes, que sólo utiliza los artículos más finos. Le pido su generosa comprensión por las diferentes opiniones que puedan existir entre dos familias."

Era una voz que Annette conocía muy bien. Se trataba de Gerard, el mayordomo de su familia. Tenía voz de noble, con un ligero acento extranjero. Gerard siempre le había parecido amable, así como un mayordomo excepcionalmente bueno.

Pero esta vez, frunció el ceño al verlo. Las palabras exactas que Gerard había utilizado se repitieron en su mente.

Hoy suena un poco extraño. ¿Por qué le habla así a Raphael? Es muy grosero.

Annette no podía entender por qué Gerard, el mayordomo de su familia, le hablaba con desprecio a Raphael.
agosto 23, 2022

Cómo Domar A Mi Marido Bestial - Capítulo 8

Capítulo 8. Inocencia

La presión que se acumulaba en su interior era aterradora. Sentía como si su vientre fuera a reventar, tratando de aceptarlo todo. Al sentir que su entrada se extendía alrededor de su p3n3, Annette temió que la desgarrara. Se aferró a las sábanas mientras jadeaba. Inmerso en un placer increíble, Raphael fingió no darse cuenta mientras empezaba a empujar rápidamente.

"¡Uhhnnn! Ra, Raphael, un poco más despacio."

Cuando su grueso gl@nd3 se frotó contra su húmedas paredes, un extraño placer la invadió. Las lágrimas llenaban sus ojos, las manos de Annette se dirigieron automáticamente hacia él. Pero Raphael las atrapó sin piedad, inmovilizándolas sobre la cama. Sus caderas se movieron más rápido.

Cada vez que grueso p3n3 se clavaba en su interior, la visión de Annette se volvió blanca. Su respiración jadeó cuando empezó a atacar los mismos puntos débiles que había descubierto antes.

Raphael era tan lujurioso ahora como lo había sido en su última vida.

Pero el dolor casi había desaparecido. La sensación de su gran p3n3 acariciando sus lugares sensibles se sentía increíble. Cada vez que empujaba hasta lo más profundo, los gemidos salían de su boca.

"¡Haa, ahhh, ahhh!"

Su enorme p3ne la p3netró repetidamente. Sus paredes internas reaccionaron a la embestida, apretándose con avidez alrededor de su p3n3. Podía sentir la forma de la cosa que la estaba p3netrando. Raphael gruñía como una bestia masculina mientras empujaba con más ahínco.

"¡Uhhh!"

Los ojos de Annette se pusieron blancos. Su primer orgasmo por p3netración se estaba produciendo, y su cuerpo se estremeció mientras explotaba, tan intenso que apenas podía respirar. Cuando sus calientes entrañas apretaron con fuerza, Raphael perdió la cabeza. Frenéticamente, se metió dentro de ella.

Annette pensó que iba a morir. Entre sollozos retorció su cuerpo para escapar, pero Raphael la inmovilizó sobre las sábanas. Aferrándose a su bestial esposo, gritó luchando contra este terrible placer.

Raphael le metió su p3n3 hasta el fondo mientras agarraba su tr@sero. Incluso cuando estaba ey@culando, no se detuvo. Siguió fr0t@ndo continuamente el interior de ella con sus profundas embestidas, el sonido húmedo de su unión se extendió por la habitación.

Raphael se retiró. Después de haber aliviado su lujuria una vez, quiso darle la vuelta inmediatamente para hacerlo de nuevo en otra posición. Le gustaba mirar esa cara de muñeca, aunque ver sus pestañas húmedas y las marcas de sus dientes en el labio inferior le hacían sentirse extrañamente incómodo.

Pero en el momento en que se movió para darle la vuelta, percibió un olor a sangre. Instintivamente, Raphael encontró el origen del olor. Sus agudos ojos se abrieron de par en par.

La sangre fluía entre las piernas de Annette. Su vello púbico dorado estaba oscurecido por sus fluidos amorosos y enrojecido por la sangre. Dado que había utilizado su boca para prepararla, no entendía por qué estaba sangrando ahora.

A menos que lo que había dicho fuera cierto.

¿Realmente no se había ofrecido a Ludwig, con la esperanza de convertirse en Princesa Heredera? En realidad no parecía una mujer vulgar. Y al darse cuenta de esto, los ojos de Raphael temblaron violentamente en shock. Todo pensamiento de poseerla de nuevo se desvaneció.

Pero Annette no pudo percibir los cambios en su corazón, por lo que cerró los ojos con temor. Raphael era un hombre viril, que nunca se había conformado con hacerlo sólo una o dos veces. Era una criatura bestial, que no la soltaría aunque llorara. Si intentaba escaparse, la arrastraría de vuelta. Estaba segura de que él iba a hacerlo al menos una vez más.

¿Qué debo hacer? Empieza a doler...

No se había dado cuenta en medio del acto por el placer, pero ahora que había terminado, el dolor interior estaba empeorando. Como había temido, la primera vez siempre era dolorosa. Y a Annette le preocupaba lo que Raphael pudiera hacer si ella lo rechazaba. Con cautela, levantó la vista hacia él.

Pero Raphael no comenzó inmediatamente otra ronda. Annette se quedó perpleja hasta que vio que su mirada estaba fija entre sus piernas. En el momento en que vio sus ojos temblorosos, Annette comprendió lo que había sucedido. Sólo ahora, se había dado cuenta de que sus palabras eran ciertas.

En silencio, Raphael la soltó. Luego se deslizó fuera de la cama. Esto también fue diferente a lo habitual. Instintivamente, se dio cuenta de que esta era su oportunidad. Rápidamente aprovechó la ocasión para hacerle reflexionar sobre su comportamiento brusco.

"Te lo dije, ¿No?" Preguntó Annette lastimosamente. "Ha sido demasiado..."

En cuanto escuchó su voz, los músculos de su espalda se pusieron rígidos. Ya se sentía culpable. Escuchar su resentimiento sólo empeoró esa sensación.

Raphael se mordió la lengua para contener la disculpa que casi se le escapaba. Sin embargo, antes de rebajarse a disculparse, tenía que entender lo que había pasado. ¿Realmente la habían acusado falsamente? Con una acusación desmentida, Raphael quedó sumido en una terrible confusión.

Afortunadamente, todo su odio hacia Bavaria estaba allí para llenar los vacíos. La visión de sus mechones rubios le hizo decidirse. Los Bavaria eran personas astutas, con agua helada en las venas.

"Muy bien", dijo fríamente, recordando todos estos hechos. "Reconozco que no te has entregado a Ludwig. Pero eso es todo."

Inmediatamente, ella comprendió lo que él quería decir.

La acusación de que se había acostado con el Príncipe Heredero no tenía mucho sentido para nadie más que para su esposo. Ambos habían estado a punto de comprometerse en ese momento, por lo que Annette realmente había estado a punto de convertirse en Princesa Heredera. Así que, aunque a las encantadoras mujeres de la nobleza de Deltium les gustaba chismear sobre ello, las conversaciones sobre el compromiso habían sido suficientes para que todos lo ignoraran.

Fue una acusación diferente la que había destruido el futuro de Annette. Pero sabiamente, Raphael no hablaba de ello. Se trataba de un secreto que sólo conocían las tres familias implicadas, por lo que, a juzgar por la reacción de los invitados a la boda, parecía que el secreto había sido bien guardado.

Todavía es demasiado pronto para saber si eso es cierto o no, pensó Raphael con frialdad. Luego giró su cabeza hacia ella. Fue sólo para ver la respuesta a sus palabras, pero inmediatamente se arrepintió.

Mirarla lo exc!taba Su cuerpo desnudo aún mostraba todas las evidencias de su relación amorosa. Sus mejillas blancas como las de una muñeca de porcelana estaban sonrojadas. La visión de sus s3n0s asomando entre su larga melena rubia fue suficiente para que toda su sangre se precipitara hacia abajo. La vista de su propio s3men fluyendo entre las piernas de ella lo estimulaba insoportablemente. Pero lo peor de todo eran los ojos de ella, que lo miraban con tanta inocencia.

"¿Raphael...?"

Annette no podía imaginar los pensamientos que pasaban por su mente. Lo llamó mientras se preguntaba cómo podría desmentir todas las demás acusaciones contra ella. Pero se sintió confundida por lo que vio en su rostro cuando levantó la cabeza.

¿Por qué me mira así? Tal vez quiera volver a hacerlo después de todo...

Annette se estremeció ante esta posibilidad. El dolor entre sus piernas era demasiado intenso para pensar en hacerlo de nuevo. Y sin poder demostrar su inocencia en las otras acusaciones, ahora no era el momento de explicárselo.

Lo más importante ahora era persuadir de alguna manera al exc!tado Raphael.

"Raphael", dijo ella con una voz suave. "Me duele, me duele mucho... ¿podemos parar por ahora?"

Una vez más, su mirada se desplazó hacia abajo. En ese momento, como para reafirmar su súplica, otra gota roja recorrió sus blancas piernas. El rostro de Raphael se endureció ante esa visión. Se dio la vuelta para salir del dormitorio.

Una vez más, su mirada se desplazó hacia abajo. En ese momento, como para reafirmar su súplica, otra gota roja recorrió sus blancas piernas. El rostro de Raphael se endureció ante esa visión. Se dio la vuelta para salir del dormitorio.

Slam!

Cerró la puerta abruptamente. Por la fuerza con la que cerró la puerta, Raphael debía estar muy enfadado. Annette estaba tan asustada que ni siquiera pudo gritar; simplemente se llevó la mano al corazón sin hacer ruido. Definitivamente tenía que arreglar esa terrible costumbre de dar portazos.

Raphael, que ya se había ido, no se dio cuenta de la crítica de Annette. Trató de vaciar su mente de ella mientras caminaba por el pasillo, pero no funcionaba.

¡Maldita Bavaria! Maldita Annette Bavaria...

La imagen de su mujer desnuda se le pasó por los ojos. No podía quitarse de la cabeza esa hermosa vista. Su deseo s3xual no había disminuido. Aumentaba instándole a volver a ella. Aunque ella estuviera llorando, aunque estuviera herida, se sentiría tan bien aplastando su esbelto cuerpo bajo él y complaciéndose hasta quedar finalmente satisfecho.

Raphael no entendía por qué no se atrevía a hacerlo.
agosto 23, 2022

Cómo Domar A Mi Marido Bestial - Capítulo 7

Capítulo 7. Una Extraña Satisfacción


Recordando aquel dolor, Annette se aferró a su cuello con más fuerza. Sus tiernos s3n0s rozaron su pecho, pero a ella no le importó. Su miedo era mayor que su vergüenza.

"No me harás daño, ¿Verdad?" Preguntó, haciendo con una voz suave. "¿Por favor?"

Raphael no respondió. La sensación de los brazos de ella rodeando su cuello lo hizo sentir extrañamente incómodo. Recordó sus manos suaves, que parecían que se iban a romper con la menor fuerza. Aunque estaba impaciente, trató de controlar su temperamento para no ser tan brusco. Incluso si abrazaba a alguien tan débil de forma imprudente, podría matarla.

"Haré lo que pueda", susurró con profundo deseo. Temblando, Annette le soltó el cuello y Raphael abrió sus piernas con tanto cuidado como si fueran las delicadas patas de un ciervo.

La textura de su piel bajo las puntas de sus dedos se sentía increíblemente suave.  Su cuerpo tembloroso, su pelo, todo olía tan increíblemente bien. No habría sido extraño que cualquier hombre se la quisiera comer. Y aunque había decidido ser suave, sus manos se negaban a obedecer.

Se había preocupado porque no sabía si podría tolerar a una Bavaria como esposa. Pero ahora no tenía que preocuparse por eso. Apretó su mandíbula mientras miraba su cuerpo desnudo. Su piel blanca parecía hecha de azúcar.

Si su p3ne no se levanta ante semejante vista, ¿Se puede considerar un hombre?

Agachando la cabeza, Raphael se llevó sus s3nos a la boca, chupando con avidez. Sus p3z0nes estaban inicialmente pálidos, pero se pusieron rápidamente rojos como cerezas ante la estimulación. Su lengua  lamió obsc3namente su rígido p3z0n. Suavemente, lo mordió, mordisqueando ligeramente.

"Ah, ha...haa..."

Annette gimió retorciendo su cuerpo. Temía que le mordiera con demasiada fuerza, pero eso le hacía sentir un extraño estremecimiento entre las piernas. La sensación de que él le lamiera y mordiera insistentemente los p3z0nes le producía un hormigueo de pl@cer en todo el cuerpo.

Después de probar sus s3n0s dulces como el pudín, Raphael se lamió los labios. Sus profundos ojos azules seguían siendo duros, pero también extrañamente cálidos. Lentamente, acercó su cara a las piernas de ella, saboreando la textura de su piel mientras le separaba las piernas.

"Es... un poco vergonzoso... ¡Raphael!" gritó Annette, tratando de cerrar las piernas. El dormitorio estaba iluminado, así que podía mirar cada detalle de su desnudez. Estaba tan avergonzada que sus ojos se enrojecieron con lágrimas. Pero Raphael sólo agarró sus muslos, abriéndolos más.

"Quédate quieta. ¿No me dijiste que lo comprobara yo mismo?"

Las palabras que salían de sus labios eran obscenas. Cuando recordó a Annette haciendo una propuesta tan atrevida con su cara inocente, le hizo sentir que iba a estallar. Su p3n3 se hinchó tanto que le dolió, instándole a meterlo entre las piernas de ella.

Annette no tenía ni idea de lo que él estaba pensando, pero instintivamente se sintió en peligro. Y aunque estaba preparada para seguir adelante con esto, la forma en que él la miraba era tan intensa que la asustaba. Ella se sentó rápidamente. Besó cuidadosamente sus mejillas y frente para calmarlo.

"...¿Qué estás haciendo? ¿Sigues fingiendo que tienes miedo?"

Raphael apretó los dientes cuando la volvió a acostar. Pero su voz era más suave. Con toda su paciencia, bajó la cabeza hasta la abertura entre sus piernas.

Los g3n!tales de Annette estaban tan limpios, sus labios v@g!nales tan tiernos, que él se preguntó si los aplastaría con su tacto. Al mirar más de cerca, su húmeda abertura temblaba de excitación, brillando con un color bonito. Era una vista tan exc!t@nte que no podía apartar los ojos.

Pero Annette no pudo soportar la vergüenza, así que giró la cabeza para enterrar la cara en la almohada. La sensación de su aliento contra la piel entre sus piernas, la hacía sentir muy avergonzada. ¿Y qué aspecto debía tener su cara, mientras miraba con tanta atención su lugar más secreto?

Su dedo índice se deslizó sobre sus pétalos, abriéndolos para revelar su entrada. Los ojos de Annette se cerraron, esperando que esto terminara lo antes posible. Pero entonces sintió su lengua deslizándose sobre su zona int!ma.

"¡Ahhh! Raphael."

Annette asustada levantó la cabeza para disuadirle. En su vida anterior, Raphael se había acercado a ella en su primera noche creyendo que era una mujer experimentada. No se había tomado el tiempo de acariciarla de esta manera, y debido a ese malentendido, Annette había estado confinada en la cama durante tres días después de su primera noche.

Pero este Raphael era un poco diferente. Aunque no lo admitiera abiertamente, estaba reconsiderando la verdad de las acusaciones que Annette negaba con tanta vehemencia. Si ella realmente era inocente, entonces él necesitaba prepararla para que lo recibiera. Raphael era un hombre grande. Naturalmente, su dotación también era destacable.

Ajena a sus pensamientos, Annette se limitó a cubrirse la cara de lágrimas. Se avergonzó mucho cuando él la lamió allí. Raphael al ver que se comportaba con tanta timidez, sólo le abrió más las piernas.

Su lengua la estaba estimulando de forma intensa. De repente la punta de su lengua rodeó su sensible cl!t0ris. Sus labios calientes empezaron a chupar.

"¡Ahhh...uhhhhh...hummmm...!"

Su lengua, que pen3tró en su estrecha abertura, lamió ferozmente sus entrañas. En todos los lugares que tocaba su lengua, se producía un estremecimiento de éxt@sis. Sentía que sus entrañas se derretían, mientras sus caderas se arqueaban con fuerza.

De repente, un dedo se introdujo en su estrecha entrada, haciendo que los delicados músculos se contrajeran. El grueso dedo se deslizó profundamente. Cada vez que entraba y salía de su húmeda abertura, separaba un poco más sus paredes internas. Sintió como si se hubiera incendiado.

Mientras Annette jadeaba, el número de dedos en su interior aumentó a tres.

"Uhhh...uhh, de, detente..."

Su entrada caliente se tragaba los dedos. Raphael los introdujo profundamente, frotando sus paredes internas de un lado a otro, como si estuviera buscando algo. Annette se estremeció mientras su cuerpo se retorcía en formas que no podía imaginar. Sollozaba mientras movía su cabeza de un lado a otro.

En el momento en que vio sus ojos húmedos, las comisuras de la boca de Raphael se levantaron. Sus dedos se movieron cada vez más rápido, golpeando sus puntos débiles. Cada vez que tocaba esos lugares, su cintura se estremecía por sí sola.

Jadeos de pl@cer salían de su boca. El cuerpo de ella se vio perturbado por un pl@cer casi insoportable. Moviéndose hacia atrás, chupó su cl!t0ris mientras sus dedos entraban y salían rápidamente de su v@g!na, frotando rápidamente su punt0 G.

Una extraña sensación comenzó a cocinarse a fuego lento. Los dedos de los pies de Annette se curvaron. Su cuerpo se arqueó cuando empezó a alcanzar el cl!m@x. Su cuerpo se sacudió con las intensas sensaciones una, hasta que se desplomó de nuevo sobre la cama.

"Uhh...huhhh, huhhhh..."

Las lágrimas, que se acumularon en sus ojos, corrieron por sus mejillas. Tenía los labios abiertos mientras jadeaba. Parecía aturdida como si no entendiera lo que acababa de sucederle. Mirando aquel rostro encantador, Raphael sintió una satisfacción que nunca había conocido.

Levantando la cabeza, lamió los flujos remanentes en sus dedos. Sabía a fruta ácida, pero sólo le abrió el apetito. Su p3n3 palpitaba de exc!tación. Odiaba admitirlo, pero esta mujer lo exc!taba. Y eso era lo más imperdonable de todo.

Acomodándose entre sus piernas, Raphael introdujo su duro gl@nd3 en su estrecha entrada, sintiendo que aún se estremecía por su 0rg@smo. Al sentir el calor de su gl@nd3 dentro de ella, la sobresaltada Annette se quedó absolutamente inmóvil, recordando vívidamente el dolor de su primera vez. Le había dolido mucho.

Tengo miedo.

Su asustada mirada se dirigió hacia Raphael. Aunque sabía que tenía que experimentar esto en esta vida, no pudo evitar sentirse aterrorizada ahora. Raphael frunció el ceño al notar el miedo en su rostro. Levantó la mano para cubrir su cara. Había algo en esos ojos que le hacía sentirse débil e inútil.

Su gran mano casi le cubrió toda la cara. Sólo se veía sus labios rojos.

Raphael agachó la cabeza para besarla todavía tapando sus ojos. Dus labios atraparon su lengua, explorando su boca. Su lengua le hizo cosquillas en su sensible paladar, enroscándose y tirando de la punta de su lengua.

Cuando ella se distrajo con su beso, él hundió su p3n3 dentro de ella. Aunque había alcanzado el cl!m@x una vez, seguía estando tan apretada en su interior que sólo pudo introducir la mitad de su longitud. Pero aún así, se sintió muy bien. Las cálidas paredes interiores de ella se apretaron con fuerza alrededor de su p3n3. Él sintió como si su razón se derritiera.

"Relájate, Annette", gruñó. "Estás demasiado apretada."

Fue cruel al reprenderla por esto. Pero Annette no sabía cómo relajarse y aliviar el dolor desgarrador de su interior. Lo intentó, pero el hormigueo de la agonía permaneció. Su cuerpo se estremeció mientras gemía. Al ver que se mordía los labios por el dolor, Raphael chasqueó la lengua, en señal de desaprobación. Bajó su mano para frotar suavemente su cl!t0ris hinchado con el pulgar.

"Ummm..."

Un pl@cer familiar se extendió por su cuerpo ante la caricia circular. El cuerpo rígido de Annette se relajó. Instintivamente, Raphael aprovechó el momento y deslizó toda su longitud dentro de ella.

domingo, 21 de agosto de 2022

agosto 21, 2022

Cómo Domar A Mi Marido Bestial - Capítulo 6

Capítulo 6. Prueba de Inocencia


La primera decisión importante de su nueva vida sucedió rápidamente. Citó a un médico a la casa del Marqués Carnesis, un hombre de unos treinta años con un brillante cabello castaño. Cuando el hombre de cejas pobladas escuchó la extraña petición de Annette, al principio dudó de sus oídos.

"¿Qué?" Preguntó, tras un momento de silencio. "¿Qué... es lo que quieres?"

Sus ojos le rogaban que retirara inmediatamente su petición. Era algo muy embarazoso. Pero Annette estaba decidida. Ella repitió con calma.

"He... escuchado que hay médicos que pueden probar la inocencia de uno. En la parte ginecológica. ¿Podría referirme a alguien así en su círculo? Preferiría un médico femenino."

En la superficie ella estaba serena, pero por dentro temblaba de vergüenza. Sus manos se aferraron a los apoyabrazos de la silla con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos. Nada le hubiera gustado más que retractarse inmediatamente de lo que había dicho, pero sabía que esta era su única opción.

Raphael la odiaba tanto que nunca la creería aunque protestara todos los días. Ella no tenía más remedio que darle pruebas, con el testimonio de un médico. Si no intentaba limpiar los cargos contra ella, nadie más lo haría. Las puertas sólo se abren para los valientes que tocan para entrar.

Esa era la lección que Annette había aprendido en su última vida.

Annette se mordió los labios con fuerza, recordando los últimos cinco años que había sufrido. Mejor soportar unos momentos de vergüenza que repetir aquella desgracia.

"Bien. Si insiste...." El médico entendió que Annette no iba a retirar su petición. Le entró un sudor frío. Cuando Annette se inclinó hacia delante para escuchar lo que fuera a decirle, la puerta del salón se abrió abruptamente.

¡¡¡Bang!!!

"¡OH!"

Sorprendido por el fuerte ruido, el médico soltó un grito. Su expresión profesional había desaparecido, fue reemplazada por una de miedo. Annette estaba igual de sorprendida. Sus ojos se abrieron de agrandaron al ver al intruso.

"¿Raphael? ¿Qué estás haciendo aquí?"

No debe haber pasado mucho tiempo desde que se despertó; Raphael entró vestido con una simple camisa blanca y pantalones. Sus músculos bien entrenados eran evidentes bajo la fina tela. Con su musculosa complexión, resultaba amenazante.

Sus ojos azules brillaron con rabia mientras mientras alternaba la mirada entre ambos.

"¿Ya se ha hecho la prueba?" Gruñó.

"¿Sí? ¿Qué, qué tipo de prueba?"

El médico estaba tan aterrorizado que no sabía qué empezó a tartamudear. La cara de Raphael se contorsionó de rabia.

"¡Maldito cabrón! ¿La has hecho o no?" Preguntó apretando los dientes al descubierto.

"¡No! ¡No la hice, Su Alteza, lo juro por Dios! No he tocado a su esposa en absoluto."

Sólo entonces el hombre se dio cuenta de lo que Raphael quería decir. Comenzó a temblar tanto que casi se mordió la lengua. Por un momento, a Annette le preocupó que hubiera una pelea. Pero afortunadamente, Raphael reconoció que el hombre estaba diciendo la verdad por su rostro asustado.  Se acercó a él para sacarlo agarrado. Toda la mansión pareció vibrar cuando cerró con fuerza la puerta detrás de él.

Raphael tenía realmente un carácter salvaje.

Fue una suerte que la mansión no se derrumbara, con todos los portazos. Aunque, ahora que lo recordaba, ayer había roto la puerta de la habitación. Acostumbrada a la forma de ser de su grosero esposo, Annete suspiró en su interior al verlo acercarse.

"¿Qué ha pasado, Raphael?"

En lugar de responder, Raphael apoyó las manos en los reposabrazos de su silla, para que ella no pudiera levantarse ni huir. Parecía sentirse mejor si bloqueaba todas sus vías de escape antes de interrogarla.

Aquel rostro apuesto que se cernía sobre ella se veía aterrador. La miró fríamente.

"¿Qué intentas hacer al llamar a un médico?" Le preguntó de repente, todavía enfadado. "¿Planeabas falsificar un certificado médico? Es una jugada astuta, pero no es tan fácil convercerme."

Si hubiera sido la anterior Annette, se habría sentido humillada por esto. Y le habría devuelto el ataque, tratando de infligir ese mismo sufrimiento. Pero ella ya no era así.

"No es así, Raphael", dijo con calma. "Como dije ayer, puedo demostrar mi inocencia. Si te preocupa que falsifique un certificado, puedes llamar a un médico de tu confianza."

"¿De verdad te someterías a una prueba así? ¿Una persona como tú, una flor de Baviera criada en un invernadero, aceptaría un examen tan vergonzoso? ¿Abrir las piernas a otro hombre?" Espetó. "Ni un perro  cree esa mierda."

Su sarcasmo resultaba frustrante. Entonces, ¿Qué demonios se suponía que debía hacer ella? Él no creería su palabra, e incluso cuando ella propuso una prueba, él siguió pensando que lo engañaría. Annette sabía que Raphael era un hombre con serios problemas de confianza, pero este tipo de comportamiento rozaba la locura.

Pero... él debió pensar que ella quería consultarse con un médico varón. Raphael no toleraría ni siquiera la idea de que abriera las piernas delante de otro hombre. Por eso se había apresurado a detenerla. Sabiendo que tenía problemas para controlar su ira, Annette se esforzó por comprenderlo. Ella no sabía si alegrarse de sus celos o no.

Raphael era una bestia, pero nunca la había herido intencionadamente. Al menos, no físicamente. Tal vez por eso nunca pudo odiarlo o temerle realmente. No era tan malo.

Pero ya que iban a revivir esta relación, ella no quería repetir sus viejos patrones. Seguramente estaría bien tratar de domesticarlo.

"Raphael", dijo en voz baja. Mirándolo a los ojos, rodeó lentamente su cuello con sus brazos. Él no se apartó. Se limitó a observarla con desconfianza, preguntándose cuál sería su próximo truco. Annette parpadeó con una pequeña sonrisa en su rostro.

Susurró una tímida pregunta.

"Si no quieres que vea a un médico... ¿Quieres comprobarlo tu mismo?"

Se quedó con la boca abierta. El calor furioso de sus ojos se desvaneció, que se agrandaron por la sorpresa. Por un momento se quedó boquiabierto sin poder creer lo que acababa de escuchar.

Annette se sintió un poco sorprendida por su propio atrevimiento. Siempre había sido una mujer conservadora, pero no le parecía tan mal si conseguía que Raphael se viera tan avergonzado.

"Ahora estamos casados, ¿No?" Susurró ella, levantando sus ojos hacia los de él. "Así que puedes subirme la falda y yo te abriré las piernas para que veas con tus propios ojos..."

Ella no llegó a terminar esa frase. Raphael la levantó. Su habitación estaba a sólo unos pasos. Abrió la puerta de una patada, dirigiéndose directamente a la cama.

"¡Ahhh!"

Annette, tendida en la cama, lo miró con los ojos muy abiertos. Pero Raphael no la miraba. Se estaba despojando rápidamente de su ropa, arrancando la camisa y quitándose los pantalones. En cuanto se quitó los pantalones, su p3n3 se sacudió hacia arriba, duro en todo su esplendor.

Raphael se acercó. Ella se asustó mientras su enorme sombra se cernía sobre ella. Ya podía adivinar lo que iba a suceder. La primera vez en su vida anterior había sido tan terrible que le aterrorizaba fuera igual.

Sin mirarla a los ojos, Raphael comenzó a desnudarla inmediatamente. Al principio, trató de ser cuidadoso, pero rápidamente se impacientó con su ropa. Con un fuerte ruido de desgarro, las costuras de su ropa cedieron. Annette gritó aferrándose a su cuello.

"Raphael..."

"¿Qué? ¿No me pediste que lo comprobara por mí mismo? No me vas a pedir que me detenga ahora, ¿Verdad?" Decía mientras le quitaba las br@gas. Estaba completamente d3snuda. A este paso parecía que sería tan horrible como la última vez.
agosto 21, 2022

Cómo Domar A Mi Marido Bestial - Capítulo 5

Capítulo 5. Acusaciones Falsas


Era natural que se preocupara. Su nueva esposa era tan pequeña. Sus manos parecían delicadas como los de una muñeca, al igual que su delicado rostro blanco. Por mucho que intentara controlar su fuerza, su agarre entrenado con la espada era lo suficientemente fuerte como para lastimarla. No tuvo más remedio que soltarla, a pesar de sus dudas.

Annette, que se zafó de su agarre, se levantó de su asiento. Ella no quería perder esta oportunidad. En voz baja, le dio las buenas noches, haciendo lo posible para que no pareciera que estaba huyendo de él.

"Hoy volveré a mi habitación, Raphael. Creo que has bebido demasiado. Si tienes alguna pregunta para mí, hablemos mañana cuando estés sobrio. Entonces, ya me voy."

Annette se sintió muy orgullosa de sí misma, de terminar sus palabras con tanta fluidez. Fue capaz de concluir un argumento racionalmente en una situación como esta.

¿Por qué no pude hacer eso en mi vida anterior?

Por esa razón, ella siempre había peleado con Rafael.

Realmente nos peleamos mucho en ese entonces.

Al darse la vuelta, se sintió un poco triste. Si lo hubiera manejado tan bien entonces como ahora, se habrían hecho menos daño. Pero fue imprudente al bajar la guardia con Raphael detrás de ella. No era un hombre ingenuo que la dejaría marchar tan fácilmente. En el momento en que su mano tocó el pomo de la puerta, todos sus nervios se erizaron de repente, como una advertencia de peligro inminente. Parecía el instinto de un herbívoro cuando siente que se acerca un depredador.

Annette giró la cabeza sorprendida. O mejor dicho, intentó girarse. Pero no pudo, porque su cuerpo quedó atrapado entre él y la puerta. Raphael la aplastó, inmovilizándola. Sentir su aliento caliente en sus orejas la hizo estremecerse.

"Te lo dije, Annette. Esta es la primera noche de nuestra luna de miel. No vas a huir de mí."

Su voz profunda sonaba como el rugido grave de una bestia. Y después de hablar, le lamió el redondo lóbulo de la oreja. El pánico la invadió, Annette intentó huir.

"¿A dónde vas?"

Los brazos que la aprisionaban por detrás no tenían intención de dejarla marchar. Annette estaba atrapada. Antes de que ella se diera cuenta de lo que había sucedido, una mano agarró la parte trasera de su fino camisón. Su aterrador agarre fue tan fuerte que la tela se rasgó por la mitad, dejando al descubierto su espalda.

"¡Ah...!"

Rápidamente, Annette sostuvo la parte delantera de su camisón, que estaba a punto de deslizarse. De alguna manera, se las arregló para no exponer su torso, pero no pudo hacer nada con su espalda.

Raphael quedó deslumbrado por la blanca piel que se revelaba en su espalda. Inclinando la cabeza, mordió su cuello como si fuera una bestia a un conejo. Annette casi dejó de respirar. Su áspero aliento acarició su cuello, provocando que su cuerpo se estremeciera. Se le puso la piel de gallina.

Las manos de Raphael presionaron sus hombros para que no pudiera moverse. Apretando su pequeño cuerpo contra la puerta, le besó fervientemente la espalda. La sensación de las puntas de sus dedos sobre sus omóplatos expuestos se sentía vívida.

"Shh... te vas a quedar quieta, ¿No? Ahora que eres mi esposa, Annette."

Raphael le mordió suavemente los lóbulos de las orejas, haciendo todo lo posible por no hacerle daño. Los húmedos sonidos, además de la sensación de su lengua recorriendo el interior de su oreja, eran demasiado para ella. Se retorció, aferrándose a su camisón. No entendía por qué lo hacía. Siempre la había mirado con un odio tan frío en sus ojos, pero luego la acariciaba tan apasionadamente, como si la deseara de verdad.

¿Y si realmente quería tener la primera noche?

Annette estaba aterrorizada. La primera noche de su vida anterior había sido horriblemente dolorosa. Ella había esperado que él satisficiera rápidamente cualquier capricho que tuviera, pero los besos que se derramaban sobre su cuello no hacían más que aumentar la pasión del momento.

"Annette... Annette, mi noble esposa..." Raphael presionó sus labios contra ella, un gemido de excitación se le escapó a ella mientras la interrogaba. "Por favor, dime directamente con esa boca. ¿Has entregado ya tu cuerpo al Príncipe Heredero? ¿Hmm?"

Todavía parecía que creía firmemente en aquellas terribles acusaciones. La habían acusado falsamente de lanzarse sobre Ludwig porque quería ser Princesa Heredera. Incluso aseguraban que incluso había llegado a perjudicar a sus rivales.

El absurdo malentendido resultaba muy embarazoso. Annette apretó los dientes. ¿Por qué no podía haber regresado antes de que ocurriera el incidente? Si lo hubiera hecho, podría haber evitado esta trampa maliciosa, por lo que su futuro habría sido muy diferente.

Pero Dios la había enviado de vuelta justo después. En este punto, no había nada que ella pudiera hacer. Mientras su bestial marido la mordía, ella se estremeció, apelando de nuevo a su inocencia.

"Nunca he hecho eso, Raphael. No hice nada con Ludwig, y... y esta es mi primera vez..."

Al pronunciar esas palabras se le calentaron los oídos. Deseaba poder ignorar este ridículo interrogatorio. Pero si Raphael pretendía llevar a cabo su primera noche de esta manera, ella no podía quedarse callada. Había pagado un precio terrible por su estúpido silencio en su vida anterior. Su primera vez entonces no había sido más que dolor, por lo que no quería experimentar lo mismo.

Pero Raphael ignoró su confesión. Sus profundos ojos azules brillaron con maldad.

"Como esperaba, la familia Bavaria tienen fama de expertos mentirosas", se burló. "¿Tu familia te educó en el engaño? Eres bastante bueno."

Le clavó los dientes en su delicada piel enfadado. Fue lo suficientemente fuerte como para dejarle una marca. Sobresaltada, giró la cabeza para mirarlo.

"Créeme, Raphael. Realmente..."

"¿Quién te ha dicho que me mires?"

Le obligó a volver la cabeza hacia la puerta, un gesto que dejaba claro que no quería ni mirarla. Frente a la fría puerta, Annette se mordió los labios, desesperada. Quería cambiar las cosas en esta vida, pero ¿Cómo iba a hacerlo si Raphael  la odiaba tanto?"

Annette respiró profundamente, tratando de recuperar la compostura. No lograría nada desesperada. Se devanó los sesos tratando de pensar en una forma de salir de esto. Finalmente, le llegó la inspiración.

"No estoy mintiendo", dijo, con voz suave, para no provocar a la bestia que tenía detrás. "Nunca me he lanzado sobre Ludwig."

Raphael se congeló. Ella sintió que su agarre se aflojaba. Tal vez había una esperanza de que le creyera. Ella trató de persuadirlo hablando con seriedad.

"De verdad, Raphael, lo juro. ¿Lo comprobamos? Mañana por la mañana, llama a un médico de confianza para que lo verifique. Yo cooperaré. ¿Me creerías si lo hago?"

Annette hizo esa sugerencia en voz baja, ocultando su resentimiento. Incluso ahora, después de haber sido enviada al pasado, todavía tenía que sufrir estas falsas acusaciones. No era justo que tuviera que llegar a tales extremos para demostrar su inocencia. Al menos las prácticas médicas de Deltium eran excelentes, suficientes para demostrarlo de forma concluyente. Esta era la mejor manera.

Si tan sólo hubiera pensado en hacer lo mismo en su vida anterior. Pero Annette no se habría atrevido. Debido a este malentendido, su primera noche había sido horrible. Había sangrado tanto que Raphael se detuvo en medio del acto y salió corriendo a buscar un médico.

No dejaré que eso se repita.

Annette se mordió los labios con determinación. Afortunadamente, algo de su seguridad debió de calar en Raphael. Lentamente, él despegó sus labios de la suave espalda de ella. Aunque no podía devolverle la mirada, podía sentir sus ojos azules mirándola fijamente.

Armándose de valor, miró hacia atrás. Esta vez no se iba a rendir. Aunque Raphael volviera a poner su cara contra la puerta, ella lo volvería a intentar, aunque hiciera falta cien o mil veces. Ella tenía derecho a hablar, él no podía detenerla.

"¿Raphael?"

Su rostro estaba frío cuando ella lo miró. Sombreado por su cabello negro como el carbón, aquel rostro tenía una forma tan perfecta como la de una estatua. Sólo los labios rojos bajo su afilada nariz demostraban que estaba vivo. De repente un fuerte sonido estalló junto a su oído.

¡Bang!

"¡Agghhhhhh!"

Annette se agachó instintivamente gritando. Algo cayó al suelo junto a ella, y cuando miró hacia abajo, eran restos de la puerta. El furioso Raphael la había destrozado con su puño.

Raphael miró la cara asustada de Annette con una sonrisa cruel.

"Como se esperaba de una Bavaria. ¡Tan inteligente y astuta! Realmente te cabrea ver que mientes tan bien con esa cara de inocente."

Las crueles palabras golpearon su corazón. Había creído que esta vez lo estaba manejando bien, pero se había equivocado. Raphael siempre había sido un hombre obstinado. Nunca la creería tan fácilmente. Cuando vio que su rostro palidecía, Raphael sonrió con frialdad.

"Muy bien, digamos que hoy has ganado. A la mierda la primera noche, vete a cualquier sitio. No quiero mirar más esa cara."

Quitando la mano de la puerta rota, se dio la vuelta despiadadamente. Annette, que se había acostumbrado a ver esa espalda rígida, suspiró para sus adentros. Su carácter seguía siendo el mismo, pero ella no tenía ganas de llorar. Tal vez se había acostumbrado a él.

Algún día demostraré que soy inocente.

Y entonces recibiría una disculpa de Raphael, por estar tan empeñado en malinterpretarla.

Aunque caminaba descalza por un largo y oscuro pasillo, se sentía bien No iba a hacer nada como en su vida anterior. No iba a morir como una mujer débil que no podía hacer nada por sí misma. Armándose de valor, Annette levantó la cabeza, llena de determinación.
agosto 21, 2022

Cómo Domar A Mi Marido Bestial - Capítulo 4

Capítulo 4. No Más Ira


¿Cuándo va a venir Raphael?

Annette se frotó los ojos con sueño. Estaba muy cansada. Había tenido que levantarse temprano por la mañana. Además, se había pasado el día preocupada por cómo afrontar con éxito su boda. Todo aquello le había pasado factura, por lo que no pudo evitar que el sueño la invadiera. Finalmente, se apoyó en el cabecero de la cama medio dormida.

¿Cuánto tiempo ha pasado?

De repente, escuchó que la puerta se abría. Raphael entró en el dormitorio, llevando sólo una túnica sobre su gran cuerpo. Su cabello negro y su pecho firme brillaban con gotas de agua a la luz. Sus profundos ojos azules se centraron en ella como un depredador que ha localizado a su presa.

"Todavía no te has dormido."

Raphael era tan alto y poderoso que su simple entrada en el dormitorio hizo que éste se sintiera de repente estrecho. Su cuerpo la intimidaba como una pantera negra gigante. Annette se levantó de la cama, sintiendo una repentina sensación de peligro inminente.

"Sí. Te estaba esperando."

Sus ojos se agudizaron ante su respuesta extrañamente ingenua. Aunque fue una respuesta simple, fue extrañamente excitante. El ambiente del lugar se volvió tenso por la expectación. Y afortunadamente Raphael rompió el silencio primero.

"Tomemos una copa."

Tras parpadear ante la inesperada sugerencia, Annette se dirigió a él inmediatamente. Sus acciones eran tan diferentes hoy, quizás porque su boda había salido muy bien. En su vida anterior, él no le había ofrecido compartir unos tragos. En cambio, apareció borracho, abalanzándose hacia ella con locura...

...No. No había necesidad de pensar en esos dolorosos momentos.

Annette se sentó frente a él con calma. Raphael inclinó la botella, llenando su copa de vino. El líquido dorado era fragante, un vino caro que él prefería. Cuando la mitad de su copa estaba llena, la miró de repente de forma interrogativa.

"Sabes beber, ¿no?"

A diferencia de Raphael, a Annette no le gustaba mucho el alcohol. Pero era la primera vez que Raphael se mostraba tan amable con ella, así que no quería arruinar el ambiente. Alentada por él, tomó la copa de vino. Cuando comenzó a beberse el alcohol, sintió como si su esófago se hubiera incendiado.

Habiendo vaciado su propia copa, Raphael la miró con determinación. Sus profundos ojos azules recorrieron su pequeño rostro, sus ojos suaves, sus mejillas sonrojadas, y se detuvieron en sus labios, tan seductores como un pequeño capullo floreciendo.

Pero en ese momento, la frente de Raphael se arrugó con desagrado. Fue molesto que sintiera algún tipo de atracción sexual por ella. No podía creer que estuviera deseando a una mujer de la familia Bavaria, que tanto lo despreciaba por su ilegitimidad.

Los ojos azules de Raphael se volvieron fríos.

Annette, que aún no se había dado cuenta de este cambio de humor, dejó su copa y se tocó las calientes mejillas. Cuando levantó la vista hacia él, se sobresaltó.

"¿Por qué me miras así?"

Habiendo estado casada con él, se dio cuenta rápidamente de que algo iba mal. Ella no sabía por qué, pero su rostro se torció. Y en cuanto sus ojos se encontraron, él sonrió sardónicamente.

"Vamos, ahora que has bebido, dime la verdad."

"¿De qué hablas...?" De repente, Annette tuvo un mal presentimiento. Intentó preguntar con calma, pero Raphael se inclinó más cerca de ella, susurrando con maldad.

"¿Sigues creyendo que puedes ser la Princesa Heredera?"

El ambiente se enfrió en un instante. Se trataba de un malentendido que había atormentado a Annette durante toda su vida anterior. La acusación de que había hecho algo indecoroso para eliminar la posible competencia para ser la Princesa Heredera.

Incluso en su vida anterior, Raphael lo había creído. Su luna de miel terminó en discusiones.

Cuando en realidad, ahora casi ni lo recordaba.

Habiendo regresado de su propia muerte, a Annette no le importaba su matrimonio con Ludwig que había sido cancelado más de cinco años atrás. El rostro del Príncipe Heredero Ludwig, con el que una vez creyó que se casaría, era ahora un recuerdo borroso. Y ahora que lo pensaba, se alegraba de no haberse convertido en la Princesa Heredera.

Habiendo regresado de su propia muerte, a Annette no le importaba su matrimonio con Ludwig que había sido cancelado más de cinco años atrás. El rostro del Príncipe Heredero Ludwig, con el que una vez creyó que se casaría, era ahora un recuerdo borroso. Y ahora que lo pensaba, se alegraba de no haberse convertido en Princesa Heredera.

Pero una cosa que siempre le había parecido muy injusta era que, hasta el día de su muerte, nunca había podido librarse de aquellas falsas acusaciones. Aunque ahora no tenía ningún interés en ser la Princesa Heredera, Annette quería desmentir las acusaciones contra ella. Su vida anterior había sido miserable porque nunca había tomado ninguna iniciativa.

Los ojos azules de Raphael brillaban con frialdad. Annette suspiró interiormente. Había intentado defenderse cientos de veces en su vida anterior, así que sabía que era inútil.

"Eso es un malentendido, Raphael", dijo. "Nunca hice nada de eso. Alguien me tendió una trampa."

"¿Quién? El testimonio fue muy claro. Alguien que esperaba ser Princesa Heredera debe sentirse terriblemente decepcionada de casarse con alguien como yo."

Sus protestas no fueron escuchadas. Sus ojos estaban llenos de malicia y la miraba con total desprecio. Sin duda, había creído los rumores que había escuchado, al igual que en su vida anterior.

"Si no me crees, entonces no tengo nada más que decirte", dijo ella. "Hoy es tarde. Descansemos y volvamos a hablar mañana."

Estaba cansada. No tenía ganas de volver a repetir la misma discusión. Se levantó para irse como solía hacer cuando Raphael se portaba mal. No tenía sentido hablar con él cuando estaba de este modo. Por el contrario, cuanto más se prolongara la conversación, más fea sería la discusión. Lo mejor era evitarlo antes de que la discusión comenzara.

Pero Raphael era un recién casado, no pensaba dejarla ir tan fácilmente. Antes de que ella lo viera venir, una gran mano le agarró la muñeca y tiró de ella hacia atrás, tal como había hecho en la boda.

"¿Adónde vas en nuestra primera noche? No me hagas molestar, Annette."

La pequeña y delgada Annette no era rival para el fornido Raphael. Al caer hacia atrás por su fuerte agarre, el largo cabello rubio que las criadas habían cepillado con tanto cuidado se despeinó. Raphael alargó una mano para cepillarlo con ternura. Annette se estremeció ante la repentina muestra de afecto.

Sentía una cálida sensación cuando su gran mano acariciaba su cabello. Inconscientemente, giró la cabeza para evitar su contacto. Entonces Raphael le agarró bruscamente la cara, volviéndola hacia él.

"Shhh. Crees que soy un mal tipo, así que sigues evitándome. ¿Por qué? ¿Es porque no soy el Príncipe Heredero? Seguro una mujer noble de la familia Baviera como tú, se siente asqueada sólo por mirar a un bastardo de poca importancia como yo. ¿Hmm?"

Su voz era escalofriantemente dulce, pero las palabras que pronunciaba eran cada vez más hirientes. Estaba decidido a discutir con ella. A veces se acercaba a ella con esa furia hirviente.

Y si fuera igual como en su vida anterior, Annette se habría defendido ferozmente. Habrían acabado discutiendo hasta que no les quedaran palabras para herirse mutuamente.

Pero Annette no tenía más ira en ella. Esas peleas inútiles la habían agotado en su vida anterior. Aunque sus palabras la herían, era igualmente doloroso devolverle el daño. Quería intentar ser un poco más sabia.

Necesitaba encontrar una mejor manera de tratar con él.

"Raphael, por favor, suéltame."

En lugar de enfadarse, tomó suavemente la mano que le agarraba la mejilla. Y con voz tranquila, le pidió que la soltara. Era incómodo que él la sujetara con tanta fuerza. Era un antiguo Lord General. Su agarre era inusualmente fuerte.

Por supuesto, no la dejaría ir fácilmente. Raphael a su hermanastro, el Príncipe Heredero Ludwig. El hecho de que Annette hubiera recurrido a medios tan despreciables para intentar casarse con él sólo hizo que la aborreciera más. Sus ojos se llenaron de un odio tan frío, que parecían como agujas que atravesaban su piel.

Pero Annette no le tenía miedo. En los cinco años de su anterior matrimonio, él nunca le había levantado la mano. Esta vez ella sería más inteligente. Tenía una pequeña idea de cómo manejarlo.

"Suéltame, Raphael, me duele mucho", susurró débilmente con sus labios temblorosos. A él le pareció que realmente le dolía, por lo que se sintió angustiado. Sobresaltado, Raphael retiró rápidamente su mano de la cara de ella.

"¿Realmente te duele?"

Seguía dudando de su astucia de zorra. Su mirada examinó su rostro.

sábado, 20 de agosto de 2022

agosto 20, 2022

Cómo Domar A Mi Marido Bestial - Capítulo 3

Capítulo 3. El Beso de los Novios


Annette estaba tan nerviosa que tragó saliva mientras miraba a Raphael. Pensar en besarlo hizo que sus labios se sintieran repentinamente secos. Pero no quería vivir una vida pasiva como la anterior. Haría cualquier cosa para mejorar esta vida. Incluso si era un poco loco.

Y por su actuación en el camino hacia el altar, los invitados pensaban que estaba encaprichada con él. Nadie la culparía si la novia besara primero al novio. No, simplemente se reirían y dirían que parecía que su matrimonio había comenzado bien.

Hagámoslo.

Raphael no podía ofenderse tanto por un rápido beso en los labios. Confiada por este pensamiento, Annette miró a Raphael, con su bonito rostro tenso por la determinación. Raphael frunció el ceño mientras la veía. Parecía que se estaba preparando para algo. Fuera lo que fuera, tenía una seria expresión.

Annette le agarró por el cuello de la camisa y tiró de él hacia abajo con toda la fuerza que pudo.

Sus labios se encontraron. Sus pestañas doradas temblaron. Los ojos azules de Raphael, que nunca antes habían mostrado ninguna emoción, se abrieron de golpe.

"......!"

Annette apretó los labios y cerró los ojos. No tuvo el valor de mirarlo a los ojos. Ella podía sentir el calor de su boca. Raphael nunca habría soñado que Annette se le acercara así. Pero ella lo estaba besando. Definitivamente lo estaba besando.

¡Lo hice!

Todo el cuerpo de Annette se estremeció de ansiedad. Rápidamente, separó sus labios de los de él. El corazón le latía tan rápido que su visión se le nubló. Jadeando, Annette levantó la vista hacia su rostro.

Raphael seguía mirándola de forma inexpresiva, pero ella podía notar la conmoción en sus ojos. En el momento en que vio esos ojos azules, Annette retiró rápidamente las manos de su cuello. Cerrando los ojos, se preparó para su ira. Estaba segura de que se enfadaría.

Raphael siempre había sido un hombre orgulloso con un temperamento feroz. Se ofendía rápidamente y era implacable cuando se le ofendía.

Los hombros de Annette se encorvaron automáticamente. Pero en ese momento, una gran mano le cogió la barbilla para levantar su rostro. Antes de que se diera cuenta, el hermoso rostro de Raphael estaba ante ella, sus ojos ardiendo mientras se acercaba.

"No puedes empezar cuando quieras y terminar cuando quieras", susurró en voz baja.

Annette parpadeó. ¿Qué demonios significaba eso? Pero su hermosa boca se curvó en una sonrisa burlona, un cinismo amargo que ella conocía demasiado bien. Su rostro era tan frío, pero sus labios eran tan sensuales.

Raphael presionó sus labios contra los suyos. Annette tembló de sorpresa. Ya habían completado el beso formal para la ceremonia, así que ella no tenía idea de por qué él estaba haciendo esto.

"......!!!"

Su beso se sintió como una venganza. Annette enrojeció a medida que su beso continuaba, ignorando por completo todos los ojos que la observaban. Su lengua caliente presionó los labios de ella para abrirlos, entonces se introdujo en su boca. Su lengua se movió por su interior con brusquedad, saboreando cada parte.

La sensación de la punta de su lengua rozando su sensible paladar le ocasionó escalofríos. Annette trató de retroceder, pero el otro brazo de Raphael rodeó con fuerza su cintura, atrayéndola más cerca.

Ya no había escapatoria.

El cuerpo de Annette se inclinó hacia atrás mientras Raphael la besaba con fiereza. No le dio espacio para respirar. El profundo beso la mareó, como si fuera a ser devorada viva por él.

"Ra, Raphael....."

Annette jadeó sin aliento. Asustada por el beso agarró sus hombros para apartarlo, pero se contuvo controlando el impulso. No podía rechazarlo delante de toda esta gente. Raphael tenía un enorme orgullo, así que se sentiría muy herido.

Afortunadamente, los invitados no sabían nada. Ambos parecían una pareja enamorada, besándose con tanta pasión. Observando esta minuciosa demostración de amor, los invitados se miraron de reojo.

"¡Dios mío! ¿No se supone que esto es un matrimonio político? No lo parece, ¡nunca he visto una boda tan romántica en mi vida!"

"¡Cielos, qué sorpresa! ¿Realmente hay algo entre ellos?"

Al menos sus reacciones fueron favorables. Aplaudieron aunque se sonrojaron ante el intenso beso entre los novios. Habían venido con la esperanza de sacar algún chisme de este inesperado matrimonio, pero se les mostró algo aún más increíble. Ese beso en el altar era lo único que recordarían después de volver a casa.

Annette estaba tan mareada por el beso que no escuchó nada. Pero fue diferente para Raphael, el Lord General más prometedor de todo el Reino de Deltium. Sonrió finamente cuando sus agudos oídos captaron los susurros. Si alguien le hubiera dicho que así sería su despreciable matrimonio, se habría reído. Estaba tan sorprendido por este giro de los acontecimientos como cualquier otro.

Supongo que no es tan malo como esperaba.

Al igual que Annette, Raphael era reacio al matrimonio. Su única debilidad radicaba en su linaje, y se había visto obligado a casarse con Annette Bavaria para compensarlo. Su padre el Rey no le había dado otra opción que casarse con esta mujer malvada.

Raphael había esperado que la boda fuera terrible.

Estaba harto de que la gente chismeara sobre él. Estaba harto de que la gente chismeara sobre él. Además, Annette sería usada como mártir en este matrimonio. Era una mujer que debería haber sido la Princesa Heredera, pero en su lugar se casaba con el hijo bastardo del Rey. Ella debía sentirse como si el mundo se hubiera acabado.

Habría sido terrible que ella lo demostrara delante de los invitados a la boda. Raphael estaba decidido a ser paciente, pero eso le habría enfurecido. Pero Annette había sonreído como si este matrimonio fuera el deseo más querido de su corazón. Ella fue tan buena manejando su expresión, que él casi se la cree. Por un momento, había parecido que le gustaba de verdad.

¿En qué está pensando esta mujer?

Pero los agudos ojos de Raphael se dieron cuenta de que cuanto más sonreía, más apretaba su ramo. Se rió en su interior. Era cierto. ¿Cómo podría Annette Bavaria amar a un bastardo como él? No era más que una actuación para todos los espectadores.

A Raphael no le gustaba.

Hubo un momento en que le pareció que ella dudaba. ¿Realmente seguía aferrada a sus remordimientos por no haberse convertido en Reina? Fue bueno que ella tuviera el sentido común de cooperar, y que él no tuviera que arrastrarla. Después de eso, la ignoró.

"Ahora, el novio puede besar a la novia."

Cuando el pastor dijo esas palabras, hizo que Raphael volviera a sus cabales. Había olvidado este último paso de la ceremonia.

Casualmente, miró el rostro de Annette, revelado al retirar su velo. Era una mujer bonita, con una cara de muñeca y un llamativo cabello rubio. Pero no tenía ningún deseo de besarla.

Mejor dicho, se negaba a besar a esta mujer Bavaria con aspecto de serpiente. Pero en ese momento Annette le agarró del cuello de la camisa y lo besó.

La textura de la tela del velo le hizo cosquillas en la cara. Un maravilloso aroma floral embriagó todos sus sentidos. Al sentir sus labios temblorosos presionando contra los suyos, Raphael se puso rígido.

Ahora... ¿qué... qué está haciendo?

Fue un beso breve. En un parpadeo, Annette se apartó, mirándole con ojos temblorosos. Casi pareció arrepentirse de su impulso. Aunque antes lo miraba fijamente, ahora bajó los ojos.

En cuanto vio esa cara, Raphael sintió un extraño cosquilleo en el pecho. No podía dejarse llevar por una mujer Bavaria. Así que contraatacó. La besó ferozmente. Lamió sus suaves labios, los engulló, sin dejar ni siquiera una pizca de su dulce aroma. Y rápidamente se arrepintió de esa decisión.

Besar a Annette era algo tan bueno. La textura de su tímida lengua contra la suya, tentadoramente suave. Mientras chupaba su lengua, sintió un tembloroso aliento escapar de sus labios.

Era muy divertido verla fingir su inocencia. Pero en ese momento, ella lo conmovió. Tenía que alejarse de esos labios, que sabían a miel.

"Ha..."

Un hilo plateado brilló entre sus labios separados antes de desvanecerse. La cara de Annette mostraba desconcierto, como si estuviera completamente perdida. Siempre había sido tranquila, pero ahora estaba congelada como un conejo asustado.

La visión de esa cara le hizo reírse. Esta mujer le parecía malvada hasta la médula, pero parecía que tenía un lado bonito. Y su inesperado beso había tenido un profundo impacto en la parte inferior de su cuerpo, que casi nunca reaccionaba con tanto entusiasmo.

De alguna manera, estaba deseando pasar su primera noche con ella.

Su risa fue lo suficientemente cerca como para que el aire le hiciera cosquillas en la frente. Sólo entonces sus ojos rosados se concentraron en su alrededor.

Ah.

La cara de Annette se volvió carmesí. ¿Qué había hecho delante de tantos invitados?

Al menos Raphael no se había negado a besarla.

Annette estaba felizmente ignorante de las expectativas de Raphael para la noche.

Intentó calmarse. Sólo pensar en ese profundo beso hacía que le ardiera la cara. Pero cuanto más lo intentaba, más caliente se le ponía la cara. Y cuando Raphael empezó a reírse, se sintió tan avergonzada que no pudo soportarlo. Annette se rindió y escondió la cara en su ramo.

Viendo el comportamiento de Annette, Raphael pensó que ese movimiento desesperado era realmente muy bonito. Como un conejo corriendo hacia su madriguera. Había pensado que era una chica tranquila, una muñeca, pero al verla así le hizo pensar que era un poco diferente.

Y cuando vio que sus orejas se volvían rojas a través de los elegantes mechones de su cabello rubio, no pudo evitar que su risa se intensificara. Abrazándola por los hombros, sonrió ampliamente, fingiendo amabilidad. Ella se había esforzado mucho en su actuación, así que él cumpliría con su parte, para no defraudar a todos esos ojos observadores.

Su sonrisa hizo que su corazón se agitara. Annette se sintió tan avergonzada que no pudo mostrar su rostro. Caminó detrás de él, dejando que la guiara fuera de la sala.

El ambiente de la boda, hasta entonces gélido, se había calentado considerablemente, después de un beso tan apasionado. A diferencia de su vida anterior, todos los invitados los alababan, coincidiendo en que ambos eran una pareja perfecta.

Era increíble cómo el mismo evento podía tener un resultado tan diferente.

Y por eso, la ceremonia transcurrió de forma mucho más amistosa. Su segunda boda terminó de forma mucho más agradable que la primera. Su padre seguía disgustado, pero al menos no criticaba ni culpaba a Raphael en voz alta.

Todo había ido... muy, muy bien.

Sin embargo, aún quedaba un evento importante.

La primera noche de los novios.