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lunes, 20 de junio de 2022

Matrimonio Depredador - Capítulo 306

Capítulo 306. Isha (6)


Mel se arrodilló lentamente. Luego bajó la cabeza hacia el suelo. Después de que su frente tocará el suelo durante un tiempo, levantó lentamente la cara. Sus ojos muertos miraban desenfocados hacia adelante.

"Soy un humilde esclavo."

Su voz quebrada salió entre sus labios temblorosos.

"Nunca más me rebelaré contra los amaestradores. Como esclavo actuaré con obediencia."

Isha se mordió el labio inferior con fuerza. No se detuvo aunque sintió el sabor de la sangre. El amaestrador palmeó el hombro de Mel con el rostro lleno de satisfacción. Las risas del amaestrador resonaron en sus oídos.

Finalmente el amaestrador se marchó dejando atrás a Mel. Hubo un incómodo silencio entre los Kurkan. Nadie se atrevió a acercarse a Mel. Isha caminó hacia él.

"Mel." 

Durante un largo rato no hubo respuesta. Los ojos que habían estado mirando al suelo se levantaron. Sus ojos seguían desenfocados.

"Quiero regresar al desierto."

Isha no pudo decir nada. Quería decirle que podrían regresar, pero sabía que era prácticamente imposible. Isha le agarró la mano en lugar de mentir para consolarlo.

Mel sollozó levemente. Apretó la mano de Isha con fuerza.

"Lo siento..."

Esa noche Mel se colgó del cuello. Isha fue la primera en encontrar el cuerpo sin vida.

"......"

La tenue luz de la antorcha parpadeó. El cuerpo estaba inmóvil.

Isha se quedó observando con la mirada perdida a Mel. Pero no abrió los ojos. Aunque esperara más tiempo nunca abriría los ojos.

No intentó llamarlo por su nombre ni sacudir su cuerpo. No trató de calentar su cuerpo frío, no trató de devolver los latidos de su corazón que no se podían oír. Porque sabía que esas acciones serían inútil. 

Ya lo había hecho en el pasado.

Recordando al niño desconocido que murió en su lugar, Isha dijo una breve oración por Mel. "Que descanses..." Su voz temblorosa se quebró. "...como la arena en el desierto."  Le resultó demasiado difícil decir esas pocas palabras. 

Apretó sus dientes con fuerza. Un dolor punzante se apoderó de su pecho ardiente. Sentía que saldrían llamas de su boca si la abría.

Los otros Kurkan gritaron cuando más tarde encontraron el cuerpo de Mel.

"¡Ahh!"

"¡Mel, Mel...!"

Isha observaba el cuerpo de Mel inexpresivo entre los Kurkan que lloraban. Escuchó el sonido de la puerta de hierro abriéndose bruscamente. Después de entrar, uno de los amaestradores gritó.

"¡Vayanse todos!"

Los Kurkan se tragaron las lágrimas ante los feroces gritos. Obligaron a sus piernas a moverse para salir. Pero Isha no se movió. Escuchó las conversaciones de los amaestradores sobre cómo deshacerse del cuerpo.

"Sería vendido por un buen precio. Que mala suerte."

"Hay que hacer algo antes de que el cuerpo emane olor a podrido."

"Se puede usar como comida para perros."

Isha, que estaba escuchando en silencio, desvió la mirada hacia una esquina. Vio una barra de hierro sobre un brasero apagado. La larga barra tenía el extremo desafilado. Pero eso bastaba para lograr lo que quería hacer.

Isha caminó en dirección contraria a los Kurkan. Se movió lentamente como un pez nadando contracorriente, sosteniendo la barra de hierro en su mano.

Cuando lo pensó racionalmente le pareció una locura. No debería hacer esto. Sin embargo, la ira lo estaba haciendo actuar impulsivamente.

"Quién hubiera creído que se suicidaría por orgullo..."

"Por eso son bestias. Así son los bárbaros."

Pero no todas las cosas se hacen pensando fríamente. Isha habló en voz baja.

"Amaestrador."

El amaestrador, que estaba preocupado por la idea de que lo regañara el traficante de esclavos, giró la cabeza. Isha se movió antes de que pudiera reaccionar.

La larga barra de hierro penetró su cuello bruscamente. Sus manos fueron salpicadas por la sangre del amaestrador. Una sonrisa apareció en sus labios.

"¡Argh...!"

Los ojos del amaestrador estaban inyectados de sangre. Ishakan susurró.

"Esto es un Kurkan."