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martes, 21 de junio de 2022

La Emperatriz Se Volvió A Casar - Capítulo 402

La Emperatriz Divorciada - Capítulo 402. Lágrimas De Sangre (2)



"¿En serio?"

"Sí, parece que bloqueó las puertas y ventanas para que no entrara ni un poco de luz."

"También se dice que su muerte no fue un suicidio, sino un asesinato."

"Imposible."

"Bueno, podría ser mentira. Ese hombre solía odiar a Su Majestad."

"Por mucho que lo odiara, podría haber llevado una vida normal si se hubiera quedado tranquilo. ¿No creen que se sentía tan mal por no haber salvado a su hermana, que se suicidó?"

"Sí, eso pudo llevarlo hasta el punto de suicidarse."

"Aun así, ¿por qué saltó sobre la Emperatriz Navier?"

"Escuché que quería morir en público. ¿Habrá decidido eso al final?"

Las personas parecían reunirse para hablar de esto. Los Caballeros Clandestinos de Heinley recorrieron la capital para recopilar cuidadosamente estos comentarios, el estado de ánimo de las personas y sus reacciones.

"Nunca pensé que se suicidaría en público..."

El Canciller, que había sido advertido previamente por Kapmen, no se atrevió a mencionarlo y mantuvo la boca cerrada.

Si se supiera que sólo se preocupó por el Viejo Duque a pesar de la advertencia de Kapmen, el furioso Emperador Heinley podría considerarlo responsable.

El Emperador Heinley solía ser indulgente, pero ahora no era el mismo de siempre. El Emperador Heinley parecía muy peligroso. Temía que pudiera explotar ante el más mínimo descuido.

"¿Qué hay del testamento del Duque Zemensia?"

"No sé si debería llamarlo testamento, pero... parece que preparó varios con el mismo contenido con antelación."

En las casas de los amigos del Duque Zemensia, donde se había quedado después de que su padre lo expulsara, se encontraron decenas de cartas en las que se expresaba arrepentido, 'Descubrí que el Emperador Heinley mantuvo a mi hermana encerrada con las puertas y ventanas bloqueadas para asesinarla'.

El Duque Zemensia también había ordenado enviar cartas con el mismo contenido a todas partes.

Incluso se supo que hace unos días fue al registro y pidió devolver a su padre el título de duque porque sentía que se estaba volviendo loco.

"Los amigos que hospedaron al Duque Zemensia testificaron que realmente se estaba volviendo loco. Sólo bebía y decía tonterías todo el tiempo."

Heinley murmuró con voz fría,

"No estaba loco, pero sí estaba preparado para fingir estarlo."

Hubo demasiados preparativos como para decir que simplemente se había vuelto loco por el remordimiento.

Incluso su esposa e hijos vivían en otra mansión fuera de la capital con el pretexto de no incomodar a sus amigos.

Heinley envió caballeros para capturarlos, pero supuso que los tres habían cruzado la frontera y huido a otro país.

Incapaz de soportar el dolor en su corazón, Heinley apretó los puños y cerró los ojos.

Justo antes del choque, Navier lanzó su magia de hielo por reflejo sobre el hombre que caía hacia ella, mientras que Kapmen intentó apartarla y la cubrió con su cuerpo para protegerla.

Todo ocurrió en un instante. Frente a sus ojos.

El Duque Zemensia murió en el acto.

Tanto Kapmen como Navier sobrevivieron porque la caída del Duque Zemensia se ralentizó cuando fue alcanzado por la magia del hielo.

Pudieron sobrevivir.

Sin embargo, Navier no pudo concentrar suficiente maná dado que lanzó la magia de hielo por reflejo, por lo que no tuvo mucho efecto.

Como resultado, ambos no pudieron despertarse. Aunque resultaron seriamente heridos, el impacto en la cabeza que sufrió el Duque Zemensia fue mortal.

Heinley se apretó el lado izquierdo del pecho mientras se retorcía para ocultar su dolor.

Pero no fue fácil. Se odiaba a sí mismo por desconfiar únicamente del Viejo Duque Zemensia a pesar de que McKenna le había advertido de que le parecía extraño.

Odiaba a su yo del pasado por pensar que podría utilizar fácilmente al Duque Zemensia después de que éste le agradeciera entre lágrimas haber salvado a su hijo.

Si el Duque Zemensia hubiera sobrevivido a la caída, habría conseguido aliviar un poco su dolor al poder descargar su ira contra el responsable.

Pero el hombre que había puesto en peligro a la mujer que amaba y a su hijo murió al instante.

Su ira que había perdido su objetivo carcomía sus entrañas. McKenna miró a Heinley con lágrimas en los ojos.

"Su Majestad..."

Incapaz de llorar, Heinley preguntó con los ojos enrojecidos,

"¿Qué hay del Viejo Duque Zemensia? ¿Lo atraparon?"



***

Desde el interior de la puerta de hierro bien cerrada salían continuamente fuertes crujidos y gritos de dolor. La sangre fluía por debajo de la puerta de hierro y formaba charcos.

Asustados, los caballeros oficiales tragaron saliva seca mientras apretaban los puños. Los Caballeros Clandestinos, a los que Heinley había reunido y con los que había trabajado directamente durante sus años como príncipe, estaban tranquilos porque conocían la personalidad de Heinley, pero no los Caballeros de la Guardia Imperial.

Aún consideraban al Emperador Heinley como un príncipe playboy despreocupado. Aunque se había adaptado a sus deberes como emperador mejor de lo esperado, a menudo se atribuía a que la Emperatriz Navier estaba a su lado para guiarlo.

Sin embargo, la opinión de todos cambió cuando el furioso Emperador Heinley ordenó traer al Viejo Duque Zemensia y el cuerpo de su hijo a un calabozo, luego entró personalmente y cerró la puerta de hierro. Desde entonces los gritos de dolor no habían cesado.

No sabían qué pasaba dentro, qué causaba esos crujidos, ni cuánta sangre había derramada al otro lado de la puerta.

Al cabo de tres horas, los gritos finalmente cesaron por un momento.

Los Caballeros de la Guardia Imperial se sintieron aliviados sin darse cuenta, relajaron sus hombros y brazos, que habían estado tensos todo el tiempo.

'¿Se acabó?'

***

Aún no había acabado.

Cuando Heinley extendió hacia un lado la herramienta en su mano, Mastas se acercó y la recibió.

Los Caballeros de la Guardia Imperial se estremecían de miedo sólo por los sonidos que salían del interior del calabozo, pero la expresión de Mastas era indiferente.

Era conocida por ser despiadada con sus manos, tanto que la apodaron 'manos de sangre'. Podía ser extremadamente fría incluso contra una persona a la que no guardaba rencor, pero ahora además estaba muy enojada por lo que le pasó a Navier.

Estaba tan furiosa que quería despedazar el cadáver del Duque Zemensia con sus propias manos.

El Viejo Duque temblaba mientras miraba a Heinley.

Las comisuras de la boca de Heinley se elevaron levemente.

"No puedo creer que le esté haciendo esto con mis propias manos a una persona que una vez respeté. ¿No es el mundo realmente extraño, Viejo Duque?"

"No tienes... las cualidades... de un emperador... nunca podrás ser... un emperador."

"Ya soy el emperador."

Con una sonrisa, Heinley levantó el pie y pisoteó la cabeza del Viejo Duque contra el suelo.

"Ah... Ahhh. Incluso... si haces esto... no conseguirás... nada."

Heinley sonreía mientras ponía más fuerza en el pie sobre su cabeza.

"No importa si suplicas, insultas o dices tonterías. Nada hará que tu hijo vuelva a la vida."

Los ojos de Heinley se habían vuelto tan rojos que no parecía tener una sonrisa en su rostro.

Los ojos del Viejo Duque Zemensia también se habían vuelto rojos. Su mirada estaba puesta en su hijo, que se había convertido en un cadáver sin forma.

Cuando el Viejo Duque tosió un par de veces, los dientes rotos salieron de su boca y cayeron al suelo.

"Mataste a tu hermano... mataste a mi hija... mataste a mi hijo... y ahora me matarás a mí..."

El Viejo Duque soltó una carcajada que le hizo sentir que sus pulmones se desgarrarían y miró a Heinley,

"Bastardo... ni siquiera... en el infierno... serás aceptado."

Mastas frunció el ceño a un lado.

Cuando el Rey Wharton III estaba vivo, circuló el rumor de que Heinley había causado que quedara estéril. Tras la muerte a temprana edad del Rey Wharton III, circuló el rumor de que Heinley había envenenado a su hermano mayor.

Ese rumor perseguía a Heinley como una sombra que se negaba a desaparecer.

El Viejo Duque buscaba provocar a Heinley al hablar de eso.

"¿Quiere que le cierre la boca?"

Ante la pregunta de Mastas, el Viejo Duque escupió una bocanada de sangre y se burló,

¿Creíste que nadie... te señalaría como culpable... si lo envenenabas? ¿Quién... se beneficiaba más de convertir... al saludable Rey Wharton III... en una persona enferma?

En vez de responder, Heinley volvió a patear al Viejo Duque.

El Viejo Duque tembló, pero no cerró la boca. Como si su hija y su hijo muertos le hubieran dado sus últimas fuerzas.

"Incluso si muero... Incluso si mi familia muere... Las personas dirán... el anterior rey murió repentinamente... No mucho después... la anterior reina... también murió... de forma extraña... a una edad temprana... su familia.. que lo cuestionaba... e investigaba... todos murieron..."

El Viejo Duque se estremeció como si estuviera feliz sólo de pensarlo.

"No importa... lo que me hagas... serás recordado.... en la historia... como un emperador cruel.... tampoco importa lo bien que gobiernes... serás recordado... como el emperador... que mató al anterior rey... y a la familia de la anterior reina..."

"En tu situación, Viejo Duque."

Heinley suspiró brevemente y sonrió,

"Deberías haber rezado para que te matara. ¿Sabes lo que pasará ahora?"

"..."

"Sir Mastas."

"Sí, Su Majestad."

"Debemos cooperar con los demás países para capturar a todos los familiares, empleados y soldados del hombre que intentó asesinar a la emperatriz."

"Sí."

Los ojos de Heinley, enrojecidos por la ira, se volvieron más fríos.

"Parece que el Viejo Duque tiene mucha hambre."

Heinley miró en silencio el cadáver del Duque Zemensia, luego hizo una señal a Mastas y salió.

Los ojos del Viejo Duque se agrandaron tanto que parecían a punto de salirse.

***